All Chapters of La Obsesión Del Alfa (Lazos Del Destino #2): Chapter 21
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*—Dante:Al llegar al piso correspondiente de su compañía y cuando entró, notó que las luces de recepción aún estaban encendidas, pero no había rastro de él.Dante miró su reloj. Pasadas las nueve. Eso significaba que Ezra había pasado por la oficina, pero ya debía estar supervisando el club que le tocaba esa noche. Viernes. El Royal. El club exclusivo para alfas dominantes.Dante hizo una mueca.El lugar siempre estaba lleno de alfas arrogantes y pasados de tono.Quizá debía pasar a echar un vistazo.Antes de hacerlo, decidió entrar a la oficina para verificar que cosas le había dejado pendiente. Las luces estaban encendidas en su oficina por igual y un leve aroma dulce flotaba en el aire. Frunció la nariz. El mismo olor. El maldito aroma a algodón de azúcar.—Voy a decirle que deje de usar esa mierda —murmuró, irritado consigo mismo por el modo en que ese aroma lo desarmaba.Dante se dejó caer en su sillón ejecutivo, detrás de su amplio escritorio en forma de L. Encendió el computa
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*—Dante:Todo en él estaba tan extraño.Dante suspiró, llevándose el vaso de whisky a los labios. El hielo tintineó contra el cristal antes de deshacerse lentamente, y él giró el vaso entre sus dedos, observando cómo el ámbar del licor se movía como si pudiera encontrar en él una respuesta, pero no la había. Solo un vacío frustrante que le quemaba el pecho.Desde aquel ataque de celos explosivo al ver a Ezra con Micah hacía más de una semana, Dante estaba al borde. Su mal humor era tan constante que ni él mismo lo entendía. Aquella noche, cuando Ezra se despidió de Micah, Dante y su asistente se cruzaron en el vestíbulo, el aire se había vuelto denso. Ezra lo saludó con su habitual compostura, pero Dante apenas pudo mirarlo. La rabia le subió en ese momento como una fiebre y ni siquiera supo por qué.Luego, cuando volvió a la oficina, Ezra estaba allí como si nada hubiera pasado hablándole de informes, presupuestos y reservas del club. Dante solo respondía con gruñidos, con un “ajá” s
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*—Dante:El silencio que quedó en la habitación fue denso, cargado de rabia contenida. Dante no dijo nada, solo apretó el vaso hasta sentir el frío del cristal clavarse en su palma. Su pecho subía y bajaba lentamente, y en su garganta un gruñido amenazaba con salir.—¿Qué diablos pasa contigo? —preguntó con el ceño fruncido.Ross soltó una risa ligera, levantando las manos como si no entendiera su enojo.—Solo estaba conversando, viejo. No sabía que tu asistente era territorio prohibido.—No lo es —replicó Dante con brusquedad—, pero tampoco es de tu incumbencia.Ross se encogió de hombros y sonrió con descaro.—Vaya humor, Delacroix. Admítelo, tu asistente es jodidamente atractivo. Tiene esa mezcla entre inocencia y elegancia que enloquece. Y vaya… —movió la cabeza, riendo—, tiene un cuerpo que cualquiera notaría.Dante lo miró con frialdad.—No veo esas cosas —mintió Dante, pero la verdad es que no podía dejar de notarlo. Ezra tenía una cara atractiva, de rasgos delicados y buen gu
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*—Ezra:Ya ni sabía cómo actuar frente a Dante.Un pesado suspiro escapó de los labios de Ezra mientras entraba en la oficina de Santos, el manager del club Oscuro. Necesitaba concentrarse en su trabajo como supervisor, no en su jefe que últimamente parecía empeñado en volverlo loco.Tomó asiento en la silla ejecutiva y trató de relajarse. El olor de Santos impregnaba el lugar: tabaco mezclado con madera ahumada y almizcle, un aroma fuerte y masculino típico de un alfa dominante. Ezra arrugó la nariz; las feromonas de su compañero de trabajo eran molestas para él, quizás porque no se sentía atraído hacia Santos, sin embargo, aquello no era lo importante ahora.Era su turno de supervisar el club, y, como últimamente, Ezra se había sentido liberado de no tener que ver a Dante durante sus visitas a cada club, pero su tranquilidad duró poco. Su querido jefe había decidido aparecer por el Oscuro para “unas copas”.No lo entendía.Dante actuaba como si su mera presencia lo irritara. Cada dí
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*—Ezra:Dante no le dio tiempo a pensar. Sus labios se apoderaron de los suyos con una necesidad salvaje, reclamándolos como si le pertenecieran desde siempre. Lo sujetó de las muñecas, presionándolas contra la pared mientras su cuerpo lo acorralaba, eliminando todo espacio entre ambos. El calor del alfa lo envolvía, y Ezra apenas podía respirar; el roce de su pecho contra el de Dante lo hacía temblar.Los labios de Dante se movían con habilidad, urgentes, provocadores. Ezra, inexperto y confundido, lo seguía torpemente, tratando de imitar sus movimientos, pero pronto dejó de pensar. Todo razonamiento se desvaneció cuando la lengua del alfa buscó la suya, iniciando un juego atrevido que lo hizo gemir contra su boca. Ezra sentía las piernas temblar mientras todo su cuerpo ardía en un fuego que no podía controlar. No podía creer lo que estaba ocurriendo. Dante Delacroix, su jefe, el hombre que lo desesperaba cada día, lo estaba besando con una pasión tan intensa que parecía querer borr
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*—Ezra:Alzó la cabeza y observó su reflejo en el amplio espejo de cuerpo entero de su habitación.Lo que vio al otro lado del cristal lo desconcertó por completo.Durante un largo instante, no se reconoció. Sus mejillas estaban sonrosadas, los ojos brillantes, los labios ligeramente hinchados y la ligera marca de una mordida que ya estaba morada sobre la piel de su cuello eran cosas que Ezra no reconoció en sí mismo. Todo su cuerpo ardía, todavía sensible, como si un fuego interno lo consumiera poco a poco. Sentía el calor bajo la piel, palpitante, reclamando el toque de un alfa.Siempre había dicho que le gustaría ser como los demás omegas, que olían a flores y a algo dulce, que tenían los cuerpos suaves y atractivos, que cada cierto tiempo un calor los cubría, pero en realidad, nunca había vivido un celo tan intenso, tan abrasador, tan fuera de su control como el que lo había mantenido prisionero esos últimos días.Hace casi una semana, Dante y él habían cruzado una línea. Una que
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*—Ezra:La asistente del consultorio le pidió algunos datos rutinarios, actualizó su ficha médica y luego lo acompañó hasta la puerta del despacho. Frente a ella, Ezra respiró hondo; sabía que lo esperaba un sermón de proporciones épicas. Mikail Park no solo era su médico de cabecera, también su amigo de infancia, alguien que lo conocía demasiado bien y que no iba a quedarse callado con lo que fuera a decirle.Cuando entró, lo encontró detrás del escritorio revisando unos resultados. Mikail levantó la vista y le dedicó una sonrisa automática, pero esta se borró de inmediato al captar su olor. Frunció el ceño, llevó una mano a la nariz y exclamó:—¡Oh, vaya! —dijo, estirando un brazo para alcanzar un desodorante inhibidor. Lo roció varias veces en el aire, cubriéndose la cara con la otra mano. Era un alfa dominante, que, aunque tenía pareja, no estaba vinculado con esta y era obvio que podía oler sus feromonas. Ezra parpadeó, divertido. En todos los años que llevaba tratándose con Mik
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*—Ezra:Cuando regresó a casa, la tristeza lo acompañó como una sombra espesa. El apartamento, normalmente ordenado y perfumado con notas neutras, ahora olía intensamente a él, a ese dulce aroma a algodón que su cuerpo liberaba de manera natural desde que su celo había comenzado. Abrió las ventanas de inmediato, tratando de ventilar, pero el aire se sentía pesado, cargado de algo que le recordaba todo lo que había pasado.Se dejó caer en el sofá y cerró los ojos, sintiendo una punzada en el pecho. No era deseo lo que sentía, sino una mezcla de vergüenza, miedo y algo parecido a duelo. Dante no sabía la verdad, jamás la supo. Siempre creyó que Ezra era un alfa recesivo, por su altura, su porte. Los medicamentos que Ezra consumió nunca le dio indicios a nadie de lo que en verdad era. Nadie nunca pensó siquiera que era un omega. Y ahora, después de todo lo ocurrido, esa mentira lo aplastaba.Había intentado construir una vida fuera de los roles, sin depender de su biología, sin tener q
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*—Dante:Creyó que su humor mejoraría después de “probar” a Ezra y comprobar que no era la gran cosa, pero no. En vez de calmarse, estaba peor. Mucho peor.Dante apoyó el vaso de whisky en la mesita, tomó su puro y dejó escapar una bocanada lenta de humo. El sabor amargo y el ardor en la garganta no servían para nada: ni el alcohol ni la nicotina le quitaban de la cabeza lo que había pasado aquella noche. Cerró los ojos, recostándose en el sillón, mientras el recuerdo lo asaltaba con la fuerza de una maldita obsesión.Su cuerpo reaccionó antes que su mente, engrosándose dentro de sus pantalones tan duro que dolía.Maldición. Solo pensar en Ezra, en cómo se movía, en el calor que desprendía pese a su fachada de hielo, le bastaba para tensarse por completo. Tenía algo que lo volvía loco. Ese aire tranquilo, esa compostura impecable que escondía a un hombre que ardía por dentro. Dante se maldijo a sí mismo y le dio otra calada a su puro. ¿Qué demonios le había pasado por la cabeza? So
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*—Dante:Dante se mantuvo bebiendo un rato más antes de decidir regresar. No vio a Ezra cuando abandonó el Royal, y supuso que estaría, como siempre, trabajando hasta tarde, evitando pensar en él. Bien. Que se mantuviera ocupado si eso lo hacía sentir mejor.Al llegar a la empresa, el aroma dulzón lo golpeó de lleno cuando entró a la recepción. Lo reconoció al instante: ese maldito champú otra vez. Ese aroma lo desquiciaba. Le nublaba la mente, agitaba sus instintos alfa y lo empujaba a pensamientos que jamás debería tener sobre su asistente. Olerlo era como recibir un golpe directo a los sentidos: lo ponía en alerta, lo excitaba, lo irritaba, y encendía en su interior una necesidad primitiva de tomarlo.Era absurdo que un simple champú lo alterara de esa manera, pero su cuerpo ya había aprendido a asociarlo con Ezra. Ese olor dulce se le había grabado en la memoria, como si fuera el verdadero aroma de su asistente… y no el de un simple alfa recesivo.Dante se fue huyendo hacia su of