All Chapters of La Obsesión Del Alfa (Lazos Del Destino #2): Chapter 61
- Chapter 70
115 chapters
61
*—Ezra:Entraron a algunas tiendas solo a mirar; en otras compraron ropa, ropa interior, corbatas. Micah incluso eligió algunas cosas para él y le regaló una corbata para su nuevo trabajo.Ezra aún no tenía uno nuevo, pero quién sabe si después conseguía otro trabajo de oficina. Se tomaría unas vacaciones, sí, pero después volvería al ruedo y buscaría algo más tranquilo. Algo suyo.—¿Qué tal si vemos una película? —preguntó Micah, señalando hacia el cuarto piso, donde estaba el cine.Ezra miró las filas desde lejos.—¿Estás seguro?—Hay varios clásicos reestrenándose —respondió Micah—. Me gustaría conocer más tus gustos. Dijiste que te gustan las series y las películas, ¿recuerdas?Ezra sonrió. No era algo que le hubiera dicho recientemente. Había sido hacía tiempo… y aun así, Micah lo recordaba. Eso le sumó muchos puntos.Dejaron las bolsas en los casilleros del centro comercial para no cargar con todo y luego se dirigieron al cine. Hicieron fila y Ezra observó la cartelera.—¿Qué te
62
*—Ezra:Pasó el resto de la película luchando por no pensar en ello, aunque fue una batalla perdida. Cada roce accidental, cada movimiento de Micah a su lado, lo mantenía en un estado de alerta constante.Cuando la película terminó, Ezra se sentía agotado, como si hubiera corrido una maratón mental. Aun así, sabía que la noche no acababa allí. Tomados de la mano, como lo habían estado desde el inicio de la cita, recuperaron las bolsas de compras y regresaron al vehículo.—Aún no hemos cenado —comentó Micah mientras abría la puerta—. Sé que hay varios sitios aquí en la plaza, pero quiero llevarte a mi restaurante favorito, ¿sí?Ezra asintió sin dudarlo.Una velada más íntima sonaba bien. Un lugar donde pudieran hablar de ellos.Micah volvió a ponerse al volante. Durante el trayecto, Ezra se sintió más suelto, más hablador. Con Micah podía dejarse llevar, y no sabía exactamente por qué, pero se sentía cómodo. Demasiado. Le recordó, de una forma incómoda, a cómo se sentía con Engel.El p
63
*—Ezra:Durante la velada bebieron vino, y Ezra no supo en qué punto exacto fue que el calor del alcohol le aflojó la lengua. Tal vez fue en la segunda copa, o quizá en la forma relajada en que Micah lo miraba, sin juicio, sin prisa. Habló de sí mismo. De su inexperiencia. O, mejor dicho, de su absoluta falta de ella.A Micah le sorprendió descubrir que Ezra nunca había compartido su cama con nadie. Que era virgen. La sorpresa cruzó su rostro solo un instante; luego fue sustituida por algo mucho más amable. No hubo burlas ni comentarios incómodos. Solo atención… y cuidado.Hablaron de muchas cosas: de sus familias, de recuerdos pequeños, de gustos sencillos. Ezra se sentía cómodo, incluso seguro a su lado. Y aun así… algo no terminaba de encajar del todo. Había esperado una chispa, una sacudida que le recorriera el cuerpo, pero a medida que la noche avanzaba comprendió que lo que había entre ellos era distinto: una camaradería dulce, un coqueteo suave, una cercanía amable que n
64
*—Ezra:Juntos caminaron por el pasillo, uno que a Ezra le pareció interminable. La alfombra amortiguaba sus pasos, pero su corazón resonaba con fuerza en sus oídos. Micah pasó la tarjeta por el sensor y la cerradura respondió con una melodía suave, casi irónica. Le cedió el paso.Ezra entró.La habitación era amplia, elegante, y solo había una cama. Una sola. Por supuesto que era así. No había ido allí a descansar ni a dormir. Había ido a cruzar una línea que jamás había cruzado antes.Un escalofrío le recorrió la espalda.La puerta se cerró tras ellos con un clic definitivo, seguido del sonido de los pasos de Micah acercándose. La garganta de Ezra se secó de inmediato. Su respiración se aceleró, corta, superficial. Sintió cómo sus propias feromonas escapaban sin permiso, dulces, densas, llenando el aire y mezclándose con el sándalo característico de Micah.Un brazo rodeó su cintura.El cuerpo ancho y cálido de Micah se pegó a su espalda, firme, real. Ezra sintió la erección del alfa
65
*—Ezra:Ezra vomitó con tanta fuerza que sintió la garganta en carne viva y el estómago reducido a un nudo ardiente. Cuando terminó, se quedó de rodillas frente al inodoro, temblando, con los ojos llenos de lágrimas y la mente en blanco, preguntándose qué diablos acababa de pasar.Escuchó pasos acercarse al baño.Su cuerpo reaccionó antes que su cabeza y se estremeció de pies a cabeza. No sabía si era miedo, vergüenza o algo más profundo que no lograba nombrar.—Ezra… —llamó Micah desde la puerta.Al instante, la nariz de Ezra captó el aroma a sándalo. Le recorrió el estómago como un golpe seco. Apenas tuvo tiempo de inclinarse otra vez antes de vomitar de nuevo.La cabeza le martillaba. El mareo era constante, denso, como si el suelo no terminara de quedarse quieto.No supo en qué momento Micah se marchó. Cuando logró recomponerse un poco, el baño estaba en silencio. No tenía idea de cuánto tiempo había pasado allí, solo sabía una cosa con absoluta certeza: lo había arruinado todo, y
66
*—Ezra:¿Qué había dicho Micah? ¿Imprimirse?¿Estaba diciendo que se había impreso en Dante?La impronta era una reacción instintiva y profunda de un alfa o un omega: una fijación temprana, primitiva, donde el cuerpo reconocía, en su caso, a un alfa como su alfa, incluso sin vínculo ni mordida. No era el lazo definitivo, pero era el primer paso. Y una vez ocurría, el cuerpo comenzaba a rechazar a todos los demás.—No —negó de inmediato—. Eso es imposible.—Piénsalo —insistió Micah, retrocediendo un paso para darle espacio—. Los alfas que te desean los repeles. Mi olor te enferma. El de otros alfas te resulta insoportable. Y, sin embargo, el único que no te provoca rechazo es Dante.Ezra negó con la cabeza, desesperado.—Además —continuó Micah con suavidad—, su olor te reconforta. Cuando estás agobiado, asustado, si lo percibes, te sientes mejor, ¿no es así?Y entonces todo encajó.El recuerdo lo golpeó de lleno: el pánico, el temblor, la forma en que solo la presencia de Dante había l
67
*—Ezra:Anoche se había dejado caer en la tristeza al aceptar una verdad incómoda: estaba impreso en Dante y esto le había dolido más de lo que estaba dispuesto a admitir, pero hoy era distinto.El sol entraba sin pedir permiso, más resplandeciente que nunca, y el cielo estaba tan limpio que parecía prometer horizontes nuevos. Ezra respiró hondo frente al espejo y se obligó a enderezar la espalda.No iba a dejar que aquello lo devorara por dentro.¿Que estaba impreso en él? Bien. Lo superaría.Había pasado la madrugada investigando, leyendo foros médicos, artículos académicos y testimonios anónimos. No era tan raro como parecía. Micah no había exagerado: la impronta podía romperse si el omega se alejaba el tiempo suficiente de su alfa. Al menos un mes. Dos, para ir sobre seguro.Dolía. Claro que dolía. El cuerpo entraba en guerra consigo mismo, el instinto gritando una cosa y la razón empujando en sentido contrario. Por eso muchos no lo lograban. Por eso era tan devastador.No obstan
68
*—Ezra:Después de que la mesera les tomara la orden y se alejara con una sonrisa profesional, Engel se acomodó en su asiento con deliberada calma y fijó la mirada directamente en Ezra. La sonrisa que curvó sus labios era cualquier cosa menos inocente. Callum imitó el gesto, inclinándose ligeramente hacia delante.Ezra se encontró, de pronto, con dos detectives frente a él, dispuestos a diseccionar cada segundo de las últimas veinticuatro horas de su vida.—Y bien —empezó Engel, cruzándose de brazos—, ¿qué tal la cita? —Luego frunció el ceño—. Y no quiero hoyos en la historia. Quiero que me digas qué pasó desde que Micah te recogió hasta que te dejó de regreso en casa, ¿entendido?Insistió con una mirada que no aceptaba evasivas.Ezra soltó una risa baja. Sí, conocía a Engel demasiado bien como para intentar resumir. Él quería lujo, drama y detalles innecesariamente precisos.—Está bien —cedió—. Todo.Les habló de su día desde el principio. De cómo se había prometido olvidar a Dante.
69
*—Ezra:—Entonces… ¿Dante te rechazó? —preguntó Engel, deteniendo el tenedor a medio camino—. ¿Dante “yo-nunca-le-digo-que-no-al-sexo”?Ezra se encogió de hombros con una mueca resignada.—Conmigo siempre es otra historia, Engel —respondió, mirándolo de frente—. Él tiene principios, reglas, pero conmigo parece romperlas todas y volver a levantarlas cuando le conviene. Ya no sé qué hacer con él.Hizo una pausa antes de continuar.—De todos modos, por ese rechazo fue que decidí escribirle a Micah para salir —admitió—. Sí, suena a despecho, lo sé, pero estaba decidido a olvidar a Dante, a sacarlo de mi mente de una vez por todas.Miró su plato, perdiendo el apetito por un segundo.—Entonces —intervino Callum—, lo que no entiendo es cómo anoche lo arruinaste.—Micah besa como el cielo —confesó Ezra, dejando el tenedor a un lado y llevando la mano a su taza para beber un sorbo—. Es un buen amante. Atento. Pero no pude disfrutarlo. Porque, como dije antes… el olor que tanto me relajaba empe
70
*—Ezra:—Entonces, ahora estás impreso en Dante —comenzó Callum con cautela luego de un largo silencio—. ¿Qué vas a hacer?—Mi plan original —respondió Ezra sin pensarlo—. Terminar mi ciclo laboral e irme con la cabeza en alto.Apenas pronunció las palabras, un dolor agudo le atravesó el pecho, como si algo invisible se hubiera cerrado alrededor de su corazón. Ezra se llevó la mano al centro del torso, respirando con dificultad. Callum y Engel lo miraron de inmediato, alarmados.Ahora lo entendía.Ese dolor no era ansiedad ni tristeza común. Era la impronta. Por eso los pequeños ataques de celos, por eso esa opresión constante cada vez que rechazaba a Dante o intentaba alejarse de él. No era debilidad emocional. Era biología traicionera.Engel soltó una risa baja y negó con la cabeza. Sabía que el comentario incómodo estaba por venir. De los tres, él era quien más sabía lo que significaba luchar contra algo que podía arruinarte la vida. Llevaba veinte años separado de su compañero al