All Chapters of 3 RAZONES PARA ODIAR: Chapter 41
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CAPÍTULO 41. El valor de una propiedad
CAPÍTULO 41. El valor de una propiedadAthena seguía sentada en el borde de la cama, con la espalda recta más por costumbre que por comodidad. Tenía las manos apoyadas sobre el regazo, los dedos entrelazados con demasiada fuerza, como si soltar la tensión pudiera hacer que todo se desmoronara de golpe. La habitación estaba en silencio, un silencio espeso, apenas roto por el murmullo lejano de la ciudad que se filtraba por la ventana entreabierta.Cassian se movía despacio, sin prisa, como si cada paso estuviera calculado. No parecía alterado, pero Athena lo conocía lo suficiente para saber que esa calma era solo una capa más.—Eso no importa —dijo él al fin, rompiendo el silencio—. El contrato. No importa.Athena alzó la vista hacia él, con el ceño fruncido, claramente desconcertada.—Sí importa —respondió, con una mezcla de cansancio y frustración—. Era la prueba. Era lo único que teníamos en la mano.Cassian negó con la cabeza y se apoyó contra la pared, cruzándose de brazos. Su pos
CAPÍTULO 42. Un infierno cortesía del señor Wolf
CAPÍTULO 42. Un infierno cortesía del señor WolfAthena despertó con la certeza inmediata de que estaba sola. No tuvo que abrir los ojos para saberlo. La habitación se sentía distinta cuando Cassian no estaba: más amplia, más silenciosa, casi engañosamente segura. Aun así, tardó unos segundos en moverse, como si su cuerpo esperara una orden que no llegaba. Permaneció inmóvil, respirando despacio, escuchando el leve zumbido del aire acondicionado y nada más.Cuando abrió los ojos, confirmó lo evidente. El lado de la cama de Cassian estaba vacío. Las sábanas, estiradas con precisión, frías al tacto, no guardaban rastro de calor ni de movimiento.—Claro… —murmuró, sin sorpresa, con una resignación que ya se le había vuelto automática—. No ibas a estar aquí.Se incorporó con cuidado y el dolor de cabeza apareció de inmediato, seco, persistente, obligándola a cerrar los ojos un segundo. No era suficiente para tumbarla, pero sí para recordarle que no tenía margen para la debilidad. Se quedó
CAPÍTULO 43. Un nhombre consentido
CAPÍTULO 43. Un nhombre consentidoEl vapor ya llenaba el espacio. El aire estaba caliente y denso, y el sonido del agua cayendo contra el suelo marcaba un ritmo constante, casi hipnótico. Cassian estaba de espaldas, bajo el chorro, con los hombros tensos y la cabeza ligeramente inclinada hacia adelante.Athena se detuvo a un par de pasos de distancia. No se apresuró, como si supiera que cada gesto tenía que ser preciso. Se acercó despacio y apoyó las manos en su espalda, no con ternura, sino con cuidado, midiendo la presión, atenta a cualquier reacción.Cassian cerró los ojos.—Así —murmuró—. Estaba necesitando esto.Ella obedeció, moviendo las manos con lentitud, recorriendo la piel caliente sin entusiasmo ni rechazo, solo cumpliendo.—¿Está bien así? —preguntó con voz controlada, sin mirarlo directamente.—Está bien —respondió él—. No necesito más. Solo… distraerme.Athena asintió aunque él no pudiera verla. Ajustó el ritmo de sus movimientos, consciente de cada segundo, de cada re
CAPÍTULO 44. En medio del caos
CAPÍTULO 44. En medio del caosEl sonido del papel al deslizarse y del cierre del portafolio fue lo único que rompió el silencio durante varios minutos. Athena podía sentir la tensión en el aire, esa tensión seca y constante que siempre aparecía cuando Cassian estaba concentrado y molesto a la vez.—Nos vamos —dijo Cassian al fin, sin mirarla, mientras cerraba el portafolio con un gesto firme.Athena asintió, aunque él no pudiera verla. Se apartó de la ventana, tomó su abrigo y respiró hondo antes de seguirlo. No preguntó nada. Había aprendido que, con Cassian, las explicaciones solían llegar solo cuando él consideraba que eran necesarias.Durante el trayecto al aeropuerto, Cassian apenas le dirigió la palabra. Iba concentrado en su teléfono, marcando números, revisando mensajes, adelantándose mentalmente a problemas que todavía no habían terminado de tomar forma. Athena observaba el perfil de su rostro, serio, tenso, con la mandíbula apretada, y sabía que su mente estaba muy lejos de
CAPÍTULO 45. Una guerra en la puerta
CAPÍTULO 45. Una guerra en la puertaMientras avanzaban por la ciudad, Athena no pudo evitar que un pensamiento incómodo se le colara una y otra vez: ese hospital podía ser el mismo donde estaba su padre. O podía no serlo. No lo sabía. Y, por primera vez en mucho tiempo, no quiso saberlo. Miró la entrada a lo lejos y decidió que no podía permitirse distraerse ahora. Cassian la necesitaba y, le gustara o no, sabía que no debía separarse de él ni un segundo.Cuando llegaron, bajó del auto primero y rodeó el vehículo para ayudarlo a salir. Lo sostuvo por el brazo sano, firme, casi autoritaria, como si temiera que en cualquier momento se le desplomara encima.Entraron al hospital y el personal reaccionó rápido al ver la posición antinatural de su hombro. Athena explicó lo ocurrido con frases cortas y claras, mientras los camilleros se lo llevaban. Se quedó a un lado, sintiéndose extrañamente fuera de lugar en ese entorno que conocía demasiado bien y que, al mismo tiempo, quería evitar.No
CAPÍTULO 46. Lo que siento
CAPÍTULO 46. Lo que sientoCassian la miró solo un segundo, lo suficiente para que Athena entendiera que no iba a obtener una respuesta tranquila.—No tengo ganas de discutir contigo —dijo, con la voz tensa—. No ahora.Se dio la vuelta y caminó hacia el baño sin esperar réplica. Athena se quedó quieta apenas un instante, incrédula, viéndolo alejarse como si aquello fuera el final de la conversación. Escuchó el sonido del agua cuando él abrió el grifo del jacuzzi, el ruido profundo y constante llenando el espacio.—¡Pues mal vamos, porque resulta que hoy yo sí tengo ganas de discutir!Y por supuesto que no se quedó afuera.Cassian ya estaba dentro del baño, de espaldas a ella, con una mano apoyada en el borde del jacuzzi mientras el agua comenzaba a llenarlo; y Athena cruzó el umbral con pasos decididos.—No —dijo—. No te vas a ir así. No después de todo esto.Él no se giró.—Te dije que no quiero discutir.—Y yo te dije que quiero la verdad —replicó ella—. ¿Qué está pasando, Cassian?
CAPÍTULO 47. Una resistencia inútil
CAPÍTULO 47. Una resistencia inútilCassian retiró la cadera lentamente, cada centímetro de salida era una tortura deliciosa, antes de volver a entrar con una fuerza brutal. —Soy tu dueño —repitió con la mandíbula tensa y la voz ronca por la excitación. Athena notó el latido de su miembro dentro de ella, insistente, como si quisiera grabar su forma en las paredes de su sexo. El deseo de discutir se le disolvió en un gemido; quería sentirse poseída tan despiadadamente como él quería poseerla y ni siquiera era capaz de entender por qué, solo sentía que se lo debía—Muévete —ordenó Cassian sentándola sobre él y guiando sus caderas—. ¡Quiero ver que entiendes el maldito concepto, muévete!El agua salpicaba con cada bombeo, las burbujas estallaban contra su clítoris con un cosquilleo hipnótico. Y Cassian alternaba el ritmo: unos embates profundos y lentos que le sacaban gemidos largos, y de pronto una ráfaga de golpes cortos que castigaban su entrada y la hacían temblar. Athena recordó
CAPÍTULO 48. Una mujer sin suerte
CAPÍTULO 48. Una mujer sin suerteAthena llevaba varios minutos sentada en el borde de la cama, con el albornoz mal cerrado y el corazón latiéndole demasiado rápido, como si acabara de correr sin moverse del sitio. Todo había ocurrido con una velocidad que no lograba procesar. Las llamadas apresuradas, las órdenes dadas en voz baja, el tono definitivo con el que se había pronunciado una sola palabra: boda. Esa palabra flotaba en el aire como algo ajeno, mal colocado, casi absurdo.Cassian estaba terminando de vestirse, dándole la espalda, ajustándose el sueter con movimientos precisos y fríos, como si aquella noche no tuviera nada de extraordinario.—No entiendo —dijo Athena al fin, rompiendo el silencio—. ¿Por qué se adelantó la boda?Cassian no respondió. Terminó de secarse el cabello y caminó hacia la puerta como si no la hubiera escuchado. Athena lo miró, incrédula, sintiendo cómo la ansiedad empezaba a transformarse en algo más parecido al pánico.—Cassian —lo llamó—. Te estoy ha
CAPÍTULO 49. Una cruda humillación familiar.
CAPÍTULO 49. Una cruda humillación familiar.Cuando Athena bajó de la limusina frente a la iglesia, lo primero que sintió fue un nudo seco en el estómago. No fue emoción. Tampoco nervios normales. Fue esa sensación incómoda de entrar a un lugar donde no sabía exactamente quién estaba de su lado y quién no. El aire le pareció más frío de lo normal, aunque el sol brillaba alto. Se acomodó el vestido casi por reflejo y alzó la vista.A través de las puertas abiertas pudo ver el interior: bancos llenos, murmullos bajos, cabezas girándose hacia ella. Había mucha gente importante. Demasiada. Gente bien vestida, rostros atentos, sonrisas ensayadas.Reconoció apellidos y caras que había visto toda su vida. Antiguos socios de su padre, amistades familiares, conocidos de cenas largas y conversaciones incómodas. Eso fue lo que más la descolocó. Casi todos parecían pertenecer a su mundo, no al de Cassian. Y eso la inquietó todavía más, porque no lograba distinguir quién estaba allí por ella y quié
CAPÍTULO 50. Verdades a la luz
CAPÍTULO 50. Verdades a la luzLa iglesia quedó sumida en un silencio extraño cuando las últimas personas terminaron de salir. Las puertas se cerraron con un eco pesado, prolongado, que retumbó en la nave como una advertencia. De pronto, el espacio se sintió demasiado grande para tan poca gente. Solo quedaban la familia de Athena, Cassian y Caroline, que observaba todo desde un banco lateral con una serenidad inquietante, casi cómoda, como si estuviera en el teatro y la función recién comenzara.Athena respiraba con dificultad. Sentía las manos frías, los hombros rígidos y una presión constante en el pecho que no cedía. El vestido, que hacía apenas minutos había sido símbolo de algo solemne, ahora le parecía una jaula que no lograría quitarse. Miró a Cassian con los ojos enrojecidos y dio un paso hacia él, obligándose a sostenerle la mirada.—¡Ya basta! —exclamó con la voz dolorida pero firme, esforzándose por no gritar—. Termina el juego de una buena vez. Dime qué demonios está pasand