All Chapters of La Obsesión Del Alfa (Lazos Del Destino #2): Chapter 11
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*—Dante:Se suponía que era una reunión íntima, solo familia y amigos muy cercanos. ¿Entonces por qué demonios su asistente estaba allí?Dante le lanzó una mirada inquisitiva a Dominick Delacroix, su primo, que al cruzar ojos con él solo le devolvió una sonrisa cómplice antes de ir directo a saludar a Ezra como si fuera uno más del grupo. Eso lo enfureció todavía más.Era su maldito día libre, y aunque en ocasiones se daba el lujo de molestar a su asistente en esos días, había estado controlándose desde lo sucedido en la última velada familiar, pero ahora, de la nada, Ezra aparecía ahí, caminando como si perteneciera. Y lo peor de todo: encajaba. Saludaba con cortesía a los que no conocía, se desenvolvía con naturalidad entre los demás y hasta provocaba sonrisas en la mayoría.Cuando le tocó acercarse a él, Dante sostuvo la mirada con severidad.—Buenas noches, Dante —lo saludó Ezra, con voz tranquila.Dante frunció el ceño. ¿Lo había tuteado? Siempre era “señor Delacroix”, siempre fo
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*—Dante:Una risa femenina lo sacó de sus pensamientos. Dante se giró y vio a su prima Nicole acercarse, con esa expresión socarrona que tanto lo irritaba.—Uy, amigo, apestas —soltó, llevándose la mano a la nariz. Como alfa dominante, las feromonas descontroladas de otro alfa le resultaban nauseabundas, nada agradables.—Nicole… —murmuró Dante, con la respiración entrecortada, consciente de que sus ojos ya brillaban dorados por el deseo que lo desbordaba.—¿Qué diablos te pasa, Dan? —preguntó ella, bajando la mano y mirándolo con una mezcla de fastidio y curiosidad—. Allá adentro parecías a punto de arrancarle la garganta a cada alfa de la sala.Dante desvió la mirada, apretando la mandíbula. No quería admitirlo. Ni siquiera a sí mismo.Nicole, perspicaz como siempre, no necesitó mucho más para hilar lo evidente. Se cruzó de brazos y lo estudió con detenimiento.—Me di cuenta de que desde que llegó tu asistente, estás al borde.—No sé de qué hablas —gruñó Dante, haciendo una mueca.—
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*—Dante: Cuando sus feromonas y sus pensamientos se estabilizaron, Dante regresó a la sala a regañadientes. Noah y Jace, los amigos de Callum, ya se habían marchado, lo cual no le sorprendió: con bebés en casa, rara vez podían quedarse hasta tarde.Respiró hondo, tratando de mantener la compostura. Por suerte, Ezra había dejado de coquetear con Micah y ahora conversaba con Engel, riendo entre copa y copa. Eso, de alguna forma, lo tranquilizó. Con Engel al lado, sabía que su asistente no haría ninguna tontería… o al menos eso quería creer. La noche avanzó, la conversación se volvió más animada y el ambiente se llenó de risas y música. Dante se mantuvo apartado, observando desde su rincón mientras Ezra y Engel bromeaban, cada vez más alegres por el vino. No podía evitar fijarse en él. En cómo su rostro se iluminaba al reír, en cómo la rigidez habitual desaparecía y dejaba ver una versión más cálida, más humana… más provocadora.Era como mirar a un desconocido.El Ezra que trabajaba co
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*—Dante: Pero mientras conducía por la carretera oscura, el interior del vehículo se llenó de aquel aroma dulce. El aire acondicionado no lograba disiparlo, y el calor subía poco a poco. Su pulso se aceleró. El olor era cada vez más fuerte, envolvente, adictivo. Su piel hormigueaba. Su respiración se volvió pesada. El dulce perfume del algodón de azúcar parecía adherirse a él, provocando que su cuerpo reaccionara.Dante apretó el volante con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. Definitivamente, cuando se encontraran en el trabajo, iba a prohibirle usar ese maldito champú.Sin más preámbulos, llegaron al residencial donde vivía Ezra. Era un conjunto de edificios modestos, de esos con jardincillos al frente y luces cálidas que daban cierta sensación de hogar. Dante reconoció el lugar al instante; recordaba haberlo traído en más de una ocasión, aunque nunca había pasado del portal del edificio. Se estacionó frente al edificio correspondiente, pero no se movió de inmediato
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*—Dante: Después de que Ezra vomito, este tiró de la cadena, se enjuagó la boca, luego el rostro. Su reflejo en el espejo era devastador. La camisa se le pegaba al cuerpo y dejaba entrever su silueta delgada, firme. Dante quiso apartar la vista… no pudo.Su mirada se desvió hacia la ducha, donde un estante metálico sostenía varios botes. Uno, blanco con nubes rosadas, llamó su atención. Se acercó y lo tomó. Era el champú con aroma de algodón de azúcar. El mismo aroma que lo había perseguido desde el auto, que lo estaba volviendo loco.Abrió la tapa y olfateó. El olor químico lo golpeó, artificial, sin vida. No era lo mismo. El verdadero aroma, el que había sentido antes, era mucho más sutil. Dulce, tibio, vivo. Natural.Devolvió el frasco lentamente y miró hacia Ezra que se miraba en el espejo. Ezra se sostenía de la encimera, los nudillos blancos, los labios entreabiertos. Dante se movió hasta colocarse detrás de él y sus miradas se cruzaron.La tensión entre ambos se volvió espes
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*—Dante: Dante inclinó la cabeza, sus labios rozaron el aire entre ambos… estaba a punto de besarlo cuando…Un gruñido grave y amenazante retumbó en el baño.—¿Qué diablos…? —exclamó Dante, retrocediendo instintivamente.Sus ojos buscaron la fuente del sonido hasta dar con una bestia negra, enorme y erizada, con los colmillos al descubierto y unos ojos verdes que brillaban con odio. El gato gruñía con tal ferocidad que parecía dispuesto a lanzarse sobre él en cualquier momento.Dante se sobresaltó, retrocediendo un paso más. Su instinto le gritó que se alejara, y lo hizo, tropezando ligeramente al retroceder hacia la ducha, como si ese rincón pudiera ofrecerle refugio.El felino permaneció en la entrada, la cola hinchada, observándolo con una agresividad casi humana. Ezra se movió de inmediato, interponiéndose entre ambos con movimientos suaves, hablándole en voz baja para calmarlo.—Ya, Draco. Papá está bien —escuchó que decía Ezra, con voz calmada.Dante lo miró, perplejo. ¿Papá? P
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*—Ezra:¿Qué había pasado?Ezra sintió las piernas temblar y estas le fallaron, haciendo que cayera de rodillas al suelo del baño. Draco refunfuñó y se fue molesto, pero Ezra no podía ir tras él; estaba completamente anonadado por lo que acababa de suceder.El aroma de Dante impregnaba todo el lugar, envolviéndolo en una mezcla embriagadora de ámbar ahumado y especias cálidas, que lo mareaba y aceleraba el pulso, pero eso no era lo único que lo hacía tambalear.Bajó las manos hacia su pantalón, tocándose con ansiedad. Su sexo estaba hinchado, pulsante, ardiente como nunca antes lo había sentido. No era la primera vez que se excitaba, pero sí la primera en que cada fibra de su cuerpo reaccionaba con tanta intensidad. Ezra mordió sus labios, jadeando mientras sentía cómo su agujero palpitaba, humedeciéndose con un calor desconocido que lo recorrió entero.Sin siquiera mirar, sabía que estaba mojado; no necesitaba bajarse los pantalones para confirmarlo. Ezra estaba goteando su néctar d
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*—Ezra:Era la primera vez en mucho tiempo que Ezra no quería ir al trabajo.Un suspiro se escapó de sus labios mientras conducía hacia el edificio de oficinas donde quedaba la compañía que manejaba los clubes nocturnos de Dante, DD Entertainment. Había trabajado allí durante seis años, siempre diligente, meticuloso y responsable, pero hoy algo lo detenía. Por primera vez, no quería enfrentarse a su rutina.La razón era clara y perturbadora: Dante Delacroix.Después de lo ocurrido a medianoche en su apartamento, Ezra deseaba desaparecer bajo la tierra como un avestruz. Nunca en su vida había cruzado la línea así con alguien, y ahora enfrentarse a Dante, verlo o hablar con él, parecía una tortura anunciada. ¿Cómo actuar? ¿Cómo mirar a sus ojos sin que la tensión de anoche estallara de nuevo?Además, había un problema mayor que podía amenazar todo: su secreto.Ezra olisqueó el aire concentrado en la comodidad de su vehículo y arrugó la nariz, molesto. Por enésima vez desde medianoche,
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*—Ezra:Ezra se acercó a la puerta de su jefe y la tocó levemente. Esperó, pero no hubo respuesta. Respiró hondo y decidió abrir, empujando la puerta con cuidado, mientras su corazón latía un poco más rápido de lo habitual, anticipando lo inesperado.La oficina estaba a oscuras. Ezra encendió las luces y el silencio lo envolvió al instante. Todo estaba vacío, pero allí dentro, el aire aún conservaba ese inconfundible aroma de ámbar ahumado y especias cálidas que pertenecía a Dante.Por un momento, tuvo la sensación de que su jefe seguía allí, observándolo desde algún rincón invisible, pero no. Solo quedaban las paredes frías y el olor persistente de sus feromonas, impregnado en cada superficie.¿Dónde estaba su jefe que aún no llegaba al trabajo?Ezra metió una mano en los bolsillos del pantalón y sacó el teléfono. La pantalla se encendió, revelando varios mensajes sin leer. Lo había tenido en silencio.Los revisó con el corazón en la garganta, hasta que vio el nombre que más lo inqui
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*—Dante:Estaba huyendo. Eso era exactamente lo que estaba haciendo.La mirada de Dante se perdió en las cornisas del techo, en esas luces cálidas que formaban una flor de loto. Intentaba distraerse, alejar los pensamientos del hombre de cabello negro y ojos verdes que últimamente lo estaba volviendo loco.Maldijo por lo bajo y cerró los ojos.Desde aquella noche en el apartamento de Ezra, nada en él había vuelto a la normalidad. Había intentado resolverlo con sus manos, ahogar el deseo en sus amantes, pero nada funcionaba. Cada intento lo dejaba más vacío, más furioso consigo mismo y más hambriento por su asistente que no debía tocar.Se repetía una y otra vez que no podía tenerlo. Que era su asistente. Que era prohibido.Pero su instinto, esa parte salvaje que latía bajo su piel, le susurraba lo contrario.“Reclámalo.”“Márcalo.”“Hazlo tuyo.”Sin embargo, no podía hacerle caso a su instinto salvaje, iba a fracasar si lo hacía. Sintió una caricia en el pecho y abrió los ojos. A su