All Chapters of UNA BODA POR CONTRATO CON EL AMIGO DE MI EX: Chapter 81
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C82-ESTABA CON JHON.
C82-ESTABA CON JHON.Aaron, que había salido de una reunión cerca de allí, decidió pasar por el jardín, pensando en comprarle unas flores a Rachel y al ver su coche estacionado, se sorprendió. Hasta que vio la escena: John, de pie frente a ella, intentando una y otra vez tomarle las manos, mientras Rachel, aunque visiblemente molesta, permanecía allí.La rabia lo cegó, así que sacó su teléfono y la llamó.—¿Dónde estás?Rachel sintió una oleada de pánico y sus ojos se movieron nerviosamente mientras su mente buscaba una salida.—En... en la oficina de correos. Enviando unos documentos...El silencio al otro lado de la línea fue ensordecedor. Aaron la estaba mirando y sabía que estaba mintiéndole descaradamente, aun así le contestó con una calma mortal.—Está bien, cariño. Nos vemos en casa.Colgó y Rachel se quedó con el teléfono en la mano, helada hasta los huesos y de repente escuchó a John detrás de ella.—Rachel...Se giró con los ojos encendidos de furia.—No vuelvas a buscarme,
C83- SUEÑOS HÚMEDOS.
C83- SUEÑOS HÚMEDOS.Aaron se quedó solo en su estudio, pero ya su ira se había esfumado, dejando solo un vacío feo y la vergüenza por dentro. Sabía que había dicho cosas que no debía y que ya no podía borrar.Esa noche, ninguno de los dos habló. La cena transcurrió en un silencio incómodo, con Leah comiendo en paz, ajena a la tensión. Por suerte, Clarissa había salido con unas amigas. Si no, Rachel estaba segura de haber hecho una locura. Estaba enojada con Aaron, sí, pero eso no significaba que le diera igual que esa desgraciada de su prima se estuviera tocando pensando en él. Tenía la intención de contárselo, pero después de lo de John, el momento no podía ser peor.Después de cenar, Rachel llevó a Leah a su habitación. La ayudó a ponerse el pijama y la arropó en la cama.—Tuve un buen día —susurró Leah, con una pequeña sonrisa—. También hice una amiga.Rachel sintió un alivio genuino, porque al menos alguien ese día fue feliz.—Me alegra mucho, cariño —dijo, besando su frente.Lueg
C84- ¿ROMPISTE TU PROMESA?
C84- ¿ROMPISTE TU PROMESA?El sol entraba por las cortinas entreabiertas, dibujando líneas doradas sobre los cuerpos entrelazados. Rachel abrió los ojos lentamente, sintiendo el peso familiar del brazo de Aaron sobre su cintura y giró para encontrarse con la mirada de su marido, ya despierto.—Buenos días —murmuró él con voz ronca y una sonrisa que le aceleraba el corazón.—Buenos días —respondió, acurrucándose más cerca.Aaron le acarició el cabello, jugueteando con un mechón rebelde.—¿Y tus manos inquietas? —bromeó con cariño, recordando la noche anterior.Rachel se sonrojó y le dio un golpecito suave en el pecho.—Callarte era una opción, ¿sabes? —contestó, acercándose aún más hasta que sus narices casi se tocaban.No necesitaron más palabras, sus cuerpos hablaron por ellos, encontrándose nuevamente en un abrazo que decía todo lo que las palabras no podían expresar.Más tarde, mientras desayunaban Aaron le tomó la mano por encima de la mesa. Su pulgar acariciaba suavemente el anil
C85-ESA ES MI CHICA.
C85-ESA ES MI CHICA.Rachel llegó a la mansión con los hombros caídos y el maquillaje corrido. Dejó caer su bolso en la entrada y caminó como autómata hasta el estudio. No encendió las luces. Solo abrió su computadora y la pantalla iluminó su rostro mientras los titulares seguían multiplicándose.Las lágrimas corrían por sus mejillas mientras leía comentarios de personas que hasta esa mañana la admiraban y ahora la llamaban estafadora.Todo su trabajo, todo su esfuerzo, se había destruido en cuestión de horas. En eso la puerta principal se abrió y pasos rápidos atravesaron la casa.—¡¿Rachel?! —la voz de Aaron resonó por el pasillo.Ella no respondió.Pero Aaron apareció en la puerta del estudio y la vio allí, pequeña y derrotada, iluminada solo por la luz azulada de la pantalla. En tres zancadas estuvo a su lado, arrodillándose junto a la silla.—Mi amor —susurró, tomando su rostro entre sus manos—. Estoy aquí.Rachel se derrumbó contra su pecho, sollozando abiertamente. Y Aaron la a
C86- MI ESPOSA ME NECESITA.
C86- MI ESPOSA ME NECESITA.En su oficina, John observaba la pantalla de televisión, donde los titulares sobre Rachel Miller se sucedían uno tras otro. Apretó el vaso de whisky en su mano mientras sentía una mezcla confusa de emociones."MILLER TECH: ¿FRAUDE CORPORATIVO?" "RACHEL MILLER DARÁ CONFERENCIA DE PRENSA PARA RESPONDER ACUSACIONES"—Mírenla caer —dijo William, su amigo, sentado en el sofá de cuero con los pies sobre la mesa de centro—. Era cuestión de tiempo.John no respondió. Sus ojos seguían fijos en la imagen de Rachel que aparecía en pantalla, una foto de archivo donde sonreía.—Siempre supe que era una farsante —continuó William, sirviéndose más whisky—. ¿Una mujer manejando una empresa tecnológica? Por favor. Estaba destinada al fracaso.John frunció el ceño, pero siguió en silencio. En su mente veía a Rachel, vulnerable y destrozada. La conocía bien, sabía cómo reaccionaba ante la presión y esta era su oportunidad.John finalmente apartó la mirada de la pantalla y le q
C87-¿QUÉ DEMONIOS HACE ÉL AQUI?
C87-¿QUÉ DEMONIOS HACE ÉL AQUI?El estudio de televisión bullía de actividad. Periodistas de todos los medios se apretujaban en la sala, con las cámaras enfocadas hacia el podio central donde un micrófono solitario esperaba.Rachel entró con paso firme, aunque por dentro sentía que las piernas le temblaban. Se sentó frente al micrófono y observó el mar de rostros expectantes. Algunos la miraban con curiosidad, otros con desdén apenas disimulado.«Control, Rachel... control», se repetía mentalmente mientras ordenaba sus papeles.Acercó el micrófono y carraspeó. Su voz salió temblorosa al principio, pero se fue afianzando con cada palabra.—Buenos días. Agradezco su presencia hoy para aclarar las acusaciones infundadas contra mi empresa. Tras una investigación interna exhaustiva, puedo confirmar que todas las licitaciones ganadas por Miller Tech, fueron obtenidas de manera transparente y legal. Los documentos que hemos presentado a las autoridades demuestran que...Un periodista de la p
C88-¿QUÉ ESPOSO NO CONFIARÍA EN SU ESPOSA?
C88-¿QUÉ ESPOSO NO CONFIARÍA EN SU ESPOSA?—¿Por qué no me preguntan a mí?Un silencio incómodo llenó la sala por un segundo, como si todos contuvieran la respiración y luego, un estallido de flashes y murmullos rompió la quietud mientras los periodistas intentaban entender qué estaba pasando.Aarón avanzó por el pasillo central como si fuera dueño del lugar y todos lo reconocieron al instante, era el Midas de Londres, el hombre que convertía pequeñas empresas en gigantes tecnológicos con solo tocarlas.Sin embargo, Aarón no miraba a las cámaras que lo seguían frenéticamente; porque sus ojos estaban clavados en Rachel y John, todavía de pie junto a ella, parpadeó varias veces, con la boca entreabierta.Su rostro pasó del asombro a la confusión total.—¿Aarón? ¿Qué diablos haces aquí? —murmuro.Él observaba sin entender. ¿Por qué Aarón, el hombre más frío y calculador que conoce, el que siempre habló de Rachel con desapego y desdén estaba allí?Aarón lo ignoró por completo, como si fue
C89- UNA TRAICIÓN QUE JAMÁS VIO VENIR.
C89- UNA TRAICIÓN QUE JAMÁS VIO VENIR.El estudio explotó en murmullos y flashes. Los periodistas se empujaban entre sí, algunos levantaban la voz, otros repetían incrédulos:—¡¿Esposo?!Rachel miró a Aarón con los ojos llenos de lágrimas. No era solo alivio, era el impacto de verlo desatar semejante tormenta por ella. Él le apretó la mano con fuerza, como si dijera sin palabras: no te suelto.Y John… pues él estaba paralizado.Su cara era un desastre de emociones: incredulidad, rabia, traición. Miraba a Aarón, luego a Rachel, y parecía que el suelo se le abría bajo los pies.—¿Esposo? —repitió, esta vez en voz alta, quebrado, con la ira empezando a hervir—. Aarón… ¿Qué demonios estás diciendo?Pero su amigo ni lo miró.En cambio, se inclinó hacia el micrófono con total calma, como si el caos que acababa de provocar no existiera.—Sí, Rachel Miller es mi mujer. Y quien haya osado atacarla… —su mirada recorrió la sala, helada, como si pudiera señalar al culpable con solo verla—… Se va a
C90- DEJA DE HACER BERRINCHES
C90- DEJA DE HACER BERRINCHESEl auto avanzaba por las calles oscuras. Rachel tenía las manos juntas sobre las piernas, temblando sin poder controlarlo. Había sido valiente frente a todos, pero ahora, lejos de las cámaras y los gritos, el cuerpo le pasaba factura.Aaron no puso música. No habló. Solo la miró de reojo, estudiando cada movimiento, cada respiración.Y cuando el semáforo se puso en rojo, giró hacia ella despacio. Ya no era el tiburón de la rueda de prensa ni el hombre frío del negocio. Era otro. El que solo existía cuando estaba con ella.—Rachel —susurró.Ella lo miró, pero sus ojos estaban llenos de lágrimas contenidas.—Estoy bien —mintió.Aaron negó despacio, sin creérselo. Levantó la mano y con el dorso de los dedos le limpió la lágrima que rodaba por su mejilla.—Nadie te volverá a hacer daño. Lo prometo —dijo con una calma que era peligrosa—. Nadie.Rachel inhaló como si hubiera estado sin aire desde la pelea.—Ibas a hacerlo desde el principio… ¿verdad? No
C91-¡LE VOY A DECIR QUE ERES MALA!
C91-¡LE VOY A DECIR QUE ERES MALA!La luz de la mañana entraba por la ventana. Rachel estaba recostada sobre el pecho de Aaron, jugando con su pecho mientras él le acariciaba la espalda despacio.—¿Sabes qué es lo mejor de amanecer contigo? —murmuró él, besando su frente.—¿Qué? —preguntó ella, con una sonrisa dormida.—Que me recuerda que todo esto es real y que nadie va a quitármelo.Rachel se apretó más a su cuerpo, sintiendo esa paz que pocas veces en la vida había conocido. Aaron deslizó su mano por su cintura, lento, descarado y provocador.—El boicot a tu empresa ya está controlado —dijo, con seguridad absoluta—. Los inversionistas están retirando las acusaciones. Y después de la rueda de prensa de ayer… nadie va a atreverse a tocarte.Rachel levantó la mirada, emocionada.—¿En serio?—En serio —respondió él, inclinándose para darle un beso dulce, de esos que no necesitaban prisa—. Ya pasaste la tormenta; ahora toca construir.Rachel le acarició la mandíbula, enamorada, y él le