All Chapters of EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO: Chapter 211
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AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 35. Llegar a tiempo.
Cuando Henry se dio la vuelta, se encontró con un rostro que no esperaba ver.—¿Carter? —preguntó, incrédulo, todavía con el corazón desbocado.Él, vestido de negro y con el equipo que acababa de comprar a medio ajustar, asintió con serenidad.—Chelsea me llamó —dijo en voz baja—. Me explicó lo que pasa. Puedo rastrearla.El agente del FBI se acercó con el ceño fruncido, mirándolo si no con desprecia, con mucha falta de confianza. —¿Y tú quién demonios eres? —le espetó.—Un viejo amigo —intervino Henry, sin apartarle la mirada a Carter—. Uno de los pocos que sabe moverse en terreno difícil. Nos rastreó hace unos meses en medio de una avalancha.—¡Ah…! —murmuró el agente, queriendo que la tierra se lo tragara, porque estaba bastante seguro de que ninguno de los agentes a su cargo podía hacer eso y su única esperanza de momento era una búsqueda masiva con perros y decenas de agentes que podía demorar mucho y ser tan peligrosa como terrible.Pero Carter solo se encogió de hombros con un
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 36. A salvo
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 36. A salvoCarter creía que había tiempo suficiente para sacar a Rebecca y al bebé, pero era porque no tenía ni idea de que Julie Ann había encadenado a Rebecca al interior de la cabaña. Así que cuando escuchó los disparos, sintió que el corazón se le helaba en el pecho, hasta que vio a Henry correr hacia él entre los árboles, esquivando ramas y raíces, con su hijo en brazos.—¡Toma! —le dijo a Carter, entregándole al bebé—. Sácalo de aquí, ahora. Llévalo con mi hermana.Pero el cazador lo miró con preocupación. Le había prometido a Chelsea que los sacaría a todos, sin embargo entendía que la prioridad debía ser el bebé.—¿Y tú? —lo increpó.—Voy por Rebecca.—Henry, el agente del FBI ya fue…—Me importa un cuerno, voy por mi esposa —replicó con una determinación que Carter no se atrevió discutirle.—De acuerdo —le dijo pasándole su arma—. Ya sabes lo que tiene.Henry lo tomó con determinación y Carter se dio la vuelta, apretando al bebé contra su p
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 37. Un desayuno familiar
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 37. Un desayuno familiarLlegar a la casa de Henry fue para Carter algo así como entrar a una dimensión de calidez y amor de la que ya no recordaba mucho. Llevaba tantos años solo, que una “familia numerosa” era extraño para él.Allí no solo estaban Henry, Rebecca y el bebé Ethan, sino también Carlota, la madre de Chelsea y Henry; Curtis, el padre de Rebecca, y Seija y Camilo, sus mejores amigos, a quienes ya conocía.Desde el inicio todo fueron abrazos y agradecimientos, hasta que toda la atención se volvió hacia Carter, que estaba de pie tratando de pasar desapercibido, con las manos en los bolsillos.—No sé cómo agradecerte por habernos encontrado —le dijo Rebecca con una sonrisa cálida—. Si no fuera por ti, no sé qué habría pasado.Carter bajó la cabeza, un poco sonrojado.—Solo hice lo que cualquiera habría hecho.—No —intervino Camilo, levantando una ceja—. No cualquiera habría llegado tan rápido desde Canadá hasta aquí. ¿Cómo demonios lo hicis
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 38. Planes
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 38. PlanesEl camino de regreso fue silencioso, pero de un silencio cómodo, de esos que no pesan. Pasaron primero por el hotel para recoger las cosas de Carter, y cuando subieron su pequeña maleta de viaje al auto de Chelsea, él se recargó en el asiento con un suspiro largo.Al llegar al departamento, se quedó unos segundos mirando la entrada, como si tratara de ver su interior sin haber cruzado la puerta.—¿Así que este es tu lugar?—Mi pequeño oasis caótico —respondió Chelsea riendo mientras abría—. Que comparto con mi madre.El departamento era pequeño, acogedor, con una decoración simple pero cálida. Un sillón mullido, una alfombra en tonos pastel, plantas que se veían muy vivas, y una repisa llena de libros medio torcidos.Carter se quedó parado mirándolo todo, con una expresión extraña.—No pensé que fuera tan… tú.Chelsea frunció el ceño.—¿Yo como qué?—Tú como… bonito. Tranquilo. Acogedor. —La miró con una sonrisa ladeada—. Completo —murmuró
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 39. Una audiencia adelantada
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 39. Una audiencia adelantadaChelsea se acercó, inquieta, viendo cómo Carter se levantaba y recogía sus cosas apresuradamente, metiéndolas en su maleta.—¿Qué pasó?—Una de las audiencias del juicio por las tierras —explicó él, aún procesando la noticia—. La adelantaron. Tengo que volver ya mismo.Ella no intentó detenerlo. Sabía lo importante que era ese proceso para él y sabía también cuánto daño le había hecho su familia con ese asunto durante años. Lo acompañó a recoger con un poco de orden y lo abrazó con fuerza antes de que él se fuera al aeropuerto.—Te voy a extrañar —le dijo—. Y te quiero mucho, lo sabes.Carter sonrió, devolviéndole el abrazo.—Yo también te quiero, princesa.—Cuando termine el semestre… —le dijo ella con una sonrisa apagada— o sea en un par de semanas… buscaremos la forma de vernos más seguido. De organizar mejor nuestras vidas, ¿sí?Él la miró como si quisiera memorizarla y e hizo un gesto suave de afirmación con la cabez
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 40. Desaparecido
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 40. DesaparecidoLa tensión entre ellos casi se podía cortar con un cuchillo, nadie que los viera enfrentados podría haber imaginado que compartían la misma sangre.Eso era algo que realmente le había pesado a Carter antes. Se decía que para él no podían ser más importantes las tierras que su propia familia, pero con los años había aprendido por qué su abuelo y su padre se habían plantado contra ellos a pesar de todo: porque lo mismo a Bill que a sus hijos y nietos sí les importaba más la tierra que la familia.Bill sonrió con ese tipo de sonrisa que siempre llevaba implícito un “ya verás”.—Haré lo que tenga que hacer para conseguir lo que quiero -respondió; y Carter apretó los puños, sin importarle que Patrick lo llamara desde atrás tratando de calmarlo.—Escúchame bien —dijo, clavándole la mirada—. Si tengo que congelar mi esperma para no tener hijos hasta los ochenta años, entonces eso haré. Pero lo que no va a pasar —continuó acercándose aún más
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 41. Un atentado disfrazado de accidente
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 41. Un atentado disfrazado de accidenteSeis horas antesCarter había salido de su cabaña temprano, con el saco del traje todavía colgando del asiento trasero y el pelo ligeramente húmedo porque se había duchado con prisa. Le había dejado un mensaje a Chelsea antes de encender el auto:“Después te cuento cómo va todo. Te extraño”.No imaginaba que ella nunca llegaría a recibir otra llamada suya ese día.El camino desde el pueblo hacia la ciudad estaba vacío, salvo por los restos de niebla matinal que se aferraban a los bordes de la carretera y a las vallas de madera. Carter subió el volumen de la radio, tratando de relajarse antes de la audiencia. Sabía que sería tensa, pero Patrick estaba preparado. Todo debía salir bien.Faltaban unos veinte minutos para llegar cuando vio por el retrovisor un camión acercarse demasiado rápido.—Baja la velocidad, amigo —murmuró, moviéndose ligeramente hacia el borde de su carril, pero el camión no bajó la velocidad
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 42. Familia
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 42. FamiliaEl avión aterrizó en Silver Ridge cuando ya estaba empezando a oscurecer. Chelsea bajó casi corriendo, con el corazón martillándole en el pecho y las manos temblorosas. Henry la seguía en silencio, con el ceño fruncido de preocupación. Ambos rentaron un auto en tiempo récord y se subieron sin perder un solo segundo.Durante el camino, Chelsea apretaba el teléfono con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos.—¿Por qué no contesta? ¿Por qué no hay noticias? —murmuraba una y otra vez, sin darse cuenta de que Henry la miraba cada tanto para asegurarse de que no se desmoronara por completo.—Lo encontraremos —le dijo él, tratando de sonar firme—. Sea lo que sea, vamos a encontrarlo.Pero Chelsea no respondía. Solo respiraba rápido, como si el oxígeno del auto no alcanzara para llenar sus pulmones.Habían pasado unos veinte minutos cuando, al tomar una curva del camino boscoso, Chelsea vio luces parpadeando a lo lejos. Y una g
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 43. El primer nombre
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 43. El primer nombreLas primeras doce horas pasaron lentas, casi insoportables para Chelsea. Se mantuvo en la sala de espera, apenas durmiendo unos minutos entre sobresaltos, mirando cada tanto la puerta de cuidados intensivos como si pudiera obligarla a abrirse con solo desearlo suficiente. Henry permaneció con ella todo ese tiempo, pero también estaba agotado, y se notaba en la forma en que se pasaba las manos por el rostro cada media hora.Finalmente, ya entrada la noche del día siguiente, una enfermera salió y anunció que Carter sería trasladado a una habitación normal. Chelsea casi saltó de la silla.—¿Está estable? —preguntó, con la voz ronca de tanto llorar y no dormir.—Sí —respondió la enfermera—. Todavía adolorido y muy débil, pero estable.Chelsea soltó un suspiro que parecía contener todos los que no había dejado escapar durante la noche. Henry le puso una mano en el hombro y asintió, aliviado.—Bien —dijo él—. Al menos ya pasó lo peor.
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 44. La resolución de un juez
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 44. La resolución de un juezA media tarde, cuando la luz ya empezaba a filtrarse anaranjada entre los árboles, Patrick llegó a la cabaña. Tocó la puerta solo una vez antes de entrar, como si supiera que Carter no tenía fuerzas para levantarse a abrir. Chelsea, que estaba preparando algo en la cocina, se asomó de inmediato.—Llegó Patrick —dijo en voz baja, acercándose al sofá donde Carter reposaba con la pierna elevada.—Perfecto —murmuró él, enderezándose un poco pese al gesto de dolor que no alcanzó a esconder, y Chelsea le acarició la frente, preocupada.—Voy a dejarlos solos. Te traigo algo después.Patrick hizo un gesto amable a Chelsea mientras ella salía hacia la habitación contigua. Luego se dejó caer en el sillón frente a Carter.—Vaya semanita, ¿eh? —empezó, sin rodeos.—Podrías decirlo así —respondió Carter, cruzándose de brazos con gesto tenso—. ¿Qué sabes del accidente?Patrick suspiró, apoyando los codos en las rodillas.—Carter… sé qu