All Chapters of REY DE ESPADAS. La novia forzada: Chapter 41
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CAPÍTULO 40. Salvajismo y cocteles matutinos
CAPÍTULO 40. Salvajismo y cocteles matutinosRowan se quedó mirándola con una mezcla de sorpresa y preocupación. Raven tenía las mejillas encendidas, los ojos brillantes y esa sonrisa borracha que oscilaba entre la picardía y la vulnerabilidad. El aire olía a vodka derramado, y la villa entera parecía sostener la respiración ante la escena que se desarrollaba sobre la mesa de aquel comedor.—Estás demasiado borracha, Raven —le dijo él en voz baja, casi con ternura, sin soltarla del todo.Y ella soltó una risita tonta y ladeó la cabeza, apoyando la frente en su hombro como si el mundo le diera vueltas y él fuera el único punto estable.—¿Y qué? —susurró—. Borracha es la única forma en que esto se siente real... lo que pasa entre tú y yo. Porque si estoy sobria, entonces vas a estar en tu silla y no te moverás...Rowan tragó saliva. Había algo en esa frase que se le quedó clavado como una espina en la garganta. —Raven... —empezó, pero ella lo interrumpió.—No me digas que no —le suplic
CAPÍTULO 41. Verdades y emergencias
CAPÍTULO 41. Verdades y emergenciasRowan y Raven se miraban en silencio, con la tensión flotando en el aire, como si todo lo que había pasado entre ellos hubiese cambiado la temperatura de la habitación. La luz del sol entraba tibia por las ventanas del comedor, acariciando los bordes de la mesa y dándole al espacio una calidez que no lograba calmar la inquietud creciente en el pecho de Rowan.“Solo los dos primeros tragos de anoche fueron de vodka… el resto fue agua mineral”.“… el resto fue agua mineral”.“… el resto fue agua mineral”.Ella sabía, entonces ella sabía… Raven sabía.Abrió la boca para decir algo, y probablemente las palabras que aún estaban formándose en su mente habrían salido bastante desesperadas; pero justo en ese momento un teléfono sonó sobre la mesa con un timbre agudo que rompió el silencio entre los dos.Raven se quedó mirándolo por un largo segundo con el ceño fruncido, y luego tomó el móvil, leyó el nombre en la pantalla y respondió con rapidez.—¿Alaric?
CAPÍTULO 42. Joyas y amenazas
CAPÍTULO 42. Joyas y amenazasLa limusina negra se detuvo frente a la majestuosa mansión Harrelson, y desde el primer instante en que Raven puso un pie fuera del vehículo, el aire cambió. Había una oscuridad palpable, como si la casa misma los estuviera esperando para juzgarlos. El portón se abrió lentamente, casi con desgana, y ella cruzó el umbral entre miradas que parecían medir cada uno de sus movimientos.Rosela apareció primero en el vestíbulo, con los labios curvados en una sonrisa que no le llegaba a los ojos. Tenía esa mirada afilada y calculadora, la que usaba siempre cuando quería controlar el juego. Aurora se asomó detrás de ella con la expresión seria, casi sombría, y sus pasos eran medidos, como de puntillas, como si temiera romper el frágil equilibrio que había en la casa.Raven bajó sus gafas oscuras, revelando unos ojos que brillaban con una mezcla de cansancio y determinación, y desde el pie de la enorme escalera ambas mujeres le dedicaron un saludo incómodo, más par
CAPÍTULO 43. Batallas y guerras
CAPÍTULO 43. Batallas y guerrasRowan llegó al edificio con el ceño fruncido. La escena no era la que esperaba. La gente apenas empezaba a entrar de nuevo, como si hubieran estado en un recreo largo y peligroso, y ahora, con desgana, retomaban sus puestos. Los bomberos se retiraban de la entrada con esa tranquilidad de quien ya sabe que todo fue una falsa alarma. Y en medio del pequeño revuelo apareció Alaric, saliendo del edificio con paso firme, pero sin ese aire apurado que la situación podría exigir.—¿La alarma de incendios? —preguntó Rowan, y lo vio hacer una mueca de disgusto.—Una falsa, pero fue lo único que se me ocurrió —respondió el con una sonrisa ladeada, medio divertida, mientras levantaba las manos como para justificar su acto—. Pero sirvió para retrasar la reunión.Rowan no necesitó que le dijeran más. Entendía que su amigo había organizado ese pequeño espectáculo, y que lo había hecho para ganar tiempo, para preparar mejor la batalla que se avecinaba. Cruzaron una mi
CAPÍTULO 44. Una amiga y una verdad
CAPÍTULO 44. Una amiga y una verdadRaven salió de la mansión sin mirar atrás. El taconeo firme de sus botas resonaba en la entrada de mármol como un tambor de guerra. Detrás de ella, su escolta se mantenía atenta, sin hacer preguntas. El auto negro la esperaba con el motor encendido, y ella subió sin decir una palabra, cruzando las piernas con una mezcla de rabia contenida y determinación.Media hora después, el vehículo cruzaba los altos portones de su propia casa, aquella que no pisaba desde que había ido con Rowan. Todo el personal ya estaba operativo y un par de hombres de seguridad saludaron con la cabeza al verla entrar. La casa olía a limpieza reciente y cera de muebles. Nada se sentía fuera de lugar, salvo ella.Subió directo a su habitación, sin detenerse en nada. En cuanto cerró la puerta detrás de sí, se dirigió al armario empotrado y, con una llave pequeña que guardaba en el doble fondo de uno de los cajones, abrió la caja fuerte. Dentro, todo seguía tal como lo había dej
CAPÍTULO 45. Una demanda y un heredero
CAPÍTULO 45. Una demanda y un herederoLa atmósfera en la sala de juntas estaba cargada de tensión. El aire, aunque fresco por el sistema de ventilación, se sentía denso, espeso, como si las palabras no dichas se acumularan en cada rincón. Rowan miraba a todos desde su silla de ruedas con la misma determinación con la que siempre había dominado cualquier espacio. Sus ojos, helados y agudos, se clavaban en cada uno de los presentes, porque estaba completamente seguro de que alguno se habría dejado seducir por Ottavio.Los murmullos se apagaron de un momento a otro y en efecto, solo uno de los inversionistas más jóvenes se atrevió a dirigirse a él.—Señor Harrelson —dijo con voz nasal—. No es por faltarle al respeto, pero no podemos negar que es muy arriesgado que algo le pase a usted y que la empresa enfrente una crisis.Rowan levantó una ceja, ladeando ligeramente la cabeza, y su voz fue seca y cortante.—¿Y por qué me pasaría algo? —preguntó con frialdad—. ¿O es que ya planearon ases
CAPÍTULO 46. Cena y espectáculo
CAPÍTULO 46. Cena y espectáculoRowan observó a Ulises desde su silla de ruedas, con la barbilla en alto y la mirada firme. Sus ojos recorrían lentamente el rostro de cada miembro de la junta, como si quisiera grabarse en la memoria quiénes se habían atrevido a seguirle el juego a Ottavio en esa reunión sin su autorización. El silencio en la sala era denso, como si el aire se hubiera detenido a la espera de lo inevitable.—La junta se suspende —dijo de pronto, y su voz fue seca y sin rodeos.Un murmullo apenas contenido cruzó entre los presentes, pero nadie se atrevió a contradecirlo.—Y si alguno de ustedes quiere votar para destituirme —continuó sonriendo de medio lado con un toque de sarcasmo—, que sea en una reunión formal de accionistas como corresponde. Yo mismo la convocaré, pero por el momento, es mejor que se vayan a casa.El tono de su voz no admitía discusión. Nadie se levantó de golpe ni alzó la voz, solo comenzaron a recoger sus papeles, mirándose unos a otros con incomo
CAPÍTULO 47. Ladrones y diamantes
CAPÍTULO 47. Ladrones y diamantesRosela se quedó paralizada, con la mano contra su garganta, donde unos segundos antes colgaba el collar de diamantes amarillos. Su rostro se descompuso, como si no entendiera qué acababa de pasar. La seguridad con la que había entrado esa noche se evaporó de golpe, dejándola en una mezcla de miedo y rabia contenida. Su pecho subía y bajaba de forma irregular, con los ojos muy abiertos clavados en Raven, como si esperara que todo fuera una broma.—¿Estás loca? —balbuceó, apenas encontrando su voz.Pero antes de que pudiera decir algo más, Ulises se lanzó hacia adelante, interponiéndose entre ella y Raven como si quisiera proteger a una presa herida. Su cuerpo estaba más tenso que en los últimos días y eso ya era decir mucho. Tenía el rostro crispado por una furia que luchaba por contener y sus pupilas estaban dilatadas. Todo en él parecía en trance, como si jamás hubiera esperado que Raven fuera capaz de levantarle la mano ni a una mosca.—¡¿Qué demoni
CAPÍTULO 48. Reputación y evidencias
CAPÍTULO 48. Reputación y evidenciasUlises la miró con los ojos desorbitados, como si acabara de ver un fantasma o escuchar una maldición milenaria. La seguridad que había intentado mantener hasta entonces se quebró en un segundo. Su rostro, normalmente arrogante y controlado, se volvió tenso, y sus labios se separaron apenas, en busca de una respuesta que no encontraba.Raven, de pie frente a él, con el mentón en alto y la mirada de una reina furiosa, no retrocedió ni un centímetro. Su voz era helada, pero en sus ojos ardía una rabia que parecía haber estado incubándose durante semanas.—Al parecer, de alguna manera tuviste acceso a mi caja fuerte —dijo, en un tono tranquilo pero venenoso—. Y te robaste no solo este collar… —alzando la mano, mostró la joya como si fuera una prueba irrefutable ante un jurado— sino otras ocho piezas, todas de muy alto valor. Ninguna baja del medio millón de dólares, y tal como están las cosas para ti y para tus padres… dudo muchísimo que en esta vida
CAPÍTULO 49. Vergüenza y sospechas
CAPÍTULO 49. Vergüenza y sospechasAquellas palabras fueron como una sentencia. Una que nadie esperaba… salvo quizás Raven.Ulises palideció. Por un momento pareció tambalearse, como si sus piernas no pudieran sostener el peso de la decisión que acababa de recibir. Quiso hablar, decir algo, pero no encontró palabras.Rosela, que hasta entonces había estado inmóvil como una estatua, dejó escapar el jadeo ahogado de quien se sabe atrapado y sin salida.Y en medio de todo, Raven permanecía de pie, como una emperatriz sin corona pero con todo el poder. Su pecho subía y bajaba lentamente, lleno de tensión contenida, pero su rostro seguía sereno. Sabía que acababa de recuperar mucho más que sus joyas. Había recuperado su voz… y su lugar.—¿¡Cómo puedes permitir esto, tío!? —gritó por fin Ulises, completamente fuera de sí, con el rostro enrojecido por la furia y el orgullo herido—. ¡¿Te volviste loco?! ¡¿Cómo puedes dejar que esta mujer nos dirija…!?Su voz resonó como una bofetada en la sal