All Chapters of La Obsesión Del Alfa (Lazos Del Destino #2): Chapter 91
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*—Ezra:Todavía no lo podía creer: Dante los había seguido y la impronta había estado actuando en ambos, descontrolada, destructiva.Una carcajada rompió el silencio y todos giraron la cabeza.Callen se estaba riendo. Fuerte. Descontrolada.—¿Qué te pasa? —le reclamó su madre.—¡Es que Dante es un completo imbécil, mamá! —exclamó Callen sin dejar de reír—. Montando este drama como si fuera el fin del mundo, pero claro, para Dante lo es. Ahora entiendo por qué el doctor dijo que dependía de cómo lo tomara.—Callen —la cortó Neil—. Sal de la habitación.Callen alzó las manos, fingiendo cerrar una cremallera en sus labios, y salió aún riéndose.—Neil —pidió Lauren, con la voz quebrada—. Deja de rodearlo y ve al grano. Estoy muy asustada.Neil se volvió hacia ella, serio.—Tía… —dijo con suavidad—. Dante está impreso en un omega.El silencio fue absoluto.Ezra sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. Desvió la mirada, avergonzado, incapaz de enfrentar a Dante. La verdad había salido
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*—Ezra:Sintió una mano en el hombro. Al girarse, vio a Callen. Ella le tendió la mano y lo ayudó a ponerse de pie. Lo condujo hasta una sala de descanso del piso. Se sentaron juntos. Callen sacó un jugo de naranja de la máquina expendedora y se lo ofreció.—Gracias —murmuró Ezra.No lo bebió. Sentía la garganta demasiado apretada como para pasarlo. Se quedaron allí, sentados en silencio. Segundos que se estiraron hasta volverse minutos. Callen carraspeó al final.—Entonces…Ezra soltó una risa breve y rota, apretando la caja de jugo hasta casi deformarla.—Dante está impreso en mí —lo dijo en voz alta, como si necesitara escucharlo para creerlo—. El alfa que he anhelado durante seis años… está impreso en mí.Debería estar feliz. Debería estar eufórico. Sin embargo, solo se sentía devastado. Porque aquello no era real del todo. No era amor. Era biología. Instinto. Rasgos. No el corazón.—Así es —asintió Callen—. Y tú en él.Ezra la miró sobresaltado.—No… yo no…Callen rio suavemente
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*—Ezra:El grupo regreso a la habitación y los médicos seguían allí, al igual que los padres de Dante. Algo había cambiado en el ambiente: se notaba que habían hablado. Dante estaba más tranquilo, ignorándolos a todos y observando la noche a través de las ventanas amplias de la habitación privada, como si la oscuridad tuviera respuestas que nadie más podía darle.Neil Hans fue el primero en notar su presencia y sonrió con cordialidad profesional.—Ezra…Ezra apartó la mirada de Dante y se volvió hacia el médico.—¿Sí, doctor Hans?—Tengo entendido que eres paciente de Mikail, ¿correcto?No le sorprendió la pregunta. Mikail trabajaba en ese mismo hospital; el cruce de expedientes era inevitable.—Así es —respondió.Neil asintió, pensativo.—Me gustaría que los cuatro podamos reunirnos —dijo con calma—. Creo que necesitamos evaluaciones conjuntas y dejar constancia clínica de todo esto. Es un caso que requiere seguimiento estrecho.Ezra palideció. Genial, ahora iba a ser el cone
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*—Dante:Supo que la había cagado desde el instante en que vio a Neil entrar a su habitación acompañado del doctor de la última vez. Cuando además distinguió a su familia completa, a los médicos… y a Ezra allí, de pie, pálido como una sombra, entendió que lo que le estaba ocurriendo no tenía nada que ver con una simple falta de liberación.Era algo más hondo. Más sucio. Más inevitable.Y cuando llegó la revelación, Dante se quedó petrificado.Impreso en Ezra.Nunca se le habría pasado por la cabeza. Jamás.Sabía lo que era una impronta y lo que esta significaba. En la adolescencia, cuando se llegaba a la edad de manifestarse, todos recibían clases sobre rasgos secundarios: qué eras, qué implicaba, qué podía pasarle a tu cuerpo si el destino decidía intervenir. Vínculos, compatibilidades, ciclos. Dante recordaba haber escuchado todo aquello con absoluto desinterés.Los vínculos le parecían una trampa.El destino, una excusa romántica.Y la impronta… una rareza. Algo que solo ocurría c
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*—Dante:En ese momento, la puerta se abrió y regresaron Adrien y Callen. Ezra entró detrás de ellos.Dante apartó la vista de inmediato, como si lo hubieran sorprendido en falta. Aun así, fue inútil, Dante volvió a mirarlo y su corazón comenzó a latir rápidamente. Los ojos de Ezra estaban enrojecidos, el rastro inequívoco de alguien que había llorado… y Dante tuvo que clavar las uñas en la sábana para no levantarse y rodearlo con los brazos. Para no tocarlo. Para no decirle que estaba bien, que nada iba a pasarle.Era la misma sensación que cuando fue atacado en El Oscuro. Ese terror primitivo, irracional, de que algo dañara a su omega.Su omega.La palabra apareció sola en su mente, posesiva, brutal. Dante apretó la mandíbula. Ya estaba pensando como un alfa impreso. Maldición.Neil llamó a Ezra para hablar con él, y Dante se obligó a concentrarse solo en las voces. Escuchó el nombre de Mikail, un médico del hospital, el especialista en rasgos secundarios de Ezra. Neil insistía en
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*—Dante:—Todo se hará a mi manera —soltó Ezra, después de un silencio largo y cargado.El cambio fue inmediato. Dante se tensó como si le hubieran pasado una corriente por la espalda. Ezra ya no parecía dispuesto a negociar ni a retroceder un solo paso. Una sonrisa apareció en sus labios, demasiado controlada para ser genuina.—¿Quieres un omega que te abra las piernas para que puedas saciarte? —preguntó, mirándolo directo a los ojos—. Probablemente lo tendrás, pero no te lo pondré tan fácil —comentó—. Sé que para mí será difícil resistirme cuando uses tus feromonas conmigo, pero lo haré —Ezra se inclinó hacia él, invadiendo su espacio, bajando la voz hasta convertirla en una orden envuelta en terciopelo—. Me resistiré. Y todo se hará a mi manera. Cuando yo quiera.Dante tragó saliva.Ezra volvió a enderezarse, erguido, implacable.—Olerás mis feromonas, cuando yo quiera. Te dejaré besarme o tocarme, cuando yo quiera —negó lentamente con la cabeza—. Tuviste tu momento. Me manipulaste
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*—Dante:Toda esta situación le emocionaba.Dante gruñó por lo bajo y, con cuidado de no arrancarse la vía del brazo, bajó de la cama y recogió la ropa interior del suelo. En cuanto la tuvo en las manos, volvió a llevársela a la nariz. El aroma seguía ahí, intenso, húmedo, envolvente. Dante pasó la lengua una vez más por la tela y vio el cielo. Se dejó caer en la cama, enterró el rostro en la prenda y, con la otra mano, se buscó sin importarle nada más. Dante tomó su carne y comenzó a trabajar en ella con desesperación. Su miembro estaba tan grueso que, por primera vez en su vida, cerrar la mano alrededor de su circunferencia resultaba difícil. La escalera de Jacob que tenía en la parte inferior de su eje y las perlas en la base del glande le provocaban una molestia extraña, casi dolorosa, algo que jamás le había ocurrido.Aun así, no se detuvo.Movía la mano con rapidez mientras mantenía la nariz hundida en la ropa interior. Ezra había estado tan empapado que era un milagro que la
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*—Dante:Al día siguiente, todo estaba claro y Dante sabía exactamente qué pasos debía dar.Su madre y Bastien fueron quienes llegaron al hospital para asistirlo con el alta. Bastien, fiel a su naturaleza irritante, no tardó en burlarse de él por estar impreso en Ezra. No lo hizo con crueldad, sino con esa ironía ligera que nacía de una verdad incómoda: Dante Delacroix había sido, durante toda su vida, un hombre reacio al compromiso, y el destino había decidido joderlo de la forma más definitiva posible.Sí, era exactamente así. Y, por primera vez, no le importaba.Quería esto, quería a Ezra y estaba dispuesto a aceptarlo tal como venía, con todo lo que implicara.Antes de abandonar el hospital, vio a Neil una vez más. El médico fue directo, como siempre. Le explicó que su cuerpo estaría más sensible que nunca, que se excitaría sin motivo aparente, que sentiría una angustia casi física si algo sucedía entre Ezra y él, y que debía buscar la forma de mantenerse cerca de su omega. Le adv
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*—Dante:Después se dio una ducha ligera, usando sus propios productos de higiene, como si incluso eso fuera una forma de reclamar su cuerpo de nuevo. Se puso ropa cómoda y, finalmente, se metió en la cama. Antes de acostarse, tomó el teléfono y le escribió a Kendry.Dante: Ordené la limpieza de mi apartamento hoy mismo. Si terminan a tiempo, ¿podemos vernos en la tarde, tipo seis?La respuesta llegó casi al instante.Kendry: Claro. A esa hora salgo del trabajo. Puedo ver el lugar y tomar algunas fotos.Dante: Te aviso.Dejó el teléfono en la mesita de noche y se recostó mirando al techo. El abanico giraba suavemente sobre su cabeza, marcando un ritmo lento que no lograba calmarlo del todo. Sabía que conquistar a Ezra no iba a ser fácil. Después de todo lo que había hecho, de todo lo que Ezra había visto, la confianza no sería algo que se recuperara de la noche a la mañana.Y lo entendía. Demasiado bien.Había sido siempre tan vocal sobre su rechazo al compromiso, sobre su amor por la
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*—Dante:El lugar donde Dominick lo citó resultó ser un restaurante relajado, nada pretencioso ni excesivamente elegante, y Dante lo agradeció en silencio. No estaba vestido para algo demasiado formal y, por una vez, no tenía ganas de aparentar nada. Entró con la naturalidad de quien conoce el sitio y escaneó el lugar hasta dar con los dos hombres.Los encontró en la terraza, sentados bajo una sombrilla, hablando animadamente.—Hola —saludó Dante al llegar a su lado.Ambos levantaron la vista, pero sus reacciones fueron muy distintas. Dominick, su primo, apenas sonrió con tranquilidad, como si ya hubiera procesado todo lo que estaba ocurriendo. Jace, en cambio, abrió los ojos con sorpresa y lo observó de arriba abajo sin disimulo alguno.—Oh, vaya… —exclamó Jace.Dante arqueó una ceja.—¿Qué diablos? —espetó mientras tomaba la silla vacía y se sentaba. Jace seguía mirándolo como si acabara de ver un espejismo.—Te dije que estaba cambiado —comentó Dominick entre risas.Dante negó con