All Chapters of Obligada A Ser Su Amante: Chapter 71
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Capítulo 071
—¡¿Te has vuelto loco, Alejandro?! —entró su padre, lanzando la puerta de su oficina. Se encontraba en el hospital, cubriendo un turno que no podía, porque la verdad era que no podía concentrarse cuando su cabeza estaba llena de un único pensamiento: Selene. Selene se había ido. De verdad se había ido. —¡¿Violación?! ¡¿Acusaste a Isabella de violación?! —¿No se supone que deberías de defender a tu hijo? —lo miró apenas, mientras se llevaba la botella de whisky a los labios. —¡Suelta eso! —se acercó con urgencia, mirando hacia todos lados como si temiera que pudieran descubrirlo. Honestamente, a él le importaba un rábano, pero su padre no parecía pensar lo mismo—. ¡Estás en un hospital! ¡Eres un maldito médico! ¡¿Qué diablos haces bebiendo?! —Deberías preguntarle eso a la perra que estás defendiendo. —¡Por el amor de Dios, ¿cómo pretendes que la gente crea que te violó?! ¿Has visto tu tamaño? Eres tres veces más grande que ella. —Y eso no le impidió valerse de un truco tan bajo c
Capítulo 072
El teléfono de Isabella vibraba sin parar en su mano, aumentando la ansiedad y taquicardia que estaba sintiendo. Siempre supo que Alejandro se molestaría cuando se diera cuenta de que lo había drogado, más nunca imaginó que llegaría a un punto tan vengativo. Ahora la casa, que siempre había sido su refugio, estaba blindada: cortinas cerradas, puertas con cadena, el jardinero convertido en un vigilante improvisado para ahuyentar a los periodistas que acampaban en la verja. Cada notificación que recibia era una puñalada: mensajes de "amigas" que juraban lealtad pero no podían ocultar el morbo, llamadas de abogados que hablaban de "pruebas irrefutables" y "pena máxima por agresión sexual con agravantes". ¿Cómo había llegado a esto? Ella, Isabella Quintero, la hija perfecta, envidiada por todos por su impecable sentido de la moda, la que siempre ganaba, ahora estaba reducida a una simple delincuente. Porque eso era lo que decían los periódicos sobre su persona. Aún así, int
Capítulo 073
Abrir los ojos de nuevo, le había representado un trabajo monumental. Había tenido una pesadilla gris. Espantosa. Había soñado con sangre, con bebés muertos, con lágrimas y dolor… ¿Pero había sido solo una pesadilla, verdad? Sus ojos se abrieron y entonces lo supo… no había sido una pesadilla. Había sido el recuerdo de la muerte de su hijo. El recuerdo de que posiblemente su otro hijo le seguiría también. Fue difícil afrontar eso y no lanzarse del quinto piso de la habitación privada que Marcos había conseguido de alguna manera. Habían pasado días desde que despertó, pero todavía sentía el cuerpo entumecido por el parto prematuro. Su segundo bebé —su niño, su pequeño sin nombre— ya no estaba. Lo había sentido morir en esa sala fría. Y ahora, el primero… los médicos tampoco le daban esperanzas. —Es demasiado prematuro —decían—. 24 semanas. Las probabilidades son bajas. Muy bajas. Ella no quería escuchar más. No quería nada. Solo quería cerrar los ojos y desaparecer en ese gr
Capítulo 074
Dos meses después… —…por los delitos de administración de sustancias psicotrópicas con fines de agresión sexual y lesiones agravadas en concurso real… se impone a la acusada Isabella Quintero la pena de tres años de prisión, sustituibles por libertad condicional bajo fianza de seiscientas siete mil trescientas veintitrés libras esterlinas con cincuenta peniques, prohibición de acercamiento a la víctima y obligación de tratamiento psicológico… —dictó el juez. —¿Tres años? ¿Es una maldita broma? —habló el médico levantándose en medio de la sala—. Y no conforme con que la pena es ridícula, ¿le permiten también una fianza? Ahora díganme, ¿sucedería lo mismo si yo fuera el agresor? —La señorita Isabella Quintero ha sido diagnosticada recientemente con un trastorno depresivo compulsivo. No estaba siendo consciente de sus actos cuando… —trató de explicar el abogado de la acusada. —Excusas y más excusas —se burló, centrando su mirada en el juez—. Exijo que la acusada reconozca públicament
Capítulo 075
Un momento de felicidad. Un instante de tranquilidad derrumbado, como de costumbre. «Era de esperarse, ¿no?», pensó con amargura, harta de tantos golpes. ¿Cuándo la vida le sonreiría al fin? ¿Por qué no podía su hijo seguir creciendo como lo estaba haciendo hasta ahora? ¿Por qué la amenaza volvía a aparecer? Él había mostrado fortaleza. Había mostrado unas ganas de vivir que ella envidiaba. Pero las pruebas para su hijo no terminaban. Su pequeño ángel debía enfrentarse a algo nuevo. —Por favor, hijo… aguanta un poquito más… —suplicó de rodillas, frente a la incubadora—. Mamá no puede perderte a ti también… por favor… La puerta se abrió en ese momento y Marcos entró, con una carpeta en la mano. Se quedó un segundo en el umbral, mirándola, y luego se acercó y se arrodilló a su lado. —Selene… —Marcos, no puedo… —levantó la cabeza con los ojos hinchados y la cara empapada por el llanto—. No puedo más… me acaban de decir que necesita cirugía… que su corazoncito… —Shhh —él le puso
Capítulo 076
Su madre nunca le había hablado de esa forma.Nunca había visto esa ira, ese fuego en sus ojos.Parecía que cada una de las palabras que acababa de decirle era algo que había estado conteniendo durante mucho tiempo, algo que ya no podía seguir guardando.Y entonces entendió que así era cómo se veía desde los ojos de su madre.Se veía como una mujer insensata, masoquista, quizás, que no se cansaba de tomar malas decisiones.—¡Respóndeme, Selene! ¡¿Lo amas?! ¡¿Amas a ese hombre?!Si le decía que sí, sentía que su madre iba a golpearla. Posiblemente, ella colocaría la mejilla para que lo hiciera, porque… ¿Qué más tenía que hacerle Alejandro para que su corazón masoquista dejara de amarlo?—¡Suelta eso ya! —la tomó de la barbilla, encarándola. También había dolor, frustración… su madre estaba haciendo lo que creía correcto—. No quiero ver más a mi hija suspirando por un hombre que no la merece, ¿me oyes?—Nunca más —prometió no solo a su madre, sino también a sí misma. Su amor por Alejand
Capítulo 077
La operación había sido un éxito.Ahora se encontraba con su bebé en la habitación, observando cómo dormía y respiraba con normalidad.El ductus había sido cerrado, así que su corazón latía sin esfuerzo extra y sin inundaciones en sus pulmones.—Es un guerrero, mamá. En unos días lo tendremos fuera de la incubadora —fueron las palabras del médico.Una buena noticia, por fin, después de tanto tiempo.Notó entonces el momento exacto en el que su madre y su hermanita entraban, cada una sosteniendo algo. Su mamá traía una bolsa con ropa limpia y Clarie, un osito de peluche enorme.—¡Mami! ¡Alan ya no tiene el tubito! —dijo la muchacha casi corriendo.Le hizo un gesto para que bajara la voz y luego le extendió la mano para que se acercara.—Ven, mi amor. Puedes tocarlo, con cuidado.Clarie acercó un dedo y rozó la mejilla de Alan. El bebé hizo una mueca y siguió durmiendo.—¿Cómo te sientes, hija? —dijo su madre, sentándose a su lado. Habían sido días difíciles, pero ya lo peor parecía hab
Capítulo 078
Cuatro años después… —¡Mamá! ¡La maestra dijo que soy el más inteligente de todo el curso! —gritó Alan, enseñándole su dibujo: un barco con velas de colores y su nombre escrito en letras grandes y torcidas: Alan Ignacio Núñez Ponce. Inmediatamente, ella se agachó para recibirlo, abrazándolo muy fuerte como si no lo hubiera hecho ya hacía horas. Para su edad, su niño era alto, delgado, con el pelo negro y esos ojos grises que seguían siendo un recordatorio de un pasado que, a pesar del tiempo, no parecía tan lejano. Cada vez que su hijo la miraba de frente, sentía ese pinchazo, pero ya no era tan profundo, sino una cicatriz que apenas dolía. En ese momento, apareció Marcos en la puerta de la cocina; llevaba una camisa blanca remangada y la corbata floja, recién llegado de alguna de esas reuniones que no parecían tener descanso. Era increíble cómo el tiempo lo había transformado: ya no era su amigo, ese que se ganaba la vida arreglando autos. Ahora era su esposo, un hombre im
Capítulo 079
Apenas tuvo una semana para decirle adiós a su vida en Chile. Ahora se encontraba bajando del avión, sintiendo el aire frío y húmedo de aquel país que abandonó en su peor momento. A su lado, su hijo saltaba emocionado, completamente ajeno a la tensión que la embargaba. Para él, Londres era un lugar de anhelos, de sueños. Su madre no había parado de contarle historias al respecto, todas bonitas, todas agradables, porque su hijo no merecía saber la crueldad que la había hecho alejarse de sus raíces. —¡Mami, mira! ¡Llegamos! —gritaba, diciéndole lo obvio. Habían llegado, sí—. ¿Cuándo iremos a visitar el castillo gigante y los soldados que usan gorros de pelo? —Pronto, amor —intentó sonreír, pero el gesto no le llegó del todo a los ojos. —¿Estás triste, mami? —No —sacudió la cabeza, pero eso no impidió que su hijo sacara sus propias conclusiones. —¿Es por mi hermanito? —Es por… —su voz se quebró, sin poder controlarlo—. Sí, regresar es recordar que tu hermanito ya no está con nosot
Capítulo 080
En los últimos segundos, había estado repitiéndose que había hecho bien desviando la mirada. Había hecho bien simulando que no era nadie importante, que no merecía ni un segundo de su atención. Pero obviamente, Alejandro Urdiales no se quedaría con eso, no permitiría que lo ignorara, porque él nunca se quedaba con nada.Y su refugio seguro duró exactamente eso: pequeños instantes, antes de que sintiera que la tomaban del brazo con violencia y la giraban.El salón pareció sumergirse en un silencio absoluto. Todos miraron y dieron pausa a sus conversaciones animadas.Marcos se tensó a su lado, adoptando una postura desafiante, con esos ojos marrones intensos que parecían retar al recién llegado.Sin embargo, Alejandro no lo estaba mirando, porque su vista estaba sobre ella: ferviente, penetrante.—¿Dónde estuviste todo este tiempo? —Sintió que sus dedos se cerraban con mayor fuerza sobre su brazo.—¡Suelta a mi mujer! —dijo Marcos, empujándolo en el pecho y haciéndolo retroceder un par