All Chapters of REY DE ESPADAS. La novia forzada: Chapter 201
- Chapter 210
279 chapters
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 36. Una tortura
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 36. Una torturaCally no podía sonreír abiertamente, pero por dentro tenía ca cara de una niña viendo sus primeros fuegos artificiales. Estaba arrodillada frente a Tristan, y aunque él se creyera que era de otro modo, la que estaba gobernando aquel juego era ella. Lo sintió correrse en su boca como si fuera el primer y único lugar en el mundo verdaderamente suyo, y vio la forma en que sus ojos se apagaban por el cansancio.Fue solo un momento, más corto que un suspiro, pero eso no cambiaba el hecho de que lo había dejado agotado.Tristan tiró de ella contra su pecho y la envolvió en aquellos brazos que jamás dejaban de ser demandantes. El calor de Cally era intoxicante, pero no cambiaba el hecho de que quizás se estaba equivocando, quizás el japones tenía razón y era una cuestión de honor el no acercarse a ella sabiendo que no la merecían…—¿Estás segura de esto? —preguntó y Cally se echó atrás para mirarlo a los ojos.—¿Preferirías que lo hiciera con otro?
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 37. Un paréntesis
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 37. Un paréntesisTristan abrió los ojos despacio, sin prisa, como si su cuerpo se resistiera a aceptar que el día tenía que seguir. Lo primero que vio fue el cabello de Cally, extendido sobre la almohada, y su respiración suave, acompasada, pegada a su pecho. Estaba acurrucada contra él, tan cerca que podía sentir el calor que desprendía incluso dormida.Durante unos segundos no se movió. La observó en silencio, intentando asimilar lo que había pasado. Sabía que aquello podía convertirse fácilmente en un desastre monumental, pero aun así no podía sentir ni una gota de arrepentimiento. Cally era como en infierno conocido, como ese pecado que se disculpa con el instinto porque pase lo que pase no puedes hacer nada por evitarlo. Ella era su instinto.Le acarició el brazo con suavidad, siguiendo el contorno de su piel, y luego le dio la vuelta para abrazarse a su espalda, hundiendo el rostro en su cabello. Olía a jabón, a algo limpio y dulce.—Así que todavía e
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 38. El corazón de Cally
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 38. El corazón de CallyTristan llevaba toda la tarde sentado frente al escritorio, con los codos apoyados y los ojos fijos en la pantalla, pero no veía nada. Había pasado horas fingiendo que trabajaba, revisando informes que no le interesaban y borrando correos que ni siquiera había leído.Cally le daba vueltas en la cabeza como un eco que no podía silenciar. Intentó concentrarse, de verdad que lo intentó, pero la mente se le iba sola hacia ella: su voz, su forma de mirarlo cuando se enojaba, esa manera suya de no necesitar a nadie, ni siquiera a él.Suspiró y se pasó una mano por el cabello. Había intentado llamarla tres veces, luego cinco. Al final perdió la cuenta. Ninguna de las llamadas fue contestada.Miró su teléfono, lo volvió a dejar sobre la mesa y se inclinó hacia atrás en la silla. No quería marcarle a su asistente para preguntar por ella. No quería parecer un tipo que perseguía a una mujer, mucho menos a Cally. Pero había algo incómodo, una esp
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 39. Una pareja común
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 39. Una pareja comúnCally se quedó quieta un momento, mirando por la ventana del departamento mientras jugaba con el borde de su taza. Afuera caía una llovizna ligera, y el reflejo de las luces en el vidrio hacía que todo pareciera un poco más irreal.—Tristan —dijo al fin, con esa voz suya que sonaba entre distraída y preocupada—, tengo un presentimiento raro.Tristan acarició su mano, sabiendo que ella no hablaba por hablar.—¿Raro cómo?—No sé —Cally frunció el ceño—. Hoy vi al dueño de la antigua empresa Heliux… y juraría que ya lo había visto antes. Fue como… como si lo conociera de otra vida, o algo así. Me recorrió un escalofrío, literal.Tristan soltó un suspiro incómodo.—Bueno… hay gente que simplemente da mala vibra. A mí me pasa todo el tiempo.Ella no sonrió. Seguía pensativa, ensimismada.—No, no es solo mala vibra, fue distinto. Como si algo dentro de mí dijera “tienes que escapar de él”, o “te va a lastimar”.Tristan la envolvió en un abrazo
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 40. Pierde el que quiere más
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 40. Pierde el que quiere másCally se quedó muda, y no fue por falta de palabras, sino porque ninguna le salía. Tenía un nudo en la garganta y el estómago encogido. Lo miró sin saber si gritarle, reírse o simplemente pedirle que no se fuera. Pero Tristan estaba allí, apoyado en la puerta, con los brazos cruzados y la expresión cerrada, como si todo lo que acababa de pasar entre ellos no tuviera importancia alguna.—Las cosas han cambiado desde que empezó el entrenamiento —dijo ella al fin, en voz baja pero firme—. ¿O no?Él levantó la vista del reloj que ajustaba distraídamente, como si lo que decía no tuviera peso. —¿Cambiar? ¿De qué estás hablando…?—De que no sé si la mejor palabra para llamarlo sea “entrenamiento”. ¡Vamos, Tristan! —murmuró Cally como si todo dependiera de su respuesta—. No te hagas el tonto. No me digas que no sientes algo más.Hubo un silencio incómodo. Tristan la observó por un segundo, con el rostro tan serio que parecía una máscara.
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 41. Perder
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 41. PerderVera estaba sentada en una de las sillas frente a su escritorio, con las piernas cruzadas y una sonrisa de esas que ya no le creía hacía años.—Hola, hijo —dijo en tono dulce y Tristan se quitó el abrigo sin devolverle la sonrisa.—¿Qué haces aquí, mamá?—Vine a verte. Hace semanas que no hablamos —contestó ella, encogiéndose de hombros—. Quería... ya sabes, hablarte.—No estoy interesado.—¡Tristan, por favor! No tienes que ser tan cortante. ¡Yo estoy poniendo de mi parte para construir una mejor relación contigo!Él se apoyó contra el escritorio, y su rostro era una máscara de molestia.—¿Una mejor relación? ¿Ahora te interesa eso?—Tristan, no empieces —suspiró ella—. Ya sé que las cosas entre nosotros no han sido fáciles, pero estoy intentando acercarme.Él soltó una risa seca, sin humor.—Sí, claro. Déjame adivinar. Lo que realmente quieres es más dinero del que ya te doy, ¿no?Vera lo miró ofendida. —No es eso. No quiero dinero, solo quiero…
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 42. Cuándo rendirse
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 42. Cuándo rendirseCally se sentó con un botiquín sobre las rodillas y un gesto de concentración. Tenía el cabello húmedo por el sudor y la mirada fija, como si curar heridas ajenas la ayudara a no mirar las propias. Frente a ella, Akira tenía el torso descubierto, lleno de pequeños cortes que apenas sangraban. Aun así, él parecía completamente tranquilo, como si cada herida fuera una medalla más de alguna guerra invisible.—No te rías, que te voy a poner más alcohol —dijo ella, empapando una gasa con determinación.Akira soltó una carcajada baja, ronca y relajada.—Si la gente supiera que la mayoría de estos cortes me los hiciste tú, te tendrían más miedo que respeto.Cally lo miró de reojo, entre divertida y molesta, con una media sonrisa que intentó ocultar.—Eso no es para presumir. Solo significa que tengo menos autocontrol que tú.—No digas eso —respondió él, con una media sonrisa tranquila—. A mí me gustan mis heridas de guerra.Cally le limpió un co
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 43. Una llamada inesperada
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 43. Una llamada inesperadaCally respiró hondo cuando estacionó su auto frente al edificio de la empresa de Cedric. No tenía que armarse de valor para decir la verdad, pero sí se requería mucho para reconocer que a pesar de todo no había sido suficiente.Apenas entró en el despacho, su hermano levantó la vista de la computadora. El contraste entre su expresión relajada y la mirada perdida de Cally fue inmediato, y ella fue directamente hacia él y lo abrazó sin decir palabra.Cedric se quedó inmóvil un segundo, sorprendido, antes de devolverle el gesto.—Ey, ey… —murmuró, acariciándole la espalda—. ¿Qué pasa?—No te traigo buenas noticias.Cedric frunció el ceño, tratando de adivinar, pero antes de que cualquiera de los dos pudiera decir la primera palabra, el celular de Cally comenzó a sonar con insistencia y cuando ella lo sacó vieron que era un número desconocido.—No lo contestes... —gruñó Cedric, que cuando se trataba de ella se pasaba de paranoico—. O m
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 44. Una amenaza
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 44. Una amenazaLa sonrisa de Vera se desvaneció por un segundo, apenas un parpadeo, pero suficiente para notar el cambio.—Eres demasiado perspicaz para lo que te conviene —dijo finalmente, con tono helado, dándose cuenta de que el cerebro de la muchachita que tenía delante no le hacía justicia a su edad, y que no sería tan manipulable como había esperado.—O demasiado honesta —replicó Cally, cruzando los brazos—. Entonces no estoy equivocada. Ya fue a pedirle esto a su hijo y él le dijo que no —sentenció convencida—. La cuestión es que esstoy bastante segura de que Tristan debe tener sus razones para no contratarlo. Y confío en su juicio, así que mi respuesta también es no.El camarero llegó justo en ese momento con su vaso de agua y la copa de vino de Vera, como si el universo intentara suavizar la tensión. Pero ni una gota del ambiente se relajó.Vera tomó un sorbo lento, sin apartar la mirada.—Quizás deberías pensarlo mejor —dijo con un tono que preten
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 45. Decepción
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 45. DecepciónCally sintió que el corazón le subí a la garganta y le cortaba el aire cuando escuchó esa palabra: ¿”Acostones”? Entonces ¿eso era todo lo que era para él? ¿Un par de acostones?—Este es el momento en que cierras la puta boca para no arrepentirte de lo que digas después —siseó intentando mantener la voz estable—. Yo no vine porque quis…—Yo ya sé para qué viniste —la cortó Tristan otra vez—. Viniste a averiguar lo que yo no te quise decir. Pero no te hagas ilusiones. Nunca le he permitido a ninguna mujer hurgar en mi bolsa de mierda. Si pensaste que hablando con mi madre ibas a conseguir algo, te equivocaste.Cally lo miró sin poder creer lo que estaba oyendo; y su respiración se volvió irregular, como si el aire le pesara. Vera, que hasta entonces había disfrutado el espectáculo en silencio, decidió intervenir con su tono meloso y calculado.—Hijo, por favor, ¿qué está pasando? —dijo con una expresión de falsa preocupación—. ¿Ella no es tu nov