All Chapters of La Obsesión Del Alfa (Lazos Del Destino #2): Chapter 41
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*—Dante: Cuando por fin estuvo a solas, dejó escapar una maldición feroz. Sintió sus feromonas brotar como vapor desde una grieta interna, espesas y cargadas de frustración.Ezra era un descarado. Tenía agallas, y Dante no lo negaría jamás. Pudo haber tenido todo lo que quisiera si cedía un poco, pero no: el chico era testarudo, una muralla con ojos tranquilos. Bueno. Que hiciera lo que quisiera. Había perdido su oferta, y Dante no repetía ofertas. No iba a suplicar por un asistente.Ni siquiera entendía por qué diablos estaba tan obsesionado con él. Era absurdo. Ezra ni besar sabía y probablemente en la cama sería un desastre. Dante tenía amantes que lo dejaban temblando, que sabían arrastrarlo a las estrellas sin esfuerzo. Encerrarse mentalmente con alguien como Ezra era una pérdida de tiempo monumental.Una carcajada burlona le salió del pecho. Se dio la vuelta para mover la silla y dejar todo en orden antes de retirarse, pero algo lo frenó de inmediato. Un olor dulce, ten
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*—Ezra:El proceso para reemplazarlo avanzaba sin tropiezos. Todo se movía con rapidez, casi con una eficacia insultante.Ezra escuchaba a su posible sustituto hablar de su experiencia con un entusiasmo que le calentaba el pecho. Joseph Lamb, un alfa recesivo de treinta y tres años, había perdido su empleo cuando su antigua empresa quebró. Llevaba semanas buscando una oportunidad con mucho entusiasmo y, para Ezra, era perfecto. Educado, eficiente, con una paciencia natural que ya lo tenía medio encantado.Antes de él habían visto a otros candidatos, pero era evidente, al menos para Ezra, y seguramente para Arianny también, que Joseph era el indicado. El único que no parecía compartir ese entusiasmo era Dante, cuya cara de aburrimiento y franca molestia amenazaba con espantar al pobre hombre.¿Lo hacía a propósito? ¿Tan difícil era fingir, siquiera un poco? ¿Era porque no quería que Ezra se fuera?La sola idea le encendía una rabia terca. Porque Ezra había sido muy claro. Había
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*—Ezra:Se había dicho que Dante tenia que entender que se iba por su propia salud, pero sabia que el hombre tan terco no iba a entender nada, por lo que Ezra se dijo que era mejor que hablaran.Ezra se aclaró la garganta, intentando que su voz saliera firme.—¿Podemos hablar?Dante había tomado su teléfono y tecleaba un mensaje con la concentración de quien aparta el mundo entero para enfocarse en una sola conversación. ¿Con quién? Ni idea, pero Ezra sabía que él se iría pronto, todavía era temprano y Dante no solía entrar hasta mucho más tarde. Si quería decir lo que debía decir, tenía que hacerlo ahora.—Se breve. Tengo un compromiso —soltó, seco como una cuchilla y sin mirarlo. Ezra inspiró hondo, buscando paciencia donde ya casi no quedaba. El impulso animal de estrellarle el puño en la cara pasó fugazmente por su mente, pero respiró, contuvo, tragó el impulso y la rabia. Dominó su expresión, como había aprendido a hacerlo todos esos años.—Escuché… —empezó, sin titubear—
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*—Ezra:Una vez más, Ezra se besó con su jefe.No fue un beso tímido. Ni vacilante. Fue hambre pura.Ezra presionó su boca contra la de Dante con una pasión que llevaba días, semanas, meses, años conteniéndose. Sus labios se abrieron de inmediato, buscando el calor del alfa, jalándolo hacia él como si quisiera fundirse en su piel. Jadeó contra su boca, desesperado por más, por todo, por ese sabor que lo había atormentado desde el primer beso robado.Dante soltó un gruñido ronco, tan bajo que vibró contra el pecho de Ezra.El alfa lo sujetó por la cintura, apretándolo contra su cuerpo como si en cualquier momento pudiera escaparse… o romperse. Su mano grande subió por su espalda, firme, posesiva, y lo empujó aún más contra él para profundizar el beso.Sus bocas chocaron, se separaron un segundo para recuperar aire y volvieron a encontrarse, más intensas, más desesperadas, con una necesidad que quemaba desde adentro. La lengua de Dante rozó la de él, caliente, reclamando, empujan
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*—Dante:Al final, Joseph fue contratado y, con eso, a Ezra solo le quedaban unos días en la empresa.A Dante la decisión le caía como una piedra en el estómago. No era agradable, pero sabía que ya no tenía forma de retenerlo. Había intentado de todo: el aumento, la reducción de tareas, las concesiones, incluso la tensión hambrienta de los besos que compartían. Nada había funcionado. A Ezra no le importaba el dinero, ni el puesto, ni el deseo que ardía entre ambos. Él solo quería irse.Dante dejó escapar un suspiro que raspó el silencio y giró el vaso de whisky entre los dedos.Algo dentro de él estaba desajustado, fuera de control. No comprendía por qué demonios seguía tan obsesionado con Ezra, al punto de arruinarle la vida sexual. Lo del lunes había sido una humillación monumental. Había quedado con Sasha y, por un segundo fatal, su mente le jugó sucio: lo confundió con Ezra. No entendía porque la confusión cuando no tenían absolutamente nada en común. Ni la piel, ni la voz,
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*—Dante:—Sabes que puedo buscarlo ahora mismo y hundir mi nariz en su nuca, ¿verdad? —soltó Ross, divertido ante la negativa de Dante sobre decirle como olía Ezra.El ceño de Dante se frunció de inmediato, seco, instintivo. Sintió un tirón en el estómago, casi un gruñido queriendo escapársele.—No cruces la línea —le espetó mientras le advertía con un dedo. Ese gesto de advertencia le salió sin pensar. Ross siempre sabía cómo provocarlo, pero meterse con Ezra era otra cosa.Ross levantó las manos, fingiendo inocencia.—Ezra no es tuyo y está sin reclamar —murmuró con esa ligereza insolente que lo caracterizaba.Dante sintió cómo algo le chispeaba en el pecho. La palabra sin reclamar le recorría la columna como un mal presagio. En un lugar como el Oscuro, lleno de alfas agresivos y sin vergüenza, alfas como Ross, sin filtro, sin límites, un omega sin reclamar era una carnada perfecta. Y Ezra ya no podía ocultar lo que era. No con ese olor dulce escapándose por las grietas del
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*—Dante:Fue a la pista principal del club. Las luces blancas barrían el suelo y su vista, destellando contra superficies metálicas y piel sudada. El mar de cuerpos se movía al ritmo de la música, pero entre todos esos rostros, no había ni un fragmento de Ezra. Siguió avanzando a paso largo, con el pulso ardiendo.Se abrió paso hacia las áreas semiprivadas, esos pequeños cubículos delimitados por cortinas oscuras donde los miembros menos exclusivos del club bebían, tonteaban y se perdían en juegos que no alcanzaban a ser ilegales, pero sí deliciosamente imprudentes. Corrió una a una las cortinas, dejándose envolver por mezclas de perfumes, sudor y risas, pero solo encontró alfas y omegas enredados entre sí, demasiado ocupados para notar su presencia.Frunció el ceño y avanzó hacia el otro extremo, donde los espacios eran más abiertos y la penumbra no ofrecía tanto amparo. Entre los sofás, entre cuerpos moviéndose al ritmo de la música, buscó una y otra vez, pero Ezra no aparecía por n
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*—Ezra:Tuvo un buen presentimiento con Joseph desde el primer día, como si el tipo encajara en su vida con la naturalidad de un botón que por fin encuentra su ojal. Era tres años mayor, pero tenía una alegría contagiosa y un humor fácil que lo hacía parecer más joven. En esos pocos días, Joseph se volvió para él algo parecido a un hermano mayor improvisado. Era raro sentir tanta confianza con alguien en tan poco tiempo, pero habían conectado de una forma limpia y honesta. Hubo un momento, casi vergonzoso, en que Ezra se preguntó si Joseph podría ser su pareja destinada. Alfa y omega, aunque fueran recesivos, siempre existía la posibilidad de un lazo predestinado. Sin embargo, la idea se desvaneció con la misma rapidez con la que llegó: Joseph tenía una familia sólida, una pareja beta con la que estaba desde la adolescencia y dos hijos que ya rozaban la adolescencia. Además, había dejado de considerarlo por un motivo que no podía ignorar: no le despertaba nada. No había ese
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*—Ezra:Un alivio recorrió a Ezra al ver a su jefe en el almacén, sin embargo, de un momento a otro, las feromonas alteradas del alfa lo golpearon como una ola. Entre el hedor del atacante y el olor abrasivo, visceral, de Dante, la cabeza comenzó a darle vueltas. Las luces parecían demasiado fuertes. O quizá era su cuerpo, que ya no sabía si estaba en peligro o salvado.—Ezra —murmuró Dante, dando un paso hacia él.Ezra retrocedió de inmediato, como si aquel paso fuera una amenaza directa. La espalda chocó contra un estante y una punzada de terror le atravesó el pecho. Sabía que la reacción era irracional, sabía que era Dante, su jefe, no un desconocido, pero su cuerpo no le hacía caso. Su cuerpo solo sabía que había dos alfas dominantes allí dentro… y él era un omega expuesto, temblando, con la camisa rota y la piel ardiendo donde las manos del atacante lo habían tocado.Apretó más fuerte la botella. No sabía si iba a usarla. Solo sabía que necesitaba algo en las manos o se de
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*—Ezra:Estuvo un largo momento en los brazos de Dante, siendo reconfortado por el alfa hasta que este lo levantó del suelo. Ezra se aferró a él con desesperación silenciosa, enterrando la cara en su cuello como si ese pequeño gesto pudiera protegerlo del mundo entero.Dante lo cargó fuera del baño y lo llevó hacia los sofás de la habitación privada, moviéndose con una firmeza que no coincidía con la vibración de dolor que recorría su cuerpo.—Dame un vaso con agua o hielo —ordenó, sin alzar demasiado la voz, pero con esa autoridad que partía la habitación en dos—. Busca una muda de ropa limpia entre los chicos, que no esté sucia ni huela a alfa —añadió a alguien más.Ezra apenas podía seguir la escena. Las feromonas de Dante lo envolvían en oleadas suaves, cálidas, dulces de una forma que no debería permitirse para un alfa tan intenso. Eran como un recordatorio constante de seguridad, un refugio tibio que lo hacía sentir cansado, a salvo, casi dormido.No quería separarse.Solo ahí p