All Chapters of REY DE ESPADAS. La novia forzada: Chapter 121
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REY DE OROS. CAPÍTULO 30. Un equipo de competición.
REY DE OROS. CAPÍTULO 30. Un equipo de competición.Costanza llevaba varios días con la cabeza en un solo asunto: la competencia de AMA. Desde que había decidido participar, no podía pensar en otra cosa. Con la tarjeta que Alaric le había dado, en lugar de comprarse vestidos como él esperaba, se mandó a hacer un traje de piloto a medida. La tela ajustada, los colores llamativos y el casco reluciente la hacían sentir una mezcla extraña entre superheroína y fugitiva de la moda.El día de la competencia amaneció soleado, con ese aire fresco que daba la impresión de que todo podía salir bien. Alaric se despidió de ella en la puerta con su beso de siempre, sin “sospechar nada”, pero cuando Frank pasó por ella la encontró en la entrada, lista con su traje.—Vaya, señora Thorne —comentó él, alzando las cejas y cruzándose de brazos como si estuviera evaluando un coche nuevo—. Cualquiera diría que nació para esto.Costanza sonrió abiertamente, porque por dentro estaba que se moría de emoción.
REY DE OROS. CAPÍTULO 31. La señora Thorne
REY DE OROS. CAPÍTULO 31. La señora ThorneFrank lo miró con la boca entreabierta, como si Alaric acabara de sugerir comprar la luna para regalársela a Costanza.—Con todo el respeto pero lo voy a empezar a tutear en serio: ¿¡Estás loco?! —murmuró, moviendo la cabeza de un lado a otro y lanzando una carcajada nerviosa—. ¿Tienes idea de lo que cuesta eso?Alaric arqueó una ceja, como si estuviera escuchando una exageración infantil.—¿Cuánto puede costar el patrocinio completo de un equipo para moto…? Esa que ella monta —preguntó y Frank soltó una carcajada incrédula, rascándose la nuca con cierta incomodidad.—El patrocinador titular debe invertir al menos quince millones —alzó la voz como si quisiera asegurarse de que las cifras quedaran claras en el aire.Pero Alaric solo le dio una palmada tan fuerte en la espalda que casi lo hizo tambalearse hacia adelante.—¿Y me ves pestañear por eso? —replicó con esa sonrisa medio altiva que usaba cuando estaba completamente seguro de sí mismo
REY DE OROS. CAPÍTULO 32. Críticas irrelevantes
REY DE OROS. CAPÍTULO 32. Críticas irrelevantesEl evento avanzaba con tanta luz, música y discursos que cualquiera habría jurado que se trataba de una entrega de premios y no de un lanzamiento empresarial. Pero para Alaric, lo más importante no era el nuevo producto, ni los gráficos proyectados en pantallas gigantes, ni siquiera la lista interminable de invitados influyentes. Lo que más disfrutaba esa noche era caminar de la mano de Costanza, presentándola como si se tratara de su mayor logro.—Señores, mi esposa, Costanza Thorne —decía con orgullo, sin importarle si eran inversionistas, periodistas o competidores disfrazados de amigos.Costanza, por su parte, saludaba con una sonrisa amable, aunque por dentro le parecía divertidísimo que todos los presentes la miraran como si fuese la atracción principal del evento. Algunos la observaban con curiosidad, otros con incredulidad, y no faltaban los que murmuraban a sus espaldas. Ella sonreía con toda la actitud, aunque por dentro pensab
REY DE OROS. CAPÍTULO 33. Una cita inesperada
REY DE OROS. CAPÍTULO 33. Una cita inesperadaSer la chica consentida de Alaric Thorne era increíble, pero los lunes él volvía a la empresa y Costanza necesitaba algo urgente que hacer así que volvió a los circuitos un par de días después. El ruido de los motores la recibió como una orquesta desafinada, pero para ella sonaba como música celestial. El olor a caucho quemado, a aceite y a café barato se mezclaba en el aire, y a ella le brillaban los ojos. Estaba en su elemento.Ni siquiera le había dado dos vueltas a la pista, probando otra de las motos que habían sido su regalo de bodas, cuando Frank apareció con su eterna gorra torcida y esa expresión de que iba a soltar una bomba. Caminaba como quien llevaba un secreto que le picaba en la lengua, y cuando se detuvo frente a ella solo le faltó hacer algún pasito de baile.—¡Tengo la opción perfecta para ti! —anunció apenas la vio, inflando el pecho como si acabara de inventar la rueda.Costanza levantó una ceja, curiosa pero no demasia
REY DE OROS. CAPÍTULO 34. Quince años en el pasado.
REY DE OROS. CAPÍTULO 34. Quince años en el pasado.Alaric estaba furioso. No simplemente molesto, no; estaba echando humo como una locomotora vieja. Ese intento de aparición de Alana, después de quince años de silencio, había sido como un puñetazo directo al estómago. Un día lo había dejado plantado en su fiesta de compromiso, al otro él había puesto tierra y dinero de por medio. Y había creído haberse librado de todo, de absolutamente todo… hasta ahora.Apenas llegó a casa, se metió en el despacho, cerró la puerta con un portazo y fue directo a la caja fuerte.—Tiene que estar aquí —murmuró entre dientes, revolviendo carpetas como loco—. ¡Tiene que estar aquí!Sacaba papeles, sobres, archivadores, pero nada. Los documentos que buscaba parecían haberse esfumado como si tuvieran patas y él los necesitaba. Sí existía un contrato, uno que jamás había imaginado que tendría que hacer valer, pero ahora lo necesitaba porque no estaba tan seguro de lo que pudiera pasar.Su respiración se ace
REY DE OROS. CAPÍTULO 35. Quince años de heridas
REY DE OROS. CAPÍTULO 35. Quince años de heridasAlaric se quedó paralizado, como si el aire se le hubiera quedado atascado en los pulmones. Las palabras de Alana resonaban en su cabeza con una claridad dolorosa. Por un momento creyó que había escuchado mal, que aquello era algún mal chiste, pero la mirada firme de ella le dejó claro que hablaba en serio.—¿Qué dijiste? —siseó entre dientes con tanta rabia que Alana pasó saliva.Pero ya estaba allí, ya había soltado la bomba, así que ya no había forma de echarse atrás.—El dinero que me diste para abortar, lo usé para criarlo los primeros años —declaró—. Fue un varón… es un adolescente ahora, amable, bueno…—Y sigue sin ser mi hijo —escupió Alaric dándose la vuelta por completo, con los ojos echando chispas, y la voz grave y cargada de rabia contenida.Alana arqueó las cejas, disfrutando del efecto que provocaba.—Eso no lo sabes. No puedes estar seguro sin hacerte una prueba de ADN —replicó.El silencio que se formó fue tan pesado que
REY DE OROS. CAPÍTULO 36. En las buenas y en las malas
REY DE OROS. CAPÍTULO 36. En las buenas y en las malasAlaric la miró en silencio, como si sus palabras fueran una cuerda lanzada a un hombre que se ahogaba. Su respiración era irregular; y el alcohol no bastaba para ocultar el torbellino que lo estaba rompiendo por dentro.—Las malas… —repitió con voz áspera, apoyando la frente contra la suya—. Las malas son un desastre que esta reviviendo después de quince años. No tiene nada que ver contigo, Connie… y a la vez tiene todo que ver contigo… porque eres la mujer que me hace feliz y no quiero que sea de otra forma, no quiero que eso pare y…Y si seguía hablando se ahogaría. Costanza se dio cuenta cuando vio sus ojos humedecerse por la desesperación.—Shshshshsh… todo esta bien… todo está bien… —susurró Costanza acariciándolo despacio, recorriendo con los dedos las líneas duras de su mandíbula—. Mírame, no puedo hacer nada con cosas que pasaron cuando yo tenía cinco años… y no voy a dejar que eso nos afecte. ¿de acuerdo?Ese gesto, esa m
REY DE OROS. CAPÍTULO 37. Una historia sin adornos
REY DE OROS. CAPÍTULO 37. Una historia sin adornosCostanza despertó en plena madrugada, sobresaltada sin saber bien por qué. Se giró en la cama y notó el vacío a su lado. El espacio donde debía estar Alaric estaba frío, como si llevara rato levantado. Se incorporó lentamente, envolviéndose en la sábana como en un capullo improvisado, y lo vio.Estaba sentado en una de las butacas frente a la ventana, con la silueta recortada contra la luz tenue de la luna. Tenía los codos apoyados en las rodillas y el rostro hundido en las manos, como si cargara el peso de mil recuerdos.—¿Por qué no duermes? —preguntó ella, en voz baja, con ese tono cariñoso que mezclaba curiosidad y preocupación.Alaric levantó la cabeza, y aunque intentó sonreírle, ese pequeño gesto murió antes de nacer. Se quedó callado unos segundos, moviendo los dedos como si buscara palabras que no encontraba, pero sabía que no podía seguir dilatando aquello. Que Costanza no le dijera la verdad sobre las carreras era una cosa
REY DE OROS. CAPÍTULO 38. Una jugada agresiva
REY DE OROS. CAPÍTULO 38. Una jugada agresivaCostanza se estremeció cuando escuchó aquellas palabras, como si el aire se hubiera vuelto más frío de golpe. Aun así, dejó la puerta abierta y le hizo un gesto al muchacho para que esperara.—Quédate ahí un momento, ¿sí? —le dijo con la voz entrecortada antes de girarse y subir las escaleras casi corriendo.El desastre tenía nombre y apellido aunque ella todavía no sabía cuál todavía, y básicamente tenía la misma cara que debía haber tenido Alaric cuando era más joven.Costanza respiró hondo hondo y se frotó las manos para darse valor antes de entrar a la habitación donde estaba su esposo, que se estaba ajustando los puños de la camisa antes de pasar por un café para irse a la oficina.—Qué bueno que me dijiste todo anoche —le soltó de golpe, sin rodeos, con un suspiro que no podía evitarse.Alaric levantó la cabeza, desconcertado.—¿Por qué lo dices? —preguntó, con el ceño fruncido y Costanza lo miró fijo, con una mezcla de nervios y urg
REY DE OROS. CAPÍTULO 39. Una prueba encubierta.
REY DE OROS. CAPÍTULO 39. Una prueba encubierta.Damian estaba cruzado de brazos, con los labios apretados y los ojos chispeando de rabia contenida. Se podía sentir la electricidad en el aire, como si el circuito mismo contuviera la respiración ante lo que estaba a punto de estallar.—¡Eso es una mentira! ¡Estás insinuando que mi madre no sabe quién es mi padre! —exclamó con esa voz que parecía un trueno a punto de explotar, y que en cierta forma sí se le pareció mucho a Alaric.Damian se inclinó hacia ella, dejando escapar un ligero temblor en las manos que delataba su nerviosismo. Y Costanza lo miró, sentándose en las gradas con paciencia y apoyando los codos en las rodillas.—¿Y para qué crees que Alaric le pidió a tu madre una prueba de ADN, eh? —preguntó, levantando una ceja mientras inclinaba la cabeza hacia un lado, como si estuviera examinando una pieza de rompecabezas difícil de encajar—. ¿Por diversión? ¿Para practicar su caligrafía en el formulario? Si estuviera seguro de q