All Chapters of REY DE ESPADAS. La novia forzada: Chapter 221
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REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 56. Una investigación olvidada
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 56. Una investigación olvidadaTristan se levantó de la mesa y se fue sin decir nada. El golpe seco de la silla al chocar con el suelo resonó en el ático del club, y el portazo que siguió dejó un silencio incómodo flotando entre los tres hombres que quedaron allí.Rowan lo siguió con la mirada, con esa mezcla de ironía y compasión que lo caracterizaba. Luego resopló, removiendo el hielo en su vaso.—No había necesidad de echar más sal en la herida —dijo al fin, mirando a Cedric con desaprobación, aunque su tono era más cansado que molesto.Alaric tomó su propia copa y la giró lentamente entre los dedos.—Podrías dejarlo respirar un poco —murmuró al final—. No todos procesan las cosas igual.Cedric soltó una breve carcajada, sin humor.—Sí, claro, espera que dejo que el niño respire. ¿Tienen idea de dónde está durmiendo? —preguntó, con un aire desafiante, como si ya supiera que iba a sorprenderlos.Rowan negó con la cabeza, recostándose en el respaldo del sil
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 57. Desesperación.
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 57. Desesperación.Cedric llevaba más de una hora intentando comunicarse con Cally. El tono del teléfono sonaba una y otra vez, hasta que finalmente se cortaba, dejándolo con esa sensación amarga de impotencia que tanto conocía. Apretó el celular entre los dedos y maldijo en voz baja. El despacho estaba en silencio, solo se oía el zumbido del aire acondicionado y el golpeteo de sus propios pasos mientras caminaba de un lado a otro como un león encerrado.—Vamos, contesta, Cally… —murmuró, con el ceño fruncido, y su voz era baja pero cargada de ansiedad.Tristan lo observaba desde el otro extremo del escritorio, serio, con los brazos cruzados. Había aprendido que, cuando Cedric estaba así, era mejor no interrumpirlo. Pero la verdad era que él también estaba tan tenso que sentía que vomitaría de un momento a otro.Cansado de insistir, Cedric decidió llamar a Akira. Si alguien sabía dónde estaba Cally, era él. Deslizó el dedo por la pantalla, y la llamada se co
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 58. Un viaje demasiado revelador
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 58. Un viaje demasiado reveladorEl aeropuerto privado estaba casi vacío a esa hora de la madrugada. El aire olía a combustible y metal, y la pista brillaba bajo las luces de los reflectores. Cedric bajó del coche sin esperar a que el chofer le abriera la puerta. Tenía la mirada dura, los hombros tensos y el teléfono aún en la mano, aunque hacía rato que nadie respondía al otro lado.Tristan iba detrás de él, con el rostro pálido y el ceño fruncido. Ambos avanzaron a paso rápido hasta el hangar principal, donde los esperaban Rowan y Alaric. Los dos estaban de pie junto al enorme avión plateado que destacaba entre el resto de aeronaves: el Overture, el prototipo supersónico que solo unos pocos podían ver tan de cerca, ahora estaba a su entera disposición.—Moví todos mis hilos para conseguirnos esto. Pero que quede claro —añadió, mirando directamente a Tristan—, ahora todos nosotros le debemos un favor a Astor Cavendish por el préstamo. Y ese tiene fama de co
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 59. Una guerrera
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 59. Una guerreraTristan sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Las palabras de Akira le zumbaban en los oídos, pero no lograba asimilarlas. “Tres empleados muertos. Cally desaparecida.” Era como si el mundo entero se le hubiera desmoronado en un solo segundo. Su corazón latía tan rápido que apenas podía respirar.—¡¿Y qué están esperando!? —exclamó, dando un paso hacia Akira y sujetándolo por la camisa—. ¡Hay que buscarla! ¡No podemos quedarnos aquí parados! —Su voz se quebró por la desesperación—. ¡Hay que revisar los aeropuertos, las carreteras, los trenes! ¡Denunciar la desaparición…!Akira, que se mantenía inusualmente tranquilo, le sujetó las manos con un movimiento tan brusco que Tristan se quedó helado.—¡Cállate! —siseó con los ojos encendidos—. Nadie puede saber que Cally fue secuestrada.Tristan lo miró, atónito, como si no estuvieran rodeados de policías por todos lados a los que se podía pedir ayuda.—¿Qué demonios estás diciendo? —espetó,
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 60. Monstruos del pasado
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 60. Monstruos del pasadoDos días antes.Cally llegó a la casa del valle de Kiso justo cuando comenzaba a caer una llovizna fina. El aire olía a ciprés y tierra mojada, y el paisaje se extendía tan verde que dolía mirarlo. Apenas bajó del coche, un par de empleados salieron a recibirla con sonrisas amplias y reverencias sinceras. Ella los saludó con alegría, como quien vuelve a un sitio que siempre había sido refugio.—Señorita Cally, qué gusto verla —dijo una anciana de cabello completamente blanco—. La hemos extrañado estos meses.—Y yo a ustedes, Haru —respondió ella, sonriendo con un dejo de nostalgia—. Este lugar sigue siendo mi favorito en el mundo.La anciana asintió con los ojos brillantes. A Cally le costaba creer que después de todo el desastre de Chicago, todo allí siguiera sintiéndose tan vivo, tan suyo. Aquella casa era más que una propiedad familiar; era el escenario de todos los recuerdos felices que le quedaban de su infancia. Allí había apre
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 61. Dos errores
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 61. Dos erroresCally se quedó completamente quieta, como si su cuerpo hubiera decidido desconectarse para no sentir nada. Observó, con una mezcla de repulsión y lucidez helada, cómo Josh Weeland empezaba a desabotonarle el pijama, un botón tras otro. Sus dedos temblaban levemente, no por los nervios, sino por la ansiedad enfermiza que le hervía en los ojos.Tenía esa mirada lasciva, torpe, casi hambrienta. Una mirada que Cally había aprendido a reconocer desde el primer secuestro, simplemente en ese momento él estaba rodeado de hombres de su padre que lo habrían mirado con el mismo asco que ella si la tocaba. Cada nueva caricia le daba más asco, pero aun así no se movió.Sabía que tenía que esperar.Tenía que mantenerlo confiado.Tenía que dejarlo creer que ya había ganado.Josh se inclinó más, respirándole encima, y Cally apretó los dientes. Él notó su rigidez y sonrió, complacido consigo mismo.—No te pongas tensa, Callyope… —murmuró, como si ella fuera u
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 62. Shirahime
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 62. ShirahimeCally corría por el barro como si el bosque entero quisiera tragársela. Respiraba agitadamente, con la garganta ardiéndole y los pies resbalando cada dos pasos, pero no se detenía. El barro salpicaba, pesado y frío, pegándose a sus piernas. La luna llena iluminaba apenas los senderos torcidos, y el silencio del bosque era tan profundo que sus pies descalzos se perdían en él.Sabía que él venía detrás, y en realidad… era justo lo que quería.Weeland era un hombre furioso, y un hombre furioso siempre cometía errores. Ella había huido en línea recta porque sabía que él podría seguirla fácilmente. No se trataba de despistarlo, sino de llevarlo. Conducirlo como a un animal salvaje que se le acorrala aun cuando erradamente cree que es el cazador.Después de casi veinte minutos de carrera, Cally llegó a un pequeño arroyo. El agua corría helada, como una cuchilla líquida, y aun así ella se metió hasta las rodillas sin dudarlo. El frío le robó un jadeo,
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 63. La casa de Jimmu
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 63. La casa de JimmuCally volvió a cortar a Weeland con un movimiento rápido, preciso, casi hermoso en su violencia contenida. La katana apenas silbó en el aire antes de abrirle otra línea de sangre en el brazo, y Weeland lanzó un grito, uno que se perdió entre los árboles pero que resonó suficiente como para levantar a medio bosque. Apenas tuvo tiempo de maldecir antes de levantar el arma y disparar hacia la oscuridad, sin apuntar, rabioso más que estratégico.El estampido retumbó entre los troncos y Cally se tiró detrás de un árbol antes de que la bala pasara zumbando a unos centímetros de su costado. Ella respiró hondo, contando mentalmente.Uno.Dos.Tres.Cuatro.Cinco.Cinco disparos. Más tres en la casa. No le quedaban muchos más.Ella sabía que él disparaba más por rabia que por otra cosa, y aun así, cada tiro la hacía sentir el aire cortado demasiado cerca. Apretó la empuñadura de la katana, la hoja aún estaba húmeda por el rocío y la sangre, y se
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 64. Cazando
REY DE CORAZONES. CAPÍTULO 64. CazandoAkira entró al dojo con paso firme, como si ya tuviera en su cabeza el plan justo que debía seguir. Abrió una caja fuerte que estaba en el suelo y a Cedric le lanzó una pistola semiautomática con tres cargadores. Él la atrapó en el aire, parpadeando.—Cárgala —ordenó Akira, sin mirarlo, antes de pasarle al resto las armas que tenía guardadas para emergencia. También tenía rifles tácticos pero siendo honesto, iban contra un solo hombre y no estaban muy seguros de que fuera una gran amenaza en ese momento.Tristan tomó la pistola que le pasaban sin una sola palabra, pero su mandíbula estaba tan tensa que las venas del cuello se le marcaban como cuerdas. Un mal presentimiento lo recorría entero.Akira no hablaba. No respiraba normal. Algo le estaba girando en la cabeza, algo que no quería decir en voz alta. De pronto, sin previo aviso, cruzó el dojo hacia una esquina y levantó una punta del tatami de paja.Tristan lo siguió, preocupado.—¿Qué buscas
REY DE CORAZONES. CAPITULO 66. Sacrificio
REY DE CORAZONES. CAPITULO 66. SacrificioJimmu estaba completamente descontrolado, como si el olor a sangre le hubiera arrancado la poca calma que tenía. El enorme oso pardo se abalanzaba una y otra vez contra el tronco del árbol donde Cally se había subido. Cada embestida hacía vibrar la corteza, y ella, aunque agotada y tiritando por el frío que se colaba entre las hojas, aún tenía humor suficiente para provocarlo.—Por Dios, Jimmu… —murmuró, con una sonrisa extenuada mientras se sujetaba mejor a la rama—. Si no pesaras seiscientos kilos quizá sí podrías trepar. Vamos, sé un buen osito y cálmate.Lo decía con esa mezcla rara de cariño y sarcasmo que últimamente la caracterizaba. Por dentro, sin embargo, el corazón le latía tan rápido que sentía cada golpe como si le empujara las costillas. Jimmu no atendía a razones: arañaba la corteza con unas zarpas enormes, bufaba, resoplaba, intentaba subirse un poco al tronco pero siempre resbalaba. Era demasiado pesado, demasiado grande… dema