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3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 8. Un reclamo familiar
3 RAZONES PARA AMARCAPÍTULO 8. Un reclamo familiarCuando por fin se quedaron solos, el silencio en la habitación se volvió espeso, casi físico, como si se pudiera tocar con las manos. El pitido constante de los monitores parecía marcar el paso de un tiempo que se agotaba, y el olor a desinfectante le provocó a Athena un nudo en el estómago.Cassian ya se había ido; pero su ausencia no trajo alivio, sino una calma inquietante.Dorian la observaba desde la cama con una expresión distinta a la de antes. Ya no había reproche ni rabia en su mirada, sino una especie de ansiedad contenida, una urgencia desesperada.—Ya no necesitas fingir —dijo finalmente, rompiendo el silencio—. Cassian ya no está. —Tragó saliva—. Ahora puedes decir la verdad.Athena frunció el ceño y cruzó los brazos, como si el gesto pudiera protegerla de lo que estaba a punto de escuchar.—No sé a qué te refieres —respondió, cansada—. Ya dije todo lo que tenía que decir, papá.Dorian negó con la cabeza, impaciente, como
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 9. Un último recurso
3 RAZONES PARA AMARCAPÍTULO 9. Un último recursoTenía que ser una maldit@ broma, pero solo había una forma de comprobarlo, y Athena se apresuró a ir a la casa de sus padres con el corazón golpeándole el pecho como si quisiera salirse. Cada paso que daba sentía que caminaba hacia algo inevitable, como si ya supiera que aquella visita no iba a traer alivio, sino más miedo.Aun así, no podía quedarse quieta. Necesitaba enfrentar a Audrey. Necesitaba oír de su propia boca qué significaba exactamente esa amenaza legal que ahora pendía sobre su cabeza.Cuando tocó el timbre, fue su madrastra quien abrió la puerta. No mostró sorpresa alguna; al contrario, su expresión era tranquila, casi satisfecha, como si aquella visita confirmara que todo iba según lo planeado.—¿¡Qué significa esto!? —preguntó Athena sin saludar, entrando de golpe antes de que Audrey pudiera decir nada—. ¿¡Qué significa esa demanda!? ¡Legalmente nadie puede obligarme a donar un órgano! ¡Nadie!Audrey cerró la puerta con
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 10. Una alianza con la bestia
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 10. Una alianza con la bestiaHabía algo terriblemente doloroso en pedirle ayuda a Cassian Wolf. Athena lo sabía, como también sabía que no podía hacer otra cosa más que aliarse con la persona a la que más había odiado en los últimos dos años. El problema era que ella ya no era la misma mujer que había salido de la mansión, vestida de novia para ser sacrificada. Volvía débil, sí, pero con tres motivos para pelear y eso era justo lo que iba a hacer por sus hijos. Pelear.Durante unos segundos que parecieron demasiado largos, Athena y Cassian se quedaron mirándose a los ojos, pero por supuesto que él fue el primero en moverse.No soltó su retahíla de ofensas tradicionales, ni adoptó su habitual gesto irónico para restarle importancia a la situación. Se limitó a inclinar apenas la cabeza y a observarla con atención, como si estuviera evaluando una pieza valiosa que no terminaba de reconocer.—¿De verdad te parece que soy la mejor persona a la que puedes pedi
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 11. Razones para pelear
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 11. Razones para pelearAthena sostuvo la mirada de Cassian sin parpadear. Había aprendido, a base de errores y heridas que todavía dolían, que bajar los ojos era conceder terreno, admitir derrota antes de tiempo. Cassian lo notó de inmediato. En lugar de retroceder o suavizar el gesto, avanzó un centímetro, luego otro, hasta quedar demasiado cerca, invadiendo su espacio personal de forma deliberada. El aire entre ambos se volvió espeso, cargado de recuerdos, reproches y cosas que ninguno había terminado de decir.—Si crees que puedes usarme como punta de lanza contra tu familia —espetó él en voz baja, con un tono peligroso—, estás equivocada. Detesto a los Harrow, a todos ellos, pero no soy un arma que puedas empuñar cuando te conviene.El corazón de Athena se detuvo por un segundo. Sintió cómo la desesperanza le apretaba el pecho, esa sensación conocida de haber apostado todo a la persona equivocada, de estar sola otra vez. Pero sabía que estaba obligad
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 12. Los monstruos de Cassian Wolf
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 12. Los monstruos de Cassian WolfUn par de balazos en medio del pecho hubieran sido mejor. ¡Pum! ¡Pum! Y adiós. Pero en lugar de eso Cassian estaba ahí, mirándola completamente mudo.Aquellas simples palabras le sentaron como un puñetazo directo en el pecho, uno seco y brutal, de esos que no solo quitan el aire, sino que dejan un eco doloroso expandiéndose por dentro. Sus pupilas se dilataron de golpe y dio un paso atrás sin darse cuenta, como si el suelo hubiera cedido bajo sus pies. Durante un segundo interminable, su mente se quedó en blanco. No había pensamientos, no había lógica, solo una presión insoportable en el centro del pecho y un zumbido ensordecedor en los oídos.Luego, de forma abrupta, soltó una carcajada áspera, histérica, completamente fuera de lugar; que sonó rota y forzada, como si se estuviera aferrando a ella para no derrumbarse.—¿Esto es una maldit@ broma? —gritó, pasándose una mano por el cabello, desordenándolo—. Dime que te está
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 13. Un momento para elegir
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 13. Un momento para elegirCassian retrocedió un paso casi de forma instintiva. Aquella frase se estalló en la cabeza y se le incrustó en el pecho como astillas imposibles de sacar. Athena, en cambio, no dio un solo paso atrás. Se mantuvo firme, con los hombros rectos y la mirada clavada en él, como si por primera vez en mucho tiempo no estuviera dispuesta a ceder ni un centímetro más.—Eres un hombre cruel —le dijo sin rodeos, sin adornos—. Amargado. Vengativo. Y lo último que quiero para mis hijos es un padre que se desquite con ellos por todo el odio que lleva dentro.—¡Yo jamás haría eso! —le gritó con una reacción instantánea—. ¡Jamás lastimaría a unos niños! ¿Me oyes? ¡Nunca!—¡¿Y qué crees que es separarlos de su madre?! —replicó ella—. ¿De verdad crees que eso no es hacerles daño?La pregunta quedó flotando entre ellos, pesada, densa. Cassian abrió la boca para responder, pero por primera vez, la lógica que siempre usaba como escudo no le servía.
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 14. Otra salida
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 14. Otra salidaCassian prácticamente arrastró a Athena fuera del hotel. En cada movimiento había una urgencia feroz, una certeza peligrosa de que quedarse un segundo más podía costarles algo irreparable. Para ella, el lugar había dejado de ser un refugio en el mismo instante en que había visto el pasaporte destrozado. Y para él era como la confirmación de un desastre que había estado tratando de evitar toda la vida.Pero apenas cruzaron el umbral del hotel, Athena se quebró por completo. Las lágrimas le brotaron sin aviso, desordenadas, calientes, como si el miedo que llevaba meses conteniendo hubiera encontrado por fin permiso para salir. El llanto le sacudía los hombros y le robaba el aire, y por primera vez desde que había regresado, dejó de fingir que podía con todo.—¡Yo no le dije lo de mis hijos a nadie! —sollozó mientras caminaban hacia el auto, tropezando casi con sus propios pasos—. ¡A nadie, Cassian… te lo juro! No quería que tú lo supieras… y
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 15. Una explicación para después
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 15. Una explicación para despuésDel otro lado de la línea se hizo un silencio pesado. Cassian no dijo nada, pero apretó la mandíbula, esperando; y Athena lo observaba con el corazón acelerado, tratando de leer en su expresión si aquello era una buena o una mala señal. Fueron apenas un par de segundos, pero se le hicieron eternos hasta que la voz de mateo se escuchó de nuevo.“En ese caso… Santiago está cerca” —dijo de pronto, con un toque de urgencia en la voz. “Lo voy a mandar también. Te aseguro que nada le pasará a esos bebés”.Cassian cerró los ojos un instante, aliviado, aunque no lo admitiera en voz alta.—Haz lo que tengas que hacer —respondió—. No quiero riesgos cuando se trata de ellos.Eso cerraba el negocio de una vez por todas, y entonces la voz de Rodrigo De Navia volvió a escucharse, firme, profesional.“Te mantendré informado de todo, Wolf”.—Bien. Yo voy a tomar un avión a Dinamarca lo más pronto posible —contestó Cassian—. Necesito que l
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 16. El gran lobo malo
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 16. El gran lobo maloAthena tomó el celular con manos temblorosas mientras sentía que el corazón se le iba a salir del pecho. Miró a Cassian un instante, sin saber exactamente cómo interpretar su expresión, y él asintió apenas, serio, dándole espacio. Ella respiró hondo y acercó el teléfono a su oído.Un segundo después, la línea conectó con la persona que esperaban.“¿Athena?” preguntó Harry, con un tono de alerta que la hizo tragar saliva. “¿Qué está pasando? Hay gente armada afuera de la casa y dicen…”—¡Harry! —exclamó ella de inmediato, tratando de mantener la voz firme aunque le temblaba—. Escúchame, por favor. Esas personas son buenas. Vinieron a cuidar de ustedes hasta que yo pueda llegar.“¿Es una broma? ¡Parecen el comando especial que vino a descabezar a un terrorista! ¿De dónde sacaste a esta gente?”Athena se llevó una mano al pecho, sintiendo cómo las palabras le pesaban.—Es algo largo de contar, pero de momento tienes que saber que alguie
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 17. Una extensión de su madre.
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 17. Una extensión de su madre.Cassian observó la fotografía en la pantalla del teléfono durante unos segundos más de lo necesario. El rostro del hombre no le decía absolutamente nada. Ni una alarma interna, ni una memoria incómoda, ni siquiera esa intuición afilada que solía avisarle cuando algo no encajaba.—No —dijo al fin—. No lo he visto nunca.Athena se acercó un poco más, inclinándose para mirar mejor. Frunció el ceño y sintió ese cosquilleo molesto de las ideas a medio formar.—A mí… me parece familiar —murmuró—. Pero no sé de dónde. Sé que lo he visto antes, pero no logro ubicarlo. Al menos no en este pueblo.Santiago asintió con calma profesional, como si ambas respuestas fueran perfectamente válidas.—OK. Ese hombre pasó tres veces por esta misma calle en la última hora —explicó—. En un sedán oscuro, y era un auto de renta. Es lo único fuera de lo normal que hemos detectado hasta ahora.Cassian levantó la vista de inmediato.—¿Tres veces? —repi