All Chapters of REY DE ESPADAS. La novia forzada: Chapter 191
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REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 26. Una mujer ocupada.
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 26. Una mujer ocupada.El día siguiente amaneció con una luz pálida que se colaba por las persianas del departamento. Cally entró con una pequeña bolsa de dulces para el desayuno y se quedó paralizada en la puerta al ver a Tristan dormido en su sofá. Tenía cara de que estaba durmiendo sobre una cama de clavos y ella no pudo evitar esbozar una media sonrisa, cruzando los brazos y observándolo.Pero finalmente se acercó y le revolvió el cabello como si fuera un niño malcriado.—Levántate campeón, o te vas a contracturar —dijo, con un tono que mezclaba humor y reproche—. Ese sofá no es tan cómodo como parece y tú ya no eres tan joven.Tristan abrió un ojo, luego otro, arqueando una ceja con un gesto que le decía: “¿qué demonios?”. Se levantó a medias y se quedó con los codos apoyados en las rodillas mientras la veía hacer el café, hasta que su voz sonó baja, contenida, pero cargada de tensión.—¿Te acostaste con Akira? —preguntó con un gruñido que hizo a Cally
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 27. Una fiesta diferente.
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 27. Una fiesta diferente.Cally había cerrado la puerta de la sala de juntas con un suspiro profundo. Tristan se quedó unos segundos más frente a ella, con la mandíbula tensa, los puños cerrados y el ego retorciéndose. No dijo nada. No podía. Salió del edificio con el corazón latiéndole con fuerza, como si necesitara correr para dejar atrás lo que acababa de pasar.Todo el día cargó con esa frustración, ese peso incómodo en el pecho que se parecía demasiado a los celos, pero que él juraba que era otra cosa. ¿Indigestión, quizás?Pero esa noche era la fiesta en la residencia Kobayashi y no iba a darle el gusto al japonés de faltar. Se arregló como el caballero que era, pero cuando se miró en el espejo antes de salir, no se reconoció del todo. Se había puesto su mejor traje oscuro, una camisa negra y una expresión impenetrable. Y aun así parecía más listo para morder que Drácula con abstinencia.Cuando llegó, la mansión Kobayashi brillaba como una joya entre l
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 28. El arte de la guerra.
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 28. El arte de la guerra.El sonido metálico del gong todavía flotaba en el aire cuando, de repente, algo cayó del cielo.Un hombre descendió desde una pértiga de bambú, como si hubiera saltado desde las nubes. Su caída fue precisa, elegante; y aterrizó en medio del patio con un movimiento que levantó una ligera nube de polvo dorado bajo las luces.La multitud contuvo el aliento por un segundo, y luego estalló en aplausos. Otro hombre apareció desde el extremo opuesto, también vestido con armadura tradicional. La exhibición acababa de comenzar.Cally y Tristan se miraron, y la única que no estaba sorprendida era ella. Caminaron hacia el patio, donde los invitados empezaban a ocupar su lugar alrededor de la arena. Ahí habían dispuesto largas mesas y bajas, tapizadas con cojines de seda y bandejas con sake, sushi y pequeñas linternas encendidas.El ambiente era tan solemne como festivo; y el público murmuraba con emoción mientras los dos samuráis comenzaban a
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 29. La niña de sus ojos
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 29. La niña de sus ojosEl duelo fue impresionante, no podía describirse de ninguna otra forma.Akira se movía con una gracia casi sobrehumana; cada golpe, cada giro de la espada tenía una precisión que dejaba a todos conteniendo la respiración. Su contrincante apenas podía seguirle el ritmo. Las luces doradas del jardín se reflejaban en las hojas de las katanas, y el sonido del metal llenaba el aire con chispazos de tensión pura.Cally observaba en silencio, con los brazos cruzados, mientras el público gritaba y aplaudía con cada intercambio. Tristan, en cambio, se revolvía en su asiento. Había querido provocarlo… y ahora Akira se estaba robando el espectáculo.El golpe final llegó tras una serie de movimientos vertiginosos. Un corte limpio, una maniobra de precisión y el oponente de Akira cayó de rodillas, reconociendo la derrota. El jardín estalló en aplausos. Akira respiraba agitado, con un par de heridas superficiales que sangraban apenas, pero sin perd
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 30. Eso se llama Honor
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 30. Eso se llama HonorEl ambiente en la sala estaba cargado de tensión. El silencio solo se rompía con el suave zumbido del aire acondicionado y el goteo rítmico de la lluvia en las ventanas.—No es lo mismo “la niña de tus ojos” que “la mujer de tu vida” —dijo Tristan avanzando un paso hacia el japonés y Akira levantó una ceja, sin cambiar la postura.Finalmente soltó una ligera risa por la nariz y lo observó con la serenidad irritante de quien tiene todas las respuestas.—no, no es lo mismo ni pretendo que lo sea. Quizás porque estoy convencido de que no me la merezco —respondió, con una sinceridad que lo desarmó por completo—. Y tengo suficiente autocontrol como para no joderle la vida haciéndole creer que el amor es garantía de fidelidad.Tristan lo miró en silencio. Esa frase lo golpeó directo, porque sabía que, en cierto modo, también se aplicaba a él. Pero Akira no se detuvo ahí.—Cally es una estrella —dijo con calma, mientras se daba la vuelta y mi
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 31. "No soy un animal"
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 31. "No soy un animal"Cally apenas podía mantenerse en pie, así que Tristan no lo dudó ni un instante antes de tomarla entre sus brazos y cargarla con cuidado. Su respiración era lenta y regular, pero sus ojos denotaban cierta preocupación mezclada con irritación contenida.—Puedo sola —dijo Cally, con una voz débil que intentaba mantener firme.Él la miró con una ceja levantada y una sonrisa torcida.—Sí, ya sé que tú sola puedes romperte la cabeza contra el suelo del baño. —Hizo una pausa y exhaló un suspiro—. No me molesta ayudarte, y tranquila, no voy a mirarte con otros ojos mientras estás enferma. No soy un animal… aunque dudo que esa faceta mía no te guste.Cally le puso los ojos en blanco, incapaz de reprimir una leve risa que salió entrecortada, pero hasta eso le dio mareos. La mezcla de amabilidad y seguridad que Tristan le ofrecía era extraña, pero reconfortante. Asintió y se dejó guiar hasta la ducha, sintiendo el calor de sus manos firmes soste
REY DE CORAZONES. CAPITULO 32. Viejos enemigos, nueva competencia
REY DE CORAZONES. CAPITULO 32. Viejos enemigos, nueva competenciaLa palabra quedó flotando en el aire como si fuera un presagio de mala suerte, y Tristan se dio cuenta de que aquello realmente la afectaba.—Muy grave —repitió Cally dando la vuelta para volver a la habitación.—Oye, oye, ¿qué haces? —Tristan la siguió—. ¡Todavía no estás bien de verdad!—No puedo quedarme aquí mientras mi empresa se incendia.—No estás ardiendo tú también, ¿verdad? —ironizó, poniéndose frente a ella—. Cally, te tuvieron que poner un suero hace menos de veinticuatro horas.—Y ya estoy bien —replicó ella, empujándolo para apartarlo del camino—. Tristan, no entiendes, si los números no cuadran es porque hay manipulación en los sistemas…—Lo que entiendo es que no puedes dirigir una crisis si te caes en medio de la reunión.Cally se giró hacia él, molesta.—¿Qué propones, entonces? ¿Que me quede acostada viendo cómo todo se viene abajo?Tristan la observó unos segundos, reconociendo esa obstinación que lo
REY DE CORAZONES. CAPITULO 33. Voz de hermano mayor
REY DE CORAZONES. CAPITULO 33. Voz de hermano mayorLlevarla a casa no era el problema, el problema era descansar con Cally, que no paraba de trabajar. Finalmente Tristan acabó quitándole los papeles de las manos y obligándola ver la tele.Ya de noche, el silencio de la casa parecía más grande que de costumbre. Tristan preparó algo de cena, pero Cally apenas probó un par de bocados. Estaba agotada pero no quería rendirse.—No me mires así —le dijo, viendo la expresión que él le ponía.—¿Así cómo?—Como si me fuera a romper.—No —dijo Tristan despacio—. Solo pienso que nunca te detienes. En eso te pareces mucho a Cedric.Ella se recostó contra el respaldo del sofá.—Si me detengo, todo se cae.—No todo —respondió él, acercándose—. Algunos estaríamos justo detrás para sostenerlo contigo.Ella lo miró en silencio. El cansancio le ablandó los gestos, y le quitó su armadura habitual.—Gracias por quedarte conmigo —dijo al fin.—No lo hice por obligación.—¿Ah, no?—No. Lo hice porque no qu
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 34. Un novio celoso
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 34. Un novio celosoCally se recostó sobre el respaldo del sillón, mirándolo con esa mezcla de diversión y picardía que a Tristan le bajaba hasta los calzones imaginarios.—Entonces… ¿sí te quieres acostar conmigo? —preguntó, muy tranquila, como si hablara del clima—. ¿O no?Tristan se atragantó con el aire y levantó un dedo, señalándola con gesto firme, casi dictatorial.—¡No digas eso! —exclamó, pero ella soltó una carcajada suave.—¿Eso qué? ¿La verdad?Cally lo miró divertida, como si acabara de encontrar un punto débil en su impecable autocontrol.—Ay, no seas tan serio, Tris. Te pones rojo —dijo entre risas—. Mejor veamos la tele, antes de que te dé un ataque moralista de esos que jamás has tenido en tu vida.Él resopló, intentando ignorar la sonrisa que se le escapaba. Puso cualquier canal, y durante unos minutos, el silencio fue cómodo. Cally se acurrucó a su lado, con los pies descalzos sobre el sofá, el cabello despeinado, y poco a poco, su respira
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 35. Besos de fuego
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 35. Besos de fuegoLa mitad de él no necesitaba aprobación. Desde el mismo momento en que la había conocido, había sabido que las cosas con Cally iban a terminar de aquella manera. La deseaba a un punto en que jamás había deseado a otra mujer y eso definitivamente era un problema. Pero al final los dos eran adultos y querían estar juntos, así que no era precisamente un asunto de quién se aprovechaba de quién.Y luego estaba la otra parte de él. La que tendría que quizás tendría que explicarle a su mejor amigo que su hermanita era una mujer adulta y que no tenía intención de lastimarla… al menos conscientemente. Y esa era la parte que hacía que sus palabras sonaran más como un ruego, como si deseaba que ella lo frenara, aunque lo único que recibió fue un mordisco juguetón y aquella lengua atrevida recorriendo su pecho.—¡Tu hermano me va a matar algún día! —resopló Tristan, mientras la risa traviesa de Cally lo dejaba sin defensa. La levantó por la cintura,