All Chapters of EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO: Chapter 21
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CAPÍTULO 21. Un plan entre manos
CAPÍTULO 21. Un plan entre manosHenry no entendía qué diablos le pasaba. Llevaba años jurando que Julie Ann era el amor de su vida, la razón por la que había luchado contra medio mundo, la mujer por la que había soportado humillaciones y discusiones. Y ahora que por fin estaba libre para estar con ella, ahora que no había cadenas legales, ni matrimoniales, ni de reputación, ahora que podía tenerla como siempre había soñado… no quería tocarla.¿Rebecca tenía razón entonces? ¿Por qué había pasado sus primeras horas como hombre libre, corriendo detrás de la mujer de la que había pregonado a viva voz que se quería librar?No lo sabía, la verdad era que no lo sabía, pero tampoco podía ver a Julie Ann de la misma manera.Ella rodeó el espacio que los separaba y su bata de seda arrastró sobre la alfombra; se le acercó con esa mirada de niña caprichosa que solía derretirlo, y le pasó la mano por el pecho, acariciándolo. Él se tensó, como si le hubieran echado encima un balde de agua fría, y
CAPÍTULO 22. Incómodas verdades
CAPÍTULO 22. Incómodas verdadesHenry necesitaba aire, necesitaba escapar del silencio pesado de la mansión y de la sonrisa complaciente de Julie Ann que lo perseguía como un fantasma persistente. Así que condujo hasta aquel bar para encontrarse con su mejor amigo de toda la vida, Camilo.Hacía demasiado tiempo que no se veían, y el reencuentro se sintió raro, como si el tiempo hubiera levantado muros entre ellos.Camilo lo abrazó fuerte, con ese estilo directo y un poco rudo que siempre lo caracterizaba, porque era de los que no tenían pelos en la lengua para cantar las cosas y esa era la razón principal por la que había preferido guardar la distancia del drama de Henry en su momento.—¡Milagrosos los ojos que te ve, idiota! —exclamó, alzando la voz por encima de la música—. No sabía de ti desde el desastre de tu matrimonio y eso fue hace dos años.Henry soltó una media sonrisa amarga.—Sí, bueno… me imagino que ya sabes cómo terminó.Camilo le palmeó la espalda y le paso un vaso de
CAPÍTULO 23. En shock
CAPÍTULO 23. En shockHenry estaba tan borracho que ni siquiera notó que se quedaba dormido en la silla, allí en la habitación de Rebecca. La botella de whisky que se había tomado con Camilo le estaba pasando factura. Su respiración era pesada y su cabeza colgaba un poco hacia adelante, como si todo el peso de sus culpas lo mantuviera encorvado incluso dormido.Y por supuesto que tampoco se dio cuenta cuando Julie Ann se asomó a la puerta, en silencio, sin hacer el menor ruido. Había dormido poco y mal, pensando en dónde diablos podía estar Henry y en lo poco que le gustaba que se reuniera de nuevo con Camilo, pero se quedó helada al verlo allí dormido. Su mirada recorrió la habitación con cuidado; no era difícil imaginar de quién había sido ese espacio. El perfume que impregnaba las cortinas todavía hablaba de Rebecca, y el orden cálido y elegante gritaba su nombre.Julie Ann apretó los labios con fuerza, sintiendo una punzada de celos. Las palabras de Rebecca, aquella frase lanzada
CAPÍTULO 24. La otra
CAPÍTULO 24. La otraHenry salió de la casa de sus padres con la cabeza llena de voces que no lo dejaban en paz. Caminaba rápido hacia el coche, pero por dentro estaba paralizado, en shock. Las palabras de su padre, de su madre y de Chelsea seguían repitiéndose como un eco envenenado:“somos tu familia… siete millones no es nada… doblega a Rebecca”.Se frotó el rostro, intentando despejarse, pero lo único que consiguió fue sentir el cansancio pegado a los huesos. Había estado escuchando lo mismo por mucho tiempo… ¿por qué solo reaccionaba ahora?Condujo de vuelta a su casa con el corazón estrujado. Tenía que hablar con Julie Ann, explicarlo lo que implicaba no devolver las cosas, pedirle que firmara… pero en cuanto abrió la puerta se dio cuenta de que ahí había un caos muy diferente.Había un revuelo enorme en el pasillo principal. Las criadas iban de un lado a otro, cargando cajas, arrastrando bolsas negras y cuchicheando entre ellas.Henry se detuvo, confundido.—¿Qué está pasando a
CAPÍTULO 25. La primera copa
CAPÍTULO 25. La primera copa“Tú eres la otra”.Ese fue el primer pensamiento que le dijo a Henry que su subconsciente lo estaba traicionando. Por suerte no llegó a su lengua, pero tampoco evitó que se quedara mirando como un zombi aquellos papales vacíos que seguían en sus manos. La tinta negra de los encabezados parecía burlarse de él con la voz de Rebecca, como si le recordara que había fracasado otra vez. “¿Y tú estabas contado con ese dinero? ¡Ay, cosita, si es que de odiarte voy a pasar a tenerte lástima! ¿De verdad creías que Julie Ann iba a vender el Ferrari, los diamantes, las carteras de diseñador y todo lo demás para devolverte ese dinero? ¿Creíste que tus padres y Chelsea venderían todo para darte ese dinero? ¡Es que hasta me atrevería a apostar contigo! ¿Sabes qué? Conozco tan bien a las víboras rastreras a las que tú tanto amas, que me atrevo a hacer una apuesta: Haz un inventario de todo para subastar, si tu madre, tu padre, tu hermana, y tu amante te lo firman, yo re
CAPÍTULO 26. El mejor espectáculo
CAPÍTULO 26. El mejor espectáculoY no era sarcasmo, ni siquiera era una sugerencia. Henry lo supo cuando ella se le quedó mirando con atención: era una orden y no iba a repetirla. Sacó su teléfono y llamó al único número con el que se sentía seguro en ese momento.—Camilo… necesito que vengas por mí —le dijo apenas escuchó su voz—. Estoy en el centro, voy a mandarte la dirección.Colgó después de un intercambio breve y se dio cuenta de que Rebecca lo estaba mirando con curiosidad. —¿Camilo? —murmuró, pero no era una pregunta en sí—. Me alegro de que vuelvas a hablar con él, siempre me agradó. Y parecía que no había nada más que decir entre ellos, salvo el gesto de inclinar la botella para servirse otra copa.—Lamento lo que pasó entre nosotros —declaró Henry de repente y la sinceridad en su voz hizo que Rebecca clavara en él una mirada curiosa; pero cuando respondió en su voz no había ni un atisbo de emoción.—Es mejor no hablar del pasado.Se levantó para tomar el teléfono que es
CAPITULO 27. Seguro de nada
CAPITULO 27. Seguro de nadaCarlotta estaba fuera de sí. Gritaba tanto que su voz se quebraba, y el aire parecía cargado con su furia.—¡Esto no puede estar pasando! ¡Es un robo! —vociferaba, agitando los brazos con tanta desesperación que los criados de la casa se miraban entre ellos sin saber si ayudarla o esconderse.Su rostro, normalmente impecable y altivo, estaba descompuesto. El maquillaje corrido le daba un aire casi grotesco, pero ella ni se daba cuenta. Se abalanzaba sobre los recaudadores, trataba de detenerlos con insultos, con amenazas, incluso con súplicas desesperadas.—¡No tienen idea de quién soy yo! ¡Voy a llamar a mi hijo, él los va a detener!Sacó el teléfono con manos temblorosas, y marcó una y otra vez el número de Henry. Pero nada. La llamada iba directo al buzón, y cada intento frustrado solo aumentaba su histeria.—¡Contesta, Henry! —chillaba, apretando el aparato contra su oreja—. ¡Contesta maldit@ sea, que nos están saqueando la casa!El señor Sheppard apare
CAPÍTULO 28. Palabras sueltas.
CAPÍTULO 28. Palabras sueltas.Henry se dejó caer en uno de los sollones del estudio con el cuaderno entre las manos. Pasó aquella primera página lentamente, como si temiera lo que fuera a encontrar allí. Las letras, escritas con una caligrafía elegante, llenaban el cuaderno con lo que parecían confesiones demasiado íntimas, y por un segundo lo hizo dudar.La primera entrada era del mismo día de su boda, después de que él se fuera de luna de miel… pero no con ella."Amo a Henry. Es tan fácil escribirlo y tan difícil explicarlo. Entiendo que no debí aceptar el acuerdo que mi padre le propuso, pero desde el principio supe que no podía resignarme a perderlo. Confío en que, de alguna manera, el destino me dé la oportunidad de conquistarlo, porque lo amo más que a nadie en este mundo. Sé que Henry no ve en mí lo que yo siento por él, pero no puedo rendirme, así que le propuse un trato diferente: 100 besos. ¿Serás suficientes cien besos para que se enamore de mí? ¿O esta locura por la que m
CAPÍTULO 29. Una revelación peligrosa
CAPÍTULO 29. Una revelación peligrosaHenry apretó el cuaderno con tanta fuerza que los bordes se hundieron entre sus dedos. Era como si, estrujándolo, pudiera sacar también el dolor que le había atravesado el pecho al leer esas palabras. No podía creer que fueran ciertas, porque era como echarse a los hombros una condena más… pero solo había una forma de averiguarlo.Se lanzó por las llaves del auto y bajó al estacionamiento arrastrando los pies, con la cabeza dando vueltas, y el corazón martillando con cada paso. Cuando se sentó tras el volante, el mareo lo golpeó con fuerza, las manos le temblaban, y por un instante pensó que la resaca le pasaría factura. Pero la impotencia y la necesidad de saber eran más feroces, así que sacó el teléfono y marcó el número de Camilo sin pensarlo dos veces.“¿Henry?” La voz de su amigo sonó un poco espantada y otro poco preocupada. “¿Qué pasó? ¿Ya te echaron de casa?”—No, Camilo… —dijo Henry, intentando sonar firme, aunque su voz temblaba—. Vuelve
CAPÍTULO 30. "Reacciones medicamentosas"
CAPÍTULO 30. "Reacciones medicamentosas"Henry se dobló sobre sí mismo, temblando, con el rostro empapado en sudor. El aire no le alcanzaba, y el pecho le ardía como si hubiera corrido kilómetros. Trató de hablar, de pedir ayuda, pero lo único que salió de su boca fue una avalancha de vómito que lo sorprendió a él mismo. Se inclinó hacia un costado, la bilis le quemó la garganta y casi se ahogó con ella. Tosió desesperado, los ojos se le pusieron rojos, y por un instante creyó que ese era su final. —¡Mierd@, Henry! —gritó Camilo, asustado—. ¡Respira, respira, coño! Y como era un hombre acostumbrado a moverse rápido, Camilo no tardó mucho en darse cuenta de que aquello que tenía no iba a parar por sí solo. No era un simple mareo: Henry estaba en pleno ataque de pánico y su cuerpo lo estaba llevando al límite. —Al diablo con esto —masculló, casi cargándolo a la fuerza—. ¡Te llevo al hospital! Savó a Henry de aquel almacén, lo metió en el asiento del copiloto como pudo, le puso el cin