All Chapters of 3 RAZONES PARA ODIAR: Chapter 71
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3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 18. Culpa
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 18. CulpaAthena miró a los tres bebés y supo que no tenía sentido permitirles estar despiertos por más tiempo. Los veía frotarse los ojos, balbucear sin ganas, con ese cansancio pesado que no admite negociación.—Es mejor que los durmamos antes de seguir —dijo, con una calma que no reflejaba el torbellino que llevaba dentro—. No van a aguantar mucho más.Harry y Cordalie asintieron de inmediato, como si esa fuera la orden más lógica del mundo. No hubo preguntas ni comentarios. Todo se dio con una naturalidad que dejó a Cassian ligeramente fuera de lugar.Athena tomó a Cian en brazos. El niño se acomodó contra su pecho casi sin protestar, aferrándose a su cuello con un suspiro profundo, como si reconociera que por fin estaba a salvo. Harry se agachó para alzar a Alya, murmurándole algo en voz baja, una mezcla de canción de cuna en tono suave que la hizo relajarse enseguida. Cordalie hizo lo mismo con Leo, balanceándolo con una destreza que solo da la cost
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 19. Una razón para confiar
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 19. Una razón para confiarHarry se pasó una mano por el cabello, nervioso, y miró a Athena con una mezcla de preocupación y cansancio. Habían sido demasiadas horas de tensión acumulada y, aun así, la sensación de peligro seguía flotando en el aire.—¿De verdad te vas a ir después de todo lo que ha pasado? —preguntó—. ¿Vas a llevarte a los niños así, sin más?Athena lo miró y suspiró. Tenía los ojos enrojecidos, pero la voz le salió firme.—No lo sé —admitió—. No estoy segura de nada. Tengo que pensarlo bien. No puedo decidir algo así a la ligera.Harry frunció el ceño, claramente incómodo con esa respuesta, y abrió la boca para decir algo más, pero Cordalie se le adelantó. Se acercó a él y, con una mano suave pero decidida, le tomó el brazo.—Harry, es mejor que nos vayamos y los dejemos hablar —dijo en voz baja—. Es una decisión que no nos corresponde.—Pero… —protestó él—. No me gusta cómo suena todo esto.—Ya lo sé —respondió Cordalie—. A mí tampoco.
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 20. Más que una sensación
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 20. Más que una sensaciónAthena contuvo el aliento al escuchar aquellas palabras, pero un segundo después Cassian le acercó el teléfono. La pantalla mostraba un informe breve, apenas unas líneas, fotos, nombres, registros y flechas que Mateo había trazado con prisa. No era una investigación profunda, Santiago mismo lo había dicho, pero aun así el impacto fue inmediato. Athena sintió que el aire se le quedaba atrapado en el pecho.—El tipo que estuvo rondando estudia en la misma universidad que Iris —dijo él con frialdad—. Por eso te pareció familiar anoche. No era una sensación sin sentido.Athena sintió un escalofrío recorrerle la espalda.—Pero… eso no tiene lógica —murmuró—. Iris jamás…Se quedó en silencio, como si la frase no pudiera completarse sin romper algo dentro de ella.—Bueno, después de todo —le recordó Cassian—, fue a ella a quien le diste la dirección del hotel.Las palabras cayeron pesadas, como un golpe directo al estómago. Athena cerró
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 21. Ya me encontraste
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 21. Ya me encontrasteCassian nunca había cambiado pañales con tanta concentración en su vida. Athena lo observó desde el otro lado de la habitación mientras acomodaba a Leo sobre el cambiador improvisado, con el ceño levemente fruncido, como si cada movimiento fuera una operación delicada que no admitía errores. No hablaba, no se quejaba, no hacía bromas. Simplemente hacía lo que había que hacer, con una seriedad casi excesiva que a ella le resultó extrañamente tranquilizadora.El cuarto estaba tibio, saturado de ese olor inconfundible a bebé: leche, crema, ropa limpia. Alya balbuceaba desde la cuna, moviendo los pies con impaciencia, y Cian lloriqueaba con ese tono grave que siempre anunciaba hambre o fastidio. Athena iba y venía entre la cama y las cunas, entregando mamelucos, acomodando mangas diminutas, recogiendo calcetines que parecían desaparecer solos.—Si ajustas un poco más ese broche, no se le va a marcar la pierna —le indicó ella, señalando c
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 22. Un plan bien elaborado
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 22. Un plan bien elaboradoEl hombre se sobresaltó apenas Athena se sentó frente a él. Fue un gesto mínimo, casi imperceptible, pero ella lo vio con claridad: los hombros se le tensaron, la espalda se le irguió de golpe y su mano fue directo al borde de la mesa, como si su primer impulso hubiera sido levantarse y marcharse sin mirar atrás.—Markus Engel —dijo Athena con calma, antes de que pudiera hacerlo—. Ese es tu nombre ¿verdad?El efecto fue inmediato: escuchar su nombre completo lo paralizó. Markus se quedó rígido, con los dedos aún apoyados en la mesa, como si el sonido de su propia identidad lo hubiera anclado al asiento. Levantó la vista despacio, estudiándola con una mezcla incómoda de desconcierto y cautela.—Creo que te equivocas —respondió al fin, forzando una sonrisa—. Yo solo estaba tomando un café.Athena no le devolvió la sonrisa. Se inclinó apenas hacia adelante, apoyando los antebrazos sobre la mesa, ocupando su espacio sin tocarlo.—No
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 23. La máxima protección
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 23. La máxima protecciónCassian no perdió tiempo. Apenas Markus quedó tendido en el suelo, inconsciente y respirando con regularidad, sacó el teléfono del bolsillo y marcó un número que ya reconocía de memoria. Lo hizo con un movimiento automático, casi frío, como si esa parte de su vida no necesitara pensamiento ni emoción.—Santiago —dijo en cuanto atendieron—. Necesito que se ocupen del invitado. Ahora.No dio explicaciones adicionales. No hizo preguntas ni escuchó respuestas largas. Cortó la llamada y guardó el teléfono con la misma calma con la que pediría una pizza para llevar.El callejón volvió a quedar en silencio durante apenas unos segundos. Athena sintió cómo la adrenalina empezaba a retirarse lentamente, dejando tras de sí una sensación incómoda, casi vacía. No había victoria, solo resolución.No pasaron ni dos minutos cuando el sonido de una camioneta rompiendo la quietud se volvió inconfundible. Se detuvo a pocos metros. Uno de los hombres
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 24. De vuelta al pasado
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 24. De vuelta al pasadoCassian no esperó a que Athena terminara de procesar lo que habían decidido. Apenas salió del cuarto, sacó el teléfono y le marcó a Mateo. Caminaba de un lado a otro de la sala, con el ceño fruncido y la mente ya varios pasos por delante.—Hay un cambio de planes —dijo apenas la llamada fue atendida—. Necesito hacer un reconocimiento de paternidad. Ahora.Athena, que se había quedado apoyada en el marco de la puerta con Alya en brazos, levantó la mirada de golpe.—¿Ahora? —preguntó, sin intervenir del todo.Cassian alzó una mano, pidiéndole un segundo.—Los niños tienen que salir con mi apellido —continuó—. Los documentos y sus pasaportes ya tienen que venir arreglados.Del otro lado, Mateo no hizo preguntas innecesarias. Cassian escuchó en silencio mientras tecleaba y luego le mencionó algo rápido sobre todos los papeles que debía firmarle de inmediato.—Envíamelo —ordenó—. Lo firmo en cuanto llegue.Cortó la llamada y, por primer
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 25. La señora de la casa
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 25. La señora de la casaAthena se quedó dormida sin darse cuenta. El cansancio le ganó la batalla en algún punto de la madrugada, cuando por fin el silencio se asentó en la habitación y los cuerpos pequeños de sus hijos dejaron de moverse con inquietud. Durmió profundo, pesado, increíblemente: como no lo hacía desde hacía meses.El llanto de la nena fue lo que la despertó al amanecer. Abrió los ojos de golpe, con el corazón acelerado, y tardó un segundo en ubicarse. La habitación no era la casita de Dinamarca. El techo era alto, las cortinas pesadas, la luz suave entraba filtrada por telas claras. Sus brazos reaccionaron antes que su cabeza y abrazaron a los bebés de inmediato.Cassian no estaba.Lo notó enseguida, pero también notó algo más: del otro lado de la cama había un mueble acomodado con precisión, formando una barrera improvisada para evitar que los niños se cayeran. No era elegante ni discreto, pero era práctico. Athena pasó la mano por la sup
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 26. Un "sí"
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 26. Un "sí"Athena tomó el documento con ambas manos y apenas bajó la mirada supo exactamente de qué se trataba. No necesitó leer el encabezado completo ni buscar firmas conocidas. El lenguaje era frío, técnico, impersonal, pero el fondo era inconfundible. Aquella era la demanda de su familia. La misma que había recibido del abogado, ahora impresa de nuevo, ordenada, como si jamás hubiera salido de circulación, como si nunca hubiera logrado escapar de ella.El papel le tembló ligeramente entre los dedos.Le costó respirar durante un par de segundos, no por sorpresa, sino por cansancio. Era agotador comprobar que el conflicto seguía respirándole en la nuca.—Ninguno de ellos sabe que saliste del país —dijo Cassian, observándola con atención—. Tampoco saben que tienes a los niños contigo.Athena alzó la vista despacio. Su primera reacción fue de incredulidad; la segunda, de alerta.—¿Cómo…? —empezó a decir, sin terminar la frase.—Moví algunas cosas —la int
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 27. Un padre preocupado
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 27. Un padre preocupadoCassian y Athena regresaron a la casa cuando ya el sol empezaba a caer, tiñendo el cielo de un naranja suave que entraba por los ventanales. El trayecto había sido tranquilo, pero ambos venían con la cabeza llena de cosas: planes, miedos, decisiones que todavía no terminaban de acomodarse.Apenas cruzaron la puerta, Cassian dejó las llaves sobre la mesa y fue directo a la habitación principal, a aquel rincón donde habían decidido colocar la nueva cuna.Athena fue primero a ver a los niños, que disfrutaban del jardín como si fuera la primera vez en sus vidas que pisaban la hierba. Pero poco después cuando pasó por la habitación, se detuvo al escuchar un ruido metálico extraño, como si alguien estuviera forcejeando con algo.Empujó la puerta despacio… y se quedó congelada.Cassian estaba literalmente metido dentro de la cuna. Tenía medio cuerpo inclinado hacia adelante, una pierna apoyada en el borde y las manos agarradas a los barro