All Chapters of EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO: Chapter 51
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CAPÍTULO 51. 99 heridas (Parte 1)
CAPÍTULO 51. 99 heridas (Parte 1)Henry miró la botella de whisky sobre el minibar de su despacho. El instinto de conservación le gritaba que la usara, y la voz de Camilo en su mente diciéndole que se necesitaban agallas para enfrentar las consecuencias de sus decisiones le decía que no se lo merecía. No se merecía el aletargamiento del alcohol para que lo que encontrara en aquel diario le causara menos culpa. Simplemente necesitaba darse de golpe de frente contra la realidad de lo que habían sido sus últimos dos años.Las primeras páginas eran una serie de pensamientos muchas veces inconexos de Rebecca sobre amarlo a él o quedarse sola por el encarcelamiento de su padre. Henry apretó los labios, ella tenía un diálogo interno muy hermoso, uno que con cada página se iba haciendo más triste.Porque eso era lo que venía después: el relato de lo que habían sido para ella esos noventa y nueve besos: noventa y nueve heridas de las que él apenas se acordaba.Cada página estaba dedicado a uno
CAPÍTULO 52. 99 heridas (Parte 2)
CAPÍTULO 52. 99 heridas (Parte 2)El tiempo en la madrugada se extendía de una forma extraña, y Henry ya no cabía dentro de aquel sillón por más cómodo que pareciera. A veces se levantaba y caminaba, a veces rodeaba el escritorio o se apoyaba en él, pero la verdad estaba ahí, escrita en letras grandes y elegantes.Beso #51“Me besó frente a las chicas del servicio, y luego me preguntó si no me molestaba que las besara a ellas también”.Beso #52“Ese día me besó furioso y me dejó un moretón en los labios”.Beso #53“Me besó y luego me dijo que jamás sería suficiente para él”.Beso #54“Fue un beso áspero, que me dejó la piel ardiendo”.Beso #55“Hoy me besó y se rio de mi silencio después”.Beso #56“Ese beso fue rápido, impaciente, como quien marca una casilla”.Beso #57“Me besó con arrogancia, seguro de que yo nunca me iría”.Beso #58“Ese beso me hizo llorar mientras aún sentía sus labios”.Beso #59“Me besó sin verme, sin escucharme, sin estar conmigo”.Beso #60“Ese beso fue un p
CAPÍTULO 53. Preparativos
CAPÍTULO 53. PreparativosHenry se había quedado dormido en el sillón del despacho, con el diario de Rebecca apretado contra el pecho como si fuera un tesoro que no quería soltar. El cansancio le había ganado cerca del amanecer, después de horas leyendo aquellas páginas llenas de confesiones y dolor.En sus propios sueños, la realidad se torcía con una nitidez inquietante: caminaba por un pasillo interminable, con la certeza de que al final ella lo estaba esperando. Rebecca lo miraba de pie, serena, sin rencor en los ojos, y él se acercaba despacio, temiendo que desapareciera si la tocaba.Cuando al fin la tenía frente a frente, ni siquiera lo pensaba demasiado. La tomaba del rostro con ambas manos y le daba aquel beso número cien que jamás había logrado existir en ese pacto absurdo. Era un beso distinto, sin prisa, cargado de un deseo limpio, de culpa, de la necesidad desesperada de reparar lo irreparable. Ella cerraba los ojos y respondió con ternura, y Henry sentía que por primera
CAPÍTULO 54. Una onda de mal karma
CAPÍTULO 54. Una onda de mal karmaRebecca trabajaba concentrada en su oficina, con la chaqueta colgada del respaldo de la silla y el cabello recogido a medias, como si hubiera olvidado terminar de atárselo. A su alrededor, el equipo iba ocupando las otras oficinas: teclas aporreándose, puertas que se abrían y cerraban, el murmullo de las impresoras al fondo. El edificio sede de Industrias Callaway se iba llenando de vida poco a poco, aunque todavía nadie sabía que el antiguo dueño ya era un hombre libre y listo para entrenar a la nueva dueña como si fuera un tiburón en aguas de sardinas.Rebecca había pasado la mañana afinando presupuestos y aprobando contratos cuando escuchó el golpecito impaciente de unos nudillos.—Pasa —dijo sin levantar la vista, y Seija entró como un torbellino, con una carpeta en la mano y esa sonrisa traviesa que anunciaba problemas… o chismes de primera.—¡Te traigo novedad fresca! —canturreó, dejando caer una tableta grande sobre el escritorio—. Las cámaras
CAPÍTULO 55. Un requisito legal
CAPÍTULO 55. Un requisito legalSiendo realistas podía ser peor. Podían estar vociferándole insultos o rompiendo adornos, pero en lugar de eso cada persona en aquel comedor que no era él, solo tenía cara de consternación y de incredulidad.—Pero es que… eso no tiene sentido —saltó Chelsea, inclinándose sobre el plato—. ¡Hace años que estás peleando para poder casarte con Julie Ann! ¡Entonces hazlo de una vez! ¿Qué es lo que te cuesta? No tienes que hacer una boda gigante. Que sea en el jardín, civil, un juez, ya. Lo importante es el bebé.Julie Ann bajó la mirada un segundo y luego la clavó en Henry con una mezcla de súplica y orgullo.—No puedes estar hablando en serio —murmuró—. ¡Hemos luchado tanto para estar juntos! ¡Hemos… hemos hecho hasta lo imposible! ¡Y ahora que por fin nos libramos de… todos los obstáculos —gruñó para no decir directamente el nombre de Rebecca—, ¿vas a decirme que no quieres estar con tu hijo?!A Henry se le apretó la garganta. Le picaron los ojos y su nari
CAPÍTULO 56. Una decisión irrevocable.
CAPÍTULO 56. Una decisión irrevocable.Henry la miró con esa tristeza que se acumula después de noches infinitas de desgaste psicológico. En su interior quería decir cualquier cosa que la calmara, pero no estaba dispuesto a mentir más.—Lo siento —respondió despacio, bajando un poco la voz—. Pero no es así. Ya no.Julie Ann retrocedió como si le hubieran clavado un cuchillo.—¡Mientes! —chilló, golpeando la mesa con las palmas abiertas—. ¡Estás mintiendo! ¡Me has amado toda tu vida! ¡La zorra de Rebecca era la que nos separaba pero ella ya no está! ¿¡Entonces por qué…!?—Porque me mentiste. Porque me manipulaste. Porque de un día para otro descubrí una versión de ti de la que no podría enamorarme. Por eso —declaró mientras Julie Ann rompía en llanto y Carlotta corría a abrazarla, llorando junto con ella.Chelsea también se acercó para acariciarle la espalda, intentando consolarla y al mismo tiempo lanzando miradas de odio a su hermano.—Henry —dijo con un tono que pretendía ser razona
CAPÍTULO 57. Negocios
CAPÍTULO 57. NegociosRebecca regresaba del almuerzo con Bruno caminando a su lado. El restaurante quedaba a unas calles de las oficinas de Industrias Callaway y el aire fresco de la tarde parecía empujar los pensamientos hacia conversaciones más francas. Bruno hablaba con entusiasmo de números, proyecciones y proyectos que, según él, podían ser un éxito rotundo si los emprendían juntos.—Me encantaría colaborar contigo —dijo finalmente, con una sonrisa amplia, acomodándose el saco como si quisiera reforzar su imagen de hombre seguro de sí mismo.Rebecca lo miró de reojo mientras subían en el ascensor, calibrando cada gesto con la frialdad de quien sabe leer entre líneas. Lo conocía lo suficiente para notar que no hablaba solo de negocios, que había un interés escondido en la manera en que la observaba cada vez que creía que ella no lo notaba.—Me encantaría también —respondió con calma, bajando el ritmo de sus pasos—, pero recuerda que el placer y los negocios no se mezclan. Así que
CAPÍTULO 58. Un buen show
CAPÍTULO 58. Un buen showRebecca estaba sentada frente a su escritorio, la pantalla de su computadora estaba encendida, pero su atención flotaba en otra parte. Tomó el teléfono con un leve temblor en la mano, como si la intuición que sentía se tradujera en electricidad que recorría sus dedos. Marcó el número de Seija y esperó a que contestara.—Seija —dijo, con un tono que mezclaba urgencia y cautela—. Tengo un presentimiento. Algo está pasando.La voz de Seija respondió al otro lado, cargada de curiosidad y un dejo de preocupación:“¡Uy, los presentimientos me gustan! ¿Qué necesitas?”—Algo está pasando con Henry y con los Sheppard y necesito saber qué es. ¿Puedes averiguarlo por mí? —pidió.“¿Yo?. ¿Y cómo se supone que voy a acercarme siquiera si ya todos saben que no soporto a los Sheppard? —respondió Seija.Rebecca suspiró y apoyó la frente en la palma de la mano, como buscando claridad.—Bueno… —dijo con un carraspeo pícaro—. Creo que tú conoces a alguien más que puede darm¡te i
CAPÍTULO 59. Una pieza importante
CAPÍTULO 59. Una pieza importanteHenry llegó a su casa con la sensación de que, por primera vez en mucho tiempo, podía respirar sin presión. Todo estaba en paz; el silencio no tenía la tensión habitual que marcaba la presencia de su familia o los problemas pendientes. Caminó despacio por el pasillo principal, sintiendo cómo la calma lo invadía y le daba un poco de espacio para ordenar sus pensamientos antes de llamar a una de las muchachas del servicio.—Angela… por favor, saquen las cosas de Rebecca de mi despacho y llévenlas a mi habitación —dijo sin asomo de dudas, mientras se detenía frente a la puerta del despacho—. Y emmm… acomódalas en mi vestidor.Las chicas del servicio asintieron y comenzaron a trasladar cajas, acomodando todo con cuidado. Mientras tanto, él se acercó a la caja fuerte, y metió de nuevo dentro el diario de Rebecca. Había leído más de lo que su conciencia podía soportar sin dar el salto drástico hacia la acción. Y esa acción era empezar a compensarla.Cerró l
CAPÍTULO 60. Un empujón hacia la ruina.
CAPÍTULO 60. Un empujón hacia la ruina.Rebecca observó las computadoras alineadas sobre las mesas, con la mirada fija en los técnicos que abrían cada carcasa con cuidado.—Henry… yo no sé mucho de informática, pero… ¿no se supone que las computadoras deberían estar completas? —lo increpó y él hizo un gesto de mudo asentimiento, caminando a su alrededor con esa mezcla de autoridad y tensión que siempre le imprimía un aura de control.Su mirada se detuvo en las máquinas mientras hablaba:—Eso es exactamente lo que pasa, Rebecca. —Hizo una pausa, dejando que el peso de sus palabras se asentara—. A ninguna de esas máquinas debería faltarles ni una sola pieza.—¡Pues espero que no insinúes que yo se las quité! —dijo mirándolo con desconfianza porque no sería la primera vez que Henry la acusaba de algo que no era su culpa.Pero antes de que él respondiera, uno de los técnicos de Henry, un hombre alto con gafas, alzó la voz mientras sostenía una de las computadoras en la mano:—De hecho, to