All Chapters of EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO: Chapter 1
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CAPÍTULO 1: Un corazón que se rompe en silencio
CAPÍTULO 1: Un corazón que se rompe en silencio—Henry, hay algo que tienes que saber —empezó Julie Ann con esa sonrisa nerviosa, mordiendo su labio inferior mientras se acercaba a él.Henry la miró, entre curioso y preocupado mientras tomaba sus manos con un gesto de profundo cariño.—¿Qué pasa? —preguntó con calma, aunque algo en su voz mostraba tensión.—Es que… ¡Estoy embarazada!La frase estalló como un globo y Henry se quedó quieto, sorprendido. Sus ojos se abrieron como platos y luego, sin poder evitarlo, una sonrisa enorme apareció en su rostro.—¿En serio? —preguntó con voz temblorosa, casi como si tuviera miedo de creérselo.—¡Sí, amor! —replicó Julie, con una mezcla de orgullo y nerviosismo—. Mañana voy al médico, pero las pruebas de embarazo que me hice en casa dicen que sí. ¡Estoy esperando a nuestro bebé!Henry la levantó por la cintura y le dio una vuelta en el aire que los hizo reír a los dos.“¡Estoy esperando a nuestro bebé!” Esa era la frase más hermosa que una muje
CAPÍTULO 2: Una voz para cambiarlo todo
CAPÍTULO 2: Una voz para cambiarlo todoSolo había una persona que podía llamarla desde la Prisión Maplewood, y ese era su padre, así que Rebecca no dudó ni un solo segundo en aceptar.—Sí, claro que sí, por favor pásemelo —murmuró mientras se dejaba caer en el sofá, con la mirada perdida en la oscuridad de la sala.Desde hacía años, esas llamadas eran su único contacto con su padre, porque él mismo había insistido en que no quería que ella lo viera tras las rejas. Curtis Callaway había sido acusado de fraude hacía dos años y medio, y había permanecido en la cárcel todo ese tiempo, porque era tan asquerosamente rico que ningún juez se había arriesgado a ponerle una fianza por miedo a que escapara.Todos sus activos habían sido congelados, todas sus propiedades confiscadas en lo que se desarrollaba la investigación, pero nada de eso le importaba a Rebecca, sino las cosas horribles que pasaban incluso en las cárceles de seguridad mínima. Así que cada vez que respondía el teléfono era esp
CAPÍTULO 3: Recuerdos dolorosos
CAPÍTULO 3: Recuerdos dolorososRebecca vio la sombra de Henry alejarse por el pasillo. Era una silueta que parecía encogerse con cada paso, un fantasma distante que ya no le pertenecía, pero que aun así era capaz de romperle el corazón… porque podía odiarlo con todas sus fuerzas, y eso no cambiaba que aquel hombre se había convertido en el amor de su vida desde el mismo momento en que lo había conocido.Se quedó parada, con el corazón hecho trizas, y una certeza que ya no podía ignorar.—Hora de marcharme —susurró antes de ir a encerrarse a su habitación, a lamerse aquellas noventa y nueve heridas.La decisión ya estaba tomada. Así que con lágrimas en los ojos marcó el número privado de John Anders, un viejo amigo de su padre y el abogado que había luchado los últimos dos años para limpiar su nombre. Era la única persona en la que podía confiar, y que le respondió de inmediato y desocupó toda su agenda de la mañana para ella.No supo cómo pasó la noche, cómo llegó la mañana, cómo… So
CAPÍTULO 4. Una respuesta
CAPÍTULO 4. Una respuestaHenry sintió un nudo en el estómago y cada palabra repicó en su mente como la campana de una catedral. La idea de que Rebecca, la mujer con la que estaba atado por un matrimonio vacío, pudiera liberarse y estar con otro hombre, era una posibilidad que de repente se le clavaba como un pinchazo incómodo. Ni siquiera entendía lo que era, y definitivamente no lo habría llamado celos, rabia y confusión, solo era…¡Demonios! ¡Ella le había hecho la vida miserable durante dos años jurando que lo amaba ¿y ahora hablaba tan frescamente de los hombres con los que se iba a acostar?!La actitud distante de Rebecca era peor que cualquier reclamo, y podía jurar que jamás había visto una mirada como aquella en sus ojos, una que ni siquiera se inmutaba al ver a Julie Ann abrazada a su cintura.—¿De qué hablas? —gruñó como si buscara un sentido distinto en sus palabras.Y Rebecca lo miró, pero no con enojo ni reproche, sino con una calma extraña, como si hablara desde un luga
CAPÍTULO 5: El último desayuno
CAPÍTULO 5: El último desayunoAl día siguiente, Rebecca se levantó antes que el sol. Caminó descalza por la cocina, como tantas veces lo había hecho. Encendió la cafetera y el sonido burbujeante llenó el ambiente. Cortó pan con precisión, batió huevos con movimientos lentos y seguros. Preparó el desayuno como lo había hecho cientos de veces para Henry, aunque él siempre había encontrado la forma de despreciarlo. Un “no quiero desayunar contigo”, un “¿quién te dijo que sabes cocinar?”, un “deja de molestarme” eran frases que habían acompañado casi todas sus mañanas.Pero esa mañana, Rebecca no cocinaba para complacerlo. Cocinaba para despedirse.El aroma a café recién hecho llenó la casa, mezclándose con el olor a pan tostado. Rebecca colocó los cubiertos con una precisión casi quirúrgica, y en el centro de la mesa, junto a las tazas, estaban los papeles del divorcio, bien a la vista, como una señal luminosa.Henry bajó las escaleras con paso firme y cara de no haber dormido precisamen
CAPÍTULO 6: Adiós sin lágrimas
CAPÍTULO 6: Adiós sin lágrimasUna declaración de guerra, un terremoto, incluso un tsunami arrasando con todo, habría hecho menos daño y causado menos impacto que aquellas palabras de Rebecca mencionando la cláusula especial en el contrato de divorcio.El aire en la habitación se volvió pesado justo antes del estallido y Julie Ann fue, increíblemente, la primera en reaccionar, mientras su pecho se hinchaba con impotencia.—¡¿Cien millones?! ¡¿Te volviste loca?! ¡No te mereces eso ni nada! ¡Solo eres una arribista, quieres quitarle todo a Henry!—¡De tal palo tal astilla! —gritó Carlotta avanzando hacia ella—. ¡Tu padre es un maldito estafador y tú no eres diferente!—¡A la cárcel te vamos a mandar si nos quitas un solo dólar...! —gruñó Julie Ann.—¡A la cárcel, pero primero le voy a dar su merecido! —espetó su suegra levantando la mano, porque si había algo que Carlotta Sheppard no podía hacer, era controlar su temperamento ni su crueldad cuando se trataba de Rebecca.Y la única razón
CAPÍTULO7: Planes en las sombras
CAPÍTULO7: Planes en las sombrasRebecca se acomodó en el asiento trasero del taxi mientras la ciudad se desdibujaba al otro lado de la ventanilla. El auto avanzaba por calles estrechas, flanqueadas por árboles antiguos y casas que parecían detenidas en otra época. La última parada fue una reja negra con pintura descascarada y un portón que crujió al abrirse.La propiedad Callaway se levantaba modesta entre un jardín descuidado y muros cubiertos de hiedra. No era la más grande, ni la más lujosa de todas las que figuraban en la lista de inmuebles de su padre, pero justamente por eso era perfecta para lo que necesitaba ahora: un lugar donde pasar desapercibida.El taxi se detuvo con un ligero chirrido de frenos y Rebecca bajó con su pequeña maleta de cuero gastado, sintiendo cómo el aire fresco de la mañana le pegaba en la cara. La puerta de la casa se abrió antes de que tocara el timbre y allí estaba su padre, con esos brazos abiertos en los que no se refugiaba desde hacía dos años.Cu
CAPÍTULO 8: Millones desaparecidos
CAPÍTULO 8: Millones desaparecidosHenry repasaba una y otra vez con su abogado las estrategias para blindar su patrimonio. La idea era clara: Rebecca no debía llevarse ni una piedra de su compañía. Sin embargo, lo que sonaba tan simple en su cabeza empezaba a enredarse en la práctica. El olor a café frío se mezclaba con el de los papeles recién impresos sobre la mesa, y el silencio de la oficina era apenas interrumpido por el ruido lejano del tráfico.—¡Es que no hay nada aquí que sea beneficioso para ella! —exclamó el licenciado Sagan como si eso lo confundiera demasiado—. No pidió pensión, no quiere indemnización, ni propiedades ni… Nada en este contrato es beneficioso para ella, ¡solo para ti!—¿Entonces dónde está el problema? —lo increpó Henry.—El problema —dijo el abogado, con ese tono pausado que usaba cuando venía una mala noticia— …es la lista de gastos de los últimos dos años.Henry levantó la vista, con el ceño fruncido.—¿Qué pasa con esa lista?—Es… excesiva. —Sagan car
CAPÍTULO 9: Una vibra diferente
CAPÍTULO 9: Una vibra diferenteEl pecho de Henry se hinchó y ahí se quedó, paralizado, mientras aquella boca tan cerca de la suya le desordenaba los pensamientos. Jamás la había visto de ese color, como una cereza roja, pequeña, húmeda…Antes, Rebecca había sido la presencia suave en las mañanas: cortesías, silencios comedidos, esa sumisión pensada para no chocar, para agradarle. Ahora, tan cercana, olía igual que siempre, parecía igual que siempre… pero vibraba de otra manera: desafiante, controlada, con una seguridad que lo mordía como un perro rabioso. Por un segundo buscó a la mujer que creía conocer, y se quedaron mirándose, como si la tensión entre ambos fuera un hilo que tiraba de los dos.Entonces detrás de ellos se oyó un carraspeo molesto: Julie Ann. Ella, con la mano apoyada sobre el vientre, llamó la atención de Henry con una aclaración incómoda.—¿La estás ahorcando por telepatía? —preguntó Julie Ann entono suave, pero con la alerta clara en los ojos.—¡Uy, de formas que
CAPÍTULO 10: La señora Sheppard
CAPÍTULO 10: La señora Sheppard“¿De verdad piensas que yo le habría regalado un Ferrari a tu amante?”Era como el subtítulo de un reality show en el que él al final acabaría suplicando que la tierra se lo tragara.Henry se giró hacia Julie Ann, buscando en sus ojos alguna señal de que aquello no era cierto. El corazón le latía con fuerza y no podía creerlo, no quería creerlo…Ella lo miró directamente, con las cejas levemente fruncidas, como si estuviera ofendida por la mera insinuación. Su postura era rígida, las manos entrelazadas sobre el regazo, pero sus dedos se movían inquietos.—¡No sé de qué está hablando! —dijo midiendo cada palabra, con la voz de una muñequita rota y ofendida—. ¡Está inventando todo eso para inculparme de algo! ¡Henry, amor… tú sabes que yo nunca podría tener su tarjeta…!El tono sonaba convincente, pero había una tensión en la forma en que respiraba, un parpadeo rápido que Henry no supo si interpretar como nerviosismo o simple indignación. Sentía un nudo e