All Chapters of No te arrepientas de perderme, mi Esposo CEO : Chapter 221
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LA MUJER QUE LO RESCATARÍA
Kevin volvió a abrir los ojos apenas unos minutos después de haberse rendido al cansancio. Esta vez, la respiración de Leah se detuvo. Ella había permanecido allí, sentada en la silla a su lado, sin apartar la mirada de su rostro ni un instante. Pero lo que vio ahora la hizo incorporarse con cuidado. El azul de los ojos de Kevin lucía cristalino, alerta en medio del agotamiento. Movió los dedos como si quisiera buscar algo, o a alguien. Y Leah tomó su mano de inmediato. —Estoy aquí, contigo Kevin —susurró con suavidad. Kevin la miró, estudiándola por unos segundos. Pero algo en su expresión cambió. Su ceño se frunció, sus labios se tensaron, y un destello de confusión nubló su mirada. —Leah… —murmuró, su voz áspera, débil—. ¿Qué… qué hago aquí? La pregunta cayó como un balde de agua helada sobre ella. Por un instante, el mundo se volvió estático. Leah parpadeó lentamente, tragando la punzada que sintió en el pecho. —Kevin… —respondió con calma, intentando mantener la voz estable
BRASIL
El despertar fue lento, denso, como si el aire tuviera peso. Kevin abrió los ojos con una presión incómoda en el pecho y una molestia persistente en el costado, un dolor sordo que no gritaba, pero tampoco permitía olvidarlo. No era la Mansión Hill. No era la clínica. No era la Villa La Matilde. El techo era alto, de líneas limpias, madera oscura y ventanales enormes por donde entraba una luz distinta, más cálida, más viva. El aroma tampoco coincidía con ninguno de los lugares que su memoria intentaba imponerle: había café fuerte, flores frescas y algo más… tierra húmeda, vegetación, vida. Brasil. No lo supo de inmediato, pero su cuerpo sí. Algo en su respiración, en la forma en que el aire llenaba sus pulmones, le dijo que estaba lejos de Bella Vista. Intentó moverse. El dolor en la zona de la herida respondió al instante, recordándole que no estaba entero. Frunció el ceño, apoyó una mano en el colchón y se incorporó apenas lo suficiente para observar el lugar. La habitación er
2 MESES DESPUÉS
2 MESES DESPUÉS Habían pasado dos meses desde su llegada a Brasil. Dos meses en los que el mundo parecía haberse reordenado alrededor de una verdad nueva: Kevin Hill ya no era el hombre que dominaba imperios desde rascacielos de vidrio, y aun así, nunca había sido tan peligroso. Porque ahora no tenía nada que perder… excepto a Leah. El despacho de la villa estaba en silencio, apenas interrumpido por el zumbido constante del aire acondicionado y el sonido lejano de las hojas meciéndose con el viento tropical. Kevin estaba sentado frente a la computadora, la espalda recta, los hombros firmes, la mirada fija en la pantalla. Sabía absolutamente todo. Conocía cada movimiento de las Empresas Presley, cada ramificación del plan que Leah había diseñado con precisión quirúrgica. Sabía cómo, poco a poco, estaban cercando el mercado brasileño, debilitando a Hill Enterprises en ese territorio hasta volverla insostenible para Dulce. Sabía que era cuestión de tiempo para que Leah recuperara
Obra de arte
El despacho estaba sumido en una penumbra suave, rota apenas por la luz tenue que entraba desde los ventanales. Afuera, la selva brasileña respiraba con su propio pulso, viva, constante, indomable. Dentro, el mundo se había reducido a un solo punto. Leah continúa durmiendo en el sofá, acurrucada contra el pecho de Kevin. Él no se había movido en horas. Estaba sentado con la espalda apoyada en el respaldo, una pierna ligeramente flexionada para sostener mejor el peso de ella. Sus brazos la rodeaban con una firmeza calculada, no para aprisionarla, sino para sostenerla como si el simple hecho de soltarla pudiera hacer que el universo perdiera equilibrio. Kevin no dormía. No podía. Su cuerpo estaba quieto, pero todos sus sentidos permanecían despiertos, tensos, atentos. Cada sonido de la casa, cada crujido lejano, cada cambio en el ritmo de la respiración de Leah era registrado al instante. No era ansiedad. Era naturaleza. Un lobo no duerme cuando su luna descansa sobre su pecho.
SU LEGADO - EMILY HILL PRESLEY
El primer dolor no fue violento. Fue traicionero. Leah despertó con la sensación de que algo se había tensado dentro de ella, una presión profunda, distinta a cualquier molestia previa. No era miedo lo que sintió, sino una alerta silenciosa, como si su cuerpo hubiera decidido hablar antes que su mente. Inspiró con cuidado mordiéndose los labios. El dolor volvió, más claro esta vez, expandiéndose desde el vientre hacia la espalda baja, obligándola a llevar una mano instintivamente a su abdomen. —Kevin… —susurró. Él estaba despierto incluso antes de que su nombre se completara en sus labios. Abrió los ojos de inmediato, su cuerpo reaccionando con la precisión de alguien entrenado para el peligro. —¿Qué pasa? —preguntó, ya incorporándose. Leah lo miró. En sus ojos no había pánico, pero sí certeza. —Creo… creo que es ahora. Kevin no dijo nada durante un segundo. La observó con atención absoluta, leyendo su respiración, la tensión de su mandíbula, la forma en que su cuerpo s
SOLO ELLOS TRES
Isabel Hill no entró a la habitación como una visitante cualquiera. Entró como alguien que sabía exactamente a quién pertenecía ese lugar.Ell sonido suave de su bastón tocando el suelo precedió a su figura elegante, envuelta en un abrigo claro, el cabello plateado impecable y los ojos afilados brillando con una mezcla peligrosa de emoción y satisfacción. Kevin levantó la vista de inmediato.—Abuela…—Shhh —lo interrumpió ella, levantando una mano—. Si alzas más la voz, despiertas a Leah y entonces sí que me gano tu odio eterno.Kevin apretó los labios, conteniendo una sonrisa mientras bajaba la mirada hacia la pequeña cuna transparente a su lado. Emily dormía profundamente, envuelta en una manta blanca, con una diminuta gorrita que Kevin acababa de acomodarle con un cuidado casi ceremonial.Isabel se acercó despacio. Muy despacio. Observó a la bebé como si estuviera inspeccionando una obra maestra largamente esperada.—Así que… —murmuró—. Finalmente.Kevin alzó una ceja.—¿Finalment
FRAGMENTOS DE RECUERDOS
La salida del hospital fue silenciosa. Solo el murmullo discreto del personal médico, el roce suave de los zapatos sobre el piso pulido y la presencia firme de los hombres de seguridad formando un perímetro invisible asegurándose de la tranquilidad de la Familia.Kevin caminaba al frente. No se trataba de arrogancia. Era instinto. Su espalda recta, los hombros tensos, la mirada azul recorriendo cada rincón del entorno como un radar constante. Aun con el cuerpo marcado por la herida que ya cerraba, había algo salvaje en su postura, algo que no se apagaba con medicamentos ni descanso.Leah iba detrás de él, con Emily en brazos..La pequeña estaba envuelta en una manta blanca, apenas asomando su rostro delicado. Leah la sostenía con ambas manos, cerca del pecho, como si el mundo pudiera desaparecer si aflojaba un segundo. Kevin se giró varias veces.—¿Estás bien? —preguntó por tercera vez.Leah sonrió con paciencia. —Sí, Kevin. Deberías de dejar de verme como una enferma, ya he dado a l
UNA MADRUGADA ANTE LOS OJOS DE PAPÁ
El silencio de la madrugada tenía una textura distinta. No era vacío. Era denso. La habitación estaba sumida en una penumbra suave, iluminada apenas por la luz tenue del pasillo que se filtraba bajo la puerta. Las cortinas permanecían cerradas, protegiendo ese pequeño universo del mundo exterior. Kevin Hill abrió los ojos sin saber exactamente qué lo había despertado. No hubo ruido. No hubo llanto. Solo una vibración interna. Ese instinto primitivo que jamás lo había abandonado. Giró lentamente el rostro. La primera imagen que encontró fue la cuna. Emily dormía profundamente, envuelta en una manta blanca, su pequeño pecho subiendo y bajando con una regularidad perfecta. Sus labios estaban apenas entreabiertos, como si aún respirara sueños. Kevin se incorporó con cuidado. Leah dormía a su lado, exhausta, una mano apoyada cerca del borde del colchón, como si incluso dormida buscara a su hija. Su cabello oscuro se desparramaba sobre la almohada, su rostro estaba sereno, vulner
PLANEO HACERTE MI ESPOSA NUEVAMENTE
La luz de la mañana se filtraba tímidamente por las cortinas claras de la habitación. No era un amanecer brusco. Era delicado. Como si el mundo entero caminara de puntillas para no despertar a Emily Hill Presley. Leah estaba sentada en el sillón junto a la ventana, con una manta ligera sobre los hombros y su camisón de algodón suave rozándole la piel sensible. Su postura era cuidadosa, protectora. En sus brazos, Emily buscaba instintivamente el pecho de su madre, moviendo la cabecita con torpeza, emitiendo pequeños sonidos suaves. Leah la acomodó mejor. Sus manos temblaron apenas. Aún estaba aprendiendo. Aún estaba descubriendo ese nuevo lenguaje silencioso que solo existe entre una madre y su bebé. Emily se prendió finalmente. El alivio cruzó el rostro de Leah como una ola cálida. Sintió la succión lenta, constante. Sintió cómo su cuerpo respondía. Sintió cómo algo profundo se activaba en ella. No era solo nutrición. Era vínculo. Era entrega. Era amor. Leah bajó el
LA VERDAD EN SUS MANOS
Bella Vista.Dulce Navarro no solía perder el control. Era una mujer construida a base de cálculo, silencios medidos y sonrisas falsas. Cada gesto suyo estaba ensayado. Cada palabra, pensada. Cada movimiento, calculado. Pero esa mañana, algo se había quebrado. La oficina estaba impregnada de humo. El cigarrillo ardía lentamente entre sus dedos largos mientras observaba la pantalla frente a ella. Las persianas estaban medio cerradas, dejando entrar líneas delgadas de luz que atravesaban el aire espeso como cuchillas suaves. Sus ojos estaban rojos. No solo por el humo. También por el insomnio. Por la rabia. Por la incredulidad. Por no tener ninguna información precisa acerca de Kevin y Leah, algo dentro de ella le decía que Leah ha dado a luz o estaba cerca de hacerlo. —Repítelo —ordenó con voz ronca. El hombre frente a ella tragó saliva. Era joven. Demasiado joven para estar dando malas noticias a Dulce Navarro. —Las pérdidas… se concentran en tres frentes. Inversores que se re