All Chapters of La Obsesión Del Alfa (Lazos Del Destino #2): Chapter 31
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*—Dante:Dante negó lentamente con la cabeza, incrédulo, incapaz de procesarlo. Era absurdo. Inaceptable. Sin embargo, mientras lo observaba, cada detalle se grababa en su mente: la piel pálida resaltando bajo el cuero del collar, la garganta que se tensaba al tragar, los labios entreabiertos por la respiración contenida. Algo dentro de él comenzó a encajar, aunque no quería admitirlo.Ese aroma dulce que siempre lo había enloquecido no era un maldito champú. La manera en que Ezra desviaba la mirada cuando se acercaba demasiado, la tensión apenas perceptible en su cuello, el temblor sutil de su respiración cada vez que Dante hablaba cerca… señales que siempre habían estado allí. Y él, un alfa dominante que se enorgullecía de su instinto y control, no las había percibido.Una risa baja y amarga escapó de sus labios, cargada de incredulidad, enfado y un deseo reprimido que ahora se mezclaba con la humillación. —Maldita sea… —murmuró, más para sí mismo que para Ezra—. Siempre estuvieron
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*—Ezra:Revelar lo que era le había quitado un peso de encima.Después de que Ezra decidió ser sincero con Dante, y que este casi lo ahogara con sus feromonas, su cuerpo ardía, vibraba y clamaba por el alfa como si estuviera en pleno celo. Apenas logró escapar de la oficina y encerrarse en el baño de la compañía, jadeando, con el pecho agitado, intentando recuperar el control.El aroma de Dante aún lo envolvía, impregnado en su piel, en su ropa, en su mente. Lo hacía temblar. Cada respiración era un suplicio. Sentía su cuerpo al borde del colapso, caliente, húmedo, y su agujero palpitaba con desesperación por algo que sabía que no debía desear. Para su vergüenza, había empapado los pantalones de una manera obscena, como un omega en pleno celo que rogaba por ser tomado.Tuvo que retirarse sin avisarle a su jefe. Sabía que eso lo enfadaría, Dante no soportaba que nadie desobedeciera su control, pero quedarse ahí habría sido su perdición. No hubo mensajes, como siempre. Silencio. Ese sil
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*—Ezra:Ezra decidió dejar los rodeos. Si había alguien con quien podía hablar sin miedo a ser juzgado, ese era Engel.Con un suspiro, apoyó los codos sobre la mesa y comenzó a contarle todo, desde el principio. Le habló del día en que Dante y él cruzaron la línea en el Oscuro, de cómo le reclamó por haber coqueteado inocentemente con su amigo Ross, de cómo lo había besado sin previo aviso y de la forma en que después se había comportado, como si todo hubiese sido un error imperdonable.—Fue humillante, Engel —murmuró Ezra, bajando la mirada—. Me besó como si fuera suyo, y en el momento en que se dio cuenta de lo que había hecho, me trató como si fuera una ofensa… como si lo hubiera provocado.Engel alzó una ceja, con un gesto serio.—El típico Alfa Dominante —masculló, rodando los ojos.Ezra siguió, relatándole cómo, justo después de eso, Dante se había ido para encontrarse con Liam, uno de sus amantes, y cómo su interacción había enfurecido a Ezra. Le explicó el ambiente sofocante d
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*—Ezra:Engel y Ezra se despidieron, y Ezra regresó a su casa con una sensación de calma que hacía tiempo no experimentaba. Sin embargo, al entrar en el complejo de edificios, notó un detalle que lo hizo fruncir el ceño: el vehículo de su hermano estaba estacionado en una plaza libre.Eso solo podía significar una cosa: Ethan estaba en su apartamento.Dejó su coche en su lugar habitual y subió en silencio, sin quitarse del rostro la sonrisa leve que siempre le provocaba pensar en su hermano menor. Tecleó el código en la puerta y esta se abrió con un leve pitido. Lo primero que escuchó fue el murmullo de voces y risas contenidas. No tardó en reconocerlas.Las voces provenían del balcón, y cuando se acercó, vio a los dos conversando animadamente, con Draco acurrucado en brazos de Mikkel.—¡Hey! —los saludó, apoyándose en el marco de la puerta.Ambos se giraron hacia él, con sonrisas amplias y culpables.—¡Ezra! —respondió Ethan, mientras Mikkel lo saludaba con un gesto y acariciab
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*—Dante:Aún seguía en shock.Desde la noche anterior, Dante no terminaba de procesar la bomba que Ezra había soltado.Un omega… jamás lo habría visto venir.Ezra, con esa altura, ese cuerpo atlético, esos modales medidos y casi militares… todo gritaba alfa. O al menos, un alfa recesivo. Jamás habría imaginado algo distinto, pero ahora que lo sabía, las piezas encajaban. Esa vibra sensual que siempre lo había perturbado, ese magnetismo suave, sutil, imposible de ignorar, no era casualidad. Su instinto lo había reconocido desde el principio, aunque él estuviera demasiado ocupado revolcándose con otros para notarlo.Dante apretó el volante con fuerza y expulsó un suspiro que parecía querer vaciarle el pecho.Todo calzaba. Todo. Y claro, ahora entendía su propia obsesión reciente con él.Todo empezó aquel día maldito en que Ezra lo sacó de la cama durante su Rut. En seis años trabajando juntos, Ezra jamás había irrumpido así. Siempre respetaba sus límites, incluso cuando él mismo era un
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*—Dante:Su primo había lanzado una pregunta desarmante: ¿te gusta o no te gusta Ezra? Y Dante se quedó mudo, atrapado en un silencio que le arañó la garganta.Desvió la mirada hacia su regazo y dejó escapar una risa baja, seca, sin una pizca de humor.Claro que le gustaba. Claro que lo deseaba, pero admitirlo en voz alta era como hundirse las uñas en la propia piel y abrirse la carne a propósito, dejando expuesta una verdad que no quería que nadie viera.Desde el bautizo de sus sobrinos todo se había ido al demonio. Había comenzado a fijarse en su asistente, en notar cómo otros lo deseaban, en cómo la presencia de Ezra llenaba un espacio que él no sabía que tenía vacío. Había empezado a observar detalles ridículos: la sonrisa dulce que aparecía cuando creía que nadie lo veía, los ojos brillantes, esa piel tan pálida que provocaba morderla solo para verla estremecer. Se preguntaba qué escondía bajo el traje. Cómo gemía. Qué lo hacía perder el control.Y lo peor era que quería saberlo
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*—Dante:Había algo que tenía que afrontar por más que lo evitara: la renuncia de Ezra.Su asistente había sido muy claro. Dos semanas. No más. Esa brutal certeza obligaba a Dante y a su equipo a moverse para encontrar un reemplazo cuanto antes. Una parte de él insistía en que aquello era absurdo, que aún podía convencerlo con cualquier excusa, cualquier gesto… cualquier súplica disfrazada de autoridad, pero la otra parte, la que conocía la dureza del mundo profesional y la terquedad de Ezra, le susurraba que se preparara para lo inevitable.Y lo inevitable era Ezra marchándose.La oficina funcionaba con horario cómodo: de nueve a seis, lunes a viernes. Nada de fines de semana; era más fácil para las chicas manejar las tareas administrativas durante la semana laboral que en los fines de semana. Aun así, era lunes. No era día laboral ni para él ni para Ezra, pero Dante igual apareció temprano en la oficina. Necesitaba reunirse con Arianny, la encargada del personal de los clubes y de
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*—Dante: No podía huirle a la mirada interrogatorio de Arianny, además, sabía que Adrien y la mujer tenían ojos donde sea, seguían tratándolo como si fuera el mismo chico de veinte y pocos años que había tenido ese deseo de crear un club nocturno.Dante se llevó una mano a la frente, como si necesitara sostenerse antes de soltarlo.—Sabes que es un omega, ¿verdad? —preguntó, esforzándose por sonar casual.Arianny lo miró con calma y arqueó una ceja finísima, de esas que cortan más que una navaja.—Sí, lo sé. Eso está en su perfil, Dante —respondió como quien comenta el clima.Dante parpadeó.—¿Entonces soy el único idiota que no lo sabía? —preguntó, anonadado. La revelación lo sacudía. ¿Cómo era posible que todos supieran lo que Ezra realmente era… menos él?Arianny soltó un respiro breve, casi divertido.—Pensé que lo sabías. Ezra siempre ha sido un omega… distinto —destacó Arianny—. Al ser recesivo, su olor es casi imperceptible y sus ciclos son tan leves que ni se notan. Por eso ac
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*—Dante: Arianny y Dante continuaron ajustando tareas y evaluando cargas laborales. Aún faltaba la descripción oficial que Ezra debía entregar, pero eso vendría pronto. Cuando por fin terminaron, el reloj marcaba la hora del almuerzo, por lo que tenía que dejar que la mujer se fuera a almorzar. Era su día libre, pero pasaría por su despacho a asegurarse de que nada se le hubiera escapado. Viejas costumbres.—Con todo esto, espero que encontraremos a un suplente eficaz —dijo Arianny con un tono satisfecho. Luego ladeó la boca en una mueca apesadumbrada—. Pero siendo honesta, alguien mejor que Ezra será difícil de encontrar.Dante soltó aire por la nariz, sintiendo el golpe directo al ego.—¿Me lo estás echando en cara?Y sí, lo estaba. Porque era su maldita culpa que Ezra quisiera irse. Por presionarlo. Por ser un imbécil. Por cruzar todas las líneas posibles.—Ve a ver si puedes convencerlo, Dante, por favor —suplicó Arianny con verdadera preocupación—. No le ofrezcas dinero.
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*—Dante: Ezra era demasiada tentación y todavía se preguntaba cómo era que había resistido por seis años, como era que lo había ignorado así sin más, como era que, todavía, él no se aprovechaba de esa química explosiva que había entre ellos.Una excitación pura y concentrada le nubló los sentidos.El alfa imaginó, por un segundo demasiado vívido, cómo ese agujero pequeño que estaba oculto entre sus nalgas debía estar reaccionando por su cercanía, como su lubricación natural brotaba de su raja con una necesidad primitiva, su piel caliente, su pulso acelerado.Se le hizo agua la boca con tan solo imaginar el sabor de Ezra, seguramente pura ambrosía. Pasaron unos segundos eternos. Ezra seguía sin hablar, respirando de forma entrecortada, tembloroso, empapándolo todo con sus feromonas hasta desplazar por completo las propias de Dante. El chico estaba ardiendo, y Dante lo sabía; si avanzaba ahora, no encontraría resistencia. Solo deseo.Acercó su rostro lentamente, dándole el esp