All Chapters of EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO: Chapter 201
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AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 26. Historias de familia.
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 26. Historias de familia.Chelsea se quedó completamente inmóvil cuando escuchó las palabras de aquel hombre. Sintió un escalofrío que le bajó por la espalda, como si de repente el aire helado del pueblo hubiera atravesado su abrigo. El viejo la miró con esos ojos apagados pero intensos que parecían buscar reacción, y ella abrió la boca para responder, pero no alcanzó a articular ni una sola palabra, porque en ese instante Carter salió de la tienda con una bolsa de municiones en la mano.Caminó con paso rápido hacia ellos y, cuando vio al viejo junto a Chelsea, su expresión se tensó de inmediato.—¿Ya le dijiste alguna estupidez? —soltó Carter sin saludar, con un tono que no tuvo nada de cordial.El hombre ni siquiera parpadeó.—Solo le dije la verdad —contestó, alzando la barbilla—. Las mujeres de tu casa nunca tuvieron buena suerte. Parece que hay una maldición encima de ustedes.Carter apretó la mandíbula y guardó en el cajón de la moto lo que hab
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 27. Un acosador
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 27. Un acosadorChelsea y Carter regresaron a la cabaña después de la cacería, tenían el aire frío de la montaña todavía pegado a su ropa y a su piel, pero con un calor diferente recorriendo sus cuerpos. Los días siguientes parecieron desaparecer en una espiral de sexo, sudor, risas y confesiones compartidas. Chelsea se sorprendió a sí misma descubriendo facetas de Carter que no imaginaba: un hombre que podía ser aventurero, dominante y al mismo tiempo tierno, aunque esa ternura rara vez se dejara ver. Cada gesto, cada mirada, cada roce de sus manos tenía una intención que la hacía estremecerse y sonreír sin darse cuenta.—Nunca he conocido a alguien como tú —le dijo Chelsea una tarde mientras se recostaban sobre la manta del salón, con el sol entrando tímidamente por la ventana—. Eres una mezcla imposible de cosas que no sé cómo manejar.Carter se limitó a sonreír, acercando su rostro al de ella y rozándole la mejilla con un dedo. La calma en sus ge
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 28. Añoranza
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 28. AñoranzaLos días empezaron a avanzar con una lentitud rara, como si el reloj se empeñara en torturar a Chelsea. Cada mañana, antes incluso de que su alarma sonara, ya tenía un mensaje de Carter esperándola, a veces un simple: “Buenos días, cosita adictiva”, a veces algo más tierno como “Soñé contigo”. Y cada noche, cuando se acomodaba entre las sábanas, la última vibración de su teléfono también le pertenecía a él.En ocasiones hablaban de tonterías —memes, anécdotas absurdas del pueblo, chistes sobre mantener vivo el cactus de Chelsea—; otras veces, de cosas más pesadas y profundas. Pero siempre terminaban riendo o suspirando, o con el corazón un poquito más apretado y cálido.Chelsea se esforzaba por mantenerse ocupada. Entre trabajos, clases y prácticas, intentaba convencerse de que no lo extrañaba tanto.—Es ridículo —se repetía cuando dejaba el teléfono boca abajo para concentrarse—. Ni siquiera han pasado tantos días.Pero sí lo extrañaba.
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 29. Compartiendo el fuego
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 29. Compartiendo el fuegoDos semanas después, Chelsea salía del último turno de clases, ya entrada la noche del viernes. Caminó hacia el estacionamiento con los hombros cansados y la cabeza llena de apuntes, pensando únicamente en su cama, pero su celular vibró y lo revisó con un pequeño suspiro que pretendía ser de alivio, aunque terminó en una sonrisa inevitable. Era Carter.“¿Cómo estás?” preguntaba él en el mensaje.Chelsea apoyó la espalda en uno de los postes del estacionamiento y respondió con rapidez, sintiendo un hormigueo familiar en el pecho.“Ansiosa por darme un baño lleno de burbujas y dormir todo el fin de semana”.Él contestó casi de inmediato, como si hubiese estado esperando el primer latido de la respuesta:“Me encanta la idea. Apruebo la cama, pero lo de dormir será difícil porque te confieso que me muero por quitarte esos jeans”.Chelsea soltó una risa por lo bajo, pero la risa murió en su garganta cuando se dio cuenta de lo que
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 30. El postre.
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 30. El postre.Chelsea no pudo responder. Sus manos se aferraron a sus hombros, sus uñas se hundieron en la tela de su camisa mientras él comenzaba a desabrocharle la blusa con una necesidad estremecedora. Los botones cedieron uno a uno, el sonido suave del tejido deslizándose sobre su piel solo era ahogado por sus respiraciones entrecortadas. Y cuando aquella blusa se abrió, dejando al descubierto sus pechos, Carter hizo un puchero como el niño al que por fin le dan una paleta. Su boca descendió, capturando un pezón entre sus labios, y su lengua giró alrededor antes de succionar con fuerza.—¡Ah… sí…! —Chelsea arqueó la espalda, empujando su pecho más hacia su boca, sintiendo cómo el placer se disparaba directamente a su vientre—. Más, por favor…Y él no necesitaba que se lo pidiera dos veces. Con un gruñido, liberó su otro pecho de la tela del brasier, sus dedos pellizcaron y retorcieron el pezón mientras su boca seguía haciendo una fiesta en el ot
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 30. Un domingo con sabor a ansiedad
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 30. Un domingo con sabor a ansiedadChelsea se despertó con la sensación deliciosa de que no había dormido en absoluto, aunque su cuerpo entero lo desmintiera con cada músculo adolorido y satisfecho. Abrió los ojos lentamente y lo primero que vio fue la luz tenue que se colaba por las cortinas del hotel… y la silueta de Carter, acostado de lado, mirándola como si fuera lo mejor que había visto en semanas.—No puedo levantarme —murmuró ella, enterrando el rostro en la almohada.Carter soltó una risa baja, ronca, y la alcanzó para acariciar su espalda desnuda.—Eso es maravilloso —dijo con esa voz suya que hacía que a ella se le aflojaran las rodillas, aunque estuviera acostada—. Yo planeaba sacarte a pasear, pero si no puedes moverte, también estoy feliz con el servicio a la habitación.Chelsea levantó la cabeza para mirarlo, intentando poner su mejor cara seria, pero un pensamiento travieso la traicionó. Él la miraba igual, con esa mezcla de orgullo y
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPITULO 31. Miedo
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPITULO 31. MiedoEl vuelo se le hizo extremadamente largo, porque una parte de él, la que hacía mucho tiempo había olvidado que seguía viva y palpitante, se quedaba con Chelsea en Nueva York, pero con todo lo que estaba pasando, no tenía más remedio que volver a casa lo más pronto posible.Cuando finalmente aterrizó en Canadá, buscó su camioneta en el estacionamiento del aeropuerto, pero en lugar de seguir el camino a su cabaña, detuvo el motor frente a la vieja casa de su tío abuelo Bill y se quedó un momento dentro del auto, respirando hondo. Sabía que no sería una visita agradable, pero los mensajes del fin de semana le habían dejado claro que ya no había espacio para el silencio.Cuando bajó, vio que las luces de la entrada estaban encendidas y que había al menos dos camionetas más en el camino de tierra. Perfecto. Estaban todos. Era justo lo que necesitaba… o lo que menos quería, dependiendo de cómo se mirara.Empujó la puerta sin tocar y vio que Bill
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 32. Distancia y amenazas.
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 32. Distancia y amenazas.Los días que siguieron a aquel fin de semana en Nueva York fueron un torbellino silencioso para Carter. Cada mañana se levantaba más temprano de lo normal, hacía café sin prestar atención al sabor y se sentaba frente a la mesa abarrotada de carpetas, citaciones y montones de papeles que parecían multiplicarse solos. El abogado le había advertido que el proceso sería largo, costoso y lleno de trabas. Y aunque Carter estaba acostumbrado a enfocarse como si su vida dependiera de ello, porque así era la mayoría de las veces, nunca había sido amante de los trámites legales. Menos aún cuando el enemigo llevaba su propio apellido.Chelsea, por su parte, notaba algo raro desde la distancia. Carter le seguía escribiendo al despertar y antes de dormir, pero sus mensajes eran más breves, como si estuviera con la cabeza en otra parte. Ella le preguntaba si estaba bien, y él respondía con un evasivo: “todo bien, solo cansado”, pero Chels
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 33. Una maldad diferente
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 33. Una maldad diferenteChelsea se quedó paralizada unos segundos, con la mirada fija en el viejo Bill. Su voz, cargada de experiencia y cierta amenaza implícita, había conseguido algo que pocas veces alguien había logrado en los últimos meses: hacerla sentir absolutamente furiosa.Pero no era solo enojo, sino esa sensación difusa, incómoda, que te hace preguntarte si la gente que tienes frente a ti puede esconder algo más oscuro. Por un instante, su mente viajó a recuerdos que no eran suyos, a la pérdida de la madre de Carter, a la fragilidad de aquel niño que había conocido años atrás. ¿Y si esa parte de la familia había tenido algo que ver con aquello?Después de todo, una muerte era casual, pero que las tres mujeres de las tres últimas generaciones tuvieran muertes tempranas…La idea le hizo estremecerse, pero inmediatamente la apartó. No podía permitirse pensar en teorías conspirativas sin pruebas, mucho menos una que incluía asesinatos.Así qu
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 34. Una presencia necesaria
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 34. Una presencia necesariaEra una locura, una maldita locura en todos los sentidos. Julie Ann, la ex de Henry, la misma que se había enredado con su padre, Chase, para traicionarlos, había perdido al bebé que llevaba, uno que al final había resultado ser medio hermano de ella y de Henry.La historia era tan perversa como asqueante, pero la conclusión era que Julie Ann se había vuelto completamente loca y se había llevado al bebé de Henry y Rebecca, y ahora estaba exigiendo a cambio de devolverlo que le entregaran nada menos que a Chase, que estaba en la cárcel.Chelsea creía que su cabeza estallaría de la impotencia y de la frustración, pero como si tuviera un interruptor, su mente se aclaró en un segundo cuando escuchó la última demanda de Julie Ann.“Tráemelo” pedía sin titubeos. “Lo vas a traer a Harriman State Park. Yo estaré allí. Cuando esté sola con él, le entregaré el bebé a Rebecca. Nadie más debe acercarse. Si veo un solo policía, desapar