All Chapters of La Obsesión Del Alfa (Lazos Del Destino #2): Chapter 1
- Chapter 10
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1
*—Ezra:Estaba cansado.Un suspiro largo escapó de los labios de Ezra Hayes mientras salía de la tintorería un maldito domingo a las nueve de la mañana. La noche anterior había trabajado hasta tarde, pero su jefe necesitaba el traje y, como siempre, él se encargaba de todo. «Los gajes del oficio», se repetía, aunque en realidad no era eso lo que lo agotaba, sino otra cosa que prefería no admitir en voz alta.Cruzó el estacionamiento desierto con paso lento, abrió la puerta trasera de su vehículo y enganchó con cuidado el traje en la manija superior para evitar arrugas. Acomodó cada pliegue como si fuese un ritual, cerró la puerta y rodeó el auto hasta el asiento del conductor. Una vez tras el volante, repasó mentalmente la lista de tareas: traje impecable, zapatos relucientes, artículos de higiene personal, una bolsa con comida ligera… todo listo. Era hora de ir a buscar a su jefe.El trayecto hasta el edificio residencial se le hizo pesado. A esa hora, la ciudad aún parecía desperez
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*—Ezra:Ezra dejó la comida en la cocina y, con meticulosidad, apartó la ropa y los zapatos hacia otra habitación para que no se impregnaran con el olor a feromonas que flotaba en el aire, denso y pegajoso. Abrió puertas y ventanas con determinación, dejando que el viento circulara, mientras rociaba un par de aromatizantes para disimular lo imposible. Con suerte, el aire fresco arrastraría algo de aquella nube sofocante.Lo peor aún estaba por venir.Sabía que la exposición prolongada a esas feromonas podía afectarlo, así que se había tomado un supresor antes de comenzar sus tareas. Aun así, su cuerpo reaccionaba, recordándole su naturaleza omega recesiva. Maldijo en silencio y, resignado, ingirió otra dosis de medicamento. Por suerte había traído suficientes, tanto para Dante como para sus amantes, así que no se sentiría culpable de usar uno extra.Cuando los efectos se estabilizaron un poco, se encaminó hacia la recámara principal. Aspiró hondo antes de tocar la manija, pero el aire
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*—Ezra:Escuchó el sonido de una puerta abrirse y, de inmediato, los aromas dulces e inconfundibles de los omegas dominantes lo envolvieron. Ese dulzor empalagoso, mezclado con la intensidad especiada que aún impregnaba el ambiente por Dante, le revolvió el estómago y le aceleró el pulso.—Dante nunca nos dijo que tenía algo que hacer —escuchó la voz cargada de fastidio de Liam.Al girarse, Ezra los encontró a ambos acomodados en las sillas de la isla de la cocina. Liam y Sasha ya estaban vestidos, aunque apenas: las blusas de gasa transparente y abiertas dejaban ver la piel marcada, sus cuellos con sus collares de protección y clavículas plagados de chupetones y ligeras mordidas que brillaban bajo la luz blanca de la cocina. Eran testigos evidentes de las noches intensas que habían vivido. Liam lo miraba con los brazos cruzados, la barbilla alzada y la expresión acusadora, como si todo lo ocurrido fuera culpa suya.—Nos dijo que limpiaste su agenda por una semana —continuó Liam quejá
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*—Dante:Habían sido unos días intensos, como cada vez que llegaba esa época maldita en la que su cuerpo lo reducía a puro instinto. El Rut de un alfa no era simple deseo; era una tormenta de hambre, posesión y desenfreno. Cada fibra de Dante ardía por morder, por reclamar, por hundirse en carne y dejar marcas hasta perder la razón. No había descanso, no había límites, solo la necesidad de vaciarse una y otra vez hasta quedar exhausto, rodeado de gemidos, sudor y el olor empalagoso de los omegas rendidos bajo él.Había disfrutado como nunca, y ahora, cansado, volvía poco a poco a la realidad.Dante suspiró, hundiéndose en el colchón de su gran cama mientras pateaba fuera las sábanas arrugadas.En ese momento la puerta se abrió.Con los ojos entrecerrados, alcanzó a distinguir la silueta de su asistente personal entrando a la habitación. No se acercó a la cama como esperaba, sino que fue directo a las ventanas.Dante apretó los ojos cuando la luz comenzó a filtrarse y el aire fresco d
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*—Dante:Ya vestido, se peinó el cabello hacia atrás y se observó en el espejo, torciendo el gesto con una mueca. Llevaba meses descuidando su aspecto a propósito, con la única intención de que su madre lo dejara tranquilo y dejara de empujarlo a asistir a citas a ciegas. Estaba obsesionada con verlo casado, sentado y con un compañero de vida, como sus tres hermanos mayores, quienes también eran alfas dominantes, solo que estos estaban vinculados y felices con sus parejas.Dante se alegraba por ellos, claro, pero esa vida no era para él. Atarse a alguien para siempre, compartir cada pensamiento, cada sentimiento, cada herida… sonaba asfixiante. Decían que un vínculo era lo más hermoso que podía existir, pero para él era un arma de doble filo, una condena disfrazada de milagro. El simple hecho de imaginar perder a su pareja y quedar vacío lo repelía.Así que no, lo sentía por su madre. Él seguiría viviendo como siempre: con libertad, placer y sin cadenas, hasta el último de sus días.C
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*—Dante:Cuando llegaron al lugar, todos saludaron a Dante con la familiaridad de siempre, besos en la mejilla, apretones de manos y comentarios triviales, pero con Ezra fue distinto. Dante lo notó al instante. Su asistente, que siempre parecía invisible detrás de él, fue recibido con sonrisas cálidas, abrazos e incluso bromas afectuosas. Su madre lo abrazó como a un hijo más, sus hermanos lo palmearon en la espalda con camaradería y las cuñadas lo rodearon con genuino entusiasmo. Dante frunció el ceño en silencio. ¿Desde cuándo Ezra era tan querido en su familia? Tal vez había sido una mala idea traerlo.Durante la misa del bautizo, Ezra se mantuvo serio, discreto, casi en su papel habitual de sombra eficiente, pero después, en la casa familiar donde se celebraba el evento, Dante lo perdió de vista unos minutos, hasta que lo encontró en el jardín.Alzó una copa de champaña, el líquido dorado reflejando la luz cálida del día, y se la llevó a los labios, justo en el momento en que sus
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*—Dante:Después de que Dante exploto contra su madre y sus hermanos por sus comentarios, un silencio intenso se instaló en el grupo hasta que de la nada, Bastien rió por lo bajo, Adrien negó, divertido, y Lauren suspiró como si hubiera confirmado algo que Dante no estaba dispuesto a admitir.Entonces, en ese momento, Ezra se acercó sin los niños. Su sonrisa era ligera, nerviosa, y Dante supo al instante que había escuchado su estallido anterior.—Hola —saludó Ezra, con voz cordial, demasiado educada para su gusto.—Ezra, cariño —murmuró Lauren, acercándose con calidez y tomando sus manos como si fuera parte de la familia—. Me alegra tanto verte aquí con nosotros. Sé que te molesto mucho con Dante, pero espero que entiendas que lo hago por su bien, ¿sí?Ezra soltó una risa suave, negando con la cabeza, ese gesto servicial que tanto irritaba a Dante.—No se preocupe, señora Lauren —respondió con una sonrisa complaciente—. Estoy a sus órdenes siempre.La carcajada compartida de s
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*—Ezra:Aquellos últimos días habían sido un torbellino.Ezra soltó un suspiro profundo mientras empujaba con calma el carrito de compras por uno de los pasillos del supermercado. El sonido metálico de las ruedas rechinando contra el suelo encerado lo mantenía anclado a la realidad, aunque su mente divagaba sin cesar.Era su día libre. Normalmente descansaba los lunes y martes, pues los clubes solo abrían de miércoles a domingo. Eso le daba al menos dos días para relajarse, recuperar fuerzas y fingir que tenía una vida normal lejos del ambiente nocturno. Había decidido aprovechar la tarde para hacer compras junto a su hermano menor, aunque en ese momento estaba distraído, ocupado en sus propios pensamientos.Y es que la intensidad de esos días no se debía a nada mundano, sino a Dante.Desde la velada en casa de los Delacroix, su jefe había estado insoportable, con el humor de un lobo enjaulado. Antes, cuando Ezra pasaba por la oficina para entregar reportes o coordinar asuntos
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*—Ezra:Continuaron haciendo la compra, pero en ese momento, su teléfono vibró en el bolsillo de sus pantalones.Ezra frunció el ceño. Era su día libre, pero Dante no siempre respetaba eso. No sería la primera vez que lo llamaba para pedirle que comprara algún regalo improvisado para sus amantes u organizarle un detalle de último minuto.Con un suspiro resignado, sacó el celular. Sin embargo, la molestia se desvaneció al ver el nombre en pantalla: Engel.—Vaya, hace un momento pensaba en ti —murmuró, sorprendido y aliviado a la vez, antes de responder—. Engel, hey, ¿qué tal todo? —saludó con un entusiasmo real, que rara vez mostraba en esos días.—Ez, cuéntame, ¿estás ocupado? —respondió su amigo con la misma chispa animada de siempre.—Ando con Ethan haciendo la compra —informó, justo cuando Ethan colocaba con parsimonia otro producto en el carrito.Engel soltó una carcajada sonora al otro lado de la línea.—Oh, ¡su alteza Rey Mikkel le ha dejado salir a la luz del sol!—Oye,
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*—Ezra:Cuando Engel llegó a las seis, Ezra ya se sentía sin energías, con la batería emocional completamente agotada para la velada que les esperaba.Engel entró como si fuera dueño de la casa, con esa familiaridad que solo tenía con Ezra, y al instante Draco, su gato Bombay, saltó sobre él. El pequeño felino mostró un afecto tan desbordante que hasta hizo que Ezra sintiera una punzada de celos. Draco se frotaba contra Engel, ronroneando con una intensidad que parecía exigir más mimos.Ezra lo observaba, celoso porque su gato como siempre prefería a los demás. —Ya basta—dijo Ezra, riendo mientras miraba a Draco besando a su amigo.Engel soltó una carcajada y dejó al gato en el suelo, provocando un maullido de protesta del animal.—Draco primero —dijo Engel, como si pusiera las prioridades claras, y luego dio un paso hacia Ezra, abrazándolo con fuerza, apretándolo entre sus brazos.Era imposible no admirarlo. Engel tenía un aura que lo hacía parecer un ángel: cabello rubio, ligeramen