All Chapters of UNA BODA POR CONTRATO CON EL AMIGO DE MI EX: Chapter 1
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C1-EL PRECIO DE UN DESEO
C1-EL PRECIO DE UN DESEO.~*~*~*~*~*~—Cielo, ven, vamos a cantar el cumpleaños. La niña la miró apenas un segundo y retrocedió cuando su madre quiso abrazarla. —No me arruines el vestido, mamá —murmuró con una mueca de fastidio. Rachel sonrió, aunque sintió cómo algo se le rompía por dentro, pero se consoló diciéndose que era solo un capricho infantil, que los nervios del día la tenían sensible.Antes de poder responder, Melody soltó la tablet y corrió —con su cabello rubio moviéndose como una ráfaga dorada— directa hacia su padre. —¡Papi, cárgame para soplar las velas! John Carter, impecable en su camisa blanca y reloj de oro, la alzó con una sonrisa amplia y le besó la nariz. —Claro, princesa. El gesto de su hija fue tan natural, tan íntimo con su padre, que Rachel sintió el pecho apretarse. Aun así, se obligó a sonreír y se acercó a la mesa, fingiendo normalidad mientras los invitados rodeaban el pastel. Una empleada encendió las velas, y todos comenzaron a cantar el “cumple
C2 -¿ELLA Y TÚ, SON AMANTES?
C2 -¿ELLA Y TÚ, SON AMANTES?Después de que la fiesta terminó, Rachel cerró la puerta de la habitación; su respiración era agitada y el corazón le golpeaba con una mezcla de rabia, humillación y dolor. Se cruzó de brazos, tratando de mantener la compostura, mientras John se quitaba la chaqueta con total calma, como si nada hubiera pasado, como si su hija no la hubiese destrozado delante de todos.—Quiero una explicación, John —dijo con voz firme—. Ahora.Pero él ni siquiera la miró; caminó hacia el tocador y comenzó a desabrocharse los gemelos con movimientos lentos, metódicos y fríos.—¿Explicación de qué? —respondió con tono cansado, casi molesto—. No empieces con tus dramatismos, Rachel.—¿Dramatismos? —ella soltó una risa amarga—. Nuestra hija acaba de decir frente a todos que desea que otra mujer sea su madre, y tú crees que exagero. Quiero saber quién demonios es Isadora y por qué mi hija está tan encariñada con ella.John suspiró hondo, como si estuviera soportando una conversa
C3 -PEDIRÉ EL DIVORCIO.
C3 -PEDIRÉ EL DIVORCIO.Rachel cerró la puerta del baño y apoyó la espalda contra ella. Todo su cuerpo temblaba y la respiración le salía entrecortada; sentía como si tuviera una piedra atascada en la garganta. Caminó hacia el espejo, encendió la luz y se quedó mirando su reflejo.La mujer frente a ella parecía una extraña. Sus ojos verdes, antes llenos de vida, ahora estaban apagados; su cabello, opaco y sin forma; su piel, pálida, marcada por noches de insomnio. Era una sombra de lo que alguna vez fue. Y mientras se observaba, las palabras de John golpeaban su mente sin piedad: "Tú me obligaste a este maldito matrimonio… Eres tú la que nunca está bien, Rachel… ¿Y pretendes que Melody quiera estar contigo así? Por Dios, no la culpes por eso."Cada frase la partía en dos, tanto que se llevó las manos al rostro y, finalmente, se rompió. Se dejó caer y lloró hasta quedarse sin aire. En ese momento, el llanto se volvió un desahogo desesperado, un torrente de todo lo que había callado por
C4- ¿PORQUE NO TE DIVORCIAS DE PAPÁ?
C4- ¿PORQUE NO TE DIVORCIAS DE PAPÁ?Rachel se quedó sola en la cocina, apoyada en la encimera, con los hombros temblando mientras intentaba no derrumbarse.Aun así, no quería divorciarse. No porque siguiera amando a John —ese sentimiento llevaba tiempo muerto—, sino porque sentía que hacerlo sería fallarle a su hija. Si se separaban, Melody crecería con la idea de que su madre se había rendido, de que su familia se rompió por su culpa, y ella no podía permitirlo. Su única motivación era proteger a su hija, incluso si eso significaba seguir soportando el infierno de vivir con un hombre que ya no la amaba.Al girarse, mientras recogía los platos intactos del desayuno, sus ojos se posaron en una cartulina sobre la mesa. Era un proyecto escolar de Melody. Rachel lo tomó con manos temblorosas, lo presionó contra su pecho, respiró hondo, se secó las lágrimas con el dorso de la mano y, quitándose el delantal, salió decidida hacia la escuela.El camino se sintió eterno; su mente iba a mil po
C5 -¿TÚ?
C5 -¿TÚ?Rachel detuvo el auto frente a la mansión sin pensarlo demasiado. Abrió la puerta con fuerza y subió las escaleras de dos en dos, con una determinación que no había sentido en años.Durante el camino había tomado una decisión: se mudaría. Porque si iba a reconstruir los pedazos de su vida, lo haría cuanto antes. Ya no tenía sentido seguir viviendo entre recuerdos podridos.Entró en la habitación y fue directo al armario. Abrió las puertas de golpe y comenzó a sacar la ropa con rapidez, doblando algunas prendas y lanzando otras sobre la cama. No lloraba. Ya no. Ahora cada movimiento era preciso, mecánico, como si su cuerpo actuara por pura supervivencia.Pero al abrir la última gaveta, algo se deslizó hacia el suelo. Se agachó y lo recogió: era una pequeña caja forrada en terciopelo blanco. Al abrirla, encontró el prendedor que había usado el día de su boda con John: un broche con las iniciales de ambos grabadas en oro.Se quedó quieta, observándolo entre sus dedos, y por un i
C6-MAMÁ
C6-MAMÁEl hombre que se acercaba tenía una presencia imposible de ignorar. Alto, de hombros anchos, cabello rubio peinado con precisión y un traje oscuro que no dejaba espacio para la informalidad. Sus ojos azules eran fríos, calculadores, y reflejaban una calma peligrosa, como si nada ni nadie pudiera alterarlo.Rachel lo reconoció de inmediato, era Aaron Hunter.El nombre le retumbó en la mente, como uno de los empresarios más influyentes de Londres, con una fortuna que parecía crecer incluso en tiempos de crisis. Su conglomerado, Hunter Industries, controlaba desde farmacéuticas hasta cadenas de tecnología y finanzas. Era el patriarca de su familia desde los veintiséis años, cuando su padre murió repentinamente. Y en lugar de hundir el legado, Aaron lo multiplicó.Había tomado las riendas con una frialdad quirúrgica, y contra todo pronóstico llevó a las empresas familiares a niveles que ni su padre había alcanzado.«Genial. Lo que me faltaba» pensó con ironía, bajando la vista un
C7-¿POR QUÉ NO TIENE MAMÁ?
C7-¿POR QUÉ NO TIENE MAMÁ?Aaron se quedó inmóvil y por un instante creyó haberlo imaginado. Su cerebro intentaba procesarlo, pero el corazón ya lo sabía. Esa voz… esa pequeña voz que nunca antes había escuchado, era verdad.Leah había hablado.Durante cinco años, su hija no había pronunciado ni una palabra. Cuando los demás niños balbuceaban sus primeras frases, Leah apenas los observaba en silencio. Y por eso Aaron había recorrido los mejores consultorios de Londres, pagando cifras absurdas a los especialistas más reconocidos y todos coincidían en el diagnóstico: mutismo selectivo, una condición de origen emocional. La niña podía hablar, pero no lo hacía. No por incapacidad, sino por miedo, ansiedad o trauma.Nada había funcionado. Ni las terapias, ni los juegos, ni las nuevas escuelas. Y ahora, en medio de un caos absurdo, había dicho su primera palabra… y no era "papá". Era "mamá".Tragó saliva, sintiendo cómo el pecho le ardía de la emoción. Su voz era suave, dulce y le pareció l
C8-NO ME JUZGUES ANTES DE CONOCERME.
C8-NO ME JUZGUES ANTES DE CONOCERME.—¿Qué pasó con la mamá de Leah? ¿Por qué no tiene mamá? El gesto de Aaron se endureció. —Eso no es relevante en esta conversación —respondió con tono cortante. Rachel lo observó, intrigada, pero no insistió. Aun así, esa respuesta le dejó un nudo en el estómago. El silencio se rompió cuando llegó el mesero con el café y el helado de Leah. —Aquí tienen —dijo, dejando los platos sobre la mesa. Rachel agradeció con una sonrisa y acercó la copa de helado hacia la niña. —Toma, cariño. Prueba, está delicioso —murmuró, ayudándola con la cuchara. Leah asintió y probó un poco. Su sonrisa fue tan dulce que Rachel sintió un pinchazo en el pecho. —¿Te gusta? —preguntó con ternura. —Sí, mami —susurró la niña. Se quedó inmóvil. Esa palabra, dicha con tanta inocencia, le revolvió el alma. De alguna manera, ver a Leah era como mirar a Melody, y apostaría que tenían la misma edad. Pero no podía dejarse llevar. No cuando el padre la veía como la
C9-MANIPULACIÓN.
C9-MANIPULACIÓN.La habitación estaba en penumbra, y Aaron se encontraba junto a la ventana, con la camisa abierta hasta la mitad, revelando el tono firme de su pecho y los abdominales marcados que se movían al ritmo de su respiración. En su mano sostenía un vaso de whisky, cuyo líquido ámbar reflejaba el brillo de la ciudad bajo la noche londinense. Él tenía los ojos cerrados. Su mente volvía una y otra vez a la misma escena: Rachel sonriendo a Leah, inclinándose con esa dulzura maternal, la niña llamándola "mamá", y él escuchando su voz por primera vez. Esa imagen lo perseguía como una sombra imposible de apartar. Abrió los ojos de golpe y bebió un trago largo. El whisky le quemó la garganta, pero no logró borrar la imagen de ella, ni de sus labios, ni de sus ojos, ni la forma en que lo miró antes de irse, ni esas últimas palabras… “Solo... no me juzgue antes de conocerme.” Apretó la mandíbula, dejó el vaso sobre la mesa, tomó su teléfono y marcó un número sin pensarlo. D
C10- DEMANDA DE DIVORCIO.
C10- DEMANDA DE DIVORCIO.John Carter estaba sentado detrás del amplio escritorio de su oficina en Carter & Co. Holdings, revisando documentos con la atención concentrada de siempre. Vestía un traje gris perfectamente entallado, el reloj de oro brillaba bajo la luz y su cabello oscuro, peinado hacia atrás, completaba la imagen de un hombre atractivo, cuya elegancia solo parecía aumentar con los años. Sin embargo, la mirada cansada que arrastraba delataba las pocas horas de sueño que había tenido.El sonido de unos nudillos golpeando la puerta lo hizo levantar la vista.—Adelante.Su secretaria entró con paso rápido.—Buenos días, señor Carter —saludó, dejando varias carpetas sobre el escritorio—. Estos son los informes que debe revisar antes de la junta de la tarde.John asintió con displicencia.—Gracias, Dolly.Ella dudó un instante antes de extenderle un folder aparte.—Hay algo más, señor. Esto llegó esta mañana. Lo dejaron en recepción, proveniente de un bufete de abogados.John