All Chapters of REY DE ESPADAS. La novia forzada: Chapter 161
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REY DE OROS. CAPÍTULO 70. Una recuperación en familia
REY DE OROS. CAPÍTULO 70. Una recuperación en familiaHabía pasado una semana desde que Costanza había despertado, y los médicos por fin la habían dejado marcharse. El aire fresco del mediodía le supo a gloria cuando salió por las puertas, con un ramo de flores en una mano y la otra aferrada a la de Alaric. Él insistía en llevarle las bolsas, el abrigo, y prácticamente en cargarla si era necesario, pero ella se reía y le aseguraba que podía caminar perfectamente.—No estás hecha de titanio, Connie —refunfuñó él, abriéndole la puerta del auto.—No, pero sí de pura terquedad —replicó ella con una sonrisa.Cuando llegaron a casa, Costanza pensó que todo estaría en silencio, con el típico olor a flores nuevas que dejaban los empleados de servicio. Pero apenas cruzó el umbral, un ruido de pasos apresurados la hizo detenerse.—¡Connie!Aquella voz joven la hizo volverse, emocionada. Damian venía corriendo por el pasillo, con los ojos brillantes y una expresión que mezclaba alivio, culpa y
REY DE OROS. CAPÍTULO 71. Noche de póker
REY DE OROS. CAPÍTULO 71. Noche de pókerEl sol de la mañana bañaba el circuito con un brillo dorado que hacía brillar los cascos y las motos como si fueran joyas sobre ruedas. Costanza se estaba adaptando otra vez al ritmo frenético de las competencias, y la felicidad le reventaba en el pecho cada vez que oía rugir su moto. No había sonido más hermoso en el mundo, ni siquiera la voz de Alaric cuando la llamaba “mi reina temeraria”.—¿Te das cuenta de que pasas más tiempo en esa moto que conmigo? —le dijo él una vez, cruzado de brazos mientras la veía preparar la salida.—Claro, porque la moto no me roba las cobijas —le respondió ella con una sonrisa burlona.—Eso fue una vez —protestó él.—Tres —corrigió ella—. Y en una de esas me dejaste sin almohada.Alaric rodó los ojos, resignado. Desde que Costanza había vuelto a correr, la casa se había llenado de cascos, guantes, botas, piezas de repuesto y un aroma a gasolina que parecía haberse instalado hasta en las cortinas. A veces él dec
REY DE OROS. CAPÍTULO 72. La mejor apuesta
REY DE OROS. CAPÍTULO 72. La mejor apuestaDos años después El rugido de los motores llenaba el aire como un trueno contenido. En los pits, el olor a gasolina, caucho y adrenalina era casi embriagante. Costanza se ajustaba el casco con una mezcla de nervios y emoción. Su primer campeonato mundial de MotoGP no era un simple sueño hecho realidad: era el resultado de años de trabajo, sudor, cicatrices y un amor que la había empujado a creer que nada era imposible.—Vamos, chica, tú puedes —le decía Lorenzo, dándole una palmada en el hombro con una sonrisa orgullosa.—Esa moto ronronea como un gato feliz, solo necesita que la domes —añadió Frank, guiñándole un ojo mientras revisaba la presión de los neumáticos.Ella sonrió bajo el casco. Le temblaban las manos, pero no de miedo. Era pura energía contenida, la misma que la hacía vibrar antes de cada carrera.En ese momento apareció Alaric, vestido con una chaqueta negra y unas gafas oscuras que no lograban ocultar la intensidad de su mira
REY DE OROS. CAPÍTULO 73. Un asistente de efectos especiales
REY DE OROS. CAPÍTULO 73. Un asistente de efectos especialesOnce meses despuésEl invierno italiano se sentía amable, con ese sol tibio que no quema pero acaricia. Alaric conducía mientras Costanza llevaba los pies descalzos apoyados en el tablero, canturreando una canción que no tenía letra, solo un tarareo alegre. Llevaban casi un mes viajando, celebrando a su manera el final de una temporada intensa.Costanza había cerrado el campeonato de MotoGP con diez victorias de veintidós, un logro que la había convertido en la nueva campeona mundial. Y aunque la prensa no dejaba de hablar de “la reina de las pistas”, ella lo tomaba con calma. A fin de cuentas las carreras eran una pasión, no una corona.Habían pasado quince días en Inglaterra con Damian, que ya estaba más alto que ella y de cuya cara ya no se borraba esa sonrisa traviesa de siempre. Alaric se la pasaba discutiendo con él sobre música, sobre fútbol y sobre cuál carrera era más eficiente o cuál le apasionaba más al chico. Cos
REY DE OROS Una niña perfecta.
REY DE OROS Epílogo. Siete meses despuésAlaric y Costanza comenzaron a prepararse para la llegada del bebé. La casa estaba llena de cajas, y juguetes por todas partes. Había un caos delicioso: peluches en el sofá, cajas de pañales apilados en la mesa del comedor, y una montaña de ropa que parecía multiplicarse sola.Costanza caminaba con paso lento, una mano en la espalda y otra sujetando una lista interminable de cosas por comprar. Su pancita ya era un monumento, y aun así, se negaba a quedarse quieta.—Amor, no deberías estar cargando eso —dijo Alaric, quitándole de las manos una caja con baberos. —Si me detengo, no terminaremos nunca —replicó ella, empujándole suavemente con la cadera—. Además, ¿quién va a organizar todo si tú te pasas veinte minutos leyendo el manual del calienta biberones? —No es cualquier calienta biberones —respondió Alaric, fingiendo solemnidad—. Es tecnología avanzada alemana. ¡Tiene tres modos de temperatura, temporizador y hasta función nocturna! —Sí, l
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 1. Una muy mala edad
REY DE CORAZONES. La novia prohibida. Silencioso, profundo, con una brújula moral implacable y un corazón de condominio donde cabía cuanta mujer le pasara por delante. En el Club de Reyes, Tristan era el más difícil de leer… y el más difícil de engañar. Quizás por eso los ojos decididos de aquella chica lo cautivaron: mientras las demás intentaban seducirlo, ella era un tren listo para aplastarlo, se subiera o no.Fue la primera mujer a la que quiso ver de nuevo. Fue la primera que lo tuvo desvelado noches enteras… hasta que se dio cuenta de que era la única a la que no podía tocar. Atrapado entre el deseo y la lealtad, Tristan se ve envuelto en un juego de secretos y chantajes que amenaza con romper la amistad que más valora.Pero por desgracia para él, Cally también es de las que siempre consigue lo que quiere… y lo que quiere es un maestro. Un maestro para corazones rotos, un maestro para noches de lujuria y escape en la madrugada. Él sabe que ella está prohibida, y ella sabe que
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 2. La pequeña serpiente
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 2. La pequeña serpienteEl chico miró la tarjeta sobre la barra con el ceño fruncido, como si le costara creer lo que veía. Era lo bastante inteligente como para reconocer una Centurion, y también como para saber que muy poca gente en el mundo podía acceder a una de esas.—¿Es una broma? Debe ser falsa —dijo, riendo con desprecio—. Una Centurion… ¡por favor! ¿A quién intentas engañar?Ella giró despacio hacia el cantinero, sin molestarse siquiera en responderle.—Dame una botella de Port Ellen 42—Year—Old, la Edición del 200 Aniversario, por favor —pidió con un tono que a Tristan le erizó hasta los pensamientos.El cantinero ni siquiera dudó mientras caminaba hasta una vitrina al fondo, sacó una pequeña llave de su bolsillo y abrió el cristal con un clic metálico. Dentro, algunas botellas descansaban como joyas de exhibición. Tomó una con cuidado y la colocó frente a la muchacha.No cualquiera podía pedir una de esas, pero ella solo deslizó la tarjeta negra
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 3. Un pago sin apuestas
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 3. Un pago sin apuestasTristan la vio sonreír suavemente y caminar hasta la mesa de póker que ocupaba el centro de la habitación. Sus pasos eran tranquilos, seguros, pero había un brillo en sus ojos que delataba diversión y curiosidad. Se sentó en una de las sillas, acomodó las cartas frente a ella y acarició el mazo con un gesto casi ritual, como si cada carta guardara un secreto que solo ella podía leer.—¿Eres buena jugando? —preguntó Tristan, porque ese ya sería el corolario de una infinidad de atractivos.—Quiero creer que sí —respondió la muchacha, levantando apenas una ceja, con un toque de desafío en la voz—. ¿Vienes?Y como la propuesta se pasaba de tentadora, Tristan se acomodó en su silla y comenzaron a jugar. La primera mano fue para ella. La segunda también. Y la tercera. Tres manos seguidas. Tristan frunció el ceño, divertido y frustrado al mismo tiempo, inclinándose un poco hacia atrás. Quizás esa no era su noche, o quizás ella simplemente no
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 4. Una mujer educada
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 4. Una mujer educadaTristan escupió el trago antes de siquiera tragarlo. El sonido fue tosco y rompió el silencio que había quedado flotando entre ellos, mientras él la miraba espantado, con la expresión de quien acaba de oír algo imposible.—¿Qué dijiste...? —preguntó, con la voz ronca y el vaso medio temblando en la mano.—Que soy virgen —repitió ella, sin apartar los ojos.No parecía avergonzada. Ni siquiera incómoda. Solo… estaba exponiendo un hecho.Tristan pasó saliva como si se estuviera ahogando y maldijo por lo bajo mientras le daba la vuelta a la silla y la soltaba de inmediato, como si la hubiera tocado con fuego. Dio un paso atrás, completamente desconcertado y sirvió dos tragos más.—Me estás jodiendo ¿verdad? No… no puede ser. No te expresas como una mujer virgen —balbuceó, mirándola como si necesitara comprobar si decía la verdad.Pero ella sonrió apenas, con esa calma elegante que parecía ser parte de su piel.—La experiencia en la cama es u
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 5. Una excepción en la regla
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 5. Una excepción en la reglaDurante los siguientes tres días, Tristan se sintió como un fantasma. Iba y venía del Club de Reyes sin encontrar sombra de Cally. Había algo en esa ausencia que lo inquietaba, una especie de vacío incómodo que no podía llenar con nada. Ni el trabajo, ni las risas de sus amigos, ni las mujeres que intentaban atraer su atención. Nada.Cada noche regresaba al club con la esperanza absurda de verla aparecer, sentada otra vez en la barra, con ese aire de realeza peligrosa y los labios rojos sobre un vaso de whisky. Pero ella no volvió, y su cantinero ya lo esperaba cada noche con una sonrisa burlona.—¿Otra vez esperando a la dama, señor? —le dijo una vez, mientras le servía un trago, y Tristan lo miró con fastidio.—¿Quieres conservar tu trabajo?—Lo siento, señor —carraspeó el cantinero y luego apoyó los codos en la barra—. ¿Sabe? Tengo todavía el recibo de su tarjeta. Podría rastrearla si quisiera.Pero Tristan lo fulminó con la