All Chapters of EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO: Chapter 141
- Chapter 150
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TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 23. Un beso más
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 23. Un beso másRebecca regresó a su oficina más tranquila, como si todo el peso del día hubiera perdido un poco de fuerza. Se dejó caer en la silla, respiró hondo y revisó por última vez los correos pendientes. Quería cerrar todo antes de su cita con Henry; esa noche tenían planes de cenar juntos, y solo pensar en eso le dibujó una sonrisa involuntaria.Cuando finalmente llegó la hora, salió del edificio con paso decidido. Él ya la esperaba apoyado en su auto, con esa mezcla de elegancia y desorden que solo un chico malo podía tener. Llevaba la chaqueta al hombro y el cabello un poco despeinado, pero a ella le encantaba verlo así.—Llegas puntual —dijo Rebecca, sonriendo.—Tenía una buena razón —contestó él, abriéndole la puerta del auto—. Una chica que no quiere coquetearme y aun así me vuelve loco.Ella rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír. Durante la cena, hablaron de todo y de nada, como si el mundo se redujera a la mesa que compartían.
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 24. Sin señal
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 24. Sin señalRebecca se sentía un poco absurda parada en medio del aeropuerto, rodeada de gente con maletas, cafés y caras de sueño. Era precisamente el escenario más romántico del mundo para una despedida, pero dejaba de serlo cuando el que se iba era Henry, que revisaba su pasaporte como si temiera que se lo fueran a confiscar.—Todavía estás a tiempo de aceptar mi oferta —le dijo Rebecca, cruzándose de brazos—. Podrías usar mi avión. Llegarías más rápido, más cómodo y sin filas de seguridad.Henry sonrió mientras se acomodaba la bufanda.—Agradezco el gesto, pero puedo viajar como cualquier mortal. Además, hace años que no hago una fila de embarque, me hace sentir… normal.Rebecca lo miró con una ceja arqueada.—No es un gesto, es “instinto de conservación de la propiedad privada” —replicó con ironía.—No quieres que la azafata me coquetee, ¿verdad? —dijo él guiñándole un ojo.—Eso —respondió Rebecca con una media sonrisa, sin dudarlo.Henry se
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 25. Un comunicado oficial
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 25. Un comunicado oficialYa había anochecido cuando Rebecca llegó al edificio de Carlota y Chelsea. Subió las escaleras con la caja en las manos, lista para entregar aquel regalo con su mejor buena voluntad, pero sin imaginar lo que la esperaba.Tocó la puerta, y fue Chelsea fue quien abrió. Tenía los ojos rojos, la cara desencajada.—¿Qué pasó? —preguntó Rebecca, alarmada.Detrás de ella, Carlota estaba sentada en el sofá, también llorando.Rebecca sintió el corazón apretársele en el pecho y agarró la mano de su cuñada.—¡Chelsea, por Dios ¿qué pasa?—¿Tú has sabido algo de mi hermano hoy? —balbuceó y ella negó con seguridad.—Me dijo que estaría de viaje, que iba a…—A Silver Ridge —terminó Chelsea y se apartó para dejarla pasar, señalando el televisor.—Mira… —susurró.Rebecca giró la cabeza. En la pantalla, un presentador hablaba con voz grave, y detrás de él aparecían imágenes de una carretera destrozada, árboles caídos, vehículos volcados. E
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 26. Quién sí se atreve
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 26. Quién sí se atreveCarlota se echó a llorar apenas Curtis terminó de hablar. El sonido fue tan crudo, tan desgarrador, que a Rebecca se le cerró la garganta. La mujer se tapó el rostro con las manos, negando con la cabeza, mientras repetía entre sollozos que no podía ser, que no podía pasarle algo así a su familia.Rebecca respiró hondo, intentando mantener la compostura, pero el temblor en sus manos la delataba. Sin embargo su la voz fue firme cuando se giró hacia su padre.—Papá, manda a preparar el avión. Nos vamos a Canadá. ¡Ahora! No pienso quedarme aquí esperando noticias.Chelsea dio un paso al frente en ese momento, todavía con los ojos enrojecidos.—Yo voy —dijo sin titubear—. No me importa lo que tenga que hacer, quiero ir.Camilo la miró y asintió enseguida.—Yo también —dijo—. No te voy a dejar sola, Rebecca. Donde sea que esté metido el tarado, lo vamos a encontrar.Y Seija, que hasta ese momento había permanecido en silencio, se c
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 27. Carter.
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 27. Carter.El jefe de rescate la miró incrédulo, con la radio aún en la mano.—Señora, no puedo permitirle quedarse aquí. Es peligroso —dijo con tono cansado, como quien repite un argumento que sabe que es inútil.Rebecca lo observó con los ojos enrojecidos, la cara cubierta de una fina película de nieve y el corazón hecho pedazos.—Entonces vaya poniéndome en la lista de los desaparecidos —respondió, con una calma tensa—. Porque no me iré aunque vengan diez avalanchas más.El hombre soltó un suspiro pesado y se quitó el gorro, pasándose la mano por el cabello despeinado.—Sé cómo se siente —dijo, y su voz sonó sincera—. Créame, todos hemos perdido a alguien aquí arriba.—Entonces asegúrese de no perder ninguna más. Deme un nombre, usted tiene que conocer a alguien.—Bueno… hay una persona… un tipo que suele hacer este tipo de trabajos. Las familias desesperadas lo contratan cuando los equipos oficiales se retiran.Rebecca lo miró con un rayo de e
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 28. Tumbas de hielo
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 28. Tumbas de hieloY quizás sí, quizás rezar servía, porque mientras todos avanzaban en línea recta a solo unos pocos metros de distancia unos de otros, sus pensamientos estaban solo consigo mismos. Carter les había dicho que desecharan la opción de llamarlo a gritos, así que un silencio extraño se alzaba alrededor.Avanzaron durante horas, abriéndose paso entre la nieve, rebuscando cada pista, pero a medida que pasaba el tiempo, Rebecca sentía que cada paso era un golpe de esperanza y miedo.—¿Y si no encontramos nada? —susurró Chelsea, agotada.—Entonces seguiremos buscando —respondió Rebecca sin dudar.El viento rugía y el sol comenzaba a caer cuando Carter se detuvo en seco.—Esperen —dijo, alzando una mano y todos se detuvieron.El hombre caminó unos metros cuesta abajo, hundió una mano en la nieve, y de pronto soltó un grito.—¡Aquí! ¡Vengan, rápido!Rebecca corrió como si le fuera la vida en ello. Cuando llegó hasta él, lo vio de rodillas,
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 29. Una chica con buen ojo
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 29. Una chica con buen ojoNadie entendía nada, ¿para qué negarlo? Pero Seija trató de seguirle la idea a Carter porque era evidente que para el hombre era importante.—¿Y si la avalancha la arrasó? —le sugirió como alternativa; pero Carter negó con la cabeza de inmediato.—No… esas cabañas están hechas para resistir avalanchas, no creas que esta es la primera que tenemos por aquí. Además, si hubiera sido arrasada, veríamos restos, madera rota, escombros, algo.Se quedó inmóvil un instante, observando el bosque con mirada aguda. Luego alzó la vista y observó los árboles mientras todos seguían su mirada.—Esperen un segundo…Camilo lo siguió mientras le daba vuelta a un árbol alto, completamente adulto. —¿Qué pasa ahora?—Los árboles —dijo Carter, señalando hacia arriba—. Están muy bajos.Camilo le hizo una mueca de incredulidad mientras usaba la mano como visera y se la llevaba sobre los ojos.—¿Bajos? ¿Estás bromeando? ¡Ese pino tiene fácil veint
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 30. Un frío que adormece
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 30. Un frío que adormeceNo eran gritos, no eran voces. Aquel golpeteo más bien parecía como si el vecino de abajo, enfadado, golpeara su techo con el palo de la escoba para hacer callar a sus molestos vecinos de arriba.Pero fuera cual fuera, aquel sonido seguía siendo algo elementalmente humano.—¡Hay alguien! —confirmó Carter y Rebecca soltó una carcajada entre sollozos.El hombre, sin perder un segundo, empezó a revisar alrededor y muy pronto volvió a excavar como un poseso.—¡Vamos, vamos! ¡Abran paso! ¡Hay que llegar hasta el marco del techo! Siente hay una escotilla de rescate por la parte superior pero está cerca del marco, es hacia abajo. ¡Vamos, búsquenlo!El grupo redobló fuerzas. La nieve volaba en todas direcciones, pero siempre fuera de aquel pozo improvisado de cuatro metros de profundidad. La adrenalina reemplazaba el cansancio, y cuando por fin despejaron una parte del tejado, Carter tanteó los bordes y logró desprender una pequeña
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 31. El fin de una aventura
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 31. El fin de una aventuraEl silencio en la sala fue lo primero que notaron. Todos miraron a su alrededor, esperando ver a Carter apoyado en alguna pared o revisando sus botas llenas de nieve, pero no estaba. La silla donde había dejado su abrigo seguía vacía y la ventana abierta dejaba entrar un aire helado que hacía temblar las cortinas.—¿Dónde está Carter? —preguntó Chelsea, asomándose por el pasillo, como si esperara que apareciera en cualquier momento.Camilo se encogió de hombros. —Se habrá ido. Ese tipo no parece de los que se despiden.Rebecca frunció el ceño. —Igual hay que contactarlo. Todavía no le hemos pagado y vale el triple de lo que nos cobró, la verdad.—No te preocupes —dijo Camilo con un gesto ligero—. Luego lo busco y le pago lo que acordamos.Chelsea lo miró con una ceja arqueada y disimuló bastante mal mientras se ofrecía. —Este… si quieres déjamelo a mí. Ustedes necesitan descansar. Yo puedo ir a buscarlo mañana, pre
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 32. De regreso a casa
TODOS LOS BESOS DE TU BOCA. CAPÍTULO 32. De regreso a casaEl vuelo de regreso fue largo, pero la sensación de alivio era tan grande que el cansancio se volvió casi dulce. Cuando el avión aterrizó y por fin llegaron a la casa de Rebecca, Carlota salió corriendo apenas los vio. El grito que soltó al ver a Henry fue una mezcla de llanto y euforia.—¡Dios mío, Henry! —chilló, aferrándose a su hijo con una fuerza que ni ella sabía que tenía—. ¡Pensé que no volvería a verte nunca!Henry la abrazó, risueño, tratando de que no se desmayara.—Tranquila, mamá, no me rompas las costillas que ya casi me las congelo allá arriba. ¡Y no quiero que te me infartes de nuevo, vamos con calma!Carlota sollozaba contra su hombro, y Curtis, que observaba la escena desde la entrada, se acercó con un gesto que mezclaba cariño y fingida severidad.—Bueno, muchacho, supongo que estás perdonado en un… digamos, veinticinco por ciento —dijo, levantando una ceja y Henry se echó a reír.—¿Solo un veinticinco? Sabe