All Chapters of REY DE ESPADAS. La novia forzada: Chapter 211
- Chapter 220
279 chapters
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 46. El inicio de todo.
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 46. El inicio de todo.Cally salió del restaurante sin mirar atrás. Caminó deprisa, como si necesitara escapar de algo más que de ese lugar. Afuera, el ruido de los autos y el murmullo de la gente se mezclaban con el eco de las palabras de Tristan, repitiéndose una y otra vez en su cabeza, crueles y frías. Le ardía el pecho, como si el corazón se le hubiera partido en pedazos y todavía intentara seguir latiendo.Subió a su coche casi sin ver, con los ojos nublados y la garganta cerrada. Cuando se incorporó al tráfico, apenas notó las bocinas ni las luces de los semáforos. Manejaba en automático, con las manos rígidas sobre el volante y los labios apretados.—No tenía que decirme eso… —murmuró, más para sí misma que para nadie—. Ni siquiera me dejó explicarle…El dolor se mezclaba con la rabia. Sabía que ella no había sido del todo honesta desde el principio, que había cosas que no se habían dicho entre ellos, pero eso no justificaba que él la tratara como si
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 47. Culpa
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 47. CulpaMás temprano ese mismo día, Tristan intentaba concentrarse en la pantalla del ordenador, aunque llevaba varios minutos mirando el mismo correo sin leer realmente una sola línea. El reloj marcaba las nueve y media, y el silencio en su oficina era tan espeso que hasta podía oír el tic—tac del reloj de pared. Había dormido poco, había trabajado mucho, y aun así no podía evitar que Cally se colara entre cada número y cada palabra.Estaba justo en eso, debatiéndose entre la culpa y el orgullo, cuando la puerta se abrió de golpe y Vera entró como una tromba, con el cabello perfectamente arreglado y los ojos ardiendo de furia.—¡¿Cómo te atreviste?! —exclamó, cerrando la puerta con un golpe seco.Él alzó la vista, pero ni siquiera estaba sorprendido.—Buenos días, mamá —dijo con sarcasmo—. Siempre es un placer verte irrumpir sin avisar.—¡No me salgas con sarcasmos! —replicó ella, avanzando hasta su escritorio—. ¿Cortaste mis tarjetas?Tristan dejó el bol
REY DE ESPADAS. CAPÍTULO 48. Vergüenza
REY DE ESPADAS. CAPÍTULO 48. VergüenzaTristan llegó al hospital sin recordar del todo cómo había conducido hasta allí. Todo el trayecto se le había borrado de la cabeza, como si su cuerpo hubiera funcionado en piloto automático. Solo conservaba esa presión en el pecho que le cortaba el aire y el sabor metálico del miedo en la boca. Aparcó torcido, sin pensar, y entró en el edificio casi tropezando con la puerta giratoria.—Busco a Callyope Davenport —dijo al llegar al mostrador, con la voz ronca, el rostro pálido y los ojos inyectados de preocupación.La recepcionista, una mujer de unos cincuenta años que parecía haberlo visto todo, lo miró de arriba abajo con una expresión que mezclaba curiosidad y cansancio. Tecleó algo en la computadora y, sin levantar la vista, respondió:—Habitación ciento doce, segundo piso.Tristan asintió sin agradecer siquiera. Tenía el pulso acelerado y las manos le temblaban. Caminó con pasos largos, los hombros tensos y la garganta seca, como si cada lati
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 49. Tú sí me importas
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 49. Tú sí me importasTristan la observó mientras ella intentaba ponerse la chaqueta con movimientos torpes. Cally tenía el rostro pálido, los labios apretados, y la mirada fija en el suelo, como si cada segundo en esa habitación le pesara una tonelada. Pero cuando alzó el brazo para ajustar la manga, él vio los moretones: cinco marcas oscuras, la huella nítida de una mano sobre su piel; y solo eso bastó para sentir que la sangre le hervía en las venas.—¡¿Quién te hizo eso?! —preguntó, avanzando un paso hacia ella.Cally bajó la mirada y tiró de la manga para cubrirse el brazo.—No importa —respondió con tono bajo.—¡Sí importa! —dijo él, tratando de mantener la calma—. ¿¡Cómo es que…!?Y entonces lo recordó: alguien la había sujetada mientras los periodistas trataban de interrogarla, la habían hecho caer, la había herido.—Lo siento...—No tienes que disculparte por lo que hacen otros —declaró.Tristan pasó saliva y alzó una mano, sus dedos fueron a rozar
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 50. Destierro
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 50. DestierroTristan esperó de pie, junto a la ventana, mientras el tic tac del reloj de pared llenaba el silencio de su oficina. Tenía las manos metidas en los bolsillos y la mirada fija en la calle, aunque no veía nada. Cada tanto se pasaba una mano por el cabello, inquieto, hasta que los dos agentes de la policía finalmente llegaron, y él los recibió con un gesto breve.El más alto, un hombre de rostro cuadrado y voz grave, le tendió la mano.—Señor Callahan —dijo—. Soy el detective Murdoch. Ya me comentaron por teléfono de qué se trata. Trajimos los formularios para la denuncia.—Gracias por venir tan rápido —respondió Tristan, con un tono más seco de lo que pretendía—. Sé que estps procedimientos se hacen en la comisaría, así que les agradezco que me permitan hacerlo en la privacidad de mi oficina.Los hombres se acomodaron frente a su escritorio; y Murdoch abrió una carpeta gruesa mientras su compañero preparaba una grabadora de voz.—Entonces —empezó
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 51. Una declaración de prensa.
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 51. Una declaración de prensa.Cedric colgó la llamada y el silencio cayó como una losa sobre el despacho. Tristan se quedó quieto unos segundos, mirando el teléfono como si esperara que volviera a sonar. Pero no lo hizo, y la desesperación le subió desde el estómago hasta el pecho, dejándole una sensación de vacío.—No puede ser… —murmuró, más para sí mismo que para Rowan—. No puede irse otra vez.Pero su amigo solo lo observaba con una mezcla de lástima y cansancio.—Tristan, ya lo escuchaste. No hay mucho que hacer —dijo, cruzándose de brazos.—¡Tiene que haber algo! —exclamó Tristan, dando vueltas por el despacho como un animal enjaulado—. ¡No puedo quedarme de brazos cruzados mientras la prensa la destroza, no es justo! Ella… ella ha estado un montón de años sin Cedric, tampoco es justo que se tenga que ir de nuev…—Eso lo hizo Cedric, fue su decisión —lo reconvino Rowan—. Y tienes que reconocer que en este momento no hay ninguna otra solución viable qu
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 52. Una bolsa de mierd@ más ligera
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 52. Una bolsa de mierd@ más ligeraTristan estaba sentado en su oficina, con la espalda recta y los ojos clavados en el reloj. Cada tic—tac parecía marcar un segundo más de ansiedad. La conferencia de prensa había terminado horas antes y, aunque había sido todo un golpe maestro, la sensación de que algo podía salir mal no lo dejaba tranquilo. Quería ir a ver a Cedric y a Cally, asumir las consecuencias y tratar de poner algo de orden, pero su teléfono vibró antes de que pudiera moverse.“Señor Callahan, será mejor que venga a la comisaría” dijo del otro lado la voz conocida de un detective. “Hay alguien que pidió verlo”.Tristan frunció el ceño y no necesitó más información para adivinar quién era.—Voy enseguida —sentenció levantándose.El trayecto fue un torbellino de pensamientos. Su madre no solo había filtrado un documento que comprometía la reputación de Cally, sino que lo había hecho para jugar con él, para controlar y humillar, exactamente como hacía
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 53. Dime que me quede
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 53. Dime que me quedeTristan se quedó paralizado por un segundo. Su mandíbula se tensó y un escalofrío recorrió su espalda.—¿Cómo? ¿A dónde se va Cally? —preguntó, y su voz era una mezcla de incredulidad y miedo, mientras fruncía el ceño y sus dedos se quedaban suspendidos contra la puerta sin llegar a golpearla.—El señor Davenport me indicó reservar un vuelo privado hacia Japón —respondió ella, con rapidez, con las manos cruzadas frente al pecho como si quisiera protegerse de la reacción de Tristan—. Todo está coordinado: hangar, seguridad, documentación…—¿Se va sola?—No, el señor Kobayashi se va con ella —respondió la mujer y entonces la incredulidad se transformó en impulso.Tristan no podía quedarse quieto. No podía dejar que Cally se fuera sin hablar con ella. La adrenalina lo recorrió de pies a cabeza mientras golpeaba el escritorio de la mujer con las manos.—Hangar, avión, número de vuelo. ¡Mándalo todo a mi celular! ¡Ya!—¡Sí, señor! —exclamó
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 54. Te fallé
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 54. Te falléTodo el aire podía haber escapado en ese momento de sus pulmones, pero Cally no lo permitió. Adentro dolía tanto como si estuviera rompiéndose en millones de pedazos, pero nada de eso emergió a su cara.Quizás era mejor así, escucharlo terminar con todo, absorbiendo cada palabra aunque sus ojos brillaban con lágrimas contenidas. Su mirada era comprensiva, casi maternal en su paciencia, aunque una parte de ella deseaba golpearlo por no ser el hombre que tenía el potencial para ser.—Ese es el puto eufemismo más grande de la historia —murmuró con decepción—. No tenía idea de que eras tan bueno para tragarte tus propias excusas.Tristan apretó los puños y trató de concentrarse.—No son excusas, Cally, es la verdad…—Sí, también fue la verdad la semana que pasaste viviendo conmigo hasta que una maldit@ lavadora de ropa te disparó la cobardía como si fuera un interruptor —replicó ella y lo vio restregarse la cara con desesperación.—No fue cobardía,
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 55. Algo que decir
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 55. Algo que decirUna semana después, Tristan estaba en el ático del Club de Reyes, sentado en la mesa de póker, moviendo las cartas entre los dedos sin realmente verlas. Había pasado esos días como un fantasma: sin dormir, sin comer bien, sin poder concentrarse en nada. Lo habían visto llegar y salir del club como un autómata, siempre con la misma expresión vacía. Frente a él, el mazo se deslizaba una y otra vez entre sus manos, barajando sin propósito, como si las cartas pudieran darle alguna respuesta que el mundo no tenía.El silencio del lugar se rompió con el sonido del ascensor; y Alaric y Rowan entraron, intercambiando miradas que decían “esto no pinta bien”. Sin decir una palabra, se sirvieron un par de tragos del whisky caro que siempre guardaban ahí y se sentaron frente a Tristan, pero este ni siquiera levantó la vista al principio.—¿Ustedes sabían? —preguntó de pronto, con la voz ronca y cansada; y Rowan frunció el ceño.—¿Saber qué?—Que Cally