All Chapters of EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO: Chapter 131
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TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 14. Un día de abstinencia
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 14. Un día de abstinenciaRebecca se había propuesto mantener la mente ocupada. Los últimos días habían sido una montaña rusa, y si algo había aprendido, era que pensar demasiado solo la llevaba a lugares complicados. Así que trabajaba sin descanso. Respondía correos, revisaba contratos, llamaba a clientes y se distraía todo lo que podía.Aun así, cada tanto su mirada se perdía en la pantalla del teléfono y su mente la traicionaba: pensaba en Henry, que no la había llamado ni una sola vez desde la mañana cuando se habían separado a la salida del departamento. Varias veces tomó el teléfono, dispuesta a escribirle, pero siempre lo dejaba sobre el escritorio con un suspiro. No quería parecer demasiado pegajosa.Sabía que aún quedaban heridas, pedazos de desconfianza que no cicatrizaban del todo. Lo amaba, eso no habría podido evitarlo ni muriéndose, pero todavía sentía esa pequeña punzada de duda, como si en el fondo esperara —aunque no quisiera admit
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 15. Empezar de nuevo
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 15. Empezar de nuevoHenry despertó sobresaltado, empapado en sudor, con la respiración agitada y el corazón golpeándole el pecho como si todavía estuviera dentro de una celda. Rebecca se incorporó enseguida, medio dormida, y lo sujetó suavemente por los hombros.—Shhh… tranquilo, estás conmigo —le murmuró, pasándole la mano por el rostro, porque no era la primera vez que se desorientaba así.Él tardó unos segundos en reaccionar, con los ojos aún perdidos en alguna pesadilla que no quería recordar. Cuando por fin reconoció dónde estaba, soltó un suspiro largo y se llevó instintivamente la mano al costado, justo donde una cicatriz rosada le cruzaba la piel.Rebecca siguió el gesto con la mirada y le preguntó en voz baja:—¿Nunca encontraron al tipo que te apuñaló?Henry asintió con desgano.—Sí, lo encontraron. Un preso cualquiera, uno con el que nunca hablé, ni siquiera sabía su nombre. —Hizo una pausa, apretando la mandíbula—. Así que alguien tuvo
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 16. Confesiones
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 16. ConfesionesLos días comenzaron a pasar veloces para Henry y Rebecca. Todo parecía deslizarse entre risas, miradas cómplices y mensajes a medianoche. Con ella, Henry estaba viviendo una etapa rara que jamás había vivido con nadie. Julie Ann había saltado directamente de ser su “amor ideal” a ser su amante; pero con Rebecca estaba viviendo toda la etapa cursi y desesperada del novio enamorado hasta los huesos. La invitaba a salir a citas improvisadas, la llevaba al cine y le enviaba caramelos ácidos en lugar de chocolates, porque ahora sabía que a ella le gustaban más.Rebecca se reía cada vez que abría una cajita llena de esos dulces coloridos, y Henry, solo con escuchar su risa al otro lado del teléfono, sentía que todo valía la pena. Aun así, ambos evitaban mostrarse en público deliberadamente. Preferían pasar desapercibidos, pasear de incógnito, como si fueran una pareja cualquiera. En cafés pequeños, parques escondidos o en su auto, hablaba
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 17. Una invitación inesperada.
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 17. Una invitación inesperada.Henry apareció otra vez esa noche frente a la casa de Rebecca con un grupo de mariachis, el corazón a mil y una sonrisa que apenas podía contener. Había pasado la tarde entera planeándolo, imaginando su cara cuando lo viera cantar bajo su balcón.—¡Vamos, muchachos, desde el principio! —ordenó, alzando los brazos con entusiasmo.Las guitarras comenzaron a sonar, las trompetas estallaron y Henry, sin vergüenza alguna, empezó a cantar una ranchera desafinada pero llena de sentimiento. Rebecca apareció en el balcón, ahogada de risa, con las manos en la boca y una risa contenida.—¡Tú no te quieres la vida! —le gritó entre carcajadas.Pero él siguió cantando como si tuviera el alma en la garganta. Pero justo cuando la escena se volvía romántica, se escuchó un estruendo en la entrada de la calle: y un camión de bomberos se detuvo a toda prisa, con las sirenas encendidas y las luces rojas iluminando toda la fachada.El jefe
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 17. Una cena familiar
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 17. Una cena familiarRebecca miró a Henry con una mezcla de curiosidad y diversión cuando él aseguró que ella no aceptaría la invitación a cenar con su familia.—¿Y por qué crees que no lo haría? —preguntó, arqueando una ceja con suavidad.—Bueno…—respondió él, bajando la mirada—. Los dos sabemos perfectamente quién te hizo daño y cuánto. Ni mi familia ni yo nos portamos bien contigo, Becca… ¡Sinceramente, todavía no entiendo cómo es que estás conmigo!Rebecca sonrió apenas, con ese aire entre sarcástico y tierno que lo desarmaba cada vez.—Eso es porque me sales más barato que un toy boy —dijo con toda naturalidad y Henry soltó una carcajada, genuina y sonora.—Bueno, al menos reconozco que soy una ganga.—No tanto —replicó ella, conteniendo una sonrisa, hasta que un suspiro bastante serio se escapó de su pecho—. Escucha, no tengo que decirte que no confío mucho en tu madre ni en Chelsea, pero igual… prefiero enfrentar la realidad que vivir evita
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 18. Escuchando las señales.
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 18. Escuchando las señales.Carlota respiró hondo antes de hablar. El diminuto balcón estaba en silencio, con apenas el murmullo de la televisión en la habitación contigua. Rebecca se quedó quieta frente a ella, con una mezcla de prudencia y desconcierto. —Rebecca —empezó Carlota, con la voz algo temblorosa—. Antes de que te vayas, hay algo que necesito decirte… Quiero pedirte disculpas —dijo al fin, y en sus ojos se reflejó un cansancio profundo—. Por todo lo que hice durante tu matrimonio con Henry… por todo el daño que te causé...Rebecca se quedó mirándola en silencio. No era una mujer rencorosa, pero escuchar esas palabras de Carlota era algo que jamás habría imaginado.—Supongo que todo el mundo tiene derecho a recapacitar —murmuró con tono tranquilo—, siempre que lo haga sinceramente.Carlota asintió de inmediato.—Y lo digo de corazón, créeme. No sé si puedas perdonarme, pero te aseguro que hablo en serio. Mi vida cambió por completo desde
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 19. Una vida diferente
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 19. Una vida diferenteRebecca trató de convencerse de que no debía sacar conclusiones apresuradas, pero la intriga no la dejaba tranquila. Había pasado buena parte de la tarde recordando una y otra vez la credencial de Chelsea con el logo de Industrias Callaway.No quería pensar mal, pero… ¿qué hacía la hermana de Henry trabajando ahí, y con otro apellido?Finalmente decidió que lo mejor era no mencionarle nada a Henry, al menos no todavía. Si estaba equivocada, sería injusto. Si no lo estaba, mejor descubrirlo por su cuenta.Así que cuando él la llamó esa tarde para invitarla a cenar, Rebecca improvisó una excusa con voz serena.—No puedo hoy, amor. Tengo que revisar unas cosas de la empresa con mi padre —dijo, mirando la pantalla del ordenador que tenía frente a ella, aunque no estaba haciendo absolutamente nada.“Ah, claro” respondió Henry con tono comprensivo. “Me imaginé que ibas a estar ocupada”. Hubo una breve pausa y la voz de Henry sonó d
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 20. No va a funcionar
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 20. No va a funcionarRebeca se recostó en su silla mientras seguía dándole vueltas en la cabeza a todo lo que acababa de saber. Nadie en su sano juicio que hubiera conocido a Chelsea antes se tragaría la excusa del cambio, pero a fin de cuentas las cosas que la chica había vivido en los últimos meses, eran como para replantearse hasta las próximas diez reencarnaciones, así que Rebecca decidió que incluso ella se merecía el beneficio de la duda.—Quiero que la sigas vigilando unos días más —dijo finalmente, sin levantar la vista.—OK, no le quito el ojo —aseguró su amiga como si fuera su nueva misión de seguridad nacional.Rebecca asintió cruzándose de brazos con expresión pensativa.—Pues no se lo quites, pero sin que lo note. Solo quiero estar segura de que sus intenciones son buenas.Seija le levantó los pulgares, pero de repente ella pareció tener también una duda.—¿Y no crees que deberías ofrecerle un trabajo mejor? Si la chica de verdad quie
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 21. “Buenas Intenciones”
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 21. “Buenas Intenciones”Bruno abrió la boca, posiblemente para defenderse, pero Rebecca no le dio oportunidad de hablar. Tenía el rostro encendido, los ojos fijos en él, y esa calma tensa que solo aparecía cuando estaba a punto de explotar.—No te molestes en explicarte —dijo con voz baja, pero firme—. No me hagas pasar por estúpida, Bruno. Sabías perfectamente que Henry estaba detrás de mí y aun así seguiste interrogándome, esperando que dijera algo malo sobre él.El hombre frente a ella apretó los labios, porque evidentemente las cosas no habían salido como esperaba.—No fue así, Rebecca, yo solo…—Claro que sí fue así —lo interrumpió ella mientras una sonrisa irónica aparecía en su rostro—. Todo ese discurso sobre la confianza y el riesgo era para provocarme, para que dijera lo que querías oír.Bruno soltó un suspiro y apoyó las manos sobre la mesa.—Solo intentaba protegerte… —aseguró y ella hizo un gesto que era una mezcla de amargura y decep
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 22. La sala del piso 14
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 22. La sala del piso 14Chelsea estaba secando unas tazas cuando la voz de su supervisora resonó desde el otro extremo de la cocina.—Gillham, necesito que subas al piso catorce con esto —dijo señalando un carrito con una bandeja de café y bocadillos perfectamente acomodados—. Es para una reunión en la sala ejecutiva.Chelsea la miró con sorpresa, casi incrédula.—¿Yo? —preguntó, secándose las manos en el delantal.—Sí, tú. No muerde nadie allá arriba, tranquila —bromeó la supervisora, sin notar el leve temblor en las manos de la joven.Chelsea asintió y se acercó al carrito. Le dio una última revisada: tazas limpias, servilletas dobladas, bandejas de mini croissants. Todo en orden. Aun así, sentía un nudo en el estómago. Nunca la mandaban tan arriba, pero esa mañana había una invasión de becarios de visita por la empresa y ya se había dado cuenta de que recibir a los chicos de las universidades ponía la cocina de la cafetería de cabeza.El piso ca