All Chapters of EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO: Chapter 191
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AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 16. Fantasmas y familias
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 16. Fantasmas y familiasCarter cerró los ojos un segundo, respiró hondo para no perder la paciencia y después se giró hacia Léa con el ceño fruncido. Estaba cansado, fastidiado, todavía con la sangre caliente por la escena con Mika, y esas palabras parecían caerle encima como un montón de piedras.—¿Qué demonios quieres decir con eso? —preguntó, sin preocuparse por suavizar el tono. Tenía la voz ronca, como si ya hubiera hablado demasiado esa noche.Léa se cruzó de brazos y lo miró con una mezcla de reproche y dolor. Había en sus ojos algo que él reconocía: ese rencor que no desaparecía, ese duelo que nunca había querido resolver.—Tú sabes muy bien a qué me refiero —contestó ella, apretando los labios.—No —replicó él, crispado—. No lo sé, Léa. Ilumíname.La muchacha dejó escapar un suspiro tembloroso, como si pronunciaba las palabras que había guardado por meses.—Sabes que mi prima no puede ser la mujer olvidada solo porque ya no está.Carter sin
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 17. Un pozo sin fondo
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 17. Un pozo sin fondoLa noche en la cabaña de Carter había sido un infierno lento. La madera crujía bajo el peso de la nieve que se acumulaba en el techo, como si la propia montaña respirara sobre él, recordándole que seguía ahí, atrapado. Se revolvió entre las sábanas, cada vez que cerraba los ojos, la veía: Emily, con su abrigo rojo desgarrado por el viento, la nieve cubriéndole el rostro mientras la avalancha la arrastraba como si fuera nada más que un muñeco de trapo. El sonido —ese maldito estruendo sordo— retumbaba en su cráneo una y otra vez, mezclado con sus propios gritos ahogados.Pero alguien lo detenía, alguien no lo dejaba salvarla… sentía un golpe en la cabeza y… se incorporó de golpe, con el corazón martilleándole las costillas como si quisiera escapar. La oscuridad de la cabaña era espesa, solo rota por el resplandor mortecino de las brasas en la chimenea. Carter pasó una mano por su rostro, sintiendo la barba de días rasparle la pa
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 18. Un poquito…
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 18. Un poquito…El aire en la habitación estaba cargado con el peso de aquellas confesiones, como si las palabras de Carter hubieran dejado un rastro tangible en el ambiente. Chelsea lo miró, sintiendo que esa resistencia que tanto se empeñaba en levantar se quebraba un poco sin que pudiera evitarlo. No era solo lástima lo que la invadía, era algo más peligroso, más profundo, algo que no podía permitirse sentir.—Lo lamento mucho, Carter —murmuró con voz temblorosa en la que aun así vibraba una nota de determinación—. Entiendo lo que estás pasando, pero no puedo involucrarme en esto. Lea está ahí afuera, esperándote como una sombra, y no quiero ser otra pieza en ese juego extraño que se traen.Carter la observó con una mezcla de frustración y desesperación, sus ojos oscuros brillaban bajo la tenue luz de la lámpara de mesa. El sudor aún perlaba su frente, y respiraba como quien ha corrido una maratón y no tuviera derecho a descansar todavía.—No es u
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 19. El futuro inmediato
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 19. El futuro inmediatoCarter la sostuvo con los brazos todavía alrededor de su cintura, como si quisiera asegurarse de que no se escapara. Chelsea permaneció recostada contra él un momento, respirando despacio, aún con el rubor en las mejillas y el cabello un poco alborotado. El fuego de la chimenea iluminaba la sala con un tono tibio, y el silencio que quedó después de hacer el amor parecía envolverlos como otra manta más.Carter acercó la frente a la suya. No tenía idea de cómo debía manejar aquel tipo de conversaciones; su vida en los últimos años había consistido en evitar emociones nuevas, no en perseguirlas.—Estamos locos ¿lo sabes? No podemos ser personas más diferentes o vivir más lejos —suspiró ella.—Sé que es una locura —admitió Carter, con el pulso acelerado—. Vivimos a un avión de distancia. Pero no puedo quedarme sin saber qué pasaría con nosotros.Chelsea sintió una presión en el pecho. Una parte de ella quería quedarse ahí, pegada
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 20. Un hombre oxidado
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 20. Un hombre oxidadoCarter avanzó a paso rápido por el sendero nevado, con Chelsea pegada a su lado, temblando y riéndose al mismo tiempo. Los dos ya habían perdido la sensibilidad en las manos y en la cara, y Carter decidió que la aventura había durado suficiente. La llevó directo a su cabaña, donde el aire caliente los recibió como una bofetada tibia.—Quédate esta noche —murmuró él, mientras le quitaba los guantes con una suavidad casi torpe.Chelsea suspiró y negó despacio, todavía sonriendo por el frío acumulado.—No puedo. Al menos debo ir a cenar con mi hermano… y necesito ropa. Y tengo que ir a la farmacia —agregó con un rubor que apareció sin su permiso.Carter dejó escapar un suspiro que tenía más nervios que arrepentimiento.—Lo siento —dijo, sin mirarla del todo—. No fue muy responsable de mi parte todo lo que ha pasado, pero en mi defensa… no había estado con nadie desde Emily. Así que no tienes que preocuparte por… ya sabes… solo por
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 21. La casa de Emily
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 21. La casa de EmilyChelsea abrió los ojos con una sonrisa adormilada, todavía envuelta en el calor del cuerpo de Carter. El vapor seguía saliendo y en algún lado había un fuego suave que apenas iluminaba sobre la bañera. El aire tenía ese olor a madera y a noche tranquila que ella ya asociaba con él. Carter la sostenía entre los brazos, acurrucado contra ella como si no hubiera intención de soltarla jamás y Chelsea se sintió ridículamente cómoda, como si la realidad se hubiera tomado un descanso solo para permitirles existir en paz.—¿Eso es todo lo que vamos a hacer? —preguntó ella, con una mezcla de picardía y ternura que buscaba provocarlo un poco—. ¿Tener sexo desenfrenado cada cinco minutos?Él dejó escapar una carcajada ronca, esa que Chelsea ya empezaba a reconocer como señal de que se sentía completamente a gusto. Sus ojos se entrecerraron con diversión y algo más cálido que la avergonzó.—¡Oye, necesito al menos veinte para recuperarme! ¿P
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 22. Una intrusa
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 22. Una intrusaLéa avanzó hacia Chelsea con los ojos llenos de rabia, como si estuviera a solo un paso de lanzarse sobre ella, pero Chelsea se puso de pie al instante. Su cuerpo no tembló, aunque por dentro sentía un calor desagradable que se mezclaba con indignación y una pizca de nerviosismo; la adrenalina le hacía latir el corazón más rápido de lo habitual, y sin embargo se obligó a mantener la calma.—Ni se te ocurra —advirtió, sin mover ni un músculo—. No te dejes engañar por mi carita inocente —sentenció midiendo cada palabra—. De inocente no tengo nada. he hecho bastantes atrocidades en mis cortos años, así que precisamente por eso estoy segura de que la memoria de Emily no te importa para nada.El rostro de Léa cambió al instante. Sus ojos se abrieron con una mezcla de shock y furia; y la tensión en la habitación aumentó como si hubiera electricidad en el aire.—¡Eso no es cierto! —gritó con la voz temblorosa, aunque intentaba mantenerla fir
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 23. Una alerta desatada
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 23. Una alerta desatadaLea miró a Carter con ojos que parecían encenderse de inmediato. Cada músculo de su rostro tensado hablaba de furia contenida y de un orgullo que no estaba dispuesto a ceder. Su voz sonó firme, como si cada palabra fuera un mandato que esperaba que él obedeciera.—¿Las estás oyendo? ¡Se está burlando de nosotros! —exclamó fuera de sí—. ¡Escucha a esa mujer cómo habla!—¡No es “esa mujer”! —la interrumpió Carter con tono cortante—. Su nombre es Chelsea y lo menos que puede es ser sarcástica teniendo en cuenta que tus comentarios no acaban de bajarla de puta interesada. Creo que tengo suerte de no tener que quitártela de encima ahora mismo, porque al final resulta que es la única que se está comportando como una dama.Léa abrió los ojos como si él acabara de abofetearla.—¿Una dama? ¿Me estás jodiendo? ¡Ella es irrespetuosa con la memoria de Emily! —gritó—. Incluso me dijo que esta ya no era su casa.Se inclinó ligeramente hacia
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 24. Diferentes
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 24. DiferentesCarter abrió la gaveta inferior del aparador y sacó un marco de madera clara. Lo sostuvo con cuidado, como si el objeto guardara un fragmento frágil de una vida que aún pesaba. Chelsea observó el gesto con atención, sintió un repentino nudo en el estómago y una duda que creció con cada segundo de silencio. Carter inhaló despacio y le extendió la fotografía.—Júzgalo tú misma —dijo.Chelsea tomó la foto con ambas manos y sintió un ligero estremecimiento. La imagen mostraba a una chica rubia, de piel clara y ojos enormes. Su rostro poseía una suavidad casi infantil; las mejillas redondeadas, la nariz pequeña, los labios curvados en una sonrisa dulce y luminosa. Parecía una muchacha que irradiaba calma y ternura. La clase de persona que iluminaba una habitación sin esfuerzo.Chelsea tragó saliva.—No, no nos parecemos —murmuró, observando la foto con detalle—. Para nada. Ella era… muy delicada.Carter asintió, con los hombros tensos.—Sí,
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 25. Un sueño diferente
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 25. Un sueño diferenteLoco sería, definitivamente, porque entre ellos dos siempre parecía que había una chispa estallando, así que Carter llevó a Chelsea a esquiar solo un par de horas después. La nieve crujía bajo sus botas y el aire helado pinchaba las mejillas, pero Chelsea avanzaba con una mezcla de emoción y miedo que la hacía reír cada vez que daba un paso en falso. No era buena, eso quedaba claro desde el primer minuto. Apenas pisaba la pendiente, las piernas se le cruzaban solitas y terminaba sentada en la nieve, soltando un resoplido frustrado.—¡No mires tus pies! —le gritó Carter desde unos metros más arriba, con esa sonrisa ancha que a ella le provocaba calor en el pecho—. Mira al frente o te vas a ir directo al suelo.Chelsea levantó la vista, apretó los labios, respiró hondo… y se cayó otra vez. Esta vez, de rodillas.—¿Así? —gruñó, aunque la risa se le escapó entre dientes.Carter bajó suavemente hacia ella, maniobrando los esquís con