All Chapters of No te arrepientas de perderme, mi Esposo CEO : Chapter 171
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LA NOCHE DE LA GALA
La noche envolvía suavemente sobre la Villa La Matilde, envolviéndola en un silencio expectante, casi reverente. En el interior, la habitación de Leah estaba iluminada por una luz cálida y tenue, esa que no invade, que acaricia. Frente al espejo de cuerpo entero, Leah se observaba en silencio, como si estuviera viendo a otra mujer… y al mismo tiempo, a la versión más real de sí misma. El vestido colgaba de su cuerpo con una caída impecable. Era color esmeralda profundo, un verde elegante, sereno y poderoso, como si hubiese sido creado para una mujer que había aprendido a sostenerse incluso cuando todo se había derrumbado. El diseño era sobrio y refinado: mangas largas de tela ligera, un escote cerrado pero delicadamente trabajado, y una falda que fluía con gracia hasta rozar el suelo. La cintura estaba apenas marcada, lo suficiente para estilizar su figura sin delatar el secreto que resguardaba en su vientre. Nada, absolutamente nada, revelaba que estaba embarazada. Solo ella
ELLA DEJA EN CLARO LO QUE ES
Leah avanzó, fue Liliana quien la guió hasta el otro extremo del Salón, razón por la cual había evitado cruzarse con Kevin y Dulce, Liliana sabía perfectamente a donde Leah pertenecía. — Bienvenida Señora Presley — Fue el saludo cordial que los Empresarios le habían dado. — Es un placer verla — Otro hombre de mediana edad se acerca. Los minutos fueron pasando, Leah empieza a entablar conversaciones con grandes Empresarios, mientras Kevin y Dulce se mantenían en el otro extremo con Kevin siendo el centro de atención, por ser el CEO más prestigioso de la Región. La gala había alcanzado su punto más alto cuando Leah Presley cruzó el umbral del gran salón. Avanzando al otro extremo. No fue un anuncio oficial ni una presentación rimbombante lo que provocó el silencio progresivo, sino algo más primitivo, más inevitable: su presencia. Leah avanzó con paso sereno, la espalda recta, el mentón en alto. El vestido —un tono verde esmeralda profundo, ceñido en la parte superior y caye
SUS BOCAS DICEN ALGO, PERO SUS ACTOS SON LO OPUESTO A SUS PALABRAS
La música flotaba en el aire como un murmullo elegante, cuerdas suaves y risas medidas, copas alzándose bajo lámparas de cristal. La gala seguía su curso con la precisión de un reloj de lujo, pero para Kevin Hill el tiempo había dejado de avanzar desde que la vio alejarse, desde que ella había expresado aquellas palabras, Kevin sentía que él aire no llegaba a él. Entre tanto, Leah estaba de pie, rodeada de hombres que no ocultaban su interés. CEOs de élite, herederos de imperios financieros, líderes que no solían inclinar la cabeza ante nadie… y sin embargo, allí estaban, atentos a cada palabra que salía de sus labios. Leah no necesitaba esforzarse: su porte, su inteligencia, la serenidad con la que hablaba de mercados, de innovación, de futuro, la convertían en el centro natural de cualquier conversación. Kevin apretó la mandíbula. No era solo su belleza —que esa noche parecía aún más peligrosa—, era la forma en que ella pertenecía a ese mundo. Siempre había pertenecido. Como si l
EL PRIMER ENFRENTAMIENTO
La noche había caído por completo cuando el vehículo se detuvo frente a Villa La Matilde. Las luces exteriores se encendieron de inmediato, como si la casa reconociera el regreso de Leah y quisiera recibirla con un abrazo silencioso. Sin embargo, ella no lo sintió así. Todo en su cuerpo pesaba. Ana se apresuró a abrir la puerta, pero Leah apenas le dedicó una mirada cansada y una leve sonrisa. —Estoy bien —dijo antes de que alguien pudiera preguntarle algo—. Solo necesito descansar. Fue una noche un poco ajetreada. — Claro mi señora, que tenga una buena noche cualquier cosa que necesite no dude en hacérmelo saber mi señora. — Gracias Ana — Posteriormente ella subió las escaleras con pasos lentos, controlados. No quería alarmar a nadie. Aquella leve molestia en el vientre había comenzado durante la gala, un tirón suave pero persistente, como un recordatorio constante de que su cuerpo estaba cambiando… y de que ya no podía permitirse quebrarse del todo. Entró en su habitación
VA CON ELLA
El amanecer en la Villa Hill llegó envuelto en una quietud incómoda, casi opresiva. La luz dorada del sol se filtraba tímidamente por los ventanales del comedor, iluminando una mesa servida con esmero, como si el orden externo pudiera compensar el caos que habitaba en los corazones. Dulce estaba sentada frente a Kevin, con las manos rodeando una taza de café que ya se había enfriado. Sus ojos, aún hinchados por el llanto de la noche anterior, evitaban mirarlo directamente. Kevin, en cambio, mantenía la postura recta, el semblante severo, distante. No había dormido. O, si lo había hecho, el descanso no le había alcanzado el alma. El silencio se prolongó más de lo habitual, hasta que Dulce respiró hondo, como quien se arma de valor antes de saltar al vacío. —Kevin… —dijo finalmente, con voz baja—. Quiero disculparme por anoche. No debí presionarte de esa forma. Solo que me sentí un poco insuficiente y reaccione de esa manera. Él levantó la mirada apenas un segundo. No había dureza e
LLAMADAS SIN RESPUESTA
La mañana avanzaba lentamente en la Villa Hill, pero dentro de Dulce el tiempo parecía haberse detenido. Estaba de pie frente al ventanal principal, con las manos apoyadas suavemente sobre el vidrio frío, observando los jardines perfectamente cuidados que se extendían hasta perderse en el horizonte. El sol bañaba la propiedad con una luz tibia, casi amable, pero en sus ojos no había rastro alguno de emoción. Ninguna chispa. Ningún reflejo. Era como si su cuerpo estuviera allí, pero su alma hubiese quedado suspendida en algún punto del pasado… en un tiempo donde Kevin Hill la miraba como si fuera lo único importante en el mundo. Ahora, ni siquiera sabía en qué lugar de su vida se encontraba. Había pasado toda la noche prácticamente sin dormir. Kevin no había regresado a la habitación y eso era un infierno para ella. Y aunque una parte de ella sabía que eso iba a suceder, el golpe no fue menos duro cuando la realidad se confirmó al amanecer. La cama intacta del otro lado, fría, inal
DOMENECH HILL PRESLEY O EMILY HILL PRESLEY
La habitación estaba envuelta en una calma casi sagrada. Leah había descansado lo suficientemente después de la venida de la Clínica. La luz suave de la tarde se filtraba por los ventanales de la Villa La Matilde, tiñendo las paredes de tonos cálidos, como si el mundo entero hubiera decidido hablar en susurros. Leah permanecía de pie frente al espejo de cuerpo entero, descalza, con el cabello suelto cayendo sobre sus hombros. Vestía una bata ligera que apenas lograba ocultar la curva ya evidente de su vientre. Lentamente, llevó ambas manos hacia abajo, apoyándolas con delicadeza sobre su abdomen. Allí. Allí estaba su pequeño milagro. Una sonrisa dulce, casi tímida, se dibujó en sus labios. No era una sonrisa de completa felicidad, sino una mezcla de ternura, nostalgia y una fortaleza nueva que comenzaba a echar raíces en su interior. —Hola mi pequeño bebé —susurró, como si temiera romper algo invisible—. Aquí esta mamá. Sus dedos recorrieron la piel con cuidado, como si aquel c
Una pieza en su juego
El amanecer en Bella Vista llegó sin aviso. Pero la misma se sentía diferente. No fue dorado ni cálido.Fue gris, espeso, como si el cielo mismo supiera que algo estaba a punto de romperse.Kevin Hill llevaba horas despierto. No había dormido más de unos minutos seguidos. La noche había sido inquieta, llena de pensamientos que no lograban ordenarse. El silencio de la Villa Hill era pesado, incómodo, y por primera vez en mucho tiempo, aquel lugar no se sentía como su hogar. Entonces el hombre había tomado la decisión de abandonar la Villa, por lo menos Hill Enterprises le daba un ambiente más propio. El Ferrari rugio por las avenidas de Bella Vista. 18 Minutos después Kevin Hill ya estaba en su Oficina, de pie frente al ventanal, cuando el teléfono vibró sobre el escritorio. El nombre que apareció en la pantalla lo hizo fruncir el ceño. — Habla Hill —respondió con voz firme, aunque algo en su pecho se tensó. —Señor Hill… —la voz del otro lado era cautelosa, profesional, pero había u
ELLA HA TOMADO UNA DECISIÓN
La mañana avanzaba con una lentitud extraña en la Villa La Matilde. El sol se filtraba entre las cortinas blancas, pero su luz no lograba disipar la sensación densa que habitaba el ambiente desde la llamada que había cambiado todo. Leah permanecía sentada en uno de los sillones del salón principal, con las manos entrelazadas sobre su vientre, respirando despacio, como si cada inhalación fuera un esfuerzo consciente por mantener la calma… por su bebé. El sonido de un automóvil rompiendo la quietud la hizo alzar el rostro apenas un segundo antes de que Ana anunciara la visita. —Señora Leah… la asesoraLiliana Ferretti acaba de llegar. Leah asintió con un leve movimiento de cabeza. —Hazla pasar, Ana. Gracias. Cuando Liliana cruzó el umbral, su expresión no era la de siempre. No traía la serenidad profesional que solía envolverla, ni la firmeza de quien llega con respuestas claras. Esta vez, había en su mirada una mezcla incómoda de desconcierto y preocupación genuina. —Leah… —saludó
VA A VERLA
Kevin se encontraba leyendo todos los documentos, sus facciones se endurecer el azul de sus ojos se vuelve peligroso, entonces despues de comprender cada detalle no dudó ni un segundo. Abandonó Hill Enterprises sin avisar a nadie más que a Arturo, con el rostro endurecido y la mandíbula tensa. La ciudad de Bella Vista se extendía ante él mientras conducía, pero no veía calles ni edificios: solo el rostro de Leah, su silencio reciente, la frialdad que se había instalado entre ambos como una barrera imposible de cruzar. Sabía que algo había cambiado. Y ese presentimiento le oprimía el pecho con una fuerza desconocida. La Villa La Matilde apareció ante él envuelta en una quietud extraña. No era el refugio cálido que había sido semanas atrás. Kevin descendió del vehículo con pasos firmes, pero por dentro sentía una inquietud que no lograba acallar. Cruzó el umbral sin anunciarse, como tantas otras veces, esperando verla aparecer, quizá con el ceño fruncido, quizá cansada… pero viva, c