All Chapters of Obligada A Ser Su Amante: Chapter 61
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Capítulo 061
Las palabras de Alejandro se repitieron en su cabeza durante toda la noche.—Ahora que lo sé, solo puedo pensar en ustedes tres.No había dicho nada después de eso. No supo qué decir. Ni siquiera supo si lo que estaba escuchando era en serio o algo producto de su imaginación.El hombre se terminó yendo poco después, dejándola allí de pie, parpadeando repetidamente.Sacudió la cabeza por fin y se fue a acostar en la cama. Pero acostarse solo ayudó a pensar en sus palabras una y otra vez hasta que, finalmente, se quedó dormida. Posiblemente era de madrugada cuando se durmió. Al despertar, su cuerpo se sintió más liviano. El colchón de Alejandro era mucho más suave que el suyo y la habitación estaba ambientada para permitir un buen descanso.—¡Selene! —escuchó que le llamaban y supo que era su madre.Abrió con un poco de pereza antes de que la mujer entrara como una exhalación.—Finalmente, ese hombre se fue —comentó como si verlo partir fuera la misión más importante de su vida—. Tenem
Capítulo 062
La mano de la mujer sostenía el tenedor de postre con ligereza, usando solo el pulgar y dos dedos para guiarlo. Su desayuno era una obra de arte en sí misma: una media luna de melón de Cavaillon perfectamente cortado y un huevo pasado por agua en su copa de plata. Cada porción de melón era del mismo tamaño preciso, elevado hasta sus labios en un movimiento lento y meditado. Pero, de repente, la perfecta concentración se rompió, ante la pesada puerta de roble del comedor que se abrió de golpe sin previo aviso. Bajo el umbral se encontraba su hijo, con esa expresión seria que nunca lo abandonaba, aunque justo ahora parecía más disgustado de lo normal. —Querido, es un gusto tenerte aquí —dijo con una sonrisa, untando mantequilla en las tostadas de masa madre que recién iba a probar. —Lamento no poder decir lo mismo respecto a ti, madre —fue su saludo, uno nada cordial. —¿Qué dices? —se puso una mano en el pecho, simulando dolor—. ¿No te alegras de ver a tu madre? —No cuand
Capítulo 063
Se encontraba lista para irse cuando le informaron que no podía abandonar el departamento.—¿De qué hablan? Necesito salir —les dijo al par de hombres que acababa de instalarse en la sala como si nada.—Son órdenes.—¿Órdenes? —frunció el ceño sin comprender.—Así es.—¿De qué está hablando este sujeto, Selene? —le preguntó su madre, acercándose junto con su hermana. Ambas se veían muy asustadas, y no era para menos—. ¿Cómo es eso de que no podemos salir?Ella se encogió de hombros porque tenía la misma duda.—Ya vuelvo —se apartó para buscar su teléfono y llamar a la única persona que podía darle una respuesta.Al primer tono fue contestada la llamada, y antes de que pudiera comenzar con los reclamos, él le dijo:—Sabía que lo primero que harías sería buscar salir corriendo. No vas a hacerlo —habló como si fuera algo que estuviera en su poder decidir.—¿De qué estás hablando? —apretó el teléfono hasta que sus nudillos se pusieron blancos; comenzaba a sentir impotencia—. Hay dos hombr
Capítulo 064
—No. Tengo más —respondió sin dudar, con un deseo enorme de callarle la boca y demostrarle que tenía más fuerza de la que él creía—. Pero no voy a gastar mi energía contigo, Alejandro. No vale la pena.—¿Ah, no? ¿Y con quién la gastarás?—Con nadie. Porque me vas a dejar libre ahora mismo —se impuso.—Ya te lo dije. Solo pretendo cuidarlos —le repitió aquella excusa absurda que le había dicho por teléfono en la mañana.—¡Tú no sabes lo que es cuidar! ¡Tú lo único que sabes es destruir y hacer daño! —le gritó. Cada palabra era una dura verdad, y su experiencia con él le daba la razón absoluta. Él la había destruido ya en más de un sentido, y ahora, posiblemente, quería hacer lo mismo con sus hijos.—¿Traerte comida y mantenerte cómoda es destruir?—No quieras hacerte el inocente, Alejandro. Sabes bien que esto no se trata de comida ni de lo grande y cómodo que pueda ser tu departamento —se dio un golpe duro en el pecho, en su corazón, en ese lugar que le dolía siempre que él estaba cer
Capítulo 065
Elegía a Marcos, por supuesto. Pero decirlo en voz alta no era una opción. Aunque aparentemente no hizo falta decir nada, algo en sus ojos, en su expresión de miedo por su amigo, habló más fuerte que cualquier palabra. La mano que descansaba sobre su barbilla la soltó en ese instante. El rostro del hombre permaneció inmutable mientras respiraba hondo por la nariz, casi como si quisiera calmar a la fiera que habitaba en su interior. —Entonces vete con él —dijo; su voz era increíblemente aterradora, a pesar de que no gritó ni la elevó—. Vete con ese imbécil. Ya. Se quedó aturdida por un instante. ¿Estaba hablando en serio? ¿De verdad la estaba liberando? No lo podía creer. Aún así, su siguiente acción fue más estúpida todavía, porque se dejó llevar por esa mínima esperanza y dio un paso tembloroso hacia el ascensor con las piernas flojas y el corazón latiéndole en la garganta. Pero fue solo eso, un paso, porque no llegó a dar el segundo. Alejandro la tomó del brazo con
Capítulo 066
Fue un fastidio quitarse a Alejandro de encima. Permaneció toda la noche abrazándola en un agarre posesivo que la mantuvo muy pegada a él.Lo sintió hincharse más de una vez.Pero fue de madrugada, antes de levantarse para ir al trabajo, cuando alzó una de sus piernas y le embistió de lado. Lento, despertándola de esa forma, haciéndola sacudirse y llenándola nuevamente con su semen.Cuando finalmente se fue, encendió su teléfono y vio todas las llamadas y mensajes de Marcos. Eran muchos, cientos de ellos. Cada uno más preocupado que el anterior.Se mordió el labio inferior y decidió que debía ponerle un fin a esto. Por el bien de su amigo, no podía acercársele.—Marcos… —dijo en cuanto le contestó la llamada.—Maldición, Selene —gruñó—. Estuve toda la madrugada esperando que te asomaras a la ventana. El vigilante se dio cuenta, llamó a la policía y me echaron. Pero estoy camino para allá otra vez. Necesito que intentes…—No —negó, sin permitirle decir nada más. No importaba el plan qu
Capítulo 067
Para la fecha ya tenía 24 semanas de embarazo.Verdaderamente no sabía en qué momento había ocurrido esto.Veía a su madre y a su hermanita solo por videollamadas, y de Marcos no sabía nada. Aunque sí le habían llegado un par de notificaciones de que un hombre merodeaba de noche el edificio.El resto de sus semanas y días los había pasado en el departamento, estudiando y tejiendo zapatitos en tono azul oscuro.No pudo evitar sonreír al recordar el momento en que la doctora les había informado que estaba esperando dos niños muy sanos. Aunque claro, como solía ocurrir en embarazos gemelares, uno estaba más desarrollado que el otro. O algo así había mencionado.—No hay nada de qué preocuparse —le había dicho la doctora—. Mientras lleguemos al menos a las 36 semanas (y ojalá un poco más), los dos van a nacer fuertes y sin problemas. El pequeño solo necesita un par de semanas extra en la incubadora como mucho, pero lo más probable es que ni siquiera eso. Son dos niños preciosos y muy bien
Capítulo 068
—Deberías irte a un hospital —habló la mujer, con una sonrisa—. De lo contrario…No esperó ni siquiera a que terminara la frase. Se dio media vuelta y corrió hacia el ascensor.Las puertas metálicas se abrieron a los pocos segundos y subió al cubículo en medio de un grito desgarrador. Todo su cuerpo se tensó y supo que estaba teniendo contracciones.Con veinticuatro semanas de gestación, esto de ninguna manera debería estar pasando.Miró su rostro en el espejo del ascensor. Su aspecto reflejaba la tristeza y la traición. Tenía el pelo desordenado y se adhería a su frente debido al sudor. Sus ojos estaban rojos, con lágrimas. Muchas lágrimas.Cuando llegó a la planta baja, el guardia contratado por Alejandro y que custodiaba dicha zona se puso alerta al instante.—Señorita, ¿a dónde va? El señor Alejandro…—Él no está, y tengo una emergencia justo ahora.El hombre pareció notar la mancha roja en su ropa y dijo al instante:—Debo informarle.—Lo que debes hacer es llevarme a un hospital
Capítulo 069
¿Decidir? Decidía que sus hijos estuvieran bien, sanos. Decidía no tener que pasar por nada de esto. Decidía regresar el tiempo atrás y jamás permitir que ese hombre se le acercara. —Por favor, salven a los dos. No importa si yo muero, pero ellos… —Haremos todo lo posible —dijo el médico—. Ahora sigue nuestras indicaciones y relájate. Las palabras del doctor no le dieron el consuelo que necesitaba. Justo ahora el panorama lo notaba demasiado gris. Pero no podía rendirse, no ahora que sus hijos dependían de ella para sobrevivir. Así que siguió las instrucciones a pesar de que sentía que la partían en dos, que le arrancaban las entrañas con las manos desnudas. Cada contracción le robaba el aliento; el dolor era tan grande que ya ni siquiera podía gritarlo, solo lo vivía, entero, quemándole por dentro. —¡Ya viene el primero! ¡Empuja, Selene, empuja! Y eso hizo. Empujó. Empujó fuerte. Empujó hasta que creyó que los ojos se le saldrían de las órbitas. Y de pronto, un resbalón cal
Capítulo 070
Cuando el hombre abrió los ojos, sintió que el cuerpo le dolía de una forma extraña, de una forma que no lograba ubicar. Se miró: estaba completamente desnudo, la sábana enredada en las piernas, y… olía a sexo. Frunció el ceño. La puerta se abrió en ese momento e Isabella entró. La mujer llevaba una de sus camisas blancas, con el cabello revuelto. En las manos traía un tazón pequeño con fresas cubiertas de crema batida. —Por fin despiertas, dormilón —dijo con esa voz melosa que había comenzado a darle asco desde antes de que terminaran su relación, y luego se subió a la cama sin pedir permiso—. Te traje desayuno a la cama, como en los viejos tiempos. Se acomodó a horcajadas sobre sus muslos, la camisa abriéndose más, y le ofreció una fresa untada en crema. La empujó al instante, haciendo que cayera a un lado y las fresas se derramaran, ocasionando un desastre de crema sobre las sábanas. —¿Qué m****a haces aquí? Isabella sonrió, como si la pregunta le causara gracia. —¿No te