All Chapters of Obligada A Ser Su Amante: Chapter 41
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Capítulo 041
Como siempre, Alejandro Urdiales se había salido con la suya. Verdaderamente, parecía que no lo habían criado para aceptar un “no” como respuesta. Estaba harta de siempre tener que seguir sus órdenes, de siempre tener que complacerlo en todo. Lo único que le aliviaba era saber que pronto todo esto quedaría en el pasado. Que pronto se iría y no lo volvería a ver en su vida. —Toma —le extendió la bolsa de regalo que su madre no aceptó. —Ya te dijo que no lo quiere —le recordó la respuesta de su progenitora. —Haz que lo acepte —ordenó como si eso fuera posible. —¿Por qué lo haces, Alejandro? ¿Qué intentas? La mano del hombre seguía colgada con el regalo en alto —esperando que lo aceptara—, mientras su mano libre se mantenía firme sobre el volante. La expresión del hombre era de impaciencia absoluta. Se notaba que no le gustaba que lo dejaran con la mano tendida, pero tampoco pensaba aceptar su obsequio, principalmente porque su madre ya le había dicho en la cara que no lo quería
Capítulo 042
Alejandro no se separó con rapidez, como debería ser el caso. Sus labios la liberaron con lentitud y algo de renuencia, antes de voltearse hacia su prometida. La imagen que encontró fue la de una mujer convertida en una furia. Su piel pálida estaba enrojecida y su rostro completamente contorsionado por la ira. —¡Me mentiste! ¡Me mentiste! —gritó al hombre con un dolor desgarrador que no pudo ser ocultado. —Sí, te mentí. Selene es mi amante —admitió con simpleza, como si acabara de confesar cuál era su color favorito y no una infidelidad como esa. El hecho de que lo aceptara tan libremente fue como una bofetada para la mujer, que dio un paso atrás, tambaleante. Quizás había esperado una excusa o que lo siguiera negando. Cualquier cosa, menos tal descaro. —¿Entonces esto es todo? ¿Tienes una amante? —su voz se volvió más débil con cada palabra. —¿Qué más quieres que te diga? Lo acabas de ver tú misma. La insensibilidad de este hombre no tenía límites. —Alejandro… nuestra boda
Capítulo 043
Sus ojos se llenaron de lágrimas, mientras lo único que podía pensar era en sus hijos.—¡Suéltame, maldita sea! ¡Suéltame! —gritaba la mujer, convertida en una fiera que lanzaba patadas y empujones por doquier. Tanta era su fuerza y su odio hacia ella, que al hombre le estaba costando algo de trabajo mantenerla bajo control.Nadie la ayudó a levantarse.Alejandro arrastró a Isabella fuera del restaurante, mientras ella se colocaba de pie con dificultad ante las miradas de todos.—¿Lo escuchaste? —murmuró alguien a su acompañante—. Dijo que esa era la amante.Muchos dedos se alzaron en su dirección, señalándola.Cojeó hacia la salida, con la dignidad por el suelo y con la vista borrosa por las lágrimas.A lo lejos vio el costoso auto de Alejandro que se alejaba.Él manejaba y su novia estaba a su lado, seguramente ya más calmada.¿Cómo resolverían esto?Lo más probable era que tuvieran sexo salvaje al llegar al departamento.La sola idea de pensar en eso le daba asco.Siguió caminando
Capítulo 044
El Volkswagen de Marcos se estacionó en la entrada del hospital. —Espera, ya te ayudo a bajar —indicó el hombre, abriendo su puerta y saliendo rápidamente para abrir la suya. Con delicadeza, puso un brazo detrás de su espalda y otro por debajo de sus piernas antes de levantarla con agilidad. Escondió la cara en el cuello de su amigo mientras no podía dejar de llorar. Le dolía demasiado y temía por el bienestar de sus hijos. —Todo va a estar bien —le susurró él con seguridad, y se adentró en la clínica pidiendo por una camilla. —¡Es una emergencia! ¡Está embarazada! —anunció a viva voz, atrayendo las miradas de todos. Le ayudaron con la urgencia que se ameritaba, mientras le preguntaban qué sentía. La mancha de sangre era demasiado visible ya en su pantalón. —No te preocupes. Estás en buenas manos —le dijo alguien, una enfermera quizás. No la pudo ver con claridad. Tampoco la pudo escuchar con la atención que se necesitaba. Se sentía demasiado abrumada. —Por favor
Capítulo 045
—Selene —advirtió Marcos con dureza cuando ella se quedó en silencio por más de un minuto entero.Negó lentamente, con lágrimas en los ojos. No quería hablar de eso; de verdad que no quería.—¿Te lo hizo ese hombre? —asumió él, haciendo que su rostro se transformara en uno más frío e irreconocible. Pocas veces lo había visto tan molesto—. ¿Se atrevió a ponerte una mano encima, ese infeliz?—¡No! —dijo rápido, sabiendo que no era bueno que él estuviera sacando ese tipo de conclusiones.—¿Entonces qué pasó? —repitió de una forma que no admitía un no como respuesta.Cerró los ojos y suspiró antes de recostar su cabeza en la camilla.Parecía que el día no terminaba aún; y ella solo quería olvidar ese espantoso episodio y regresar a casa a dormir.—Fue su prometida —reveló con lentitud, recordando la cara desquiciada que había tenido la mujer cuando la empujó.—¿Qué?—Nos descubrió, Marcos —resumió todo el caos en esas simples palabras.—Eso no importa —dijo él con vehemencia—. Deberías de
Capítulo 046
Las luces del quirófano le quemaban ligeramente los ojos, mientras el aroma del yodo impregnaba el aire.Su mano se encontraba dentro del pecho del paciente, mientras intentaba no pensar en Selene y centrarse únicamente en la operación a corazón abierto que estaba realizando.—Doctor Alejandro, ¿está bien? —preguntó la instrumentista, con su voz amortiguada por la mascarilla.Al levantar la vista un segundo, se percató entonces de que todos lo miraban: el anestesiólogo, el perfusionista, la residente de segundo año que temblaba cada vez que le daba una orden.El reloj de pared marcaba las 13:37. Llevaban tres horas aquí y apenas estaban cerrando la coronaria.—Doctor, la presión está cayendo a sesenta —informó el anestesiólogo sin alzar la voz, pero lo suficientemente alto como para que sonara a una advertencia.Inmediatamente, sintió que el estómago se le apretaba como si le hubieran metido la mano para retorcerle las tripas.Pero no era por el paciente ni por la advertencia del anes
Capítulo 047
—¡No sé si pueda aguantar esto un día más, mamá! —se quejó, dejándose caer en una silla de la mesa del comedor, mientras ocultaba el rostro entre sus manos para que no la vieran llorar. Luego de que Isabella se fuera de la universidad, sus compañeros no habían dejado de murmurar a su alrededor. Nadie quiso hablarle después de la escena. Nadie la miró con agrado ni le sonrió. El hecho de saber que Alejandro no había tenido reparo al momento de contarle los detalles más íntimos sobre su relación a esa mujer la tenía enferma. Sabía que esto recién empezaba. Esa mujer no dejaría de hostigarla. Y no quería sentarse a esperar cuál sería su siguiente movimiento. ¿Ir a su trabajo? ¿Hablar con el rector para que le quitaran la beca? O peor aún, ¿molestar a su madre? ¿Meterle ideas malas sobre ella a su hermanita? No podía permitir que nada de eso sucediera. —¡Creo que ya, mamá! ¡Creo que ya ni siquiera importa si me gradúo o no! —sollozó—. ¡Qué más da! ¡Ya me arruinaron la vida! ¡Ya na
Capítulo 048
Su madre se había tomado completamente en serio la idea de marcharse. Esa mañana, cuando salió de su habitación luego de casi no poder dormir en toda la noche, lo primero que se encontró fue la sala repleta de cajas de mudanza. Las cosas más importantes habían sido guardadas; el restante sería vendido por los vecinos, quienes luego le depositarían el dinero a la cuenta de Marcos. Y así, todo estaba listo. Más fácil de lo que hubiera imaginado. Aunque seguía existiendo un problema, uno delicado. —Clarie no quiere irse, ¿verdad? —Toma un poco de café, cariño. Será un día largo —le dijo su madre, entregándole una taza con un líquido humeante que no tardó en aceptar. —Mamá, pero Clarie… —Ella lo entenderá. Ya tiene quince años y es una jovencita muy inteligente. Sé que está apegada aquí, a sus amigos, pero confío en que logrará hacer otros cuando nos instalemos en ese nuevo lugar. —¿Ya sabes a dónde iremos? —preguntó algo que tampoco había pensado mucho. —No lo sé, pero Marcos l
Capítulo 049
—¡Clarie! ¡¿Qué estás haciendo?! ¡Clarie! —La voz agitada de su madre se escuchó desde la entrada de la casa.Su hermanita no se apartó del hombre, a quien veía como un refugio; sin embargo, Alejandro estaba bastante alejado de esa descripción, porque los refugios no se miraban como él: oscuros, peligrosos, amenazantes.—¡Bendito Dios, niña! —La despegó del hombre, a pesar de la renuencia de la chica a separarse. En ese momento, su madre centró la mirada en el indeseado visitante—. ¡Y usted, váyase de aquí! ¡Fui clara la última vez al decirle que llamaría a la policía! ¡Si quiere probarme, ya verá que...!Pero Alejandro la ignoró, no por descortesía o porque no le importara —que también podría ser el caso—, pero la razón principal era porque sus ojos no se habían despegado de los suyos.—¡¿No me escucha?! ¡Que se marche!—Mamá, el doctor Alejandro solo vino a visitarnos —intentó defenderlo Clarie, ganándose una mirada de advertencia de su progenitora.—¡Cierra la boca, niña! ¡No sabes
Capítulo 050
—¡Te equivocas! —apartó su mano y lo empujó con fuerza—. El hecho de que esté embarazada no cambia nada, Alejandro. Tú y yo ya hemos terminado; es momento de que lo entiendas.—A mí me parece que esto recién comienza —se inclinó para besar sus labios, pero justo en ese instante pudo escucharse una sirena policíaca muy cerca.Cerró los ojos por un segundo.Su madre había llamado a la policía, aunque no sabía que eso no tenía efecto en tipos como él.—Entonces tu madre cumplió su amenaza —sonrió con lentitud, como si se mofara de la idea—. Creo que no le agrado mucho, ¿verdad? Es una lástima, porque a partir de ahora nos veremos muy a menudo.—¡Lárgate de aquí!—Claro, pero primero saludaré a mis amigos policías. Y tú… —la miró intensamente, con sus ojos grises danzando en una advertencia—. Ni se te ocurra moverte de aquí, Selene. De verdad, no se te ocurra escapar, porque te encontraré. Te encontraré más rápido de lo que piensas.Sacó una hoja de su bolsillo perfectamente doblada y la