All Chapters of Obligada A Ser Su Amante: Chapter 121
- Chapter 130
204 chapters
Capítulo 121
—¡No es mi papá! ¡No es mi papá! —seguía repitiendo el niño obsesivamente, mientras le ponía el pijama antes de dormir.Alejandro era su verdadero padre, pero no sabía cómo meter esa idea en su cabecita renuente. Es decir, todo estaba demasiado reciente: la muerte de Marcos, la aparición de Alejandro en su vida... Ya habría tiempo para que lo entendiera.—Cariño, vamos a dormir, ¿sí? —trató de cambiar de tema.—La abuela me lo dijo —se puso muy serio, mirándola fijamente—. Es un hombre malo y no quiso ayudar a mi papá.—¿Tu abuela te dijo eso? —frunció el ceño, sorprendiendose con esta nueva información.—Ella me lo contó todo. Dijo que ahora que papá no estaba, intentaría venir a ocupar su lugar. Pero él no es mi papá. Nunca lo será.Observó con atención a su hijo: sus puños apretados y esa rabia en sus ojos que no debería verse reflejada en un niño tan pequeño. Su mamá le había estado diciendo cosas, aprovechando un momento tan vulnerable como la pérdida de Marcos para envenenarlo e
Capítulo 122
Diana no sabía qué hacer con su vida ahora que era, finalmente, libre. Para empezar, ese no era su país. Estaba embarazada y no sabía qué hacer con las secuelas de una vida que parecía perseguirla en las sombras.No dejaba de mirar por encima de su hombro, temiendo que alguien viniera un día a decirle que debía regresar al burdel donde la entregaron para pagar una deuda que no le correspondía.Pero eso no sucedería, ¿verdad? Nadie la conocía en ese lugar y podía permitirse el hecho de tener un nuevo comienzo; aunque ese nuevo comienzo estuviera plagado de lágrimas y la pérdida del único hombre al que había amado en toda su vida.Suspiró mientras observaba a Selene acercarse.Estaba en la sala de espera de la clínica. Era su primera consulta obstétrica, a la que ella se ofreció a acompañarla. No sabía por qué lo hacía: ¿por Marcos?, ¿por lástima?Indiferentemente de la respuesta, se lo agradecía. Odiaba estar sentada allí con tantas mujeres rodeadas por sus parejas, que no hacían otra
Capítulo 123
«Señora Ponce, venga lo antes posible. Alan ha tenido una crisis», fue el mensaje que recibió del colegio a media mañana. Inmediatamente, soltó todo lo que tenía entre manos: los planos, las imágenes del lugar que remodelaría y el diseño de lo que se convertiría en cuanto lo trabajara. El corazón le dio un vuelco, impidiéndole pensar en cualquier otra cosa. ¿Una crisis? ¿Qué significaba «una crisis»? Dejó todo de lado y corrió al auto; el tráfico de Londres le parecía una tortura infinita. ¿Qué había pasado? Alan había estado mejor los últimos días: las pesadillas habían disminuido un poco. Pero el trauma era como una bomba de tiempo; la doctora se lo había advertido: —Pueden haber retrocesos. Cualquier cosa lo puede desencadenar. Veinte minutos después, estaba frente al colegio. La directora la esperaba en la entrada con el rostro serio. —Fue durante el recreo —explicó mientras caminaban por el pasillo—. Los niños comenzaron a jugar con pistolas imaginarias y, de pronto, Alan em
Capítulo 124
—¡Ya basta con esto! ¡No pretendas coaccionarme de nuevo! —ladró al teléfono. Se había encargado de que Alan durmiera antes de hacer esta llamada; no quería que su hijo oyera ni una palabra más de esa discusión que la estaba desgarrando por dentro. ¿Una demanda? ¿Era en serio?—Selene, escúchame solo un minuto —habló él con calma—. El centro en Suiza es el mejor del mundo para tratar el trastorno de estrés postraumático infantil en niños menores de seis años. No es un hospital cualquiera; es un programa residencial intensivo de ocho semanas. La terapia es diaria, pero lúdica; nada de preguntas directas que lo asusten. Al mismo tiempo, trabajan la regulación emocional con técnicas sensoriales: respiraciones, masajes y música. Y terapia familiar: tú estarías allí todo el tiempo, en una suite adjunta.Se quedó en silencio, sentada en el sofá de la sala. Lo que describía sonaba… perfecto. Demasiado perfecto. Exactamente lo que la doctora había mencionado como «ideal», pero imposible por c
Capítulo 125
Bastaron dos semanas en Zúrich para evidenciar una mejora significativa en su pequeño. La doctora Keller, sin duda, era una especialista en el área que, aunque le repetía constantemente que el camino sería largo, los avances no dejaban de notarse. Por ejemplo: su hijo ya no se despertaba gritando cada noche gracias al medicamento suave para las pesadillas (un antihistamínico con efecto sedante que la doctora había prescrito). Dormía más profundo y, cuando soñaba, ya no era siempre con sangre. Esa mañana, en particular, observó la sesión desde detrás del vidrio unidireccional, como siempre. Alan estaba en la sala de juegos con la doctora Keller, sentado en una alfombra colorida rodeado de muñecos y una caja de arena. —Alan, ¿qué le pasa a este muñequito? —preguntó con voz suave la especialista, señalando un soldado de plástico tirado en la arena. El niño lo miró un rato, serio, y luego lo levantó despacio. —Estaba triste porque su papá se fue al cielo —dijo con voz clara, pero sin
Capítulo 126
Un mes y medio fue lo que necesitó Alan para entender que el doctor no era el malo del cuento. Fue un proceso lento, lleno de conversaciones suaves en las sesiones de terapia, donde la doctora Keller usaba muñecos y cuentos para explicarle que el «doctor Alejandro» había hecho todo lo posible por salvar a su papá.—Fue un héroe, Alan. Presionó fuerte para que no saliera más rojo y gritó órdenes como un capitán en un barco. Pero a veces, incluso los héroes no pueden ganar contra el verdadero malo —le decía la doctora con voz cálida, mientras el niño asentía con los ojos grises muy abiertos, procesando poco a poco.De nuevo observó desde el vidrio unidireccional, con el corazón apretado cada vez que su hijo preguntaba: «¿Por qué no pudo salvarlo, doctora? ¿Fue porque fui malo con él?». La respuesta siempre era la misma: «No fue por ti, mi amor. Fue porque las heridas eran demasiado grandes».Una tarde, después de la sesión, su hijo se sentó en la alfombra del cuarto de juegos de la clín
Capítulo 127
Y fue como si ocurriera un milagro. De pronto, su hijo volvió a ser el mismo niño parlanchín de siempre, a reír con esa risa contagiosa que pensó no volvería a escuchar más, a preguntar mil cosas por minuto —gustosa respondía cada una de ellas—, a correr por los jardines persiguiendo mariposas y durmiendo sin pesadillas, abrazando a su osito de peluche. Era su niño de nuevo; o casi.La doctora Keller la convocó a una sesión final antes de irse, donde le explicó todos los detalles sobre su recuperación.—Selene —empezó ella con seriedad—, Alan ha superado el trauma agudo. Lo categorizamos como resuelto: ya no cumple criterios completos de Trastorno de Estrés Postraumático. Las pesadillas desaparecieron, la hipervigilancia bajó, acepta la muerte de Marcos como algo permanente y positivo. Ha procesado el duelo y reconstruido su seguridad.—Lo veo. Es… es él de nuevo —sintió las lágrimas picar, pero en lugar de dejarlas derramar, sonrió ampliamente. No era momento para llorar; era un mome
Capítulo 128
La situación volvió a repetirse otro día. Quizás estaba imaginando cosas, pero no le gustaba la forma en la que se veían.Ya le había dicho a Diana que Alejandro no era hombre para andarse con jueguitos. Ella le había preguntado si todavía lo quería; la respuesta fue un rotundo no. Y la chica le dijo, de forma despreocupada, que no tenía ese tipo de intención. Entonces, si ella no tenía esa “intención”, quizás era el hombre quien la tenía.Así que decidió atacar directamente la raíz del problema, porque no soportaría que hicieran esto en su propia casa, delante de su hijo —lo que sea que fuera que estuvieran haciendo—.—No entiendo a qué vienes casi todos los días, Alejandro —repuso cuando quedaron los dos solos en la sala. Era tarde ya; el niño se había ido a dormir y Diana estaba en su habitación—. ¿A ver al niño o a coquetear con Diana?La respuesta fue una mirada intensa sin emoción.—¿Qué parece que estoy haciendo, Selene? —Su voz era baja, profunda.—No lo sé. Dímelo.—Bien, te
Capítulo 129
—¿Qué quieres que haga? La voz de la mujer se esparció por el departamento como una melodía suave. Su timbre era angelical, tímido y un poco asustadizo. —Siéntate aquí —palmeó su pierna izquierda, invitándola a ocupar un lugar. Ella tembló un poco, observando su extremidad como si considerara la idea demasiado atrevida. La duda se reflejó en sus orbes castañas, tan hipnóticas con ese ámbar y oliva que parecía cambiar con el ángulo de la luz. Tenía unos ojos preciosos, debía admitirlo. —Ven, no tengo todo el día. La chica tragó saliva y, entonces, sus piernas reaccionaron por fin, dando un paso a la vez. Cuando estuvo frente a él se quedó rígida; sus pestañas revolotearon y pudo ver reflejado el miedo, así que supo que necesitaba darle un empujón adicional para conseguir lo que quería. Extendió la mano y tomó su muñeca, sintiéndola pequeña bajo su palma, antes de jalarla hacia él. Cayó sobre sus piernas al segundo; su peso era mínimo y su cuerpo se estremeció al sentirlo dur
Capítulo 130
Lucía estaba muy preocupada por su nieto. Lo último que supo era que se había ido a un viaje largo para una terapia. Selene era muy cortante cuando le marcaba por teléfono, dando respuestas básicas: “Estamos bien”, “Ya no tiene pesadillas”, “Se está recuperando”. Pero no podía quedarse solo con esa información; necesitaba ver al niño.Así que ese día, un sábado, aprovechó para visitarlo. Sabía que Selene muy poco salía los sábados, así que imaginó que estaría en casa y… evidentemente así era, aunque parecía que estaban a punto de salir. Pero ese no era el problema aquí; el problema era que estaban acompañados: una salida de tres.—¿Qué significa esto? —preguntó, paseando su mirada entre el niño y los dos adultos en la sala: Selene y Alejandro. La sola mención del nombre le revolvió el estómago, provocándole náuseas.—Hola, mamá, ¿cómo estás?Selene decidió ignorar su pregunta, adoptando esa actitud obstinada. La última vez que se vieron discutieron y ella no parecía haberlo olvidado.