All Chapters of EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO: Chapter 41
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CAPÍTULO 41. Los fríos dedos de la muerte
CAPÍTULO 41. Los fríos dedos de la muerteRebecca se dio media vuelta con una elegancia que dolía. La espalda recta, el mentón erguido y el vestido ondeando apenas al caminar, la hacían ver como si flotara lejos de la discusión. El Comisionado soltó una carcajada baja y el Gobernador, incapaz de disimular, terminó tosiendo para no reír.Carlotta y Julie Ann se quedaron heladas, con las mejillas encendidas y la respiración entrecortada. Y Henry solo quería que la tierra se lo tragara. No era difícil, ¡solo una grieta directo al fuego del infierno no era mucho pedir!—¡Lo mejor que pueden hacer es irse de una maldit@ vez! —les dijo en voz baja, pero con un filo que dejaba claro que no estaba sugiriendo nada, sino dando una orden—. ¿Quieren seguir haciéndome pasar vergüenza?Carlotta se cruzó de brazos, altiva.—Yo no me voy a ninguna parte —respondió con un tono que pretendía firmeza, aunque se le notaba temblorosa.Y Julie Ann intervino enseguida, clavando los ojos en las vitrinas ante
CAPÍTULO 42. EL perro del hortelano
CAPÍTULO 42. EL perro del hortelanoLa sala entera contuvo la respiración cuando Bruno Carson lanzó la primera oferta por Rebecca. El millón de dólares cayó como el estallido de fuegos artificiales sobre los presentes; pero aquello fue solo el inicio.Las manos empezaron a levantarse, y las voces a cruzarse una encima de otra. Medio millón más, otro millón, otro más. El ambiente se encendió en cuestión de segundos, la adrenalina flotaba en el aire y todos hablaban en susurros nerviosos.Camilo miró de reojo a Henry. Lo conocía lo suficiente como para notar el temblor en su mandíbula, la forma en que sus dedos se crispaban alrededor del número de su asiento. Parecía estar a punto de perder la cabeza, igual que con el anillo.—¡No, hermano, tú no puedes hacer eso! —murmuró, y casi por instinto levantó su propia mano.—Cinco millones —cantó la voz del martillero señalando hacia Camilo y Henry lo miró como si no entendiera qué acababa de pasar.—¿Cómo se te ocurre...? —susurró con los ojo
CAPÍTULO 43. La sospecha de una trampa
CAPÍTULO 43. La sospecha de una trampaRebecca levantó la cabeza de la lista de papeles del escritorio, y ella y Henry se miraron en silencio durante un instante que pareció más largo de lo normal.A pesar de haber pasado casi la noche entera en el evento, lucía radiante, fresca, con ese aire sereno que de repente a él se le antojaba… diferente. Su cabello caía suavemente sobre los hombros, y sus ojos reflejaban una calma que Henry no podía comprender. Y cada vez que la veía sentía que todo lo que creía saber de ella estaba desapareciendo.—Señor Sheppard —saludó un asistente con amabilidad, poniendo una carpeta sobre la mesa con gesto eficiente.Henry entregó su tarjeta y ni siquiera pestañeó mientras la máquina cobraba los cien mil dólares del anillo. El asistente imprimió un certificado, lo acomodó sobre el escritorio y Rebecca se sentó en la silla ejecutiva para llenarlo, tomando la pluma con elegancia y precisión, como si cada trazo de su letra fuese un pequeño acto de poder.Hen
CAPITULO 44. Un pelotón de fusilamiento
CAPITULO 44. Un pelotón de fusilamientoHenry respiró hondo y miró a Rebecca con intensidad. Sentía el pulso de la sangre en los oídos pero sabía que cada palabra contaba, que ella lo evaluaba mientras hablaba, y que no podía dejar que saliera por aquella puerta con un adiós que sería para siempre.—Rebecca —Henry pasó saliva y se encomendó a todos sus ancestros… al menos a los más inteligentes—, ya sé que compraste mi producto. Son quince millones que tienes estancados, pero no tiene por qué ser así. Solo han pasado dos años, no hay razón para que estén dañados, y te aseguro que son piezas excelentes.Rebecca lo miró de reojo mientras intentaba recuperar el aliento. ¿Cómo sabía Henry de los quince millones y del almacén de Queens? Y si lo sabía ¿desde cuándo?Evaluaba cada movimiento, cada palabra. Pero la verdad era que no podría averiguar nada más a menos que lo hiciera hablar y eso significaba irremediablemente una conversación.—No estoy tan desesperada por ese dinero.—¡No estoy
CAPÍTULO 45. Tiempos más felices
CAPÍTULO 45. Tiempos más felicesHenry se plantó en medio de la sala, con los puños cerrados y la voz cargada de rabia contenida, mientras su hermana boqueaba vcomo un pez fuera del agua son saber qué decir.—Quiero que se vayan de mi casa. ¡Ahora! —les dijo a sus padres con un tono que pocas veces había usado contra ellos—. No les debo explicaciones y, a partir de hoy, no quiero que vuelvan a entrar aquí a menos que sean invitados.Carlotta abrió los ojos como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar. Chelsea se llevó la mano al pecho, ofendida, mientras su padre lo miraba con una mezcla de furia y decepción.—¿Cómo puedes tratarnos así? —le reprochó Carlotta con voz temblorosa—. ¡Somos tu familia!—¡Un malagradecido, eso es lo que eres! —escupió Chase, incapaz de contenerse.—Pues si no te gusta cómo soy, entonces empieza a mantener tu propia casa a partir de ahora —sentenció Henry con frialdad.El corazón le latía en el pecho como si estuviera desbalanceado. Sentía una punzad
CAPÍTULO 46. Una dura aceptación
CAPÍTULO 46. Una dura aceptaciónHenry se quedó inmóvil, desconcertado, sin comprender qué había querido decir Rebecca con aquella pregunta cargada de seguridad. Pero no tuvo tiempo de darle vueltas porque en ese preciso instante un hombre impecablemente vestido de traje negro apareció desde el interior del restaurante.No había necesidad de anunciarlo, se le notaba en el porte que era el gerente por la forma en que todos se dirigían a él. Era un hombre de cabello canoso y maneras que rozaban la más encumbrada educación. Caminó directo hacia Rebecca con una sonrisa amplia, inclinando levemente la cabeza como si saludara a la realeza.—¡Señora Callaway! —dijo con un tono respetuoso, casi solemne, mientras tomaba su mano y la llevaba cerca de sus labios—, es un honor tenerla aquí esta noche, como siempre. Pero debo regañarla porque ya la estábamos extrañando.Rebecca le hizo un puchero con familiaridad.—Yo también los he extrañado, señor Clemment, pero mi agenda ha estado un poco satur
CAPÍTULO 47. Una sesión de autoflagelación
CAPÍTULO 47. Una sesión de autoflagelaciónHenry no abrió el menú de inmediato. Tenía las manos apoyadas sobre la mesa como si le pesaran más de lo normal mientras procesaba cada palabra de Rebecca. En su diario había escrito que los últimos quince millones de su fortuna personal los había gastado en el producto que tenía en el almacén, así que aquel sitio debía pertenecerle desde mucho antes.El restaurante era imponente, como ella, y él se sentía como si estuviera en un lugar equivocado, fuera de contexto en un escenario que claramente estaba hecho para ella.Tomó aire, miró el menú por encima, pero no consiguió concentrarse. Las letras se le mezclaban, como si de pronto no supiera leer. Se sentía torpe y frustrado y sabía que todo era su culpa.—No sé qué te gusta de todo esto… —murmuró al fin, sin levantar demasiado la voz—. No sé qué te gusta… supongo que jamás tuvimos tiempo de convivir, de conocernos de verdad…Pero Rebecca lo interrumpió con un gesto seco de la mano, como si q
CAPÍTULO 48. Una mala historia
CAPÍTULO 48. Una mala historiaHenry la miraba con una mezcla de ansiedad y determinación. Había ensayado muchas veces lo que quería decir, pero al estar frente a Rebecca las palabras le salían atropelladas, como si temiera que ella lo interrumpiera antes de terminar.—No es que quiera arruinarme, Rebecca, claro que no —dijo con voz grave, intentando sonar sereno aunque por dentro se sentía completamente impotente—. Lo que quiero es reparar de alguna manera el error de ni siquiera haberte dejado hablar hace dos años.Rebecca arqueó una ceja y lo observó con frialdad, pero en sus ojos había un destello de cansancio, como el de alguien que quiere saber, sí, pero también quiere olvidar. Tomó la copa con calma, giró el cristal entre los dedos y luego lo miró con una media sonrisa irónica.—¿Y por qué quieres revolver toda porquería, Henry? —preguntó con un tono de agotamiento que a él no el pasó desapercibido. Hubiera preferido su rabia mil veces, pero parecía que solo iba a obtener hastí
CAPÍTULO 49. Un último negocio
CAPÍTULO 49. Un último negocioLa mirada de Rebecca fue como ver una droga actuando en tiempo real, sus pupilas se dilataron, su cara se puso colorada y un segundo después estallaba en una risa sonora e incontrolable. ¿De verdad estaba mencionando eso? ¿De verdad estaba mencionando ese último beso que no se habían dado antes del divorcio?La carcajada de Rebecca tomó a Henry completamente desprevenido, haciéndolo dar un pequeño respingo en su silla, como si alguien le hubiera echado agua fría por la espalda. La observó con el ceño fruncido, sin saber si debía ofenderse o simplemente dejar pasar aquel estallido de risa.—¿Estás bromeando? —preguntó ella, todavía con los labios curvados en una sonrisa socarrona, y los ojos brillando como si acabara de escuchar el mejor chiste de la semana.Henry sintió el calor trepándole por el cuello y coloreándole las mejillas hasta el punto de que seguramente cualquiera podría notarlo. Se removió en la silla, incómodo, y carraspeó un poco antes de co
CAPÍTULO 50. De una vez por todas
CAPÍTULO 50. De una vez por todasHenry salió del restaurante con el estómago revuelto y la cabeza hecha un torbellino. La brisa nocturna le pegó de frente y por un segundo pensó que lo ayudaría a despejarse, pero apenas consiguió sentirse más mareado. Afuera, como no podía ser de otra forma, lo esperaba Camilo, recargado en la puerta de un auto oscuro, con esa sonrisa descarada que parecía no borrarse nunca de su rostro.—Soy su transporte esta noche, señor conde —se burló, alzando una ceja—. Dígame, ¿quiere que lo lleve a un bar o a un hospital directamente?Henry bufó, cansado, aunque por cómo se sentía era posible que terminara en un hospital con otro ataque cualquier cosa.—Quiero ir a algún lugar donde pueda respirar —murmuró y Camilo cambió la cara por una expresión levemente más seria.—Entonces súbete —le dijo abriendo la puerta del copiloto con un ademán seguro—. Después mando a alguien por tu coche.Henry no discutió. Se subió al auto como si pesara una tonelada y dejó que