All Chapters of EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO: Chapter 11
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CAPÍTULO 11: Una historia en una imagen
CAPÍTULO 11: Una historia en una imagenLos ojos se Julie Ann iban desorbitados desde Henry hasta los gerentes, y del otro lado del pequeño pasillo de la audiencia, a Rebecca solo le faltaban las palomitas. ¡Porque vaya que estaba bueno el show!—¿Señora… Sheppard? —murmuró Henry y la pregunta tenía un tono de acusación que no podía evitar.No era que no pensara convertirla en su esposa, después de todo la amaba, era la madre de su hijo… pero eso era diferente a que hubiera asumido una identidad que todavía no era suya o que usara la tarjeta de Rebecca.Pero no había tiempo para las elucubraciones, porque al parecer Jonh Anders se parecía al juez en eso de querer zanjar las cosas. Sentó a todos los gerentes a un costado como si fueran un jurado, y ni corto ni perezoso los interrogó a todos a la vez.—Por favor, su nombre y ocupación —pidió el abogado con voz grave y pausada.—Richard Sutten, gerente general de Joyas Imperial —respondió el primer hombre, con un dejo de orgullo.—Wester
CAPÍTULO 12: Pago por un servicio deficiente
CAPÍTULO 12: Pago por un servicio deficienteLos murmullos se acallaron en un momento, porque esa era una oferta que nadie esperaba, en especial cuando ya las partes se habían puesto de acuerdo, pero al parecer el juez no se estaba tomando bien eso de que la amante tuviera tanto descaro. Y por suerte o por desgracia, Julie Ann no tenía mucho criterio, porque de repente se levantó como un resorte, y se adelantó un paso, con la barbilla alta y ese aire de quien cree que puede enderezar la situación con solo abrir la boca.—¡Su Señoría, por favor, eso no es justo! —protestó, señalando a Henry como si necesitara reforzar su punto—. Él no le fue infiel a Rebecca en ningún momento. De hecho jamás tuvo nada con ella desde el inicio… ¡no se merece que lo acusen de adulterio!El juez la observó con una ceja arqueada, claramente conteniendo una maldición.—Por fortuna —respondió con calma—, no es así como funcionan las leyes, señorita Short. Si el señor Sheppard no pretendía tener un matrimonio
CAPÍTULO 13: Un trato justo
CAPÍTULO 13: Un trato justoTodas las cabezas se giraron hacia ellos y los que estaban poniéndose de pie para irse, corrieron a sentarse de nuevo, porque el espectáculo no había terminado y era evidente que estaba a punto de ponerse mejor.¿Otra demanda?Ya Rebecca Callaway había probado ser inocente, así que eso significaba que lo siguiente sería un desquite de los buenos. La sala se impregnó de un silencio espeso, pero no era calma: era la tensión de un público que acababa de presenciar un divorcio con más giros que una telenovela de las de antes y sabían que venía el giro inesperado.El abogado Anders se sacó una nueva carpeta con parsimonia, se ajustó la corbata y, con un tono que sonó casi inocente, dijo:—Su Señoría, mi clienta desea interponer una demanda por usurpación de identidad contra la señorita Julie Ann Short.El murmullo que se levantó fue casi físico, como una ola que chocó contra las paredes del juzgado. Varias personas se inclinaron hacia sus acompañantes para comen
CAPÍTULO 14: Un poco de vergüenza y otro de realidad
CAPÍTULO 14: Un poco de vergüenza y otro de realidadHenry estacionó su coche frente a la comisaría con un peso en el pecho que le apretaba más que el cinturón de seguridad. No recordaba la última vez que había sentido tanta vergüenza y rabia al mismo tiempo. La fachada gris del edificio, con sus ventanales sucios y un par de policías fumando en la entrada, le pareció como el final de un mal chiste.Había entrado al juzgado con la arrogancia rozando las cenefas del techo, listo para hundir a la mujer que le había rruinado la vida, y ahora resultaba que estaba en una comisaría para pagar la fianza de una mujer completamente diferente. Bajó del auto despacio, como si así pudiera retrasar lo inevitable. Se metió las manos en los bolsillos y caminó hacia la entrada, sintiendo que sus pasos pesaban una tonelada cada uno. El murmullo de las conversaciones dentro, el eco de las botas sobre el piso, todo le parecía amplificado.Habló con algunos oficiales, esperó a que el licenciado Sagan hi
CAPÍTULO 15. Aliados en las sombras
CAPÍTULO 15. Aliados en las sombrasRebecca llegó a casa justo cuando el sol empezaba a bajar, tiñendo las paredes de un tono dorado que le recordaba las tardes tranquilas de su infancia… aunque su vida, en ese momento, estaba lejos de ser tranquila. Cerró la puerta, dejó el bolso sobre la mesa de entrada y soltó un suspiro que parecía arrastrar semanas de tensión.—Todo terminó —anunció apenas vio a su padre, que estaba en el salón leyendo el periódico—. Ya estoy oficialmente divorciada.Curtis levantó la vista y le dedicó una sonrisa orgullosa; y sin dudar se levantó para abrazarla.—Eso es, hija. ¡Felicidades!Rebecca apoyó la frente en el hombro de su padre unos segundos, sintiendo ese calor familiar que había echado tanto de menos. No podía contarle todo el dolor que sentía, porque su dolor no era lógico. Había elegido dejar atrás lo que le hacía daño, lo que la lastimaba, porque entendía que Henry era como una adicción para ella. Cuanto más lo necesitaba, más la lastimaba.Así q
CAPÍTULO 16. Un mensaje programado
CAPÍTULO 16. Un mensaje programadoYa era de noche cuando Henry salió del hospital. El aire frío le pegó en la cara y le despeinó un poco el cabello, como si la ciudad quisiera recordarle que nada estaba bajo control. Se detuvo un momento en la acera, con las manos en los bolsillos del abrigo, mirando el resplandor rojo de la entrada de urgencias.Esa noche Julie Ann se quedaría internada, así que tenía al menos doce horas para solucionar con Rebecca el asunto de su demanda. Sabía que no tenía vergüenza para hablar con ella después de que su familia intentara inculparla, pero tenía que intentarlo por el bien de su hijo.Se subió a su auto y condujo de regreso a su casa como un autómata. La mansión lo recibió más grande y silenciosa que nunca, un silencio que él rompió cuando marcó el número de su exesposa. Uno, dos, tres tonos. Nada. Pero caminaba por el pasillo hacia su cuarto cuando, de pronto, escuchó el timbre de la llamada dentro de la habitación donde solía dormir ella.Empujó l
CAPÍTULO 17. Una visión inesperada.
CAPÍTULO 17. Una visión inesperada.Seija dejó a Henry ahí, plantado en medio del pasillo como un idiota, con esa sonrisa burlona con que parecía decirle "diviértete buscándola".Y él miró a su alrededor, como si por un segundo de verdad intentara calcular si podía tocar una por una las seiscientas puertas del hotel en menos de cuatro horas. Una idea absurda, pero en ese momento su mente estaba tan nublada que hasta parecía viable. ¡Y el problema era que no tenía ni idea de por qué se sentía así!Se llevó las manos a la cabeza, respirando hondo. Algo en su pecho le oprimía, una mezcla rara de ansiedad, celos y un enojo que no sabía bien a quién dirigir. Caminó por los pasillos alfombrados, desorientado, con la sensación incómoda de que, detrás de alguna de esas puertas, Rebecca estaba… con otro. Cada vez que esa imagen se formaba en su cabeza, la mandíbula se le tensaba y el estómago se le encogía.“Vete a tu casa. ¡Vete a tu maldit@ casa”. Eso era lo que la lógica le gritaba, que aqu
CAPÍTULO 18. Las cuentas claras
CAPÍTULO 18. Las cuentas clarasEra una pregunta peligrosa… sobre todo porque Henry sabía que la respuesta no le iba a gustar. Se quedó mirándola en silencio, como hipnotizado. Rebecca estaba envuelta en aquella sábana blanca, sujeta con suavidad sobre sus pechos… mientras marcaba cada curva de su cuerpo.Y lo peor era que ella estaba tranquila, rosagante… como si nada la afectara. La vio levantar el teléfono del cuarto y pedir al servicio de habitaciones. Su voz era segura, despreocupada, incluso melodiosa, como si aquella mañana fuese el inicio del resto de su vida.—¡Dios, me muero por un café y un ibuprofeno…! Mejor dos. ¿Quieres un café tú también? —preguntó de pronto, mirándolo de reojo.Henry abrió la boca, pero ningún sonido salió. ¿Café? ¿En serio? Después de la escena de la puerta, después de verla salir medio desnuda, después de esas risas y los hombres y las flores, ¿ella tenía el descaro de ofrecerle café?Rebecca sonrió apenas, como si hubiera leído lo que estaba pasando
CAPÍTULO 19. Rebecca La Altruista
CAPÍTULO 19. Rebecca La AltruistaHenry sentía que el corazón le martilleaba en los oídos, y sus manos estaban hechas puños dentro de sus bolsillos, como si necesitara sujetarse para no desmoronarse ahí mismo. ¡Jamás la había visto de aquella manera! En los últimos dos años incluso había deseado que ella se enamorara de alguien más a ver si se largaba de su vida de una vez, pero ahora…Aquel gesto suyo tan automático de acariciarse la nuca con dureza, hizo que Rebecca mirara hacia otro lado, y volvió a sentarse con su café en las manos, con una serenidad que desconcertaba. —Rebecca —murmuró él, con voz baja y conciliadora, una que jamás se había molestado en usar con ella—. Yo sé que Julie Ann actuó mal...Ella levantó lentamente la mirada de la taza, arqueó una ceja y lo observó como quien examina un objeto que ya no le interesa.—¿Y qué esperabas? —dijo, con un tono cargado de ironía—. ¿No fuiste tú quien la solapó siempre? ¿O ya olvidaste todas las veces que se burló de mí delante
CAPÍTULO 20. Mitades en conflicto
CAPÍTULO 20. Mitades en conflictoHenry apretó los puños, bajó la cabeza y respiró hondo. Cada palabra de Rebecca era como una bofetada, un recordatorio de que había sido un ciego voluntario, un hombre dispuesto a tragarse las mentiras para mantener la verdad en la que tanto insistía.—Yo… —intentó hablar, pero la voz se le atoró en la garganta.Ella dio un paso hacia él, mirándolo fijamente, con la frente en alto y los ojos encendidos como fuego. Henry jamás la había visto así. Siempre había sido la chica coqueta y dulce que buscaba cruzarse con él mientras trabaajba con su padre, y luego la esposa odiada y sumisa que siempre lo esperaba en una casa a la que él nunca quería volver… y resultaba que ahora que ella no estaba, él tampoco quería volver. Pero jamás había conocido a la Rebecca desafiante, indiferente, feroz.—Es simple —dijo ella despacio y cada palabra era como una daga—: Apostamos a que pierdes o te vas sin anda. Me entregas los siete millones o tu hijo nace en la cárcel.