All Chapters of EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO: Chapter 221
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AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 45. Pesadillas
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 45. PesadillasÉl sabía, con certeza, que estaba recordando partes del accidente. Conversaciones que había escuchado cuando estaba atrapado en la camioneta.Y la noche decisiva llegó dos días después.Chelsea dormía a su lado en la cama de la cabaña, agotada por un día entero ayudándolo. Carter giraba entre sueños, inquieto, murmurando palabras inconexas. Hasta que algo dentro de su mente, como una pieza perdida, encajó con violencia.Entonces vio todo.Escuchó las voces con claridad.Escuchó el tono cruel.Escuchó el nombre.—¡Emily!...Y se incorporó bruscamente, gritando, empapado en sudor.—¡Carter! —exclamó Chelsea, asustada—. ¡Carter, despierta!Ella lo sacudió y él abrió los ojos, desorientado, respirando como si hubiera estado corriendo.Chelsea le tomó la cara entre las manos.—¿Qué pasó? ¡Dime qué pasó! ¿Te duele algo?Pero Carter solo pudo repetir una palabra, temblando, como si el mundo entero se le hubiera derrumbado encima:—Emily…Tard
AMOR EN TIERRAS SALVALES. CAPITULO 46. Una verdad peligrosa
AMOR EN TIERRAS SALVALES. CAPITULO 46. Una verdad peligrosaCarter pasó la noche mirando al techo de la cabaña. Apenas podía procesar lo que había descubierto. Emily no solo había muerto… Emily estaba embarazada. Y no de muchos meses. Apenas unas semanas. El shock persistía, pegado a su piel como una sombra fría que no lo soltaba.Emily había estado esperando un bebé. ¿Por qué no se lo había dicho?Emily había sido—literalmente—una “la última mujer embarazada” de la familia. Y según las voces que recordaba, “las mujeres de esa familia no mueren fácil”.Ese pensamiento lo perseguía, golpeándole las sienes como un martillo implacable.Su abuela, su madre, Emily, y ahora… ¿quién seguía? ¿Chelsea?La posibilidad lo hizo temblar.Cerró los ojos un instante, pero solo vio el rostro de Emily y el de su madre mezclándose con la imagen de la ecografía. Y con cada fragmento que recordaba del ataque en la carretera, comprendía algo horrible: Nada había sido un accidente. Ni lo de su madre, ni lo
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPITULO 47. Olvido y deseo
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPITULO 47. Olvido y deseoEl sol de la tarde se filtraba a través de las cortinas entreabiertas, pintando la sala con tonos dorados y cálidos mientras Chelsea rodeaba aquel sofá, enorme y mullido, que dominaba el espacio. Sus dedos, delgados y suaves, se entrelazaron con los de Carter, tirando con una firmeza que no admitía objeciones.—Recuéstate —susurró, y su voz era un ronroneo sedoso que se enredó en el aire cargado de tensión.La falda corta de algodón negro que llevaba se ajustaba a sus caderas al moverse, subiendo unos centímetros por sus muslos bronceados cada vez que se inclinaba.—Hoy te toca a ti ser consentido —añadió con una sonrisa pícara—. Ni siquiera sé cómo te has aguantado tres semanas, pero no creas que no sé cómo me miras.Carter gruñó, más por forma que por convicción, mientras se dejaba caer sobre los cojines. El dolor sordo en su costado, remanente de la lesión que lo había tenido en reposo las últimas semanas, le recordó que no esta
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 48. Una mujer que no se deja intimidar.
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 48. Una mujer que no se deja intimidar.Carter frunció el ceño y sus puños se apretaron.—¡Voy a hablar con él! Esto es enfermo, Chels. No voy a ignorarlo.Pero ella negó con la cabeza, metiendo el cuerpo del cuervo en una bolsa de plástico que había tomado de la cocina.—No —sentenció con voz cortante—. No le vas a dar el gusto. Esto no es para ti porque tú obvio no te espantas con estas cosas. Esto es para mí, pero si quiere asustarme, que lo intente. No pienso dejar que un viejo amargado arruine nuestra paz.Cerró la bolsa con un nudo apretado y la arrojó al contenedor de basura con un gesto brusco. Cuando se giró hacia Carter, sus ojos brillaban con una determinación que lo dejó sin palabras. —No tengo miedo —declaró, aunque él podía ver el latido acelerado en su cuello—. Y no dejaré que nada nos separe.Carter la atrajo hacia sí, sus manos rodearon su cintura, sintiendo cómo temblaba levemente bajo su toque.—Eres increíble —murmuró contra su ca
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 49. Un encuentro inesperado
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 49. Un encuentro inesperadoChelsea apareció detrás de él al instante, con el rostro tenso.—¿Qué encontraron? —preguntó Carter apartándose a un lado para dejar entrar al oficial a la casa.—Un deshuesadero media hora al norte de aquí recibió partes de un camión muy parecido al que lo embistió —respondió el policía—. Fuimos a revisar y encontramos fragmentos compatibles con el impacto. Nos gustaría que viniera más tarde a identificar lo que pueda.Carter sintió un escalofrío porque eso era un indicio claro de culpabilidad. Si hubiera sido un simple accidente no habrían destrozado el camión para eliminar evidencias.—¿Dónde está ese deshuesadero? —preguntó.El policía le dio el nombre, y Carter sintió el estómago hacerse un nudo.—Conozco ese lugar —dijo lentamente—. Ahí trabaja mi primo Roy.El oficial lo miró con interés.—¿Tu primo? ¿Quieres decir por parte de Gerald y de…?—De Bill, sí. —Carter respiró hondo—. Ellos y yo estamos en medio de un con
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 50. Una dolorosa sospecha
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 50. Una dolorosa sospechaEl rostro de Lea se transformó por completo. De sorpresa pasó a rabia pura en cuestión de segundos, como si alguien hubiera encendido un interruptor interno. Carter notó cómo su expresión se endurecía, cómo los músculos de su mandíbula se tensaban hasta marcarse bajo la piel.—¿Chelsea? —repitió ella con un tono que parecía un gruñido, inclinando ligeramente el cuerpo hacia adelante como si tuviera que reafirmar lo que había escuchado—. ¡¿Chelsea está viviendo contigo desde el accidente?! ¿Estás diciendo que ella se quedó en tu casa? ¿Ella te cuidó?La incredulidad teñía su voz; sus ojos ardían con un brillo perturbador.—Sí —respondió Carter, cruzándose de brazos y manteniendo la mirada firme, aunque por dentro un escalofrío le recorría el pecho; odiaba cuando Léa se ponía así—. Y te pido que me dejes en paz. No tengo tiempo para esto, en serio.Ella abrió los ojos como si acabara de recibir un golpe invisible. El pecho le
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 51. Entre el miedo y el deseo.
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 51. Entre el miedo y el deseo.Carter se quedó un largo rato mirando el camino polvoriento por donde se había marchado Lea. Tragó saliva, sintiendo un escalofrío que le trepaba por la columna. Algo en la mirada de ella, en ese pánico repentino cuando le mencionó a Emily, le había abierto un hueco en el pecho que no podía ignorar.Y la idea de que hubiera estado en el deshuesadero justo ese día… de que conociera a Roy más allá del siempre saludo que uno cruzaba en el pueblo… de que todos ellos pudieran estar involucrados… todo empezó a encajar de una forma tan retorcida que le revolvió el estómago.—No debí venir solo —murmuró, respirando hondo, aferrándose al bastón.Un impulso helado le recorrió el cuerpo, casi tan fuerte como el dolor en la pierna. No podía quedarse ahí parado. No si había una mínima posibilidad de que quienes habían intentado matarlo lo volverían a intentar y él no estaba en la mejor condición física para defenderse.Quizás eso fu
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPITULO 52. El amante zombi
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPITULO 52. El amante zombiEl vapor se elevaba en espirales densas sobre la superficie burbujeante del jacuzzi, envolviendo a Chelsea y Carter en un manto cálido y húmedo que parecía fundir el mundo exterior. Las luces tenues del invernadero se reflejaban en el agua agitada, proyectando destellos dorados sobre sus cuerpos entrelazados.Chelsea llevaba un bikini negro de corte mínimo, dos triángulos de tela que apenas cubrían sus pezones duros y una tanga que se hundía entre los pliegues de su sexo. Carter tiró de su mano y ella se movió lentamente, sintiendo cómo el agua caliente acariciaba cada centímetro de su piel. El tejido, empapado, se pegaba a delineando cada curva, cada hueco, dejando nada a la imaginación.Carter, frente a ella, no podía apartar la vista, y su bóxer, ajustado y húmedo, luchaba por contener la erección que crecía bajo la tela. El aire entre ellos estaba cargado, espeso, como si el mismo vapor los estuviera asfixiando con el peso de
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 53. Una llamada
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 53. Una llamadaCarter se despertó de golpe a mitad de la madrugada, sobresaltado por una sensación que no sabía identificar. Parpadeó varias veces en la oscuridad, tratando de orientarse. La habitación estaba silenciosa, pero el aire tenía un peso extraño, como si algo hubiera cambiado. Fue entonces cuando escuchó un ruido húmedo, seguido de una arcada profunda que resonó desde el baño.El sonido lo puso en alerta instantánea. Se sentó en la cama, pasándose una mano por el rostro aún adormilado, y frunció el ceño con preocupación.—¿Chelsea? —murmuró mientras se levantaba, su voz ronca por el sueño, intentando no sonar demasiado alarmado.Caminó por el pasillo corto hasta el baño, guiado por la tenue luz que Chelsea había encendido. Cuando asomó la cabeza, la encontró arrodillada frente al inodoro. Su cabello oscuro le caía sobre los hombros en mechones desordenados, y su espalda subía y bajaba con respiraciones agitadas. Ella levantó la vista apena
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 54. Dos pequeñas líneas en rosa
AMOR EN TIERRAS SALVAJES. CAPÍTULO 54. Dos pequeñas líneas en rosaChelsea salió de la farmacia más confundida que cuando había entrado. Caminó sin rumbo durante un par de minutos, pensando si debía volver a casa o simplemente hacerse la prueba… pero entonces vio la cafetería al otro lado de la calle, con su letrero encendido y el baño pequeño que recordaba perfectamente.—No puedo esperar… —murmuró, sintiendo un vuelco en el estómago que esta vez no tuvo nada que ver con náuseas.Miró a ambos lados, cruzó la calle y entró. Apenas pidió un té solo para disimular, caminó directo al baño, cerró la puerta y apoyó la espalda contra ella mientras exhalaba un suspiro tembloroso.Sus manos buscaron las cajas dentro de la bolsa. Las abrió con torpeza, rompiendo el plástico más fuerte de lo que pretendía; y el sonido retumbó en el baño silencioso, como si ella misma estuviera haciendo algo prohibido. Sacó las pruebas y se quedó mirándolas con los dedos helados.—Ok… ok, solo respira —se dijo a