All Chapters of REY DE ESPADAS. La novia forzada: Chapter 131
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REY DE OROS. CAPÍTULO 40. "Mateo 5:39"
REY DE OROS. CAPÍTULO 40. "Mateo 5:39"Alaric había mandado a hacer la prueba de paternidad en secreto, como un espía de telenovela que no quería que nadie le arruinara el plan. No confió en ningún laboratorio local, porque conocía a Alana y sabía que la mujer tenía la lengua larga y las uñas más largas todavía. Así que, con la calma de quien esconde un cadáver en el jardín, envió las muestras a un laboratorio en Houston. Nada de chismes, nada de filtraciones: solo él, los pelitos del casco y un sobre muy bien sellado.Mientras tanto, Alana, que parecía tener un radar para detectar el mal humor de los demás, no demoró ni siquiera otros dos días en aparecer en su oficina, y por supuesto que lo hizo sin avisar. Entró a su oficina después de una incómoda pelea con su asistente, y entró a su oficina como si la alfombra roja la esperara, con ese aire de reina destronada pero todavía peligrosa.—Vine para acordar la fecha, la hora y el laboratorio de la prueba de paternidad —dijo, apoyándos
REY DE OROS. CAPÍTULO 41. Un vampiro consentido
REY DE OROS. CAPÍTULO 41. Un vampiro consentidoAlana se fue dando un portazo que resonó como un trueno en la oficina. El silencio que quedó detrás fue casi cómico: papeles temblando en el aire y Costanza mirándola marchar con una ceja levantada. Alaric, sin embargo, no perdió tiempo en acercarse y rodearla con los brazos. La apretó contra su pecho, todavía con la tensión de la discusión en la mirada, pero también con un brillo travieso.—Nunca, jamás —dijo con voz solemne y dramática, como si estuviera jurando frente a un juez—, me atreveré a mirar a la mujer del prójimo… ¡es más ni aunque no tenga prójimo la mujer!, porque está clarísimo que tú me aplicarías las siete plagas de Egipto antes de pestañear. Y, ¿sabes qué? Me encanta.Costanza lo miró con los ojos muy abiertos. Le sorprendía que, después de una bronca tan fea, él pudiera salir con semejante declaración. Y lo peor era que lograba arrancarle una sonrisa.—¿En serio te encanta? —preguntó ella, ladeando la cabeza como quien
REY DE OROS. CAPÍTULO 42. Un regalo para un hombre que lo tiene todo
REY DE OROS. CAPÍTULO 42. Un regalo para un hombre que lo tiene todoCostanza no entendió del todo qué quería decir Alaric con eso de “reunir a la familia”. Había sonado como una amenaza mafiosa disfrazada de sorpresa, y ella no sabía si debía temblar o emocionarse. Sin embargo, decidió confiar en él. Ya se había acostumbrado a que su marido estaba lejos de ser convencional y eso no le molestaba para nada.Unos días después llegó el momento de la competencia. Era una de las más básicas en el recorrido hacia los campeonatos de Moto GP, pero por algún lado tenía que empezar. El lugar estaba a reventar, con las gradas llenas de gente emocionada, luces que parpadeaban y un ambiente cargado de gasolina y euforia. Costanza estaba nerviosa, pero también determinada, y cuando por fin salió a la pista, con el rugido del motor llenándole los oídos, sintió que todo valía la pena.Peleó con uñas y… bueno con ruedas y gasolina, pero ganó. Y no solo ganó: ¡arrasó!, al punto de que Frank, que ahora
REY DE OROS. CAPÍTULO 43. Un vampiro consentido
REY DE OROS. CAPÍTULO 43. Un vampiro consentidoCostanza se plantó delante del escritorio de Alaric con una sonrisa misteriosa. Él, que ya la conocía lo suficiente para saber que esa sonrisa siempre escondía algo, la miró con recelo divertido.—¿Tú hiciste esto, señora Thorne? —le preguntó con sorpresa.—Yo mismita y con ayuda. ¿Sabes que eso de ser la otra dueña de esta empresa es fantástico? ¡Todos me ayudan mucho! Así que hoy despejaron tu agenda completa —anunció ella, inflando el pecho como quien revela un plan maestro y Alaric arqueó una ceja, a punto de babearse a sus pies.—¿Mi agenda? —repitió, girándose hacia su asistente como si buscara confirmación, y Nélida, con su compostura imperturbable de siempre, asintió.—Así es, señor Thorne. Está usted completamente libre.Alaric entrecerró los ojos, sospechando que aquello no era producto de la eficiencia administrativa sino de la conspiración más descarada.—¿Y exactamente qué quieres hacer en doce horas? —le preguntó a Costanza
REY DE OROS. CAPÍTULO 44. La ira de Dios
REY DE OROS. CAPÍTULO 44. La ira de DiosAntes de que ella pudiera responder, Alaric se la echó al hombro como si fuera una muñequita hinchable y Costanza abrió mucho los ojos, sorprendida, antes de estallar en carcajadas.—¡Oye! ¡Eso no era parte del plan!—Ahora sí que lo es —dijo él con voz grave, llevándola con toda la actitud hacia el camarote principal.La noche los envolvía y el barco estaba en calma… al menos de momento.Alaric cerró la puerta del camarote con un golpe seco y el sonido retumbó en el silencio como un trueno contenido. Un segundo después la arrinconaba contra ella y le sujetaba las muñecas para ponerle aquellas esposas de peluche rojo, mientras ella lo miraba con una mezcla de desafío y excitación.—¿Y ahora qué piensas hacerme? —preguntó, alzando la barbilla con descaro, aunque el brillo en sus ojos la delataba.Alaric se acercó despacio, con el cuerpo imponente y la mirada oscura como la noche sobre el lago.—Todo lo que me has estado provocando desde que entr
REY DE OROS. CAPÍTULO 45. Con la verdad por delante
REY DE OROS. CAPÍTULO 45. Con la verdad por delanteAlaric y Costanza caminaron por la acera del centro, rodeados de edificios altísimos que parecían querer rascarle el cielo a Chicago. Él avanzaba con paso seguro, como si fuera dueño de cada baldosa, y ella trataba de seguirle el ritmo, aunque no dejaba de mirar hacia arriba, maravillada.—¿Así que aquí es el laboratorio? —preguntó Costanza, con un tono de sospecha—. ¡Pues vaya que se ve elegante para tomarle un par de pelos a alguien!Alaric sonrió de lado, con esa sonrisa suya que siempre parecía esconder un truco bajo la manga.—No es lo único que hay en el edificio, pero sí aquí es —respondió, sin dar más explicaciones y ella lo miró con los ojos entornados.—Ajá… ¿y qué más escondes, vampiro?—Un favor. —Alaric se detuvo frente a la puerta giratoria y la miró con seriedad—. Connie, necesito que hagas algo por en mí. Podría pedírselo a cualquiera de mis amigos, pero tú eres la que está conmigo en las malas y… bueno, quizás no vay
REY DE OROS. CAPÍTULO 46. Voces conocidas
REY DE OROS. CAPÍTULO 46. Voces conocidasVikram y Stefan se miraron, incómodos; pero ante la expresión determinada de Alaric no había oposición posible. Al final, el menor de los hermanos resopló.—Está bien. Nos haremos la prueba, pero que conste que es bajo protesta.—Perfecto, luego vas y te desahogas con el psicólogo —respondió Alaric, casi con una sonrisa—. Ahora vamos al piso de arriba.Un segundo después desaparecían por la puerta principal de aquella sala de juntas, y en la de al lado Damian se quedaba en shock. Todo su mundo parecía haberse tambaleado en cuestión de minutos y miraba la puerta entreabierta como si todavía no pudiera creer lo que había oído.Alana intentó acercarse a él enseguida.—Hijo, nada de eso es cierto…—No me toques —dijo él, retrocediendo un paso.Su mirada era dura, herida, como la de alguien que de golpe entendía que la verdad podía doler más que cualquier mentira.—¿De verdad no sabes quién es mi padre? —preguntó con un hilo de voz, pero cargado d
REY DE OROS. CAPÍTULO 47. Al borde de un abismo
REY DE OROS. CAPÍTULO 47. Al borde de un abismoDamian se quedó inmóvil, pegado a la puerta, con los oídos tensos como antenas de hormiga.—Tienes que hacer lo que sea para que esa prueba de paternidad salga positiva con Alaric, tiene que creer que Damian es suyo —decía Alana, con ese tono suyo entre desesperado y mandón que solía helarle la sangre a cualquiera—. ¡Esa es la única forma de sacarle dinero!Damian contuvo la respiración, sintiendo como si de pronto el piso se inclinara bajo sus pies y lo empujara a un vacío incómodo.—¿Ni siquiera te molesta no saber de quién es el padre de tu hijo? —preguntó Stefan Thorne, con una risa que no tenía nada de graciosa, como quien se burla de un chiste malo contado por él mismo.Alana soltó un bufido, como si esa pregunta fuera una pérdida de tiempo.—Solo hay tres posibilidades y yo elijo al que tiene dinero. Lo demás no importa. Me da igual de quién sea Damian, seamos sinceros: no me ganó el amor maternal, lo tuve porque ustedes tenían un
REY DE OROS. CAPÍTULO 48. La honestidad de un hombre
REY DE OROS. CAPÍTULO 48. La honestidad de un hombreLa pregunta cayó como una piedra en medio del pasillo, dejando un silencio espeso. Costanza se mordió los labios, conteniendo la emoción y las ganas de abrazar al chico allí mismo, pero cuando se dio cuenta de lo que su esposo iba a hacer, prefirió dejarlos solos.Alaric se sentó en un banco del pasillo y palmeó el asiento a su lado, invitándolo sin presión. Damian dudó un segundo, pero al final se dejó caer junto a él, como un niño cansado que busca dónde descansar.—Si eres mi hijo —dijo Alaric despacio, mirándolo de frente, con las palabras cargadas de un peso que no admitía duda—, te compensaré por todos los errores que cometí y por todos los años que no estuve contigo.Damian tragó saliva, sin apartar la mirada. Era como si de pronto le hubieran abierto una ventana hacia otra vida posible.—Te amaré profundamente —continuó Alaric, con un tono que era mitad promesa y mitad juramento solemne—. Y te daré una familia hermosa. Pero
REY DE OROS. CAPÍTULO 49. Un examen de paternidad
REY DE OROS. CAPÍTULO 49. Un examen de paternidadCostanza abrió el sobre con la misma calma con que alguien pela una fruta exótica que no sabe si le caerá bien al estómago, pero milagrosamente no le temblaban las manos. Todos contenían el aliento menos ella, que parecía disfrutar del suspenso porque estaba bastante segura de que fuera cual fuera el resultado, lo mismo Alaric que ella serían capaces de enfrentarlo juntos. Sacó la hoja, la extendió frente a sí y, antes de leer se detuvo un momento para mirar a Damian.—Chico, tengo que disculparme contigo porque esta prueba no salió de la nada, pero para que fuera fiel teníamos que hacerlo así —le dijo, con esa mezcla suya de dulzura y tranquilidad—, esta prueba la mandamos a hacer con algunos cabellos tuyos que quedaron en el casco de la moto. Pero escucha bien: salga lo que salga, eres libre de repetirla cuando quieras. Esto no es una sentencia, es solo un paso. ¿De acuerdo?Damian tragó saliva, y los ojos le brillaron como si fueran