All Chapters of UNA BODA POR CONTRATO CON EL AMIGO DE MI EX: Chapter 41
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C42.- FLORES PARA MAMÁ RACHEL.
C42.- FLORES PARA MAMÁ RACHEL.Después de aquello, la frialdad entre Rachel y Aaron se había instalado como una sombra en la casa, esa pequeña cercanía que alguna vez existió entre ellos se había hecho añicos después de la discusión en el auto. Por eso, Rachel evitaba cruzarse con él y Aaron hacía lo mismo, aunque cuando la veía, no podía dejar de mirarla en silencio.Ambos fingían que todo estaba bien, pero el aire se sentía espeso, incómodo. Y esa tensión no pasó desapercibida para Leah.La niña, que con sus seis años y su enorme sensibilidad, sabía que algo no estaba bien, porque Papá ya no sonreía como antes, y su nueva mamá parecía triste, como si llevara una nube en los ojos.Así que ese día, decidió descubrir qué pasaba, se asomó por la puerta de la biblioteca, asomando apenas su cabecita y su cabello rubio cayó en suaves ondas detrás de su espalda.Entró despacito, sin hacer ruido, como una pequeña espía y vio a Rachel sentada en el sofá, leyendo un libro, estaba tan concentra
C43-SIN NECESIDAD DE PALABRAS.
C43-SIN NECESIDAD DE PALABRAS.Esa tarde, Rachel caminaba de un lado al otro en su habitación, con el teléfono pegado a su oído. No podía concentrarse y la cabeza le daba vueltas. Aaron le había prometido ayudarla con la situación de la empresa, pero después de lo sucedido en el auto, no quería volver a involucrarlo.No era correcto.Su matrimonio era un contrato, una fachada. Así que, después de pensarlo mucho, decidió llamar a Damian.—No lo entiendo, Damian —decía, con el ceño fruncido mientras caminaba de un extremo al otro de la habitación—. John hizo todo a mis espaldas. Del otro lado, la voz de Damian sonó firme, segura, pero con ese tono despreocupado que lo caracterizaba.—Déjame echarle un vistazo al asunto y dependiendo de qué tan grave sea, actuamos.Rachel soltó un suspiro.—Perdóname por meterte en esto, Damian. —Oh, vamos —replicó él, con una risa suave—. Ya sabes que me encantan los retos. Y además... —bajó la voz— no puedo negar que me gusta verte estresada, te ves
C44-SUEÑAS SI CREES QUE TE VOY A PERDER.
C44-SUEÑAS SI CREES QUE TE VOY A PERDER.Rachel siguió mirando a Aaron, aun con la mano en el picaporte, su expresión era aparentemente tranquila, pero el corazón le latía con fuerza.—A cenar —dijo indiferente— ¿o tengo que pedir permiso para salir?Aaron dejó la revista a un lado y se levantó sin prisa, su sola presencia llenó la habitación y el aire pareció tensarse. Se acercó despacio, con las manos en los bolsillos y los ojos fijos en ella.—Depende de... —respondió con una calma que solo hacía más peligrosa su voz—. ¿Para quién te vestiste así?Rachel arqueó una ceja, al encontrar su tono bajo, pero cargado de una amenaza disfrazada de halago. Pero sus piernas temblaron cuando esos ojos azules... la miraron sin pudor, recorriéndola de arriba abajo, deteniéndose en su cuello, en el escote discreto y finalmente en sus piernas.—Qué pregunta tan absurda —contestó, manteniendo la voz firme—. Me arreglo para mí, Aaron. Él sonrió apenas.—Eres mi esposa, Rachel. —Su voz se volvió más
C45-¿QUÉ ESTÁ PASANDO ENTRE USTEDES?
C45-¿QUÉ ESTÁ PASANDO ENTRE USTEDES?El restaurante bullía con el murmullo de conversaciones y el tintineo de cubiertos contra porcelana fina. Aaron tomó asiento en una mesa estratégicamente ubicada, desde donde podía observar casi todo el local. Sus ojos recorrieron el lugar con aparente desinterés mientras el mesero se acercaba.―¿Qué le puedo servir, señor? ―preguntó el joven de camisa blanca y chaleco negro.―Un whisky. Solo ―respondió Aaron sin mirarlo, pues su atención ya estaba capturada por algo—o mejor dicho alguien—al otro lado del restaurante.Rachel, con un vestido negro sexy, le sonreía a otro hombre: Damián Blake. El "chico encantador de la universidad".Aaron apretó la mandíbula y sus sienes palpitaron cuando Damián se inclinó hacia ella, demasiado para su gusto, y luego su mano, que descansaba sobre la mesa peligrosamente cerca de la de Rachel, se movió un milímetro.Y luego... Ella reía. Reía. Una risa baja, suave, de esas que Aaron no había escuchado nunca. Y la
C46-POR TU MARIDO.
C46-POR TU MARIDO.Al llegar a la mansión, Rachel salió del auto y caminó hacia la entrada. Solo quería subir a su habitación, cerrar la puerta y olvidar esta noche, pero Aaron la siguió y la alcanzó en el vestíbulo.—¿Eso es lo que vas a hacer en tu tiempo libre, Rachel? ¿Flirtear con ejecutivos nostálgicos es parte de tu nueva estrategia de negocios? —espetó celoso—. ¿Por qué le pediste ayuda a él? ¿Por qué? ¡Yo iba a ayudarte!Rachel se dio la vuelta, con los ojos llameantes.—¡Es mi vida, Aaron! ¡Mi negocio! ¡Y tú renunciaste a opinar cuando decidiste acusarme de... de no sé qué!La tensión entre ellos era palpable y Aaron dio un paso hacia ella, acorralándola contra la pared del vestíbulo. Sus cuerpos se tocaban y el aire parecía chispear a su alrededor.—Iba a disculparme —confesó él, bajando la voz—. Sé que la regué. Fui injusto contigo. Pero luego hablas con ese imbécil y… sales así... a ver a otro hombre. —Él respiró hondo, como controlándose—. Y eso me hace hervir la sangre,
C47-LA FARZA COMIENZA.
C47-LA FARZA COMIENZA.Pero entonces la tensión se rompió y el temblor en las piernas de Rachel fue reemplazado por una rigidez fría. Se separó de él de un golpe, como si su piel quemara, y su respiración aún era irregular, pero en sus ojos había una furia helada.—¿Qué... qué te crees? —logró decir, juntando los pedazos de su dignidad—. Esto no fue nada. Sólo... una reacción física.Aaron no esperaba eso. Sus cejas se levantaron un segundo, pero luego una sonrisa lenta y amarga se dibujó en su boca y, sin prisas, se llevó los dedos —los que acababan de estar dentro de ella— a los labios y se los chupó con una lentitud deliberada, manteniendo la mirada fija en ella. Y el gesto fue tan íntimo y posesivo que Rachel sintió que se ruborizaba hasta las raíces del cabello.—Claro —dijo él, y su voz era baja, cargada de una ironía que cortaba—. Sólo tensión. Como dices.Ella lo apartó con un empujón brusco, arreglándose el vestido con movimientos nerviosos, pero sus mejillas estaban encendid
C48-¡ANUNCIA LA BODA!
C48-¡ANUNCIA LA BODA!El ama de llaves abrazó a Melody con fuerza, intentando calmar sus sollozos. Pero la niña temblaba como una hoja, con el recuerdo de los ojos furiosos de Isadora todavía grabado en su mente.—Ya, pequeña, ya pasó —susurró la mujer mientras la guiaba hacia su habitación—. Vamos a descansar un poco.La ayudó a meterse en la cama y la arropó con cuidado y Melody se dejó hacer, agotada por el llanto, pero cuando el ama de llaves apagó la luz y cerró la puerta, la oscuridad solo amplificó sus miedos.Se acurrucó bajo las mantas, abrazando con fuerza el pequeño conejo de peluche que su mamá Rachel le había regalado en sus últimas navidades. Lo apretó contra su pecho y hundió la nariz en él, buscando algún rastro del perfume de su madre.—Te extraño, mami —susurró en la oscuridad—. Quiero que vuelvas.Cada vez que cerraba los ojos, veía la cara de Isadora, sus ojos llenos de rabia, y sentía de nuevo ese miedo que le había paralizado el cuerpo entero, la razón era que el
C49-LOGÍSTICA.
C49-LOGÍSTICA.El avión aterrizó en Nueva York al anochecer. La ciudad brillaba bajo el cielo gris, caótica y elegante al mismo tiempo. Desde la ventanilla, Rachel observó los rascacielos y se repitió mentalmente que todo valía la pena: los nervios, las discusiones, el trato con Aaron. Tenía que hacerlo, porque aquellos millones que él le había prometido podían salvar su empresa. También recordó las palabras de Damián, dichas justo antes de que Aaron apareciera y arruinara la cena. "Rachel, lo que necesitas es visibilidad. Si logras meter tus piezas en una subasta internacional, aunque sea una, el mercado te verá como una marca seria. Puedo ayudarte con eso, pero tendrás que moverte rápido. Nadie regala prestigio." Y allí estaba ahora: camino a una reunión con Konrad Becker, un empresario poderoso. Aaron se lo había explicado en el avión con tono frío, como si fuera una clase de negocios y ella no había respondido. Solo asintió. No podía permitirse el lujo de parecer débil. Ni f
C50- NO HABLO AARONIANO.
C50- NO HABLO AARONIANO.Poco después, Aaron salió envuelto en una toalla blanca, con el cabello húmedo y el vapor siguiéndolo como una sombra. Se pasaba la mano por el cuello cuando la vio.Rachel estaba de espaldas, agachada junto a la cama, revisando su maleta. Llevaba un top blanco y unos pantalones de algodón gris que se ajustaban de una forma indecente a su cuerpo.Aaron se detuvo a mitad de paso, porque su mirada, traicionera, bajó.Y se quedó ahí en el perfecto y redondo trasero.«Maldita sea.»Tragó saliva y el aire le pareció más denso que el vapor del baño. Podía oler el perfume suave que ella usaba, ese que se colaba en su cabeza cada vez que pasaba cerca. Y ahora, viéndola así, doblada, con el cabello suelto cayéndole por un hombro, pensó que la cordura tenía límites... y él estaba a punto de cruzarlos.Justo en ese momento, su celular vibró sobre la mesa y dio un paso al frente, intentando recuperar el control.Contestó, sin mirar el número.—Hunter —dijo la voz grave al
C51- ¿AARON HUNTER? ¡¿ERES TÚ?!
C51- ¿AARON HUNTER? ¡¿ERES TÚ?!El restaurante era un sueño de luces suaves, copas brillando y mesas cubiertas de blanco. Desde la ventana se veía el horizonte de Nueva York iluminado, como si la ciudad misma estuviera observando. Rachel entró del brazo de Aaron, fingiendo calma, aunque por dentro el corazón le latía con fuerza. No por la cena... sino por él. Aaron, en traje negro y mirada firme, se veía como un pecado con corbata. Konrad Becker los recibió con una sonrisa amplia y una voz grave. —¡Aaron! Justo a tiempo. —Luego miró a Rachel, con evidente aprobación—. Así que tú eres la famosa esposa. Rachel sonrió con elegancia, disimulando la incomodidad. —No sé si famosa... pero esposa sí. —Se inclinó con sutileza—. Un placer conocerlo, señor Becker. Aaron le echó una mirada rápida, una mezcla de orgullo y advertencia. Porque esa mujer podía desarmar a cualquiera, y él lo sabía. También los acompañaba su esposa, una mujer rubia de sonrisa cálida y ojos observadores. —Soy Hel