All Chapters of Obligada A Ser Su Amante: Chapter 161
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Capítulo 161
Era el día de la evaluación psicológica de Kiara, así que decir que Isabella se sentía preocupada era quedarse corto. En realidad, tenía miedo de lo que sea que pudiera suceder. Se estaba arriesgando demasiado con todo esto, pero confiaba en que el resultado sería el esperado. Tenía que…Antes de bajar del auto, sonrió a su hija; ambas se miraron, la niña un poco cabizbaja, pero siempre mostrándose obediente.—Escúchame bien, mi amor —susurró, tomándole las manitas—. Hoy es un día muy importante. Tienes que ayudar a mami para que nadie nos separe, ¿sí? Cuando la doctora te pregunte, sé muy clara: papá te asustó, papá lastimó a mami, papá quería llevarte lejos de mí. Eso es lo que pasó, ¿verdad?La niña asintió despacio, los ojitos grises grandes y serios.—Sí, mami.—Y no menciones nada de lo que hablamos en casa, ¿de acuerdo? Nada del plan, nada de lo que te dije que tenías que hacer —le recordó. Esa era la parte más importante de todo esto—. Solo lo que te dije que pasó. Si lo haces
Capítulo 162
El juicio comenzó y Hale se levantó primero, presentando argumentos sólidos: el historial de Isabella —la droga que le había administrado años atrás, el embarazo sin su consentimiento, la desaparición deliberada—. Mostró evidencias financieras de que podía proporcionar estabilidad, testimonios de psicólogos sobre su aptitud como padre con Alan, y el informe de la psicóloga destacando la posible manipulación de la niña.—El señor Urdiales no sabía de la existencia de la niña hasta hace poco —dijo el abogado, tratando de ganarse la simpatía del jurado. Un padre que no había compartido con su hija durante tantos años, era motivo para conmoverse—. Pero desde entonces, ha mostrado interés genuino en la pequeña. La madre, en cambio, ha usado a la menor como herramienta de manipulación, exponiéndola a un estrés emocional innecesario. Pedimos custodia plena para el padre.Isabella, como era de esperarse, sollozó teatralmente desde su asiento, alegando que ella había sido madre soltera y lo hab
Capítulo 163
Isabella no podía contener lo feliz que estaba. Había ganado; había dejado a Alejandro entre la espada y la pared. Ahora se vería obligado a verla cada vez que viniera a visitar a la niña y esa tonta idea de quitársela no funcionaría. Cerró la puerta de la habitación de Kiara, encontrándose con su hija ya acostada en la cama. Tenía el cabello negro extendido sobre la almohada y los ojos grises cerrándose lentamente. Se sentó al borde del colchón, como hacía cada noche; aunque en esta noche en especial le acompañaba una copa de vino tinto en su mano izquierda. Con la derecha, comenzó a acariciar el cabello de su hija con movimientos lentos, sintiendo las hebras negras deslizarse entre sus dedos. —Recuerda, mi amor… —susurró, inclinándose hasta que su aliento rozó la oreja de la niña. Este era un ritual que hacía todas las noches—. La única que te ama de verdad es mamá. Nadie más te va a querer como yo; nadie más va a cuidarte como yo. Solo eres importante para mí… solo para mí.
Capítulo 164
A veces la mente y los recuerdos no se podían controlar. Llevaba semanas evitando tener intimidad, pero, esa tarde, después de ver la marca de labial en la camisa de su esposo, se sintió de regreso a un momento de su vida al que de ninguna manera quería regresar. No eran solo celos; era terror: terror a que Isabella volviera a ganar, a que Alejandro volviera a preferirla —ya lo había hecho una vez—, a que terminara buscando en otra parte lo que ella no podía darle todavía.Se miró en el espejo comprobando que sus atributos seguían ahí; que seguía siendo igual de hermosa a pesar de los golpes de la vida y los miedos que muchas veces la consumían. Llevaba un conjunto de lencería negro que había comprado en secreto semanas atrás: era de encaje transparente que dejaba ver justo lo suficiente, corpiño ajustado que realzaba sus curvas, ligas que se sujetaban a medias de seda y una tanga diminuta que apenas cubría su sexo. Tenía el cabello suelto, que le caía en ondas por la espalda, y se ha
Capítulo 165
Al hombre le tomó un par de segundos comprender su solicitud; solo eso, antes de que su boca la atacara de nuevo sin piedad. Esta vez lo sintió en todas partes. Su cuerpo se estremeció en respuesta, su espalda se arqueó y cada vello de su piel se erizó ante la deliciosa colisión que acababa de formarse. Era fuego puro. Sus labios se movieron sobre los de ella sin control: saboreándola, perdiendo el sentido, explorando su boca como si fuera la primera vez. La lengua se deslizó, invitándola a abrirse, y lo hizo; él profundizó el beso con prisa. Las manos masculinas subieron por sus costados, apretando, rozando el encaje del corpiño antes de estrujar uno de sus senos. Gimió suavemente contra su boca, arqueándose más hacia él. La escasa distancia comenzaba a ser un fastidio; quería fundirse ya con su cuerpo. Pero su esposo no quería ser brusco ni rudo como en el pasado. Se tomó su tiempo para bajar los tirantes con dedos hábiles, dejando que la prenda cayera y quedara desnuda de la
Capítulo 166
—Dime —pidió sin rodeos.—El nombre real de la enfermera es Margaret Smith —comenzó el investigador privado con lo que había recopilado en ese tiempo—. Cambió su identidad completa hace cuatro años: nuevo pasaporte, nuevo registro, nueva vida. Recibió un pago considerable —al menos 300.000 libras en transferencias fragmentadas— para desaparecer y no hablar nunca. Actualmente vive en Queenstown, Nueva Zelanda.Le dio la dirección exacta del sitio y cerró los ojos un segundo, asimilando que esto era lo que necesitaba para deshacerse, por fin, de esa molestia llamada Isabella Quintero.—Envíame todo por correo. Y reserva un vuelo privado a Queenstown. Salgo hoy mismo.—Entendido, señor.No perdió tiempo y llamó a su esposa para avisarle. Acababa de verla en casa, pero esto era urgente.—Tengo que viajar urgentemente —dijo cuando atendió el teléfono. Su voz le produjo un poco de calma, pero no la suficiente. Tenía todo este problema atorado desde hacía meses y tenía que resolverlo cuánto
Capítulo 167
Otras veinticuatro horas en un maldito vuelo que sintió más interminable que el primero. Cuando aterrizó en Londres de nuevo, era el amanecer del tercer día.Margaret Smith ya había confesado todo entre sollozos, tratando de justificarse una y otra vez:—Esa mujer, Hortensia, me contactó. Nunca mencionó nada de que era un abortivo; la suma de dinero que me ofreció era demasiada. No pude resistirme y caí en la tentación.Sus palabras no le conmovieron en lo más mínimo; tampoco su llanto desmedido, que parecía no tener final. Estaba seguro de que Selene había llorado el triple cuando vio morir a su hijo. Así que iría a la cárcel, y no habría nada ni nadie en este mundo que pudiera salvarla de su destino.«Ella y todos los que participaron», se juró con las manos empuñadas.Cuando pisó suelo británico, llamó a su abogado, dando todas las instrucciones de lo que procedería a continuación.—Haz una denuncia formal contra Hortensia Urdiales por conspiración para provocar aborto, cohecho y t
Capítulo 168
Hortensia estaba sentada en la sala de interrogatorios. El lugar, desde su percepción, era todo un asco: las paredes eran grises y estaban manchadas por el tiempo; había una mesa metálica atornillada al suelo con marcas de esposas, dos sillas duras enfrentadas, un espejo unidireccional que reflejaba la luz fluorescente del techo y una cámara en la esquina grabando cada palabra.El aire olía a café rancio, revolviéndole por completo el estómago. No debería estar sentada en esta maldita silla; debería estar en su casa, disfrutando de su hora del té.Sus manos, tan delicadas y cuidadas, estaban esposadas a la mesa. El traje se le había arrugado y el maquillaje se le había corrido por las lágrimas que había soltado de mera frustración.Alejandro no debería haberla denunciado. Alejandro debería haberle agradecido que intentó quitarle a esa mujer asquerosa de su camino.Pero no. Él ya eligió un bando, y no fue el suyo.—Señora Urdiales —comenzó el detective, abriendo una carpeta. Era un hom
Capítulo 169
Su mano sangró cuando golpeó la pared repetidamente con el puño.“Lo siento. No pudieron encontrarla. Huyó con la niña”, las palabras no dejaban de repetirse en su mente, sumiéndolo en la desesperación.Esa maldita maniática.Se subió a su auto y se dirigió al Tribunal de Familia. Llegó justo cuando el juez salía por la puerta lateral, rodeado de asistentes y el personal de seguridad. No esperó. Se abrió paso entre los guardias, ignorando todas las voces que le gritaban que se detuviera.—¡Usted! —gritó, señalándolo—. ¡Usted es el responsable de esto!El juez se detuvo, frunciendo el ceño, reconociéndolo al instante.—Señor Urdiales, esto no es…—Mi hija está desaparecida por su culpa —le recriminó. No le importaba la maldita toga negra que llevaba puesta en la cabeza y que debería hacerlo desistir de esto. Era una figura de máxima autoridad, pero al diablo con eso; nadie se metía con los suyos sin sufrir las consecuencias—. Isabella se la llevó porque usted decidió darle la custodia
Capítulo 170
Isabella se congeló cuando su imagen y la de su hija comenzaron a aparecer en todas las pantallas del aeropuerto. Inmediatamente, tomó a la niña de la mano y huyó, procurando no ser demasiado evidente.Había querido irse a otro lugar. Había querido que el golpe para Alejandro fuera la ausencia; saber que tenía una hija que nunca más volvería a ver. Pero no contaba con esto. No contaba con que terminaría rodeada, sin ningún tipo de escapatoria evidente.Ahora debía improvisar, porque se negaba a perder como en años pasados.Tomó un taxi y pidió ir a la zona más apartada. Callejones vacíos, personas de mal aspecto... ¿qué importaba? El punto era pasar desapercibida.Llegaron a la habitación que le asignaron en aquel motel barato y cerró la puerta, escuchando cómo el cerrojo oxidado chirriaba como un lamento. El lugar olía a humedad, a tabaco viejo y a desesperación.Kiara se sentó al borde de aquella cama individual que parecía tener el colchón vencido desde hacía bastante tiempo. Sus p