All Chapters of EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO: Chapter 181
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AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 6. Un rescate
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 6. Un rescateCarter tomó varias palas y todos comenzaron a cavar. La nieve crujía bajo el metal, mientras el viento levantaba remolinos de polvo blanco a su alrededor, como si la montaña los vigilara en silencio, esperando que descubrieran lo que escondía bajo su manto.No era tarea sencilla. La nieve se extendía ante ellos como un mar blanco, inmóvil y silencioso, pero aún no se había compactado por completo; la capa superior era relativamente blanda.Carter se ajustó el gorro, tomó una pala y dio una orden firme:—¡A trabajar! No paren hasta que sintamos algo sólido.Rebecca, Chelsea, Camilo y Seija se distribuyeron los espacios sin discutir. El único sonido era el golpeteo rítmico de las palas contra la nieve y el jadeo entrecortado de sus respiraciones. Y Chelsea no escuchaba nada. estaba tan agotada que apenas sentía lo que hacía, como si su cuerpo se hubiera entumecido, quizás por eso lo hacía todavía con más ahínco.Solo escuchaba las órdenes
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 7. El mal humor de un oso
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 7. El mal humor de un osoEl caos del rescate todavía vibraba en el aire cuando Chelsea, con el rostro húmedo de lágrimas que no sabía si eran de alivio o agotamiento, se arrojó a aquellos brazos. Carter se tensó como si estuviera hecho de piedra y sorpresa contenida… y sin embargo, cuando tuvo los brazos de Chelsea alrededor de su cuello, no pudo evitar envolverla en los suyos.—Gracias —murmuró ella con la voz quebrada de pura emoción—. Carter, de verdad… gracias.Él abrió la boca como si fuera a responder algo rápido, seco, como lo que soltaba por instinto para no dejar salir nada de lo que sentía… Pero tenerla tan cerca era más peligroso de lo que había imaginado. Chelsea sintió la corriente entre ambos, una tensión que no tenía que ver con el frío de la montaña, y Carter tragó saliva.Por un instante —solo uno— sus respiraciones se encontraron, mezclándose en pequeñas nubes blancas. Sus labios se acercaron sin que se dieran cuenta y entonces… él
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 8. No es nada
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 8. No es nadaCarter había llegado al hospital sin hacer ruido, como si quisiera fundirse con el pasillo y evitar que alguien le preguntara cómo estaba. Entendía que para aquella familia la prioridad era saber de Mika y Henry, y él necesitaba ocuparse de otro asunto.—Los dos hombres que trajeron en el helicóptero… ¿cómo están? —preguntó con voz ronca.La enfermera reconoció su chaqueta cubierta de nieve, su cara cansada, y le dijo sin rodeos:—Estarán bien. Uno con hipotermia moderada, el otro con un brazo lastimado. Los médicos ya se están encargando.Carter soltó un suspiro profundo. Uno de esos que parecían arrancar tensión desde los huesos.—Bien —murmuró—. Entonces necesito que me vea un médico a mí.La enfermera asintió de inmediato y lo llevó a una de las salitas de urgencias. Carter se sentó a esperar a un doctor, mientras se quitaba el grueso abrigo y hacía una mueca al sentir un ardor caliente y desagradable en el costado. El maldito tejón
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 9. Una chica pequeña.
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 9. Una chica pequeña.Chelsea logró convencer a Carter de que se dejara caer en uno de los enormes sofás frente a la chimenea. Él estaba terco, como siempre, intentando afirmar que estaba “bien”, mientras cada línea de su cuerpo decía lo contrario. Tenía la respiración pesada, el gesto cansado y un rubor febril que no cuadraba con su personalidad estoica.—Siéntate —insistió ella, empujándolo apenas con una mano.—Estoy sentado —refunfuñó él, aunque en verdad se dejó caer como si las piernas por fin aceptaran que ya no podían sostenerlo.—¡Acuéstate, túmbate, posición inicial, como faraón, cara al techo, sin moverte! —se desesperó ella y Carter obedeció rezongando.Chelsea buscó una manta gruesa, lo acomodó como si fuera un paciente rebelde y le pasó un termómetro que él sostuvo a regañadientes.—No necesito esto.—Ajá, claro que no. si quieres abro un hueco en la nieve y te dejo ahí, a que te cures como un lobo salvaje, a la intemperie… —contestó el
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 10. Permiso
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 10. PermisoEra tarde, demasiado tarde como para echarse atrás. Así cuales fueran las culpas o los miedos que el cazador cargaba a su espalda, ya no había forma de parar aquello y los dos lo sabía.Chelsea gimió contra su boca sin poder evitarlo. Su piel vibraba bajo su calor, la sangre se descontrolaba en sus venas y a pesar de que estaban completamente pegados, sentía que no era suficiente.—¡Maldición, hasta yo tengo fiebre…! —jadeó porque así era exactamente como se sentía.Chelsea gimió cuando sintió aquellos besos bajando por su cuello, sus manos sobre sus pechos y aquellas caricias que sabían a desesperación, como si el hambre que había sentido por ella durante esos días hubiera despertado al depredador que había en él.Carter acarició y besó cada centímetro de su piel mientras la desnudaba, como si quisiera que aquel momento no terminara nunca. Se sentía completamente vulnerable, dejándose llevar por las sensaciones que aquella mujer desperta
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 11. No lo suficiente
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 11, No lo suficienteChelsea despertó sobresaltada, desorientada por un segundo, hasta que la calidez de la manta y el olor a leña quemada le recordaron dónde estaba. La chimenea seguía viva, aunque reducida a brasas naranjas. Al incorporarse, notó que el espacio junto a ella estaba vacío y frío, como si Carter ya se hubiera levantado hacía tiempo.Lo vio cruzando la sala con pasos silenciosos, como si la misma casa lo conociera demasiado bien. Estaba vestido, aunque solo a medias; la camiseta colgaba de una mano mientras él se frotaba el puente de la nariz con expresión cansada. Chelsea se acomodó el cabello, sintiendo ese rubor incómodo de alguien que no sabe exactamente qué pasó ni cómo comportarse después.—¿Cómo está tu herida? —preguntó, intentando sonar neutra, aunque la voz le salió más suave de lo que esperaba.Él se detuvo como si ella lo hubiera tocado. La miró directo a los ojos, y Chelsea se dio cuenta de que algo se tensaba en su interi
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 12. Persuasión y manipulación
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 12. Persuasión y manipulaciónUna semana después, durante una comida familiar que se suponía iba a ser tranquila, Henry carraspeó de manera sospechosa, como si quisiera preparar el terreno para algo que sabía que no iba a gustar entre los presentes. Todos levantaron la mirada al mismo tiempo, y él aprovechó ese segundo de silencio para soltarlo de golpe:—Tengo que ir de nuevo a Canadá.La mesa explotó, por supuesto, mientras todos lo miraban como si se hubiera vuelto loco. —¡¿Qué?!—¡Estás bromeando!—Henry, ¡por favor! —exclamó su madre asustada.Carlota murmuró una oración espontánea mirando al techo y Henry levantó ambas manos con gesto defensivo.—Ya pasaron dos meses desde el accidente —insistió—. Estoy bien. Y tengo que revisar cómo van las cosas con el contrato después de todo el desastre. Les aseguro que no voy a ir a meterme debajo de otra avalancha. Digo… ¿cuál es la probabilidad?Por supuesto que más de uno le puso los ojos en blanco, pe
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPITULO 13. Plan B
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPITULO 13. Plan BChelsea se quedó completamente inmóvil durante un segundo que le pareció eterno. La mente le gritaba que avanzara, que respirara, que hiciera algo, pero el cuerpo no respondía. Frente a ella, Carter seguía igual de sorprendido, como si tampoco supiera qué hacer con la realidad que se le había plantado delante.Y haciendo honor a la verdad, él sentía que estaba frente a un espejismo, como si el destino le estuviera haciendo ese regalo con el que había estado soñando por demasiado tiempo y que no se había atrevido a pedir.Así que finalmente fue Chelsea quien, tragando saliva y obligándose a recuperar el control, despegó los labios con un saludo medianamente coherente.—Hola, Carter —dijo tratando de que no se le notara lo nerviosa que estaba realmente—. Cuánto tiempo. ¿Cómo has estado?El tono que usó era el que se usa con un amigo querido, alguien a quien se ve con gusto, pero también alguien con quien se busca mantener una distancia amabl
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 14. Apuestas
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 14. ApuestasMika parecía más que emocionado con la idea de sacar a Chelsea esa noche.—¡Pasaré por ti a las ocho, y no acepto un “no” por respuesta! —anunció con un gesto casi ceremonioso, como si la estuviera invitando a un evento de gala en vez de a un pueblito nevado con apenas unas calles principales. Después se despidió de todos y salió con un ánimo tan contagioso que Rebecca tuvo que contener la risa.Chelsea, en cambio, se cruzó de brazos en cuanto la puerta se cerró.—¿Quieres explicarme qué fue eso? —le reclamó a Rebecca, que ya estaba recogiendo sus cosas con la calma de quien se sabe inocente, o al menos buena actriz.—¿Qué fue qué? —preguntó ella, demasiado tranquila para ser casualidad.—¡Lo de ofrecer a Mika como si fuera un servicio público! Rebecca, no hacía falta…Pero su cuñada le lanzó una sonrisa de esas que son mitad dulces, mitad manipuladoras.—¡Claro que hacía falta! ¡Lo importante es que te diviertas en este viaje! —sentenci
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 15. Sentimientos inexplicables
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 15. Sentimientos inexplicablesCarter se quedó como si le hubiera estallado una bomba en la cara cuando escuchó aquello. Se quedó mirándolo, con el vaso a medio camino hacia la boca, como si la pregunta de Mika hubiera roto el equilibrio que había logrado mantener desde la mañana. El bar seguía lleno de voces, risas y el eco del partido de hockey en la pantalla, pero para él todo pareció quedarse en silencio por un segundo. Mika miraba a Chelsea con una sonrisa traviesa, ladeada, claramente orgulloso del revuelo que provocaba, esperando su respuesta como si fuera un juego más. Y antes de que ella pudiera siquiera despegar los labios para contestarle, fue él quien no lo aguantó. Carter cruzó los pocos metros que los separaban con pasos rápidos y tensos. Su expresión iba entre enojo, celos y algo que Chelsea no supo interpretar, algo que la atravesó sin permiso y le removió el estómago. Su sola presencia hizo que varias conversaciones alrededor se ap