All Chapters of 3 RAZONES PARA ODIAR: Chapter 11
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CAPÍTULO 11. Mentira tras mentira
CAPÍTULO 11. Mentira tras mentiraCaroline seguía fulminando a Athena con una mirada tan odiosa que la muchacha casi sintió ganas de encogerse. Luego se giró violentamente hacia Cassian, con los ojos como brasas encendidas.—¡Ni de broma vas a casarte con esa mosca muerta! —soltó, sin filtro—. ¡Es la hija de Audrey! ¿Qué te pasa, Cassian? ¿Perdiste el juicio?Pero él no se inmutó; ni siquiera parpadeó, se limitó a mirarla como si fuera un niño haciendo un berrinche.—Caroline, es una decisión tomada —dijo con frialdad quirúrgica—. No pienso discutirlo.—¡¿Una decisión tomada?! ¿Así nada más? ¡No vas a…!—¡La boda será en tres semanas! —la interrumpió Cassian, esta vez con un tono tan hosco que incluso el ama de llaves se quedó petrificada.Caroline lo miró como si ella también pudiera rebanarle la cabeza y luego estalló.—¡Esto es absurdo! ¡No puedes darle el gusto ni…!—Ni estoy pidiendo tu maldit@ opinión así que trágatela o de lo contrario ya sabes dónde queda la puerta —replicó su
CAPÍTULO 12. ¿Quién es peor?
CAPÍTULO 12. ¿Quién es peor?No recordaba por cuánto tiempo Harry había sido su mejor amigo, pero ver su nombre en la pantalla le provocó una inmediata punzada de amargura. No por él, sino porque junto a su nombre aparecía la hora: 12:34 a.m.; y el hecho de que su mejor amigo la llamar a esa hora, le recordaba que Audrey no le había llamado en todo el día.Ni un mensaje. Ni un “¿cómo estás?”. Solo la había dejado con Cassian Wolf y ya.Apretó el celular con fuerza y contestó.—Hola… —dijo, intentando que la voz no le temblara.“Athena”. Harry soltó un suspiro aliviado. “Por fin. ¿Qué está pasando contigo? Faltaste otra vez hoy. Y ayer tampoco fuiste. ¿Estás enferma?”Ella se sentó al borde de la pequeña cama, mirando la pared gris del cuarto de servicio.—No, pero… —respondió mientras su mente daba vueltas—. Oye Harry… lo he estado pensando y creo que voy a tener que postergar un año más la carrera. Mi familia me necesita.Lo dijo de golpe, como quien arranca una venda de un tirón.“¿
CAPÍTULO 13. Una mascota
CAPÍTULO 13. Una mascotaAthena despertó antes de que el despertador del celular sonara. En realidad, no había dormido. Había pasado la noche dando vueltas, con los músculos tensos por la incomodidad de la camita y la ansiedad pegada a la piel como una segunda capa. Cuando el reloj marcó las cinco, entendió que era inútil seguir fingiendo que tenía un descanso pendiente.Intentó incorporarse y soltó un gemido mudo: todo su cuerpo dolía. Los brazos, los muslos, la espalda. Cada músculo parecía protestar por el exceso de todo lo del día anterior. Pero aun así, se levantó, se vistió con el uniforme de servicio y se ató el cabello.Bajó a la cocina y la encontró completamente vacía. Solo el reloj antiguo sobre la alacena hacía tic tac, lento, pesado, burlón.Athena apoyó las manos sobre la mesa central. Sabía perfectamente lo que estaba pasando.Cassian no se había despertado. ¡Nadie en la maldit@ casa había despertado! La había obligado a levantarse temprano solo para mantenerla en tensi
CAPÍTULO 14. El vestido más hermoso
CAPÍTULO 14. El vestido más hermosoNo era que su mente creara escenarios terribles, era que de un momento a otro la vida de Athena se había convertido en uno, y ella no fue capaz de respirar hasta que Cassian se dio por satisfecho con verla bajar la cabeza y se levantó, abrochándose el saco con parsimonia para marcharse a la oficina.Después de eso la muchacha casi agradeció el trabajo para dejar de pensar.Pasó el día entero rebotando de una tarea a otra como si fuera una pelota que todos se turnaban para lanzar. May le daba una instrucción tras otra, y apenas si le daba tiempo de comer… o quizás lo hacían a propósito.Barrió pasillos, limpió escaleras, organizó una bodega llena de cajas polvorientas y acomodó ropa recién salida de la lavandería, que por supuesto ensució con el polvo de la bodega pegado a su uniforme y tuvo que volver a lavar y a…El cansancio se acumulaba en su espalda como una carga húmeda. Solo a media tarde tuvo un segundo para respirar, y lo usó para sacar el t
CAPÍTULO 15. Fuera de la legalidad
CAPÍTULO 15. Fuera de la legalidadNo podía evitarlo, cada palabra de aquel hombre parecía diseñada para estremecerla y aterrarla a la misma vez. Athena permaneció sentada en silencio mientras Cassian alcanzaba una caja de terciopelo negro y sacaba una gargantilla ancha, de pedrería y brillante, pesada, con un diseño precioso. Parecía cara, demasiado cara, pero lo que sintió Athena cuando Cassian la puso alrededor de su cuello no tuvo nada que ver con lujo.Tuvo la misma sensación que tendría alguien al sentir un grillete.—Inclina la cabeza —ordenó él y le colocó la gargantilla sin que una sola facción de su rostro se alterara.El metal estaba frío y Athena se llevó la mano al cuello de manera instintiva.—Esto es… es mucho —murmuró en voz baja y Cassian se encogió de hombros.—Solo es una pieza de orfebrería, fina, mi mujer solo puede exhibir lo mejor —sentenció, pero a ella le pareció una cadena, una muestra de propiedad, algo que decía al mundo entero que no era libre.Salieron de
CAPÍTULO 16. Una mala educación
CAPÍTULO 16. Una mala educaciónJoachim Benz no debía pasar de los veinticinco años, pero ya se creía el último vocero de los transportistas que insistía en que el negocio tenía que ser equitativo, y eso porque por supuesto, él era el que no estaba en el tope de la cadena alimenticia y no encontraba el modo de llegar ahí.A nadie le agradaba, pero se suponía que tenían que ser cordiales entre ellos, porque los negocios, después de todo, no se hacían con amigos. Sin embargo al forma en que Joachim se atrevía a increparlo, y en especial la forma en que miraba a Athena, lo estaban molestando más de lo que se atrevía a admitir en voz alta.—¿No te parece que es un poco injusto que tu naviera no solo acapare todos los negocios legales de este país, sino también los más… interesantes? —espetó—. Creo que te has acostumbrado a ser el mayor depredador en el juego, y no puedes tolerar que te hagan la competencia. No se puede mirar a tus socios, no se puede mirar a tu chica…—¿Y a ti qué sociali
CAPÍTULO 17. Sin salida
CAPÍTULO 17. Sin salidaAthena trató de girarse, pero el hombre la empujó contra la pared fría, inmovilizándola con el peso de su cuerpo. Su respiración se volvió frenética, entrecortada, desesperada. Trató de forcejear, pero el agarre era demasiado fuerte y la mano sobre su boca le impidió gritar.Y en cuestión de segundos, entendió que estaba sola. Atrapada. Sin salida. Y sin imaginar que los ojos y oídos de Cassian Wolf captaban mucho más de lo que parecía, que la había estado observando, en especial había notado la forma casi imperceptible en que ella se tambaleaba camino al baño, y que no tenía nada que ver con el contoneo sexy que podía aparentar.Exactamente como se fijó en que los ojos de Joachim la siguieron también con demasiado interés para su gusto, con un brillo inquietante, no de simple curiosidad sino uno más… depredador. Uno al que solo él tenía derecho cuando se trataba de Athena.Cassian se reclinó en el sofá, fingiendo que hablaba con alguien más, y cuando Joachim s
CAPÍTULO 18. Justicia y compasión
CAPÍTULO 18. Justicia y compasiónAthena sintió que el mundo se inclinaba de costado. Sus ojos se llenaron de lágrimas antes siquiera de darse cuenta, y un temblor le recorrió las piernas. El mareo subió como una ola negra, haciéndole difícil mantener el equilibrio.Cassian no había preguntado “si” la había tocado. Había preguntado "con qué mano".Y en el modo en que lo decía… no había duda alguna de que esa respuesta decidiría el destino de alguien.—Yo no… no lo hice… —intentó defenderse, pero la mano de Cassian seguía firme en su barbilla, obligándola a mantener la cabeza erguida aunque su cuerpo gritara por desmoronarse.Su voz, baja y cortante, volvió a caer sobre ella.—Responde. ¿Con qué mano te tocó?Athena parpadeó varias veces, como si las palabras no acabaran de asentarse. Tragó saliva. Su pecho subía y bajaba de forma irregular, y finalmente, con un movimiento débil, señaló una de las manos de Joachim, esa con la que le había tapado la boca.Joachim levantó las dos de inme
CAPÍTULO 19. Sangre de Loto
CAPÍTULO 19. Sangre de LotoLos gritos de Joachim llenaron el baño como si vinieran de las paredes mismas. El sonido húmedo de la carne cortada, los gemidos desesperados y los juramentos ahogados se mezclaron en un eco que parecía no terminar.Athena apenas podía mantenerse en pie. La visión se le nublaba, la cabeza le daba vueltas y el aire olía a hierro y descontrol.Cassian soltó al hombre con un golpe seco y Joachim cayó de rodillas, sosteniéndose la mano sangrante, a la que ahora le faltaba la mitad de cada dedo desde la segunda falange: una advertencia que hablaba más que cualquier palabra.—Tócala otra vez y no tendrás mano —dijo con voz baja, sin gritar, sin necesidad de hacerlo.Athena vio la sangre resbalando por los azulejos y el estómago se le revolvió. Dio un paso atrás y sintió cómo el mundo se le deshacía bajo los pies. Vomitó. No pudo evitarlo y ni siquiera intentó contenerse.Cassian se giró de inmediato, la sujetó por los hombros y la apartó del lugar antes de que pe
CAPÍTULO 20. Te odio
CAPÍTULO 20. Te odioCon un suspiro tembloroso, Athena dejó caer el bolso al suelo, porque su mente estaba demasiado ocupada en la forma en que el vestido se pegaba a su piel sudorosa, en cómo sus muslos se frotaban uno contra el otro sin encontrar alivio. Cuando finalmente alzó la vista, sus ojos oscurecidos por la lujuria se encontraron con los de Cassian.—¡Esto es tu culpa! —gruñó con rabia—. ¡Esto era justo lo que querías!...—En eso te equivocas —replicó él levantando una ceja divertida—. No tiene nada de emocionante que tú lo quieras. La idea es que lo odies, no que lo desees.Athena cerró las manos en puños sobre las solapas de su camisa y se dio cuenta de que él la observaba como un depredador evaluando a su presa, comprendiendo que ya no era una.Athena era una tormenta, y estaba a punto de arrastrarlo con ella.—¡Nunca… en mi maldit@ vida… voy a odiar a nadie más de lo que te odio a ti! —siseó mientras un gemido desesperado salía de su garganta.No era una súplica, era una