All Chapters of No te arrepientas de perderme, mi Esposo CEO : Chapter 201
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EL REGRESO A BELLA VISTA
El avión privado aterrizó en la pista de Bella Vista bajo la furia de una tormenta eléctrica que iluminaba el cielo como una advertencia. El viento sacudía las alas del jet mientras descendía lentamente, y el rugido del trueno hacía vibrar los cristales del hangar. Era como si la ciudad misma estuviera reaccionando a la llegada de Kevin Hill, presintiendo que algo oscuro se aproximaba. Dentro de la cabina, Leah dormía profundamente. Su cabeza reposaba sobre el hombro de Kevin, su respiración era suave, tranquila, y aunque el temblor del avión y el estruendo del cielo parecían querer despertarla, ella permanecía envuelta en un sueño dulce. Kevin mantenía una mano protectora sobre su abdomen, como si ese simple contacto fuera capaz de resguardar a madre e hijo de todo peligro. Kevin giró apenas su rostro hacia ella y la contempló por unos segundos. No había cansancio que le impidiera admirar la serenidad de Leah cuando dormía. Sus labios entreabiertos, la curva de sus pestañas larga
NO ESTABA DISPUESTO A PERDONARLA
La tormenta seguía rugiendo sobre Bella Vista como si la naturaleza misma entendiera que algo monumental estaba por desmoronarse. Los truenos sacudían los ventanales y la lluvia golpeaba la noche con una violencia que parecía presagiar tragedias y revelaciones. Kevin observaba a Leah dormir en la habitación, y alli en aquella Villa que le pertenece a ellos, a su historia, Kevin sabia que estaba en el kugar correcto, tratando de proteger lo que ama,, bajo la suave luz que apenas iluminaba su rostro sereno. Leah le había enseñado a sanar aquello que él consideraba imposible que dejará de sangrar, la herida de la ausencia de una mujer que tal parece no merecía más. Una mujer que no merecía las lagrimas de Kevin Hill.Pero Leah era aquello por lo que él estaría dispuesto a pelear incluso en el infierno, ella era la raíz que lo sostenía. Lentamente el hombre posa su mano por su vente ligeramente abultado, pero ya tenía 4 meses, allí estaba creciendo la vida que ambos procrearon, aquello q
Perturbador
La tormenta llevaba horas desatándose sobre Bella Vista, pero esa noche había tomado una fuerza distinta. No era solo lluvia: era un rugido del cielo que hacía temblar ventanas, techos, árboles y hasta el aire. El parabrisas del vehículo blindado se cubría de agua a tal velocidad que los limpiaparabrisas apenas podían seguir el ritmo. En el tablero digital, un aviso rojo destellaba continuamente: ALERTA: SISTEMA METEOROLÓGICO. SE PRONOSTICAN TORMENTAS INTENSAS DURANTE LOS PRÓXIMOS 7 DÍAS. RIESGO ELEVADO. Kevin lo observaba sin pestañear. No tenía miedo de la tormenta. Lo que verdaderamente lo inquietaba era lo que debía enfrentar esa noche. Leah estaba segura en la Villa, sabía perfectamente que Liliana cumpliría a la perffeción con su misión de protegerla, simepre lo hizo y está vez no la excepción, el vehículo continua con su andar. Kevin había tomado una decisión: antes de ir con ella, debía enfrentar a Dulce. No podía dejar cabos sueltos. No podía permitir que la oscurida
PAPÁ VA A VOLVER
VILLA LA MATILDEEl trueno cayó como un latigazo contra el cielo, tan violento que las ventanas de la habitación vibraron con un temblor seco. Leah abrió los ojos sobresaltada, su respiración entrecortada por el sobresalto, y durante unos segundos permaneció inmóvil, tratando de entender si el sonido formaba parte de un sueño o de la realidad.Otro trueno iluminó la habitación con un parpadeo blanco. No, no era un sueño. Bella Vista estaba siendo devorada por la tormenta más intensa que había visto en meses.Leah se incorporó lentamente, sintiendo la suave presión en su vientre. Sus dedos, delicados y temblorosos, se posaron sobre la piel cálida de su abdomen cubierto por la tela fina del pijama. Allí estaba su bebé… su pequeño milagro. El hijo de Kevin. El hijo de ambos. Un pequeño ser que fue creado con amor.—Sabemos que papá va a solucionar todo esto… —susurró con un hilo de voz, acariciando su vientre con ternura.Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, pero había un brillo
NO PUEDE SER SUPERIOR A LEAH
La tomenta se intensifica, entonces el hombre avanza, solo había una verdad, Kevin Hill no estaba para teatro. No aquella noche. No después de descubrir lo que Dulce había hecho.Su voz surgió como un trueno más, seco, profundo, devastador:—Eres una maldita mentirosam Dulce. No quiero alargar el tema, porque me da asco estar cerca de ti mucho tiempo y quiero aclarar todo antes de hundirte.Dulce alzó la mirada lentamente, como si saboreara cada palabra. Sus labios se curvaron en una sonrisa que pretendía ser dulce pero rezumaba veneno.—Kevin… acabas de llegar. ¿De verdad quieres empezar así? No quisiera que está noche tan magnifica nuestra conversación sea de esta manera. Tampoco creo que sea conveniente que me amenaces.Kevin avanzó otro paso. Su rostro era una máscara de piedra. Las gotas de lluvia resbalaban por su cabello oscuro, marcando líneas sobre su piel, pero él ni siquiera parecía notar el frío.—Una mentirosa y una traidora. —escupió las palabras con desprecio absoluto—
ESTAS EN LO CORRECTO
Dulce se quedó paralizada en ese momento y Kevin avanza unos pasos más, quedando muy cerca de ella.—¿Qué pasa Dulce, has visto un fantasma?— ¿De qué estás hablando Kevin?— Dulce, dijiste que hablaríamos sin mascaras. ¿Por qué aún no dejas caer la tuya?La mujer queda en silencio por unos minutos observando a Kevin con una intensidad casi aniquilante. Hasta que, se tuerce el cuello, sus miradas colisionan y ella deja ver una pequeña sonrisa, podría decirse que era de esas sonrisas peligrosas, alguien que sabe que al hablar desataría una guerra en medio de esa tormenta, Dulce avanza, la sangre ya traspasa la tela, pero era lo menos que a Dulce Navarro parecía importarle.— ¿Por qué te quedas callada Dulce, dime algo, niégalo o admítelo, pero no te quedes allí pensando en que mentira me dirás o ¿Mañana vas a fingir un nuevo accidente y tu muerte?— Cállate Kevin — Espeta Dulce y el hombre sonríe.— ¿Cómo planea callarme Señora Hill? — Ella sabía que él estaba presionándola, que no de
EL ESTALLIDO
La tormenta golpeó con un trueno tan violento que los ventanales vibraron como si fueran a hacerse añicos. La mansión entera parecía respirar de forma irregular, acompasando su estructura al pulso frenético del clima. Afuera, el cielo era una masa negra desgarrada por relámpagos blancos; adentro, el infierno estaba ocurriendo de pie, frente a frente. Kevin Hill no pestañeó cuando Dulce terminó su confesión. No respiró. No reaccionó como un hombre herido. No reaccionó como un hombre traicionado. Reaccionó como un depredador que, tras semanas de contención, finalmente reconocía a su presa. Su voz salió peligrosa, demasiado baja: —Admites, entonces, que eres un monstruo. Dulce sonrió. La sangre en su mano vendada ya corría por su muñeca, gota tras gota, manchando el mármol blanco como un rastro de locura. Su mirada estaba completamente desquiciada, pero al mismo tiempo calculadora. Conocía el peligro que tenía enfrente, y sin embargo se mantenía firme. —Kevin, amor… —susurró con
NO ME OCULTE NADA
La lluvia caía con una rabia casi salvaje, azotando los ventanales de la Mansión Hill, mientras el viento aullaba como si anunciara un presagio oscuro. En el interior, apenas iluminado por lámparas cálidas, el cuerpo de Kevin Hill yacía tendido en el suelo, inconsciente. La sangre que seguía brotando de su costado formaba un charco oscuro que se mezclaba con el reflejo tembloroso de los relámpagos que atravesaban la habitación.Su respiración era irregular, su piel estaba empapada en sudor frío… y su teléfono vibraba una y otra vez sin respuesta.A varios kilómetros de allí, en otra propiedad,, Dulce acababa de instalarse en la antigua Villa Winchester. La tormenta se escuchaba igual de feroz, pero a ella no parecía importarle. Caminaba descalza sobre el piso de mármol, con una copa de vino tinto en la mano envuelta en un vendaje improvisado. Su vestido oscuro se pegaba a su figura, y cada paso que daba rezumaba una extraña calma venenosa. Su mano vendada le daba un aura aún más pelig
ESTA HERIDO
La tormenta continuaba rugiendo sobre Bella Vista como una bestia enfurecida, iluminando el cielo con relámpagos que parecían desgarrar las nubes. El viento empujaba las copas de los árboles con violencia, y la lluvia azotaba las ventanas de la Mansión Hill como si quisiera atravesarlas. Era la clase de clima que anunciaba desgracias… y en ese preciso momento, la desgracia estaba por confirmarse.Arturo caminaba con el teléfono pegado a su oído, la mandíbula tensa y el ceño fruncido. Desde que Leah le había pedido rastrear al chofer, no había tenido un solo segundo de respiro. Sus dedos temblaban ligeramente, aunque intentaba controlarse. Sabía que Kevin era fuerte, casi indestructible… pero también sabía que todos los hombres, incluso los reyes, pueden caer.Marcó el número del chofer una vez más.Un tono.Dos tonos.Tres.Finalmente, contestó.—¿Señor Arturo? —dijo el chofer, jadeando—. Estoy entrando ahora mismo.—¿Ya llegó a la puerta principal? —preguntó Arturo, acelerando el pas
No hay garantías de sobrevivir
La ambulancia avanzaba devorando el asfalto mojado, mientras la tormenta se empeñaba en castigar la ciudad con truenos que hacían vibrar las ventanas. Dentro, el cuerpo de Kevin era atendido por dos paramédicos que trabajaban sin descanso para estabilizarlo. El monitor cardíaco marcaba un ritmo irregular, pero vivo. A veces débil, otras alarmante. Era una línea zigzagueante que parecía debatirse entre caer y seguir luchando. —La hemorragia sigue activa —dijo uno de los paramédicos con voz tensa, presionando una gasa sobre la herida lateral del abdomen—. Mantengan la compresión. No podemos perder más sangre. —Ya está muy pálido —agregó el otro—. Si no llegamos en cinco minutos… El primero lo interrumpió con una mirada severa. —Llegaremos. Porque no había alternativa. Ese hombre, ese gigante empresarial, estaba sostenido ahora únicamente por manos ajenas, por respiraciones ajenas. La ambulancia tomó una curva violenta que casi arrojó a los paramédicos hacia un lado, pero no so