All Chapters of La niñera virgen y el viudo que no sabe amar : Chapter 161
- Chapter 170
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Capítulo 158 - Momentos de Aflicción
El pasillo de urgencias era un mundo aparte. La claridad blanca de las luces fluorescentes se reflejaba en las paredes lisas, casi cegadora, creando un ambiente frío e impersonal. El olor a antiséptico impregnaba el aire, mezclado con un leve aroma metálico que Lorenzo conocía demasiado bien. El olor de la sangre. Al fondo, había un zumbido constante: el ir y venir de pasos apresurados, puertas que se cerraban de golpe, voces llamando a los médicos, el sonido seco de carpetas chocando contra los mostradores. Todo se mezclaba, componiendo una sinfonía caótica que le oprimía el pecho y aceleraba la respiración.La puerta automática se abrió con un chirrido rápido, y Lorenzo entró casi derrumbándose, como si nada pudiera —o debiera— retrasarlo. Marco venía justo detrás, arrastrándose para alcanzarlo, pero era ev
Capítulo 159 - Un milagro en medio del caos
Pero Marco sabía que, en aquel momento, cualquier palabra era inútil. La mente del amigo ya se había sumergido en el pasado, en el dolor que lo había moldeado. Reconocía esa mirada: era la misma de años atrás, el día en que Lorenzo cargó a Letícia sin vida en los brazos. La misma mezcla devastadora de shock, rabia e impotencia que nadie desea sentir dos veces.El tiempo en urgencias era una paradoja cruel: los segundos se arrastraban como horas, y las horas desaparecen en un abrir y cerrar de ojos. Para Lorenzo, cada tic-tac invisible se burlaba de él, alimentando la angustia.Hasta que, por fin, la puerta de la sala de trauma se abrió. Un médico alto, con bata blanca y semblante cansado, avanzó por el pasillo quitándose el gorro quirúrg
Capítulo 160 - Esperanza
La tarde cayó sobre la casa como un cobertor de luz pálida. El reloj de la pared marcaba un tiempo que parecía no avanzar, y cada chasquido del segundero, normalmente imperceptible, se volvía un trueno en el silencio de la sala. Maria caminaba de un lado a otro, acomodando cojines que ya estaban en su lugar, alisando el mantel que no tenía ni una arruga, limpiando por tercera vez el mismo aparador. Era su manera de espantar los nervios. En el sofá, Aurora abrazaba su mochila rosa, con las piernitas balanceándose en el aire, los ojos grandes y atentos fijos en la ventana. Ante cualquier ruido del portón, contenía la respiración. El corazón le latía como un pajarito apurado.—Abuela Maria, ¿a qué hora llega la abuela Antonella? —preguntó por quinta vez, sin darse cuenta de que re
Capítulo 161 - Tener Fe
Después del primer impacto, la casa volvió a moverse. No como antes —no estaba la risa de Isabella viniendo del pasillo, ni Lorenzo silbando torpemente mientras buscaba las llaves—, pero había movimiento. Y el movimiento era importante, pensó Antonella: la gente quieta piensa demasiado, y pensar demasiado, a veces, es abrir puertas que no deberíamos.—¿Vamos a lavarnos la cara, mi princesa? —sugirió Giulia, extendiendo la mano—. Y a tomar un jugo. Necesitamos fuerzas para cuidar de mamá a la distancia, ¿sí?Aurora asintió.En el baño, la tía abrió la canilla; el agua fría mordió suavemente los dedos y la niña se frotó el rostro con movimientos circu
Capítulo 162 - Encuentro Marcado
La casa dormía en un silencio distinto aquella noche. Desde el cuarto de Aurora llegaba la respiración menudita de quien luchó con el sueño antes de rendirse. La lámpara, encendida con una luz tibia, extendía un halo de seguridad sobre los libros apilados, los lápices de colores abiertos y la “caja de coraje” cuidadosamente cerrada sobre la cómoda.La niña se había quedado dormida abrazada a las muñecas Lila y Cacau. Había rezado en voz bajita con la abuela Antonella y, cuando las luces se apagaron del todo, susurró al techo: “Mamá Letícia, quédate cerquita”. Los párpados pesaban, la manito se aflojó y el mundo se volvió blando, blando, hasta disolverse en una claridad que no era de la lámpara ni de la luna.
Last Updated : 2025-12-31
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Capítulo 163 - Esperanza
Las dos continuaron caminando. A veces Leticia se adelantaba un paso, a veces Aurora sacaba a la madre de vuelta, queriendo decir cada detalle.– Mamá, ¿crees que Isa se despertará cuando llegue?– Creo que ella te escuchará antes de abrir los ojos. – Respondió Leticia. – Y cuando se abra, reconocerá la luz. su luz. – Voy a llevar la tiara. – Decidió Aurora. – Si su luz es débil, le presto la mía. Después me la devuelve.– Combina con ella. – Sugirió Leticia. – Los intercambios, cuando se hacen con amor, se vuelven más grandes.Pararon donde el jardín parecía comen
Capítulos 164 - Sobrevivir
Lorenzo Vellardi El sonido de la UCI tiene una característica propia. Los silbidos del monitor, el susurro rítmico del respirador, el susurro de las ruedas de las camillas, voces bajas que entran y salen como marea. Estoy sentado al lado de la cama, sin reloj, sin noción del tiempo. Sólo sé medir el tiempo por el pulso en el cuello de Isabella, por la luz que cambia detrás de la persiana y por el intervalo entre una oración y otra que le susurro solo a ella. Isabella parece pequeña en esta cama grande. La piel está pálida, casi translúcida bajo la luz blanca. Un claro vendaje en la sien, otro protegiendo el brazo, el suero goteando a un ritmo que se convirtió en el cronómetro de mis esperanzas. El tubo que atraviesa su boca me hiere como si atravesara la m&iacut
Capítulo 165 - Amor puro
Lorenzo Vellardi El pasillo huele a antiséptico, pero, parado allí al lado de ella, todo lo que siento es el suave perfume que escapa de los pelos esparcidos por la almohada. El monitor cardíaco marca un compás que aprendí a seguir como si fuera una canción y tal vez por eso mis dedos temblaban cuando sostenía el celular. Escribo el mensaje con cuidado, avisando que ya me voy y que solo necesito avisar a la enfermera. Guardo el aparato en mi bolsillo, agarro la cubierta hasta su pecho, deslizo la mano para apartar un mechón rebelde de su frente, un gesto simple, pero que aprendí a amar como quien aprende música. Entonces me inclino y la beso una vez más, susurrando:— Vuelvo en dos minutos, mi amor. – Prometo, sintiendo cada
Capítulo 166 - No necesitamos palabras
Lorenzo Vellardi — He venido a decirte, mamá, que te quiero mucho y quiero que vuelvas con nosotros. – Ella apoya los codos en la reja, inclina un poco el cuerpo, como si quisiera estar segura de que Isabella escucharía. – Te echo mucho de menos, mamá... hice brigadeiro, pan de queso... – La voz tiembla – Quiero dormir abrazada contigo, cuidar de ti, llenarte de besos…Comienzo a inhalar, y cada inhalación es como una cuerda tensa dentro de mí. Paso la mano por su espalda, cantando una caricia que siempre funcionó para calmar pesadillas, y ahora trato de creer que sirve para minimizar el dolor.– Mamá... – Prosigue, forzando la sonrisa de quien promete –, te quiero tanto... y ya amo a Benjamín.
Capítulo 167 - Cuatro corazones
Lorenzo Vellardi La madrugada parecía más corta que las otras. Tal vez porque, por primera vez desde el accidente, dormí unos minutos apoyado en la silla de la UCI sin soñar con cosas malas. Me desperté con un toque en el hombro y una sonrisa de alguien que trae buenas noticias. Era la enfermera de voz suave, la misma que ayer sostuvo el llanto cuando vio a Aurora abrazando a su madre.— Señor Vellardi... – abló bajo, como si la propia esperanza tuviera volumen. – Los exámenes de madrugada vinieron mejor. La sedación se está reduciendo. Si todo va como pensamos, esta mañana vamos a probar su respiración sin el ventilador. Si la prueba es buena... entubamos. Me quedé de pie en un salto que la columna no ap