All Chapters of No te arrepientas de perderme, mi Esposo CEO : Chapter 231
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UNA CONVERSACIÓN CON LA ABUELA
La villa estaba envuelta en un silencio tibio aquella tarde. No era un silencio vacío, sino uno lleno de respiraciones suaves, del murmullo lejano del viento entre los árboles y del leve sonido de una cuna mecéndose lentamente en la habitación contigua.Leah estaba sentada cerca del ventanal, con una manta liviana sobre las piernas y una taza de té entre las manos. Sus hombros aún conservaban el cansancio del parto, pero su rostro había cambiado.Había algo nuevo en ella. Una calma distinta. Una fortaleza silenciosa.Emily dormía en la habitación, vigilada por Ana, y Kevin estaba lejos, en Bella Vista, moviendo piezas que Leah solo podía imaginar.Isabel Hill apareció con pasos tranquilos. Llevaba un chal claro sobre los hombros y ese aire de mujer que había visto demasiadas cosas como para asustarse fácilmente.—¿Puedo sentarme contigo, querida?Leah sonrió suavemente.—Por supuesto, abuela, es más ni siquiera deberías de pedirme permiso.Isabel tomó asiento frente a ella, apoyando
DOS CORAZONES LATIENDO JUNTOS
El humo del cigarrillo flotaba pesado en la habitación. Dulce Navarro permanecía de pie frente al ventanal, observando la ciudad como si pudiera dominarla solo con la mirada. Sus dedos largos sostenían el cigarro con una calma que no coincidía con el incendio que llevaba dentro. Detrás de ella, dos hombres revisaban documentos en una mesa de cristal. —Brasil sigue siendo un punto débil —dijo uno, con voz cautelosa—. Hill Enterprises ha perdido un pequeño porcentaje allí. Nada alarmante aún, pero me preocupa que no podamos sostenernos de pie en ese territorio. Señora Navarro. Dulce soltó una risa seca. —No es un gran problema, de esto se trata el negocio, a veces ganamos, a veces perdemos, pero no es razón suficiente para que caigamos por completo, no tienes porque preocuparte demasiado. El segundo hombre carraspeó. —Aun así, señora Navarro, nuestros asesores creen que sería prudente vender algunas acciones antes de que el mercado reaccione. Dulce giró lentamente. Sus ojos rojo
No vas a sobrevivir a mi paciencia
Kevin adelanta las secuencias de la pequeña cámara que tenia en manos y ante sus ojos se observa su silueta y la de Dulce la noche en la que él fue atacado. Entonces se escucha las voces, sus ojos azules fijos en la pantalla."Eres una maldita mentirosam Dulce. No quiero alargar el tema, porque me da asco estar cerca de ti mucho tiempo y quiero aclarar todo antes de hundirte""Kevin… acabas de llegar. ¿De verdad quieres empezar así? No quisiera que está noche tan magnifica nuestra conversación sea de esta manera. Tampoco creo que sea conveniente que me amenaces.""Una mentirosa y una traidora.. Ya sé lo que hiciste, Dulce. Ya sé que estás atacando mis empresas. Ya sé que fuiste tú quien falsificó mi firma… mi sello… para transferir activos que no te pertenecen. ¿Te das cuenta de la gravedad de lo que hiciste? . ¿O estás tan loca que ya no distingues entre la realidad y tus fantasías? "Fantástico. Por fin podemos hablar sin máscaras."Habla. Vamos, di lo que tengas que decir. Pero no
EL PELIGRO
Kevin Hill no levantó la vista de la pantalla cuando la memoria terminó de reproducirse. El silencio del despacho era tan espeso que parecía tener peso. Durante varios segundos no se movió. Sus dedos aún sostenían el pequeño dispositivo, pero su mente estaba en otro lugar: en la voz de Dulce, en su risa cruel, en la frialdad con la que había confesado traiciones, asesinatos y planes meticulosamente construidos.Y en el momento exacto en que el cuchillo se hundió en su cuerpo. Sus ojos azules se oscurecieron. Con un movimiento lento, casi ceremonial, arrancó la memoria de la cámara.El gesto fue firme. No tembló. No dudó. El pequeño clic resonó en la habitación como un disparo. Kevin cerró los ojos un instante. Luego sonrió. No era una sonrisa cálida. Era peligrosa, casi devastador. Una curva mínima en sus labios, cargada de superioridad y promesa de destrucción absoluta.—Así que este es tu final, Dulce Navarro —murmuró — Voy a cobrarte cada gota de sangre qué derramé.Sus ojos brilla
UN AMOR DISPUESTO A SOPORTAR TODO
El teléfono vibró sobre la mesa de noche. Leah lo tomó con cuidado para no despertar a Emily, que dormía contra su pecho despues de amamantarla otra vez, pequeña y tibia, con ese sonido suave que solo hacen los bebés cuando sueñan. Sonrió al ver el nombre en la pantalla. Kevin. —Hola… Su voz fue apenas un susurro. —Hola, amor. La voz de Kevin llegó grave, cansada… pero con esa calidez contenida que solo usaba con ella. —Te estaba extrañando —dijo él— definitivamente me siento tan vacío sin ustedes. Leah cerró los ojos un segundo. —Acabas de irte, tampoco es que te vas hasta hasta el próximo año. —Lo sé. Igual te extraño. Ella sonrió. Emily se movió un poco y soltó un pequeño quejido. Leah la acomodó instintivamente. Kevin escuchó el sonido. —¿Está despierta? —No… solo se movió. —Dile que su padre la ama. El corazón de Leah se apretó. —Se lo diré cuando abra los ojos. Hubo un breve silencio. Leah percibió algo. Kevin estaba distinto. No distante… pero más contenido. Más
NADA PODIA ROMPERLOS
La villa dormía. No era un silencio vacío, sino uno lleno de respiraciones suaves, de paredes que conocían secretos y de jardines que guardaban promesas. Las luces estaban bajas, apenas algunas lámparas encendidas marcando los pasillos como faros discretos. Leah dormía profundamente. Su cuerpo, aún cansado por el parto, se había rendido al descanso sin resistencia. Estaba de costado, abrazando una almohada, con el cabello extendido sobre la seda de las sábanas.Kevin la observó unos segundos. Siempre lo hacía. Era un hábito nuevo. Un ritual. Se aseguraba de que estuviera cómoda, de que su respiración fuera regular, de que nada perturbara su sueño.Después giró lentamente hacia la pequeña cuna.Emily. Su hija. Su princesa.Dormía boca arriba, con las manitos cerradas cerca del pecho, respirando en pequeños intervalos suaves. Kevin sintió ese mismo nudo en el corazón que le aparecía cada vez que la miraba. Era tan pequeña. Y, al mismo tiempo, tan poderosa. Kevin se levantó sin hacer ru
LOS PLANES
El humo del cigarro subía lento, formando espirales perezosas en el aire pesado del despacho. Carlos Beira estaba sentado detrás de un escritorio de madera oscura importada, con vetas perfectas y pulidas a mano. Todo en aquella habitación hablaba de poder: las paredes insonorizadas, las cortinas gruesas color vino, el bar privado lleno de botellas imposibles de conseguir legalmente, y dos hombres armados custodiando la puerta exterior.El hombre tenía la mirada fija en la pantalla frente a él. No era alguien que alzara la voz. No lo necesitaba. Su autoridad no nacía del volumen, sino del miedo. El subordinado permanecía de pie, rígido, con una carpeta en las manos. Sabía que cada palabra debía ser medida con precisión.—Dígame —ordenó Carlos, sin mirarlo. El hombre tragó saliva.—Kevin Hill… es poderoso. Mucho más de lo que esperábamos. Carlos alzó una ceja apenas. —Continúe. —Controla múltiples corporaciones, inversiones internacionales, vínculos políticos discretos… Su estructur
OPCIONES
BrasilLa habitación estaba en silencio. Emily dormía profundamente, acurrucada contra el pecho de Isabel Hill. Su respiración era suave, regular, y su pequeña mano descansaba sobre la blusa de su abuela como si ese contacto fuera suficiente para mantenerla a salvo del mundo.Isabel no dormía.Tenía los ojos abiertos, mirando el techo. A su lado, Ana permanecía sentada en una butaca cercana, con un termo de café entre las manos y la mirada alerta. No era una mujer nerviosa, pero aquella noche el aire estaba cargado de algo invisible.Algo que no sabía explicar. Isabel giró apenas la cabeza. Observó el rostro de su bisnieta. Tan pequeña. Tan frágil. Pensó en Dulce.En la mujer que había querido como si fuera su propia hija al convertirse en la esposa de su nieto. En cómo esa dulzura había sido una máscara.—Nada de esto debió llegar tan lejos… —susurró.Ana la escuchó.—Pero llegó, señora. Lastimosamente fuimos envueltos en el falso encanto que emanaba la señora Dulce, recuerdo cuando
EL BEBÉ YA TIENE DUEÑO
El informe llegó a las ocho de la mañana.Dulce estaba sola en su oficina improvisada con una taza de café ya frío a su lado, revisando correos sin demasiado interés cuando la notificación apareció en su pantalla.Hill Enterprises – Brasil: inestabilidad crítica.Frunció el ceño abrió el archivo. Aunque al principio no entendió, las cifras parecían normales, luego siguió bajando sus labios se tensaron, allí estaba viendo que las pérdidas eran progresivas, silenciosas, casi invisibles, pero constantes.El valor de las acciones había comenzado a deslizarse como arena entre los dedos no era un colapso explosivo era peor, era una caída lenta, quirúrgica.Dulce se incorporó de golpe.—No, no, no, esto no puede estar pasando —Expuso la mujer apretando los puños.Revisó las gráficas, los contratos cancelados, las alianzas suspendidas, los bancos habían empezado a endurecer condiciones.Brasil estaba dejando de sostener a Hill Enterprises. Y sin Brasil, el resto de Latinoamérica se volvería u
ANALIZANDO AL ENEMIGO
Leah la sostenía contra su pecho con una naturalidad que aún le sorprendía a ella misma. Sus dedos acariciaban con suavidad el cabello oscuro de la pequeña, mientras su respiración se acompasaba al ritmo lento y tranquilo del bebé.La habitación estaba en penumbra. Cortinas gruesas. Luz cálida.Silencio interrumpido solo por el sonido suave de la succión. Kevin permanecía de pie junto al ventanal, mirando el jardín sin realmente verlo.Tenía el teléfono en la mano.Arturo estaba apoyado contra la pared, brazos cruzados, atento a cada gesto de su jefe.Liliana, sentada frente al escritorio, revisaba una carpeta electrónica en su tablet.—Confirmado —dijo finalmente—. Hill Enterprises ha caído oficialmente en Brasil.Kevin cerró los ojos. No era sorpresa.Pero dolía. Siempre dolía ver derrumbarse algo que había tomado años construir. Leah levantó la mirada.—¿Total?Liliana asintió.—Total. Las alianzas locales se retiraron. Las líneas de crédito se congelaron. El mercado ya reaccionó.