All Chapters of Obligada A Ser Su Amante: Chapter 151
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Capítulo 151
En la carita de su hijo no había enojo ni miedo… solo una curiosidad seria, casi adulta, que no le correspondía a un niño de cuatro años.—Mi amor… —dijo ella, agachándose para quedar a su altura—. ¿Cuánto tiempo llevas ahí?—Un poquito —se encogió de hombros, mirándola fijamente—. Te vi besar al doctor.Sintió que el calor le subía a las mejillas porque la verdad era que había presenciado demasiado. No había planeado que esto pasara así. No tan pronto.Se sentó en el suelo del pasillo, apoyando la espalda contra la pared, y abrió los brazos, invitándolo a ocupar un lugar.—Ven aquí, mi amor.Su pequeño dudó solo un segundo antes de acercarse y sentarse en su regazo. Ella lo abrazó fuerte, besándole la coronilla.—¿Estás enojado conmigo? —preguntó en voz baja con cierto temor. Podía aceptar que el mundo entero se molestara por su relación con Alejandro, pero su hijo nunca. No lo soportaría.—No… —murmuró pensativo—. Solo… no entiendo.Respiró hondo, buscando las palabras adecuadas par
Capítulo 152
Nadie habló; tampoco era como si esperaran que alguien saliera de entre los árboles para hacerlo. Solamente era una pregunta de rutina. El tipo de pregunta que siempre se hacía en las bodas.Levantó la vista hacia Alejandro y, en ese instante, todo lo demás desapareció, especialmente las preocupaciones que la habían tenido atada por tanto tiempo. El mundo se redujo a él: a la forma en que la miraba, como si fuera la única cosa que existía; a la curva sutil de sus labios que solo ella sabía descifrar; al gris profundo de sus ojos que siempre la había hecho sentir vista, realmente vista. Lo amaba con locura. Con una intensidad que a veces la asustaba, porque no era un amor tranquilo; era un amor que había sobrevivido a todo: dolor, traición, años de separación y errores imperdonables. Y, aun así, seguía allí: vivo, ardiente, invencible.—Selene Ponce —su cerebro registró apenas la voz del oficiante—, ¿aceptas a Alejandro Urdiales como tu esposo, para amarlo y respetarlo en la salud y en
Capítulo 153
La puerta de la suite se cerró y ni siquiera tuvo tiempo de dar un paso antes de que Alejandro la empujara contra la pared con urgencia.El impacto fue absorbido por el hambre en los ojos grises del hombre, por la forma en que su cuerpo la cubría por completo, como un depredador que ya no aguantaba un segundo más para poder comerse a su débil presa.Ella era esa presa. La presa que solo alcanzó a cerrar los ojos mientras sentía cómo sus labios se estrellaban contra los suyos en un beso voraz, desesperado; como si quisiera devorarla entera para asegurarse de que este momento era real. No podía culparlo, porque también seguía teniendo las mismas dudas.¿De verdad estaban casados?¿Finalmente eran marido y mujer o era otro sueño de su mente?Correspondió diciéndose que sí, que era real y que ya nada ni nadie podría separarlos.Sus manos temblorosas subieron por el pecho masculino, sintiendo los músculos trabajados y el latido acelerado de su corazón bajo la camisa.Este era él, Alejandro
Capítulo 154
—Alejandro… por favor —susurró, cuando se percató de que él seguía esperándola del otro lado de la puerta. Había pasado mucho tiempo; no sabía cuánto, pero él seguía ahí—. Vete. Necesito estar sola.—Selene… ¿qué pasó? ¿Te lastimé? —Su voz, cargada de preocupación, le partió el corazón; porque sabía, solo sabía, que se estaba culpando de algo que en realidad no era su culpa.—No… solo vete —repitió con las lágrimas cayendo sin control. Tenía el cuerpo curvado como si quisiera hacerse pequeña y no ser atrapada por los demonios que la perseguían; esos demonios tenían nombre propio y eran el recuerdo de una noche espantosa, de una violación—. Por favor.Percibió entonces los pasos de su marido alejarse y su suave voz que le decía:—No dudes en llamarme si necesitas algo. Hablamos mañana.La puerta se cerró y entonces los sollozos se intensificaron, mientras se ponía de pie y salía del baño por fin. La suite —esa hermosa habitación con vistas al lago, rosas en la mesa, champán enfriándose
Capítulo 155
Ahora, como esposos, se mudaron juntos a una mansión con un enorme jardín, árboles centenarios y un columpio; todo lo que un niño de casi cinco años necesitaba para crecer libre.Era perfecta para que Alan corriera, gritara y jugara. Su pequeño se había enamorado del lugar desde el primer día: corría descalzo por el césped, perseguía mariposas, construía castillos de barro y gritaba: «¡Mamá, mira!», cada vez que encontraba algo nuevo.Y, aunque su hijo estaba fascinado, ella empezaba a sentir que la casa era demasiado grande.En las noches, los pasillos eran largos y silenciosos. La habitación, exageradamente espaciosa; la cama, muy ancha para dormir sola. Y aunque Alejandro estaba allí —desayunaban juntos cada mañana, conversando sobre el trabajo, sobre Alan, sobre cosas pequeñas y cotidianas, como si no pasara nada entre ellos—, había una distancia que ella no sabía bien cómo cerrar.Él no había querido dormir en la misma habitación. No hasta que se hiciera la vasectomía, para que n
Capítulo 156
Se quedó estático, asimilando la palabra que había salido de la boca de la niña. ¿Papi? Miró a su alrededor tratando de ubicarse, tratando de encontrar a alguien que diera una explicación. ¿Qué era esto? ¿Alguna broma? Y, de ser así, ¿quién diablos era el gracioso? Mientras tanto, la niña lo miraba con esos ojos grises enormes, esperando una reacción que no llegaría porque estaba confundida. Él no era su padre. No podía serlo. Se agachó despacio hasta quedar a la altura de la pequeña. Ella no retrocedió; al contrario, dio un paso más cerca, como si su cercanía fuera lo más natural del mundo, como si fuera algo que ansiara. —¿Qué haces aquí? —preguntó, intentando mantener el control—. ¿Estás perdida? ¿Quién te trajo? —Eres mi papi, ¿verdad? —insistió ella. Sacudió la cabeza en respuesta. —No soy tu papá, pero te ayudaré a encontrar al tuyo. Dime cómo entraste. Miró hacia el área de portería esperando ver al vigilante o a algún adulto responsable que le diera una explicación de
Capítulo 157
Esa noche Alejandro no volvió; lo supo porque no estuvo presente a la hora del desayuno.Su hijo le preguntó por su padre y, a pesar de que solo tenían una semana viviendo juntos, para él parecía importante verlo. No supo qué decirle hasta que llamó a su esposo y este le respondió con una disculpa.—Lo siento. Me quedé dormido en la oficina —fue lo que dijo con la voz ronca y cansada. No parecía estar de buen humor.Inmediatamente, sintió que todo era su culpa. Lo estaba arruinando; estaba alejando a su marido. Su cabeza dio vueltas durante todo el día con el mismo pensamiento y supo, entonces, que tenía que decirle. Tenía que ser sincera con él, contarle lo que pasó con Marcos y dejar sus miedos a un lado para que pudieran tener juntos un nuevo comienzo.Cuando llegó era la hora de la cena. Llevaba la misma ropa del día anterior, el cabello desaliñado y ojeras. Estaba trabajando de más o, simplemente, estaba durmiendo mal por no estar cerca de ella. El último pensamiento fue un puñal
Capítulo 158
—¿Cómo es que…?—Lo hizo cuando me drogó —empuño las manos a los costados, visiblemente molesto—. La muy maldita se embarazó de mí a propósito y ahora tengo una hija con ella —su expresión se suavizó antes de volver a mirarla—. Selene, es la niña más preciosa que he visto en mi vida.Lo último fue un puñetazo directo. Una hija de él e Isabella. La idea no le gustaba, pero la pequeña no tenía la culpa de nada; era inocente en todo esto.—¿Qué vas a hacer?—Tengo que quitársela.La determinación brilló en sus orbes grisáceos y supo, entonces, que eso era lo correcto. No se suponía que una madre debería estar alejada de sus hijos, pero en este caso era justo y necesario para la salud mental de esa pequeña. Isabella estaba loca; tener a una madre así era más daño que bien para esa niña.—Hazlo —se acercó a él, acariciando su brazo con suavidad—. Tráela a casa con nosotros. Será nuestra hija.—¿La aceptas? —tomó su cara entre sus manos—. ¿No te molesta?—Todo es culpa de esa mujer —la rabi
Capítulo 159
—La verdad, Alejandro. Solo la verdad.—¿La verdad? —se acercó él sin poder contenerse—. ¿A eso le llamas verdad? Lo único que estás haciendo es envenenar a mi hija en mi contra.—No, solo le estoy diciendo las cosas como son para que esté preparada y sepa a qué atenerse.—No voy a permitir que sigas inventando estupideces —gruñó, tratando de controlar la ira que se estaba apoderando de todo su cuerpo.—Kiara, lo estás viendo, ¿cierto?La niña asintió lentamente. Su carita angelical se mostraba abatida.—¿Sabes qué? Me harté de ti y de tus asquerosos jueguitos.El hombre caminó hacia la niña y tomó su manito, tratando de llevársela. No quería ser brusco, pero tenía que sacarla de ese lugar.—Tienes que venir conmigo, cariño —le pidió con voz dulce—. Te prometo que estarás bien, pero salgamos de aquí.Fue entonces cuando todo explotó y el plan de Isabella comenzó a cumplirse.—¡No, mi hija, no la alejes de mí! —gritó la mujer. Su voz era desgarradoramente escandalosa.Lanzó un jarrón d
Capítulo 160
Cuando llegó a casa, solo podía pensar en la niña y en lo que esa mujer pudo haberle estado diciendo durante todos estos años.No sabía de su existencia hasta hacía unos pocos días; pero ahora que sabía que tenía una hija —que además era una cosita preciosa y estaba siendo manipulada por una mujer desquiciada—, sentía que su cabeza no podía dejar de pensar en eso. Era una necesidad alejarla de Isabella. Pero la muy astuta se estaba valiendo de buenos trucos para hacerlo ver como un padre no apto, y eso podía costarle la custodia. La sola idea de que quedara en las manos de esa mujer lo hacía desesperarse.¿Cómo fue que terminó involucrado con esa loca?Esa noche no pudo dormir; su cabeza repetía la escena una y otra vez, haciendo que se sentara en la cama en medio de la madrugada. La manera en la que todo parecía haber sido planeado... la niña ya sabía qué hacer cuando él intentó evitar que Isabella se lastimara: la pequeña corrió a la puerta para llamar a los vecinos. Todo había sido