All Chapters of La Obsesión Del Alfa (Lazos Del Destino #2): Chapter 81
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*—Ezra:Al caer la tarde, Ezra llegó al trabajo a las seis en punto. Joseph ya estaba allí, tan diligente como siempre, revisando reportes y saludándolo con una sonrisa tranquila. Dante, en cambio, no había llegado aún.Ezra fingió normalidad, pero por dentro era un desastre cuidadosamente ordenado. No sabía si Dante aparecería o no esa noche. Desde lo ocurrido en su apartamento de libertinaje no habían vuelto a hablar, y ahora todo era distinto.Ahora sabía.Sabía lo de la impronta. Sabía que su cuerpo ya no reaccionaba como antes. Sabía que quizá Dante también sentía algo… y sabía que había decidido dejar de huir.Se quedó un rato con Joseph, intentando concentrarse, pero la ansiedad le roía la piel. A las ocho de la noche, Dante seguía sin aparecer, así que ambos decidieron continuar con la rutina habitual de los miércoles. Mientras Ezra estuviera allí, quería que Joseph se empapara del proceso completo.En el Dove, los empleados expresaron su pesar al saber que sería la última noc
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*—Ezra:Ezra trató de mantenerse cuerdo y no ceder a la tentación, pero su respiración se volvió errática, entrecortada.Los ojos de Dante se entrecerraron, y entonces ocurrió: sus feromonas estallaron en el aire, densas, abrasadoras. Ezra sintió cómo se le secaba la garganta, cómo su cuerpo reaccionaba antes que su mente. Por la impronta, la esencia de Dante lo atravesaba con una fuerza obscena, demasiado profunda, demasiado íntima. Dios. Debió darse cuenta antes de que algo en él estaba roto, torcido, incluso antes de esa cita con Micah. Dante lo había marcado desde el inicio, de una forma silenciosa y cruel.—Dime algo… —susurró Dante, sin apartar la mirada—. ¿Qué tanto te llenó?Ezra lo miró, atónito.—¿Anudó dentro de ti? —continuó Dante, soltando una carcajada burlona—. Sé que a los omegas les encanta eso. Que los alfas los anuden y los reclamen vaciándose dentro de ellos hasta el fondo. No me digas que contigo fue diferente.La ira le estalló en el pecho a Ezra, roja y violent
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*—Ezra:Cuando regresó a la recepción, Joseph estaba tranquilo, concentrado frente al computador. Tecleaba con calma, como si el mundo no estuviera ardiendo a su alrededor. Sobre el escritorio, Ezra notó un aerosol anulador de feromonas. Parecía recién usado. Fue lo mejor.Sonrió con gratitud y se sentó a su lado, en el asiento provisional que habían colocado allí para esos turnos largos.—Lo siento por lo que pasó —se disculpó Ezra en voz baja, con un dejo de vergüenza.Joseph giró la cabeza hacia él y soltó una risa suave, sin rastro de reproche.—Veo que las cosas están… intensas —murmuró, haciendo una mueca divertida.—Y se van a poner peor —admitió Ezra bajando la mirada—. El señor Delacroix no está de buen humor.—Lo noté —respondió Joseph.Había tristeza en su voz, una de esas que no se dicen del todo. Ezra alzó la mirada y lo vio observando la puerta del despacho de Dante, como si pudiera leer a través de ella.—No te echarás para atrás, ¿verdad? —preguntó Ezra con sinceridad,
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*—Dante:Ahora, sin amantes y sin nadie que lo ayudara a liberarse, Dante estaba peligrosamente al borde.A Ezra le quedaban pocos días trabajando para él, y Dante no tenía más remedio que aceptarlo, aunque odiara la idea. Odiaba imaginar a su perfecto asistente marchándose para trabajar con otro alfa que, en su opinión, era mediocre. Quizá, y esa idea le irritaba todavía más, el problema no era Joseph, sino que él estaba tan obsesionado con Ezra que era incapaz de ver que el otro alfa era, en realidad, un buen muchacho.Cuando Dante llegó a la oficina ese día, lo hizo tarde. Ni Joseph ni Ezra estaban allí, lo que solo podía significar una cosa: estaban haciendo la visita de rutina al club que correspondía esa semana, el Dove.Aun así, el olor dulce de Ezra seguía impregnando el despacho. Persistente. Denso. Tan presente que Dante se endureció de inmediato, el cuerpo reaccionando sin pedir permiso. Maldijo entre dientes y tuvo que usar la mano para calmarse un poco, aunque no sirvió d
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*—Dante:Como no tenía muchas cosas que hacer, Dante mató el tiempo con su teléfono. Viendo las redes sociales de sus viejos compañeros, leyendo noticias del diario vivir, riéndose con videos de gatos que parecían ser su nueva obsesión.La verdad con el trabajo todo fluía con una calma irritante: las chicas de la oficina, Joseph, incluso Ezra, eran demasiado eficientes. Si las cosas seguían así, quizá aceptaría la oferta de Adrien y se marcharía a trabajar con él.Estaba respondiendo mensajes en el chat grupal de la familia cuando una notificación lo hizo fruncir el ceño.Sasha.¿Por qué su antiguo amante le escribía ahora?No habían terminado mal. De hecho, Dante había dejado la puerta entreabierta, por si algún día decidía volver a ese terreno conocido. Con Sasha, sí. Con Liam no quería saber nada más.Abrió la conversación… y la sangre se le heló.La foto ocupaba toda la pantalla.Un cuerpo que conocía demasiado bien: alfa dominante, cabello negro, piel pálida, el pecho desnudo. Un
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*—Dante:Cuando Ezra cerró los dientes sobre su lengua, Dante gritó y se apartó de golpe, el sabor metálico de la sangre llenándole la boca. Lo miró, atónito. Ezra le devolvió la mirada con una sonrisa torcida, peligrosa, riéndose mientras sus labios quedaban manchados con la sangre de Dante.—Eres un… —escupió Dante, furioso.—Suéltame —ordenó Ezra, sosteniéndole la mirada.Dante se rio, el dolor de la lengua era insignificante comparado con la furia que lo atravesaba. No sabía hacia dónde iba esa discusión, pero no podía detenerse. Su ira había crecido demasiado.—¿Cómo dejaste que te follara? —preguntó, apretándole las muñecas. Ezra dejó escapar un quejido.—Así como tú follas a tus omegas —respondió Ezra con una sonrisa cruel—. Abriéndole las piernas y dejándome usar hasta que me hizo llegar. No se sintió mal. Micah es enorme… y me gustó lo que hizo esa noche.Las palabras fueron un golpe directo al pecho.—Si crees que Micah es diferente a mí, estás equivocado —replicó Dante—. Es
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*—Dante:Dante se quedó allí, respirando con dificultad. Demasiadas revelaciones en demasiado poco tiempo. Era virgen. Nunca había estado con nadie. No estaba con Micah. No se ligaba con Joseph de esa forma tampoco. Eso significaba que estaba libre. Y si estaba libre…Tenía que ser suyo.No podía dejarlo ir. No ahora. No así.Reuniendo lo poco que le quedaba de fuerza, se levantó y salió tras él.Ezra estaba en recepción, recogiendo sus cosas mientras Joseph intentaba calmarlo. La visión de ese otro alfa tan cerca de su omega volvió a teñirlo todo de rojo.Avanzó y lo agarró del brazo, con demasiada fuerza.Ezra gritó. El maletín de cuero negro cayó al suelo con un golpe seco.—Ezra… —intentó—. Detente…La bofetada lo interrumpió.La mano conectó con su rostro por segunda vez ese día. Dante se quedó inmóvil, la cabeza girada, la mano cayendo lentamente a su costado.—Ya no puedo más —sollozó Ezra—. Si tienes una pizca de simpatía por mí… algo… por favor, basta —su voz se quebró—. Han
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*—Ezra:No entendía qué estaba pasando.Ezra alzó la mirada y la paseó por la sala de espera del hospital. Era igual a todas las demás: filas de sillas plásticas, el olor penetrante a desinfectante, luces blancas demasiado fuertes y rostros tensos, cansados, rotos. Personas aguardando noticias que podían cambiarles la vida en un instante.Él era uno más de ellos ahora.Confundido. Asustado. Sin respuestas.Hacía más de media hora que habían traído a Dante en ambulancia desde la compañía y nadie le había dicho nada. Ni un médico. Ni una enfermera. Nada. Solo puertas que se abrían y cerraban, pasos apresurados y el sonido lejano de monitores.Ezra se llevó la mano al pecho y respiró hondo, aunque el aire no parecía entrarle bien. Su corazón seguía latiendo demasiado rápido, como si fuera a salírsele. Se sentía mareado, débil… pero después de lo que había presenciado, eso era lo de menos.Nunca, en toda su vida, había visto a Dante así.Un desastre.Minutos antes habían discutido. Se hab
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*—Ezra:Cuando Adrien le dijo que iría con sus padres para ver si habían noticias nuevas y Ezra pidió estar con ellos. Cuando regresaron a la sala, Callen también estaba allí, visiblemente preocupada.El medicamento lo había calmado un poco, pero la presión en su pecho seguía intacta.¿Qué le estaba pasando a Dante?¿Era eso en verdad…?Escuchó fragmentos de la conversación de la familia. Bastien no podía venir porque su hijo tenía fiebre, pero Callen comentó que este pedía información por mensajes. También los escuchó hablando de lo que le sucedió a Dante el lunes por la noche, pero Ezra decidió no prestarles atención y pensó en eso que rondaba por su mente. Si era cierto que aquello era mutuo… entonces Dante estaba sufriendo por su culpa. Había leído que la impronta en los alfas era más abrasiva, más violenta. Cuando se imprimían en un omega, se desmoronaban sin él y Ezra había huido. Era probable que hubiera sido la discusión y su marcha el detonante. Si eso era así…Ezra apretó
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*—Ezra:Cuando la enfermera les indicó que Dante ya estaba instalado, se dirigieron al ala privada. Una suite amplia, lujosa. Sofás elegantes, televisión, cafetera, minibar. Y en el centro, la cama.Dante yacía allí, con una vía en el brazo. Ya no estaba tan pálido, pero seguía viéndose agotado.Lauren se acercó de inmediato mientras el resto tomaba asiento en los sofás. Casualmente dejaron libre el espacio que estaba directamente frente a él, Ezra tuvo que tomarlo aunque deseó quedarse de pie. —¿Cómo te sientes, amor?—Cansado —respondió él con voz ronca—. Mareado… y con la boca hecha polvo.Su madre rió suavemente y fue por agua.—Súbeme la cama —pidió Dante—. Me marea estar así.Cuando lo incorporaron, su mirada se cruzó con la de Ezra. Solo un segundo y luego Dante desvió los ojos.Ezra sintió el golpe como una confirmación silenciosa.Estaba molesto con él.Y tal vez… tenía razones de sobra.En ese momento, tocaron la puerta con suavidad.Adrien levantó la vista y dio un breve p