All Chapters of Obligada A Ser Su Amante: Chapter 111
- Chapter 120
204 chapters
Capítulo 111
—¡Se acabaron las faltas de respeto en esta casa! —dijo, quitando el seguro del arma—. ¡Todas ustedes van a aprender a respetarme! —¡Marcos! Lucía se atravesó, colocándose frente a su adorado yerno y sosteniendo la mano que tenía la pistola en alto, haciendo que la bajara. —¿Qué es esto, hijo mío? Tú no eres así —dijo con suavidad, tratando de controlarlo. —¡¿No soy cómo?! —la empujó, apuntándole con una mano temblorosa—. Míreme bien la cara, señora. ¡Esto soy! ¡En esto me convirtió su hija! ¡En esto me convertí por amarla como la amo! —¡No me eches la culpa, Marcos! —intervino sin poder soportar que siguiera tratándola como la mala—. ¡Yo no te pedí que te dejaras cegar por la ambición! ¡Yo no te pedí que mataras gente por mi causa! —Pero tuve que hacerlo; ¿de qué otra manera ibas a quererme? —se le llenaron los ojos de lágrimas—. ¿Acaso ibas a darle una oportunidad a ese Marcos que te buscaba en su Volkswagen azul? ¿Al que se la vivía con la ropa manchada de grasa y los bolsillo
Capítulo 112
El nombre de la traicionera de su esposa seguía repitiéndose en su mente cuando una bala impactó en su brazo izquierdo. Al instante, la sangre caliente le empapó la manga de su chaqueta. Maldijo entre dientes, agachándose más detrás del contenedor mientras las ráfagas seguían silbando sobre su cabeza.—¡Cubran la salida este! —gritó a los pocos hombres que quedaban en pie.Dos más cayeron casi al instante, mientras la policía avanzaba implacablemente. Disparó una última ráfaga para cubrirse y corrió, zigzagueando entre contenedores, el brazo le colgaba inútil a su lado.Cómo pudo llegó al auto que había estacionado lejos, en un callejón oscuro detrás del muelle. Subió de un salto, poniendo a rugir el motor al segundo. La policía lo vio, por supuesto; convirtiéndo todo en un verdadero dolor de cabeza. La sirena no paraba de escucharse, mientras la patrulla le pisaba los talones. Condujo como un loco, tomando curvas cerradas, apagando luces para despistar. El brazo le palpitaba de una
Capítulo 113
—¡Selene! ¡Selene! —su madre llamaba mientras caminaba con paso firme hacia la salida. A lo lejos podía ver como Alejandro abordaba una camioneta con hombres armados—. ¡Selene!—Ahora no, mamá —dijo, siguiendo hacia su auto. No sabía a dónde iría, pero necesitaba hacer algo. Lo que sea.—¿Qué está pasando? ¿Qué hace aquí toda esta gente? —la tomó del brazo, impidiendo que se subiera al vehículo.Miró con frustración como la policía hacía lo mismo. Todos se apresuraban a marcharse porque había un niño que rescatar, pero su madre, aparentemente, no lo entendía.—¡Se llevó a mi hijo, necesito buscarlo! —gritó en medio de su desesperación.—¡Pero, Selene, ¿qué significa esto?! —señaló a su alrededor: patrullas, ambulancias, hombres heridos—. ¡Parece que estuvieran buscando a un delincuente!La frase le causó gracia y se rió sin humor.—¿Parece? —se burló—. ¿Acaso no lo has entendido aún, mamá? Marcos es un delincuente. Es un narcotraficante de drogas, un asesino. Ya no es el Marcos que co
Capítulo 114
Los ojos de Alan eran grises como los de su verdadero padre; pero cada vez que los miraba, no veía en ellos los ojos del hombre que odiaba. Miraba al pequeño que le había dicho «papá» por primera vez, el mismo que lo rodeaba con sus pequeños bracitos cada noche y le hacía olvidar lo malo y podrido que estaba el mundo afuera.Su hijo.Y aunque no era de sangre, lo sentía suyo en el corazón.No. Nunca atentaría contra esos ojitos que tanto amaba.Y así, con un rugido, giró el cañón hacia su jefe y disparó. La bala impactó en el hombro del hombre, que retrocedió tambaleándose, gritando de dolor y sorpresa. Los hombres alrededor sacaron sus armas también, pero para entonces ya estaba moviéndose: disparó a dos más, derribándolos con precisión.Una bala lo alcanzó en el abdomen, quemándolo como un fuego ardiente que le robó el aliento por un segundo. Cayó de rodillas, pero siguió disparando, cubriendo su escape.Diana, que había estado apartada en una esquina con una pistola que le había da
Capítulo 115
No lo pudo evitar: la súplica de su hijo pudo más que la aversión que sentía hacia el hombre moribundo tirado en el suelo. Se arrodilló junto a él con rapidez, escaneando las heridas.Cinco impactos.Brazo izquierdo: herida antigua, vendada de forma improvisada; sangrado controlado, pero con posible infección por la suciedad.Ambas piernas: heridas de entrada y salida limpias en los muslos; arteria femoral afortunadamente evitada, pero con hemorragia masiva en curso.Abdomen: impacto bajo derecho; probable lesión hepática o intestinal y sangrado interno evidente por la distensión y el shock hipovolémico.Tórax: impacto izquierdo; probable neumotórax y daño pulmonar, respiración superficial y rápida, y burbujeo de sangre en la boca.Panorama fatal.En un quirófano con un equipo completo (transfusión masiva, toracotomía de emergencia, control de hemorragia, ventilación mecánica…), quizás habría un 20 % de supervivencia. Aquí, en medio del bosque, sin nada más que sus manos y un botiquín
Capítulo 116
Lo quería.Lo seguía queriendo a pesar de todo.—Mamá —su hijo lloraba en sus brazos mientras lo cargaba, dirigiéndose hacia el auto.Lo que pasó en el bosque era una escena que un pequeño de cuatro años no debería haber presenciado.Lo peor era que esto no había terminado; podría empeorar porque la situación de Marcos no era alentadora.Llegaron al hospital justo en el momento en que Alejandro —ya cambiado— caminaba hacia el quirófano. Se acercó corriendo, tomándolo del brazo; su cuerpo temblaba y la angustia la abrumaba. Necesitaba saber que iba a salvarlo. Tenía que salvarlo.—¡Sálvalo! —exigió con la voz rota—. ¡Por favor, sálvalo!—Selene, sácalo de aquí —dijo el hombre, enfocando sus ojos en el niño—. Ha pasado por demasiado esta noche; se puede traumatizar.Supo entonces que tenía razón. Su pequeño tenía la ropa manchada de sangre y no paraba de temblar.—Ven, mi amor —lo tomó en brazos y se apartó—. Vamos afuera.Sin embargo, no se movió del pasillo. Se quedó allí, esperando.
Capítulo 117
La muerte de Marcos le dolía profundamente, pero no era solamente su muerte lo que la estremecía por las noches; era la manera en que la policía había hablado sobre él. Las palabras «delincuente», «mafioso» y «asesino» se repitieron un par de veces mientras hacían el debido informe. La policía la interrogó también, queriendo saber si estaba involucrada en sus actividades delictivas. Cuando supieron que tuvo mucho que ver con el plan que casi lo captura en el muelle, desistieron de sus acusaciones. Sin embargo, nada de eso se sintió bien; su funeral fue otro triste recordatorio de que la vida abandonó a una persona buena en las circunstancias menos favorables. La abuela de Marcos, Inés, era una señora que ya pisaba los ochenta años pero se mantenía fuerte; sin embargo, ese día —un día de sol brillante y que cualquiera podría clasificar como el «clima perfecto»— se derrumbó. Su delgado y tembloroso cuerpo tambaleó y cayó sobre la grama, justo al frente de la lápida donde acababa de
Capítulo 118
Había especulado mucho sobre Selene Ponce y cómo era en realidad. La había imaginado como una mujer altiva, arrogante, capaz de hacer sufrir a un hombre simplemente por diversión.¿Para qué casarse si no lo quería?¿Para qué torturarlo haciendo que la deseara si nunca le daría un poco de su pasión?Para Diana, Selene Ponce siempre fue la mala de la historia hasta ese preciso instante.Ese abrazo se sintió sincero; sus palabras también le dieron el valor que necesitaba para acercarse a la lápida del hombre que amó y que se fue sin llegar a corresponder a sus sentimientos —honestamente, tampoco creía que lo hubiera hecho de seguir con vida—.Se agachó en la grama fresca, con las rodillas hundiéndose en la tierra suave y húmeda.No sabía qué decir. Las palabras se atascaban en su garganta de nuevo. Se quedó mirando la tierra removida y su mente se llenó de recuerdos, arrastrándola al pasado.Recordó cómo se conocieron: ella, joven, atrapada en ese burdel asqueroso en las afueras de Santi
Capítulo 119
Un mes después…La vida continuaba su curso. O al menos eso parecía, porque en su interior ya nada era igual; ya nada se movía de la misma manera.El vacío de la pérdida de un ser querido estaba presente. No solo en su día a día, sino también en el de su hijo. Regresar a la escuela para Alan fue como empezar otra vez. Como ese primer día en que no quiso quedarse porque temía que no fuera luego por él. En este caso, lloró de nuevo; pero lloró por el papá que ya no iría a buscarlo ni lo llevaría a comer un helado después de clases.Cuando le preguntó a la maestra cómo se había portado, ella solo le dijo que se quedó sentado en un rincón con la mirada perdida y los ojos aguados. Ya no era el mismo niño: ese que no se cansaba de hacer preguntas y al que descubrían a cada nada murmurando con sus compañeros. De hecho, ignoró a varios de ellos cuando intentaron acercarse y preguntarle qué le pasaba.Al día siguiente, un compañerito descubrió lo que tenía Alan. Le habían dicho que había perdi
Capítulo 120
Que su hijo se enterara de esta forma de que Alejandro era su verdadero padre no era algo que debiera haber sucedido. Sin embargo, su reacción a la noticia la dejó más helada que el hecho de que se enterara en sí. Su pequeño cuerpecito estaba rígido, con los puños muy apretados, y miraba a Alejandro como si fuera un enemigo. No había rastro de esa conexión que había presenciado en la feria; solo una frialdad que no debería experimentar un niño de cuatro años. —Sé que esto no es lo que esperabas escuchar hoy —se agachó a su altura con los ojos grises fijos en los del pequeño—. Pero es verdad. Soy tu padre, Alan. No pretendo que lo entiendas todo ahora, pero tengo la intención de estar presente. Quiero conocerte. —Yo ya tengo un papá —gruñó el niño, mirando la mano que le tendía como si fuera un bicho—. No quiero otro. Y mucho menos un papá que es malo como tú. Los labios del hombre se tensaron en una línea, pero no presionó; supo guardar silencio mientras su hijo se agitaba ante una