All Chapters of La niñera virgen y el viudo que no sabe amar : Chapter 61
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Capítulo 59 - Bajo la Luz del Otoño
El cielo de aquel sábado era de un azul límpido, con nubes finas y blancas dibujando caminos en alto, como si la propia naturaleza decidiera suavizar el caos de dentro con serenidad por fuera.Aurora saltaba entre las hojas secas esparcidas por el suelo del parque. A cada paso, reía alto, encantada con los tonos amarillos y anaranjados que caían de los árboles y danzaban en el viento. Isabella caminaba detrás, con una sonrisa tranquila en el rostro. Llevaba el cabello suelto, recogido solo por una presilla discreta en la parte de atrás. El vestido blanco de algodón se balanceaba suavemente alrededor de sus piernas, y sus ojos seguían cada movimiento de la niña como quien vigila un pequeño tesoro.Era una mañana común. Pero todo, en Isabella, transbordaba del
Capítulo 60 - Flor de la Nostalgia
El camino de vuelta a casa transcurrió envuelto en un silencio espeso. Aurora dormía en el asiento trasero, la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado, los cabellos rubios enmarcando su carita serena. La niña sonreía incluso dormida, y aquel pequeño gesto bastaba para llenar a Isabella de una ternura inmensa… y, al mismo tiempo, de una angustia que no lograba explicar.Lorenzo conducía en silencio. El maxilar tenso, la mirada fija en la carretera. No quedaba ni rastro de la expresión que usaba con la hija. Era como si una muralla se hubiera levantado entre él y el resto del mundo, y Isabella estuviera al otro lado, intentando comprender qué había hecho para ser mantenida fuera.Aquella noche, al llegar, Lorenzo simplemente cargó a la hija en brazos hasta el dorm
Capítulo 61 - Te echo de menos y eso…me duele
Lorenzo estaba allí hace mucho tiempo. La terraza del segundo piso de la mansión era su refugio silencioso en aquella tarde que moría en tonos color miel. El viento jugueteaba con las copas de los árboles, llevando consigo el perfume de las flores del jardín y el recuerdo de un tiempo que él había enterrado muy hondo… o que creía haber enterrado.Apoyado en el marco de la puerta francesa, sostenía una taza de café fría, olvidada entre los dedos. La camisa social estaba desabotonada hasta el pecho, revelando parte de su torso fuerte, marcado por el cansancio de un alma que ya no sabía cómo protegerse. El cabello, despeinado, parecía haber sido revuelto por sus propias manos una y otra vez, en un gesto inconsciente de ansiedad.Pero nada de eso i
Capítulo 62 - La Espera
El día transcurrió arrastrado. La lluvia comenzó alrededor de las seis de la tarde. Primero una llovizna suave, luego una tormenta torrencial. Las gotas golpeaban con fuerza los ventanales de la mansión, y el cielo se oscurecía antes de tiempo. Y Lorenzo… no volvió.Aurora se quedó dormida en el regazo de Isabella después de la cena, exhausta de tanto preguntar “¿a qué hora llega papá?”. Ella la llevó hasta el cuarto, acomodó la manta sobre el cuerpecito tibio y se quedó allí un buen rato, observando el rostro sereno de la niña mientras dormía. Pero su propio pecho era todo, menos sereno.A las dos y cuarenta de la madrugada, Isabella ya no pudo soportar más. Se puso la bata sobre la camisola y bajó
Capítulo 63 - Cuando el silencio habla más alto
El beso explotó como un trueno silencioso. Un beso urgente, húmedo, arrebatador. Un beso que no pedía permiso, porque ya había sido prometido hace mucho tiempo, incluso sin palabras. Un beso que decía todo lo que el silencio ocultaba.Lorenzo la tomó con furia y hambre, las manos clavadas en su cintura, como si estuviera anclada a algo para no hundirse. La boca encontró la suya con dulce brutalidad, con desesperación demasiado contenida para ser delicada. e Isabella, en lugar de retroceder, se entregó.Ella gimió contra su boca, deslizando sus dedos por la espalda empapada, aferrándose a la tela de su camisa. El beso fue un choque de sentimientos reprimidos. Su lengua buscaba la suya con precisión, como si cada movimiento llevara todo lo que nunca se dijo. Ella lo acompañ
Capítulo 64 - El Peso de la Lluvia y de las Palabras Calladas
El cielo aún lloraba con la misma furia contenida que lo dominaba por dentro.Lorenzo empujó la pesada puerta de la mansión Velardi con el hombro, los dedos húmedos resbalando por la manija. La lluvia seguía escurriéndose por su rostro como si cada gota intentara, en vano, lavar el sabor amargo de la culpa. La ropa estaba empapada, pegada al cuerpo, el cuello de la camisa abierto como si ya no tuviera fuerzas ni para mantener intacta la apariencia.El olor a whisky mezclado con de la tormenta subía por sus narices y se mezclaba con el perfume húmedo del jardín. Pero no era eso lo que lo asfixiaba. No era el frío, ni la humedad, ni el alcohol. Era el recuerdo. Ese maldito recuerdo. La imagen de Isabella parada frente a la flor de Letícia, empapada, vulnerable, con la camis
Capítulo 65 - La serpiente al acecho
Vereda CattaniAparqué el coche exactamente a veinte metros del portón principal. Ni un centímetro más, ni uno menos. Desde afuera, la mansión se erguía como un monumento al orden y al silencio. La fachada blanca, las columnas simétricas, las ventanas tan pulidas que reflejan la mañana nublada como espejos helados. Aquella casa siempre tuvo ese efecto en mí: intimidante e íntima al mismo tiempo.Suspiré, apoyando las manos sobre el volante por unos segundos. Las uñas rojas, recién hechas, impecables como siempre. Ajusté el retrovisor y enfrenté mi propio reflejo. Había algo en mis ojos esa mañana… una tensión contenida. Reconocía el brillo. Rabia. Pero
Capítulo 66 - El Enfrentamiento
Vereda CattaniLas teclas del piano parecían conversar conmigo. Eran notas familiares, elegantes, densas. La sala, en una penumbra suave, el sol todavía filtrado por las cortinas pesadas de lino. La música que yo tocaba no era casual. Nada en mí era. Elegí cada nota como si estuviera tejiendo un hechizo. Una red, una invitación disfrazada de armonía.Y entonces, la sentí.No necesité girar el rostro. El silencio cambió, se volvió más espeso, como si hubiese devorado el aire. La piel se me erizó antes incluso de oír sus pasos. Bajos, leves, casi vacilantes. Como los de una niña que entra donde no fue llamada. Sonreí, sola, con los dedos
Capítulo 67 - Lo que siento
Isabella FernandezLa puerta se cerró detrás de Vereda con un chasquido suave, pero para mí, el sonido explotó como un disparo amortiguado. Ese tipo de som que reverbera por dentro. Que no sangra por fuera, pero rompe todo por dentro.Me quedé allí, parada, sola. Con los ojos fijos en el hueco de la puerta por donde Vereda había desaparecido, como si su propia sombra aún estuviera allí, observando. Juzgándome, amenazándome. ¿Por qué actuó de esa manera? ¿Qué fue lo que vio para enfurecerse así? ¿Habrá sido Lorenzo?Para, Isabella. Basta.Lorenzo debe estar confuso, quizá solo la besó
Capítulo 68 - La verdad detrás de mi silencio
Isabella Fernandez— ¡Tía Isa, voy a buscar a Cacau y a Lila para ir al jardín!Aurora salió saltando por el corredor, con el cabello moviéndose como si hubiera nacido con alas en los pies. El vestido rosa volaba alrededor de su cuerpecito mientras desaparecía en un rastro de risas, dejando tras de sí el perfume suave de la infancia.Marta siguió con la mirada hasta que la niña desapareció detrás de una de las columnas del pasillo. Cuando volvió a mirarme, sus ojos ya no sonreían. No cruzó los brazos, no fingió casualidad. Tampoco intentó disfrazar lo que había visto en mí. Simplemente caminó hasta la puerta, la cerró con calma, y atravesó el salón en silencio, con pa