All Chapters of La Obsesión Del Alfa (Lazos Del Destino #2): Chapter 71
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*—Ezra:Decidieron terminar la velada. Poco después, Dominick llegó para buscar a Callum para que almorzaran juntos. Ezra observó cómo el hombre alto, tan parecido a Dante que el parecido dolía, descendía de su vehículo. Dominick se acercó con una sonrisa amplia, los ojos negros brillándole con una calidez evidente.Ver la forma en que Callum y Dominick se miraban, cómo se tocaban con naturalidad y cariño, le apretó el pecho hasta casi dejarlo sin aire.Eso era lo que quería. Ser amado así, pero la mala suerte parecía perseguirlo, heredada quizá de su pobre padre omega.—Hola, chicos —saludó Dominick cuando se separó de Callum—. Veo que pasaron una gran velada. Horas y horas de puro cotilleo, ¿eh?Los tres se miraron antes de reír. Luego Dominick dirigió la atención a Ezra y frunció el ceño. Tal vez fue por lo hinchados y enrojecidos que aún tenía los ojos, evidencia clara de que había llorado, pero lo que salió de su boca fue otra cosa.—Ahora que lo pienso… es extraño que hoy no est
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*—Ezra:Después un largo momento, Engel suspiró y carraspeó.—Como dije antes… hablemos —repitió, mirándolo—. No quiero que te deprimas. Ni por la impronta ni por lo que le pasó a Dante. Es probable que solo sea falta de descarga. Ya sabes cómo son los alfas dominantes sin vínculo —murmuró—. Y sobre la impronta… ya tengo una idea de cómo podríamos manejarla.Ezra arqueó las cejas.—¿Y sería…?Engel lo miró con total seriedad antes de soltarlo sin rodeos:—Acuéstate con él.Ezra giró la cabeza de golpe, incrédulo.—¿Hablas en serio? ¿Tener sexo con Dante? —dijo, rodando los ojos—. Sabes que eso no va a pasar y tu estabas en contra, ¿por qué ahora estás a favor?—Sé que se desean —continuó Engel, tamborileando los dedos sobre el volante—. Me has dicho que cada vez que se besan es como perder el control, que te dan ganas de seguir, pero tu miedo a intimar te detiene —sonrió con malicia—. Justamente por eso hay que aprovechar esta situación.—Engel…—Te quedan pocos días trabajando con él
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*—Ezra: No volvieron a hablar durante el resto del trayecto. Engel condujo directamente hasta su casa… o, mejor dicho, su mansión. A Ezra siempre le había parecido excesiva, casi intimidante: un edificio monstruoso de tres pisos, de estilo mediterráneo contemporáneo. Cada vez que la veía, sentía el mismo escalofrío, y cuando los guardias apostados tras la verja de hierro forjado lo observaron con atención, el temblor habitual recorrió su espalda. El esposo de Engel era un hombre metido de lleno en la política, con rumores cada vez más fuertes sobre su próxima candidatura a la alcaldía. La seguridad constante en la propiedad era más que comprensible. La verja se abrió lentamente y el vehículo avanzó por el largo camino flanqueado de pequeños pinos, hasta llegar a una rotonda central con una enorme fuente. Al fondo, la casa se alzaba imponente, con techos rojizos, paredes de estuco claro y amplios ventanales. Demasiado grande para solo dos personas, pero claro… el concejal, futuro alc
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*—Ezra:Ezra condujo a casa después de dejar a Engel.Ezra suspiró mientras conducía, pensando que quizás ya era hora de pensar seriamente en su propio futuro.Amaba a Dante, sí. A veces también lo odiaba, porque podía ser un completo idiota, eso tampoco lo negaba, pero, siendo honesto consigo mismo, le habría encantado que Dante pensara en él más allá de lo inmediato, que lo imaginara como parte de una relación real. El problema era que, en el fondo, Ezra sabía que Dante solo quería llevarlo a la cama y luego seguir con su vida. Y aunque compartir la cama con él era una tentación constante, Ezra necesitaba algo más estable, más serio. Algo que su jefe, simplemente, no podía darle.Dios… no tenía idea de qué hacer con su vida, y menos ahora con esa impronta tan profunda que Dante había dejado en él. ¿Cómo se suponía que iba a superar algo así?Se detuvo en una luz roja justo cuando su teléfono comenzó a sonar. Aprovechó para sacarlo del bolsillo del pantalón y se sorprendió al ver el
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*—Ezra:Ezra llamó primero a Sasha, pero la llamada no fue respondida. Esperó unos segundos, miró la pantalla con una pizca de esperanza inútil y, al no obtener respuesta, no tuvo más remedio que marcar al odioso de Liam. Este atendió al tercer timbrazo.—¿Qué quieres? —fue su saludo seco, cargado de fastidio.Ezra apretó la mano libre en un puño, obligándose a mantener la compostura.—Buenas tardes para usted también, señor Freeman —respondió con educación forzada, aunque por dentro tenía ganas de mandarlo al carajo—. Sé que quizá lo llamo en un momento poco adecuado; si es así, hágamelo saber. Sin embargo, el señor Delacroix desea contar con su presencia en este momento.—¿Dante? ¿Y por qué no me llama él? —preguntó Liam con ese tono irritante que siempre parecía insinuar que todo le molestaba.Ezra apretó el teléfono con más fuerza.—Ahora mismo se encuentra imposibilitado para hacerlo —explicó con calma—. Fue él quien pidió que me comunicara con usted.—¿Y Sasha? —preguntó Liam, c
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*—Dante:Estaba hirviendo de ira.Sabía que había sido una pésima idea permitir que Adrien y su madre se involucraran tan profundamente en lo que le había ocurrido el lunes. Aún no lograba entenderlo del todo. Dante había tenido sexo recientemente con Sasha; había sido torpe, incómodo, incluso un desastre, pero lo había hecho. Se había “liberado” un poco, o al menos eso creía. Sin embargo, el médico insistía en que necesitaba dormir con alguien, mantener actividad constante. Y, aun así, Dante se había negado a llamar a sus amantes.Hasta que su madre, como siempre, decidió tomar las riendas.¿Llamar a Ezra para que contactara a sus omegas? Solo pensarlo le encendía la sangre. No los había llamado porque, simple y llanamente, ya no se sentía cómodo con ellos. Nada era igual. Nada encajaba. Y lo que más le molestó no fue la intromisión de su madre, sino que Ezra obedeciera sin rechistar, como si su jefe fuera Adrien o Lauren, y no él.Ver a Ezra actuar con total normalidad después de
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*—Dante:Ahora que ya había dado a conocer su punto, Dante decidió que era momento de terminar con broche de hora su acuerdo.Dante se movió por el apartamento hasta la habitación principal. Entró al walk-in closet y, en una esquina discreta, se encontraba la caja fuerte. Introdujo el código sin titubear y extrajo una carpeta del interior.Había decidido guardar todo allí, en el apartamento público, precisamente por esto: si algún día quería terminar la relación en ese mismo lugar, podía hacerlo sin demoras. Y ese día había llegado.Regresó a la sala, donde Liam y Sasha seguían sentados. Tomó el sofá de antes y colocó la carpeta sobre la mesita de centro, justo entre ambos sofás. La abrió con calma, sin prisa alguna, y buscó el documento que necesitaba: un anexo al primer acuerdo, un contrato de término de relación que su abogado había redactado cuando decidió formalizar aquel vínculo. No tenía fecha establecida, pero sí el espacio preciso para consignarla, pensado exactamente para un
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*—Ezra: Aún no había tomado una decisión definitiva, pero sí había hecho algo que llevaba días evitándose: una lista mental de los pros y los contras de seguir tonteando con Dante hasta que llegara su último día como asistente.Los pros eran demasiados como para ignorarlos. Dante lo deseaba, incluso cuando fingía lo contrario. Con él, Ezra se sentía visto, elegido, necesario. Estar a su lado le provocaba una mezcla peligrosa de seguridad y vértigo; sabía exactamente cómo tocarlo con la mirada, cómo desarmarlo con una palabra dicha en el momento justo. Había química, una conexión que no podía negar ni aunque quisiera. Dante era intenso, dominante, protector cuando se lo permitía, y Ezra anhelaba, más de lo que estaba dispuesto a admitir, sentirse reclamado por alguien así, aunque fuera por un tiempo limitado. Además, estaba el simple hecho de sentir: de dejar de reprimirse, de vivir algo que no fuera correcto ni seguro, pero sí real.Los contras, en cambio, eran pocos… pero pesados. D
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*—Ezra: Ethan y Mikkel llegaron a su evento de revelación del sexo de su bebe con una caja de magdalenas. Se sentaron en el centro de la mesa, como los anfitriones que eran, radiando una felicidad imposible de ocultar. Los meseros no tardaron en aparecer con bebidas y bocadillos en dos colores distintos, tanto para beber como para picar. Luego sirvieron el plato fuerte y, finalmente, el postre: pequeñas magdalenas de chocolate coronados con crema blanca, perfectamente alineadas como si guardaran un secreto.La dinámica era sencilla y muy propia de Ethan. Cada uno debía grabar un breve video, presentándose con su nombre y explicando su parentesco con la madre del bebé, diciendo unas palabras para el pequeño que crecía en el vientre de Ethan. Después, cuando todos hubieran hecho su grabación, morderían el cupcake al unísono para revelar el color del relleno. Ethan adoraba las redes sociales y documentarlo todo; para él, cada momento merecía quedar atrapado en la memoria digital.Comenz
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*—Ezra: Una vez en su apartamento, Ezra fue directo a la habitación. Draco lo siguió como una sombra silenciosa, curioso, convencido de que aquella caja escondía algo digno de su atención. Ezra le lanzó una mirada al gato cuando este saltó a la cama, inspeccionando el botín como si fuera suyo por derecho.Tomó un cúter y, con cuidado, rasgó la cinta roja que sellaba la caja. Dejó la herramienta a un lado y abrió las solapas. Dentro, un papel negro cubría el contenido. Ezra lo apartó… y sus ojos se abrieron como lunas llenas.Su instinto gritó ciérrala.Y eso hizo.Cerró la caja con tanta rapidez que se quedó boquiabierto, respirando hondo, como si acabara de cometer un delito. Miró a Draco, que seguía recostado en la cama, completamente ajeno al caos que acababa de desatarse.—¿Qué demonios fue eso…? —murmuró.Con manos un poco temblorosas, volvió a abrir la caja y retiró el papel negro. Sus ojos fueron directos a la primera caja pequeña, donde un dibujo inequívoco dejaba claro que s