All Chapters of REY DE ESPADAS. La novia forzada: Chapter 151
- Chapter 160
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REY DE OROS. CAPÍTULO 60. ¿De quién eres?
REY DE OROS. CAPÍTULO 60. ¿De quién eres?Costanza abrió la boca para replicar, pero el tono de su voz se quebró en un jadeo cuando Alaric la besó con fuerza. Fue un beso implacable, uno que le robó el aire y le arrancó la defensa que todavía intentaba sostener. Ella se aferró a sus hombros, temblando, y lo sintió sonreír contra su boca, como si disfrutara cada segundo de su rendición.El garaje estaba envuelto en sombras, apenas iluminado por lámparas industriales. Motos alineadas como centinelas brillaban bajo la luz metálica, y los autos deportivos parecían bestias dormidas, esperando rugir. El eco de sus movimientos se amplificaba en aquel espacio cerrado, como si las paredes disfrutaran del espectáculo.Él la llevó contra un Ferrari rojo, empujándola suavemente hasta que su espalda chocó con el metal frío del capó. Costanza se estremeció, arqueando la espalda por el contraste entre el frío del auto y el calor que le recorría las venas.—Alaric… aquí no… —protestó, aunque su voz s
REY DE OROS. CAPÍTULO 61. Una corredora sexy
REY DE OROS. CAPÍTULO 61. Una corredora sexyCostanza despertó con la sensación de que alguien la observaba. Abrió apenas un ojo, todavía envuelta en las sábanas, y ahí estaba: Alaric, apoyado en un codo, mirándola con esa intensidad suya que a veces daba miedo y otras veces hacía que quisiera esconderse bajo la almohada.—¿Qué? —murmuró ella, con la voz adormilada y lista para sonrojarse hasta la médula—. ¿Se me paró un pelo o te paré el corazón?Él sonrió apenas, con esa calma que la ponía de los nervios.—El corazón y un poco más me paraste, dulzura, pero… no era eso en lo que estaba pensando.—¿Ah no? —susurró Costanza dándose la vuelta y suspirando emocionada cuando sintió su peso sobre ella. Era imposible negar que aquel hombre la estaba volviendo loca y de la mejor manera posible.—Estaba pensando… que haremos ese circuito en moto algún día. —La voz de Alaric sonaba prometedora, casi solemne en contraste con la picardía que estaba haciendo de restregársele encima como un adoles
REY DE OROS. CAPÍTULO 62. Una amenaza
REY DE OROS. CAPÍTULO 62. Una amenazaCostanza había empezado a participar más activamente en las competencias, y eso no pasó desapercibido. Los patrocinadores comenzaron a aparecer de la nada, ofreciéndole contratos, bonos y hasta productos personalizadas. A veces parecía que si miraba hacia un lado ya había alguien sacando un micrófono para entrevistarla.—¡Costanza! ¿Algún mensaje para tus fans? —gritó un reportero mientras ella acomodaba el casco para salir de paseo.¡De paseo! ¡Ni siquiera estaba en el circuito! ¡Estaba con el macho bruto de su marido tratando de enseñarlo a valorar una moto por encima de un Lamborghini!Ella suspiró, levantando la mano como si dijera “ya basta”.—Sí… que los espero en el circuito en la próxima carrera. ¡No falten! —sonrió levantando los pulgares para una foto y el reportero le hizo un gesto emocionado mientras su equipo seguía grabando, y la cámara se acercó peligrosamente al casco.Costanza le hizo un guiño y se acercó a Alaric, que estaba a su
REY DE OROS. CAPÍTULO 63. Palabras personales
REY DE OROS. CAPÍTULO 63. Palabras personalesAlaric se había quedado helado. Miraba a su secretaria como si ella tuviera en sus manos la llave para detener la pesadilla que estaba a punto de devorarlo. Sus ojos iban desde la mujer hasta esa nota breve que estaba sobre su mesa, y que parecía la promesa para un infierno desconocido para él."Así es como se siente perder lo que más te importa."Las letras parecían arderle en los ojos mientras se le humedecían. —Dime que no está muerta… —le suplicó con un hilo de voz, apenas sosteniéndose de la orilla del escritorio.La señora Nélida tragó saliva, y sus propios ojos brillaban de angustia.—Señor, no… no está muerta, es que no pueden detenerla.—¿Cómo que no pueden detenerla? —Alaric cerró los puños de golpe, con un atisbo de furia mezclado con pánico.Ella no contestó. En lugar de eso, le extendió ese teléfono que traía en las manos y Alaric lo tomó con manos temblorosas para escuchar la voz casi histérica del Frank al otro lado, y sali
REY DE OROS. CAPÍTULO 64. El enemigo en casa
REY DE OROS. CAPÍTULO 64. El enemigo en casaLa tensión en el circuito era tan espesa que casi podía cortarse con un cuchillo. El rugido de la moto de Costanza seguía resonando en los oídos de todos, aunque Lorenzo mantenía la mirada fija en la pantalla y sus dedos golpeaban el teclado sin descanso. Cada palabra que escribía aparecía como un latido en el monitor gigante frente a la pista.De pronto, escribió la última instrucción en italiano: “Senza paura”. *(Sin miedo).Costanza la leyó, y algo dentro de ella cambió. Alaric, desde la barrera, juró que incluso sin verla el casco podía imaginarla sonriendo. Era como si esas palabras fueran suficientes para darle la fuerza que necesitaba.Con un movimiento calculado, se desvió hacia la zona de césped que los mecánicos habían despejado a toda prisa. El público contuvo la respiración al verla inclinar la moto peligrosamente. Por un instante pareció que iba a perder el control y que el desastre sería inevitable.Y entonces lo hizo: soltó l
REY DE OROS. CAPÍTULO 65. Nada que Dios no apruebe
REY DE OROS. CAPÍTULO 65. Nada que Dios no apruebeEl pasillo del hospital parecía un campo de batalla. Los gritos de Alaric resonaban por todo el piso, llenos de desesperación, mientras Rowan y Tristan intentaban contenerlo. Los médicos, acostumbrados a los familiares fuera de control, los miraban de reojo, sin atreverse a intervenir.—¡Suéltenme! ¡Déjenme entrar! —bramó Alaric, forcejeando con desesperación—. ¡No voy a quedarme aquí sin saber qué le está pasando!Tristan lo sostuvo de los hombros, usando toda su fuerza.—Alaric, basta. ¡La vas a empeorar si sigues así!Pero él no escuchaba. Tenía los ojos rojos, las manos temblorosas y la voz quebrada.—¿Para qué el quirófano? ¡Solo era sangre en la nariz! ¡¿Qué es lo que no me están diciendo?!Un médico se acercó, respirando con calma, aunque en su mirada se notaba el peso del cansancio.—Señor Thorne, estamos llevando a su esposa a cirugía para asegurarnos de que la hemorragia no sea algo más grave que solo una hemorragia nasal. N
REY DE OROS. CAPÍTULO 66. Muy tarde para tratos
REY DE OROS. CAPÍTULO 66. Muy tarde para tratosLa lluvia había cesado, pero el aire seguía cargado, espeso, como si aún oliera a tormenta. Alaric conducía en silencio, con el rostro iluminado intermitentemente por las luces de los postes, y en su cajuela Stefan seguía aturdido, con la cara hinchada y un brazo torcido. Cada bache hacía que soltara un quejido ahogado, pero Alaric ni se inmutaba. Su mirada iba fija al frente, y apretaba el volante con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos.—Ese cabrón no tiene idea de la suerte que tiene —murmuró Cedric desde el asiento del copiloto—. Otro en tu lugar lo habría dejado colgado de un puente.Alaric giró la cabeza lentamente hacia él, con voz baja pero tan cortante que se podía sentir el filo.—No es que no tenga ganas, pero luego tendría que explicarle a mi loca por qué no me voy a ir al mismo sitio que ella cuando me muera, y esa es una conversación que no quiero tener.Cedric sonrió para sí mismo, porque era obvio qu
REY DE OROS. CAPÍTULO 67. Horas eternas
REY DE OROS. CAPÍTULO 67. Horas eternasDe vuelta en el hospital, el aire olía a desinfectante y ansiedad. Las luces fluorescentes del pasillo parpadeaban débilmente, proyectando sombras largas en las paredes. Alaric caminaba sin rumbo fijo frente a la puerta del quirófano, con las manos hundidas en los bolsillos del abrigo, mientras el tic—tac del reloj le perforaba la cabeza.Cedric, que había vuelto con él, se sentó en una de las sillas de la sala de espera.—Al menos siéntate, idiota. No vas a resolver nada destrozándote los pies.—No puedo —respondió Alaric sin mirarlo—. No puedo descansar hasta que la vea abrir los ojos.El silencio se hizo pesado. Solo el sonido lejano de un monitor cardiaco llenaba el aire. Cada tanto, una enfermera pasaba apurada, ignorándolos por completo, y eso lo desesperaba aún más.Lorenzo iba y venía con tazas de café para todos, y Frank trataba de calmar por teléfono al resto del equipo, o de lo contrario tendrían a más de cincuenta personas en aquella
REY DE OROS. CAPÍTULO 68. Una charla con Diosito.
REY DE OROS. CAPÍTULO 68. Una charla con Diosito.Todos trataban de animarlo por más difícil que fuera. Todos hablaban de la chica fuerte que era Costanza, de lo feroz que era, de lo joven que era, y de que no había razón para que no superara aquello. Pero eso no cambiaba el hecho de que no abría los ojos, y para la noche la desesperación de Alaric ya no tenía límites; pero aun así algo en su corazón le decía que tenía que ser fuerte.—Esto es un descanso —murmuró Lorenzo como si quisiera convencerse a sí mismo—. Solo es un descanso…Alaric lo miró de reojo y esbozó una sonrisa suave.—A ella le encanta eso de estar hablando con Diosito, seguro que está demasiado ocupada tirándole de las orejas al pobre Todopoderoso. Ya sabes cómo es, siempre tiene algo que reclamarle.Lorenzo sonrió apenas, con tristeza.—Eso estaba pensando —dijo—. Seguro está allá arriba pidiendo una pista de carreras celestial o algo así.Tristan rodó los ojos.—O discutiendo con algún ángel sobre la presión de lo
REY DE OROS. CAPÍTULO 69. Todos los días
REY DE OROS. CAPÍTULO 69. Todos los díasOtro amanecer encontró a Alaric en el hospital, sentado en la misma silla de siempre, con los codos sobre las rodillas y la mirada perdida en el rostro inmóvil de Costanza. Afuera, el sol comenzaba a filtrarse por las persianas, pero dentro de la habitación el tiempo parecía haberse detenido.La policía se había llevado a Alana hacía un par de días, esposada y gritando como una loca.Alaric ni siquiera la miró cuando se la llevaron. Sabía que Cedric se encargaría de que no saliera bien librada del asunto, y además, en ese momento solo podía pensar en una cosa: Costanza seguía dormida.Habían pasado casi setenta y dos horas desde la operación y los médicos ya no sonaban tan tranquilos como antes. Cada vez que entraban a revisar los monitores, bajaban la voz y se miraban entre ellos. A veces decían que todo estaba bien, pero sus rostros decían otra cosa.Entre todos, Tristan era el que trataba de mantenerse optimista, pero ni siquiera él podía es